La agresión a Venezuela es un ensayo de lo que podría esperar a Colombia. La administración Trump, en clara coordinación con sectores revanchistas de la derecha local que celebran la vulneración de la soberanía venezolana, a través de una retórica belicista amplificada por periodistas afines, prepara el terreno para justificar una intervención extranjera en suelo colombiano.
La justificación esbirra y
gastada de la Lucha Antidrogas ha sido, por décadas, la excusa de
legitimidad que Estados Unidos utiliza para maquillar sus agresiones más crudas
contra América Latina. Desde que Richard Nixon lanzó esta guerra (un perfecto instrumento
de control social interno y excusa para la injerencia [1]),
cada intervención, cada embargo y cada golpe de Estado apoyado han sido
endulzados para el consumo público con la narrativa del narcotráfico. Hoy, bajo
la administración de Donald Trump, esa máscara ha sido arrojada al suelo y
pisoteada con un cinismo sin precedentes.
La incoherencia discursiva es
monumental y reveladora. Mientras las tropas estadounidenses secuestraban
ilegalmente al presidente venezolano y su esposa, y mientras se preparan
amenazas similares contra la soberanía colombiana; Trump ha abandonado por
completo el guion. En más de veinte ocasiones, durante sus declaraciones
públicas ha dejado claro, con una crudeza que asombra, que sus únicos intereses
son: el petróleo y de manera no tan velada; el oro, el coltán y la
reafirmación del dominio absoluto sobre lo que él considera su “Patio
Trasero”.
La lucha antidrogas es ahora lo
que siempre fue para los círculos de análisis estratégico: una cortina de humo,
un instrumento de presión geopolítica manejado por agencias como la CIA y la
DEA para desestabilizar gobiernos incómodos. Los verdaderos objetivos quedan al
descubierto: El control de recursos estratégicos y el mensaje amenazante de
castigo a cualquier proyecto de autonomía regional, dirigido explícitamente a
la presidenta mexicana Sheinbaum y al presidente colombiano Petro.
Esta doble moral alcanza niveles
de obscenidad cuando se observa el comportamiento de operadores políticos de
esta agresión, como Marcos Rubio, actual secretario de estado del gobierno
Trump, arquitecto de la política exterior más agresiva hacia Latinoamérica que pontifica
sobre el narcotráfico desde Washington, mientras investigaciones periodísticas
han revelado los vínculos de familiares cercanos suyos con redes de tráfico de drogas [2].
Es el mismo patrón que se repite con congresistas como Bernie Moreno, de
quien se asegura tener familiares suyos próximos a Andrés Pastrana[3],
expresidente colombiano relacionado con redes de abuso y corrupción
trasnacional conectadas con el entorno de Trump, lo que sitúa a la derecha en
el centro de un entramado que mezcla política, narcotráfico y delincuencia de
alto nivel, lo que resulta indignante de quienes hoy esgriman el estandarte de
la guerra contra las drogas para justificar invasiones.
La agresión a Venezuela es un
mensaje directo, un ensayo general para lo que podría venir contra Colombia. La
administración Trump, en clara complicidad con sectores revanchistas del centro
y la derecha colombiana, ha encontrado eco en voceros que, desde hace meses
incitan abiertamente a la desestabilización y el golpe de Estado. Los
alcaldes Alejandro Eder de Cali, Federico “Fico” Gutiérrez [4]
de Medellín, la periodista y aspirante presidencial Vicky Dávila [5],
el excanciller Álvaro Leyva han estado en EE. UU. reunidos con Rubio,
Moreno, Salazar y otros políticos de derecha instigando junto al expresidente Álvaro Uribe [6]un
golpe en contra de Petro y hoy día no ocultan su júbilo por el atropello contra
Venezuela. Su retórica, amplificada por la prensa a su servicio prepara el
terreno social y político para justificar una intervención similar en Colombia
bajo el mismo pretexto.
Por lo tanto, la alerta es
máxima. La máscara antidrogas no convence. Lo que queda al descubierto es un
proyecto de recolonización abierta, impulsado por una potencia en declive, pero
mortalmente peligrosa, ejecutado por élites locales que prefieren vender la
soberanía a cambio de un lugar en la mesa de los poderosos.
Defender la soberanía de
Venezuela no es un acto de solidaridad lejana; es la trinchera inmediata para
defender la integridad de Colombia y el derecho de toda América Latina a
existir fuera del patio de juegos del imperio.
P.S.: Amica Admonitio. De cara a las próximas elecciones, el pueblo
colombiano no debe olvidar que el Articulo 121 de la Constitución
Política de 1991 menciona la Traición a la Patria como causal
de indignidad para ejercer cargos públicos. De igual manera, a
quienes aspiran a ser elegidos, no olvidar que; el delito de traición a la
patria está plenamente vigente en Colombia bajo el Artículo 101 del
Código Penal de 2000 y para su aplicación se requiere una clara colaboración
con fuerzas extranjeras contra el Estado colombiano.
[2]Salen
a la luz nuevos detalles de la investigación de narcotráfico que salpicó a la
familia de Marco Rubio | Noticias Univision Política | Univision
Cómo
Marco Rubio ayudó a cuñado a obtener una licencia de bienes raíces | El Nuevo
Herald
[3]Archivos
Epstein salpican al expresidente Andrés Pastrana; Ghislaine Maxwell piloteó un
Blackhawk en un viaje a Colombia


