LA VITRINA DE LA CONVERSA

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martes, septiembre 29, 2026

El mico hace lo que le indica el entrenador *

 Yo era de los que dudaban de que los micos tuviesen la capacidad de hacer todo lo que veían hacer; sin embargo, la vida me dio la oportunidad de comprobar que eso es cierto.

En la imagen: Germán Navas / Jurisconsulto - excongresista colombiano

Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

Colombia sigue atrapada en una cultura donde los conflictos se resuelven con más armas, más miedo y más muertos. El presidente debe encarnar al Estado, no convertirse en la imagen de un combatiente.

Estando en Zambia con una de mis hijas, en la recepción del hotel donde nos estábamos hospedando nos recomendaron que en lo posible mantuviéramos las ventanas cerradas y aseguradas, puesto que por allí ronda una gran cantidad de individuos pertenecientes a una raza de miquitos, la cual es muy dada a meterse a las habitaciones y escarbar lo que los distraídos turistas dejan a la mano.

Entre idas y venidas olvidé aquella recomendación y, en una de esas, de regreso a la habitación, sorprendo a uno de estos macacos que, luego de coger la cartera de mi hija, había sacado el maquillaje y se estaba poniendo sus polvos en la cara. ¿Por qué hacía esto el miquito? Sencillamente porque ya había visto a alguien -quizá a mi propia hija- hacer exactamente lo mismo.

Luego de sortear tamaña sorpresa me puse a reflexionar al respecto y llegué a la conclusión de que lo mismo ocurre hoy con nuestro muy particular presidente; porque el actual presidente de Colombia, como buen miquito amaestrado, termina haciendo todo lo que hace el orangután zanahoria -como se le conoce a Donald Trump-. Si Trump hace un gesto o toma alguna decisión, nuestro miquito hará su mayor esfuerzo por imitarlo… ¡fíjense ustedes!

Por ejemplo, Donal Trump decidió declarar la guerra contra Irán… y el miquito de aquí, copiando a su entrenador, decidió entonces romper relaciones con ese país -ante la imposibilidad de hacer otra cosa-. Los Estados Unidos, en cabeza de Trump, resolvió exigir ciertas “garantías” a la prensa, por lo que ‘nuestro’ macaco decidió que no todos podían hablar ante los medios, que solo él podía hacerlo. El orangután zanahoria decidió vetar a algunos medios de comunicación, y el miquito de aquí va por el mismo rumbo, haciendo cerrar programas de radio y excluyendo medios para él no “amigos”.

Habrá que reconocer entonces la capacidad de atención de nuestro primate, porque es impresionante todo lo que le está copiando al orangután zanahoria. Si Trump decide aumentar las penas para ciertos delitos, el mico de aquí le copia y hace lo mismo; es decir, es completamente cierto que lo que hace el entrenador lo termina repitiendo el mico; o si no, miren cuál es el comportamiento del macaco colombiano, el cual termina haciendo todo lo que el gringo hace. El miquito mejor entrenado hasta ahora es este miquito que hoy funge como presidente de Colombia.

Es que hasta las mismas medidas económicas que está proponiendo el orangután las quiere el mico para implementarlas acá. Nuestro mico es un mico que hace muy bien lo que el entrenador le indica. Toda barbaridad que se le ocurra al entrenador gringo la terminará haciendo el mico colombiano. Ojalá no siga bestializando el orangután zanahoria, porque esas mismas bestialidades muy seguramente las copiará nuestro vergonzoso macaco.

Pero los micos también hacen cosas por cuenta propia; se salen del esquema del entrenador y son hasta divertidos. Pero el de acá parece no tener esa capacidad. Todo indica que nuestro mico no puede hacer algo bien hecho sin copiarse de los demás. Comparen ustedes y digan si no es verdad que todo lo que hace el orangután zanahoria lo repite nuestro mico, y no estamos faltando a la verdad. En esta columna no estamos dando clase de nada. Nosotros estamos mostrando la verdad -como la vemos- al mundo entero. No queremos sentar cátedra de nada; no somos profesores de nada.

En esta columna somos personas que contamos nuestras experiencias a los que nos quieran leer; el que no nos quiera leer, pues que no nos lea. Esto no es obligación para nadie. Aquí no pretendemos que nuestros lectores sean miquitos, por el contrario, queremos que nuestros lectores sean pensantes; que analicen lo que decimos y, si están de acuerdo, bien; y si no, pues que cambien y no nos vuelvan a leer. Y punto.

Así debe ser todo: voluntario, no como el caso de nuestro mico, que solo hace lo que le diga el del norte. Si el del norte le da por pararse en la cabeza, el de acá también lo va a hacer, porque en su muy limitada mente sabe que eso fue lo que le enseñaron. Así lo amaestraron desde mucho antes de treparse a esta rama -a la Ejecutiva- y así nos toca aceptarlo. Él es un mico obediente, un mico que solo hace lo que le diga su entrena-Trump.

Coletilla por Deisdre Constanza ¿Qué mensaje transmite un presidente con una pistola en la cintura? Una imagen dice más que mil discursos. Ver al presidente de Colombia recorriendo las calles con una pistola al cinto y un chaleco antibalas no debería ser solamente motivo de fotografías o de propaganda. Deberíamos preguntarnos qué mensaje está transmitiendo quien ocupa la más alta dignidad del Estado. Colombia lleva décadas intentando superar una cultura de violencia en la que pareciera que los conflictos se resuelven con más armas, más miedo y más muertos. El presidente debe representar al Estado, no convertirse en la imagen de un combatiente. La seguridad exige Fuerza Pública, inteligencia, justicia, instituciones fuertes y protección para la ciudadanía. Pero también exige que desde la presidencia se transmita serenidad, autoridad y respeto por la vida. Colombia no necesita normalizar la imagen del poder armado. Una pistola intimida y la verdadera autoridad de un presidente está en la fuerza de sus instituciones, la Constitución y la ley.

Hasta la próxima semana.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).


martes, septiembre 22, 2026

Idiota natural con inteligencia artificial *

En la imagen: Germán Navas T. / Jurisconsulto - Excongresista colombiano

Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

Se puso de moda la Inteligencia Artificial lo que demuestra que hay mucho idiota a quien su inteligencia natural no le sirve. En mi caso, la inteligencia artificial me es inocua, porque con las neuronas que mi papá y mi mamá me dieron he podido sobrevivir, llevar adelante mi profesión y de vez en cuando escribir tonterías en esta columna.

Definitivamente yo no necesito la tal IA, pero en un país donde hay tanto idiota -o si no miremos a quién tenemos hoy como presidente-, sí se debe requerir, y con urgencia; pero acá al parecer no sirve ni la una ni la otra, ni la artificial ni la propia. Por eso terminó el usurpador en el solio de Bolívar y por eso estamos como estamos.

Mucha gente se está preguntando por qué el presidente de la República de Colombia no asiste a la asamblea de la ONU y, en reemplazo, se está mandando al vicepresidente. ¡Muy fácil! Es que el usurpador no está en la capacidad de sostener un encuentro de esa magnitud. Él no tiene la capacidad para ir a la ONU. Le da culillo demostrar que no sabe y, por otra parte, es bien notorio el mal ambiente que hay contra este caballero a nivel internacional. Por eso es por lo que por allá el tipo ni se aparece.

En las oportunidades que tuve durante los últimos años de viajar al exterior escuché varios comentarios que se hacían respecto al presidente Gustavo Petro. A nivel internacional Petro estaba bien cotizado, pero ahora que volví a salir del país me encontré con una sorpresa no tan grata, y es que mucha gente en el mundo conoce ya las andanzas del usurpador que hoy tenemos como presidente. Obviamente en este reciente vieje me preguntaron por aquel danzarín de cadáveres, entre otras cosas, que en qué escuela de baile de nuestro país lo enseñaban a uno a bailar sobre los muertos. Esto, contrario a risa, me generó profundo dolor; pero qué puedo hacer yo ante tan bochornosa imagen que está dejando este mequetrefe que tenemos hoy como mandatario. Es lógico que el mundo entero se empiece a burlar de nosotros.

Ahora, si el mundo entero ya está conociendo quién es realmente el danzarín de cadáveres pues tiene toda la razón de no ir a meter las narices en la ONU ni en ninguna otra organización internacional, porque allá sí se va a exponer a que le hagan preguntas que él no podrá responder, o si las contesta terminará confesando que le gusta la danza macabra; que verdad sea dicha no es ninguna “danza”, es un delito, como bien lo expliqué en mi anterior columna. El usurpador cometió los delitos de irrespeto a cadáveres y abuso de autoridad.

Lo que sí es gracioso es lo que está ocurriendo en estos momentos en los Estados Unidos con Donald Trump, el mayor apoyo del pelafustán que ocupa hoy nuestra presidencia. Todo indica que Trump va -como se dice coloquialmente- de colita para el estanco. No es sino escuchar lo que dicen varios congresistas norteamericanos, muchos de los residentes de ese país y a la opinión pública en general… todos dicen que están hartos con ese señor. ¡Aburridísimos! Y los gringos, que todo lo apuestan, aseguran que para las elecciones intermedias que se llevarán a cabo ahora en noviembre, hay ya sumas multimillonarias en las que este señor sale muy mal parado. Esperemos a ver quién gana esas apuestas, pero no le auguro nada bueno al señor trampas.

Y hablando de augurios… ya comienzan a emerger diferentes marchas, protestas y concentraciones aquí en Colombia en contra de algunas decisiones por parte del usurpador; entre estas, con lo que tiene que ver con el Servicio Nacional de Aprendizaje – Sena. Todos sabemos que al usurpador poco le gusta la educación, y por ello ha golpeado presupuestalmente al Sena, de ahí que se estén organizando marchas multitudinarias en contra del usurpador por el maltrato con esta institución y con su estudiantado, principalmente.

-Cambiando de tema- Hay una cosa que, debo reconocer, fastidia mucho. Soy locutor profesional, miembro de la Asociación Colombiana de Locutores, y me tocó someterme a un riguroso examen para que me dieran mi licencia como locutor. Ser locutor era algo bien visto. Los locutores cuidábamos mucho el manejo del lenguaje y el buen empleo del castellano; pero hoy, sí que da vergüenza el escuchar a muchos de los que se dedican a hablar por los medios -ni qué decir de las redes sociales-. Ahora, quien no diga groserías por el micrófono cree que no está a tono. En ningún lado he escuchado la cantidad de barbaridades como las que aquí se están empleando. Palabrota para arriba y para abajo. Ahora cuesta mucho hablar decentemente. Si no son capaces de hablar el castellano por lo menos no digan groserías; pero para todo tienen que usar malas palabras. A uno le da vergüenza el descrédito al que han llegado los locutores en este país. Recuerdo que, en materia deportiva, había un ícono que era Carlos Arturo Rueda. De los locutores buenos estaba también Hernán Castrillón, admirado en todas partes y sin necesidad de decir groserías. A nosotros nos pedían como requisito una licencia para hablar ante un micrófono, para hablar bien, para entender que teníamos la responsabilidad de formar a quienes nos escuchaban, no de deformarlos.

Y algo para finalizar… estoy por creerle a un comentarista mexicano que afirmó recientemente que el señor que hoy funge como presidente de la República de Colombia padece de problemas mentales, más cuando le escuché que va a retirarse -así como así- del Estatuto de Roma. Quiero decirle a nuestro pollino usurpador que el Estatuto de Roma fue adoptado por medio de una reforma constitucional, y sumercé, por más presidente que crea ser, no puede con un decreto mandar para el diablo ese Estatuto. Hubo una reforma constitucional -en la cual intervine como ponente- para que Colombia se adhiriera a esa normatividad. Entonces, señor mequetrefe o presidente de Locombia, si usted quiere deshacerse de este Estatuto tendría que pedirle al Congreso que modifique la Constitución. El Estatuto de Roma se crea para perseguir a delincuentes contra el Derecho Internacional Humanitario o criminales de guerra. Lo que se busca es que esos crímenes no queden impunes, pero como ahora las cosas cambiaron y aquí lo que se quiere es impunidad, por eso debe ser que a este usurpador le incomoda; tal vez porque algunos de sus exsocios -y hoy amigos- puedan ser víctimas de la aplicación de este Estatuto. Si lo va a revocar, revóquelo bien, señor usurpador.

Coletilla por Deisdre Constanza. ¿Y ahora la paz no alcanza para entrar en el presupuesto? El presidente Abelardo De La Espriella dice que hay que cuidar los recursos de los colombianos y cuestiona el presupuesto de la JEP. Perfecto, hablemos de plata, pero también hablemos de lo que el Estado está obligado a cumplir. Porque la JEP no nació de la nada. Hace parte del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición y su creación fue incorporada al orden constitucional mediante el Acto Legislativo 01 de 2017. La Corte Constitucional Ha reconocido que estos instrumentos tienen como propósito contribuir a la terminación del conflicto y a la construcción de una paz estable y duradera. Entonces la pregunta es ¿recortamos presupuesto para la justicia transicional y después nos sorprendemos porque los procesos no avanzan al ritmo esperado? ¿De verdad queremos volver a gastar en balas lo que hoy cuestionamos gastar en justicia? La paz no se construye solamente firmando acuerdos, también se construye cumpliéndolos. Y mientras unos hablan de presupuesto, las victimas siguen esperando verdad, justicia, reparación y no repetición. Porque La paz puede ser muy costosa, pero siempre costará menos que la guerra.

¡Hasta la próxima!

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).


sábado, agosto 01, 2026

LA IMPROVISACIÓN Y LAS REVELACIONES DE LA PRENSA INTERNACIONAL *

Por: Pedro Santana Rodríguez / Director Revista Sur / 27 julio, 2026

Abelardo de la Espriella se codeaba con los abogados del "polvo blanco" para negociar libertad de narcotraficantes a cambio de convertirlos en informantes del gobierno de Estados Unidos.

En medio de denuncias por la opacidad de las autoridades electorales que se apresuraron a entregar la credencial de elegido a Abelardo de la Espriella, ahora a diario se ve la impreparación y la improvisación con que el electo presidente incurre a diario por no hablar de las contradicciones que también aparecen a diario en las alocuciones que realiza o las decisiones que transmite.

Y es que esto se veía venir por la inexperiencia de De la Espriella en el manejo de los asuntos públicos y en el manejo del Estado. Solo por el silencio cómplice de la gran prensa corporativa se viene a ver ahora esa inexperiencia y tuvo que ser el periódico The New York Times el que desnudara de cuerpo entero al presidente electo de Colombia en sus turbias relaciones con personajes del mundo del narcotráfico a quiénes ha defendido desde su bufete de abogados.

Vamos por partes. Sobre la opacidad del sistema electoral advertimos y apoyamos en su momento la solicitud pública de corregir errores protuberantes como el desconocimiento del fallo del Consejo de Estado de 2017, que declaro el fraude contra el partido Mira en las elecciones de Congreso del año 2014 y que ordenó que el software electoral debería ser propiedad del Estado y la Registraduría nueve años después sigue sin cumplir el fallo y sigue contratando el software de los hermanos Bautista sin ninguna explicación y sin ninguna justificación.

En el reciente proceso electoral el registrador Hernán Penagos se negó a suministrar los códigos fuentes del software utilizado en las elecciones recientes a los partidos políticos con argumentación sin sentido, el principal argumento fue el que se pondría en riesgo la seguridad del proceso electoral, en otros países estos códigos se entregan a los auditores de los partidos sin ningún problema. En vez de aumentar los mecanismos de seguridad y transparencia Penagos elimino algunos sin ninguna justificación.

Hoy se sabe, como lo afirmó la Misión de Observación Electoral, MOE, que no hubo escrutinios físicos de las votaciones en el exterior y hubo muchas quejas y denuncias sobre las votaciones en Estados Unidos, sobre todo. Con una diferencia tan estrecha de 250 mil votos a favor de De la Espriella las autoridades electorales debieron de actuar con diligencia y transparencia, pero tanto el registrador Penagos como el Consejo Nacional Electoral, CNE, actuaron con opacidad y generaron serias dudas con sus decisiones y sus declaraciones.

Por eso hay un sin número de demandas ante el Consejo de Estado que tendrá que resolver, solo que este organismo se ha caracterizado por la lentitud en la toma de decisiones.

Sus fallos vienen a ser prácticamente inocuos. La demanda que falló en 2005 sobre fraude en las elecciones a Congreso de 2002 lo hizo a pocos meses de terminar la legislatura; lo propio ocurrió en el fallo que reconoció el fraude contra el partido Mira proferido también a pocos meses de terminar la legislatura o el fallo que anuló la reelección de Alejandro Ordoñez como procurador General de la Nación a cuatro meses de terminar su segundo período.

Esa es la lentitud de este organismo que no ha sido así con el gobierno de Gustavo Petro donde se han suspendido decretos en tiempo récord.

Es por desgracia la politización de las altas Cortes, por lo cual se requiere una profunda reforma a la justicia comenzando por reformar los mecanismos existentes para la elección de los magistrados de las Altas Cortes de Justicia.

Sobre la improvisación en las actuaciones de De la Espriella la perla la constituye su capricho de posesionarse fuera de las instalaciones del Congreso que es el Capitolio Nacional en Bogotá.

Primero decidió que se posesionaría en Popayán, pero ante los reparos de sus invitados norteamericanos que le manifestaron que no acudirían a dicha ciudad decidió trasladar su posesión a Cali a la sede de la Universidad Santiago de Cali, porque Petro ordenó a los comandantes militares que no prestaran guarniciones militares para la posesión. Este pulso lo ganó Petro porque él es el comandante de las Fuerzas Armadas hasta que de la Espriella tome posesión.

Entre tanto el Senado de la República tuvo que votar dos veces la primera para autorizar la posesión en Popayán sin sitio definido porque en ese momento de la Espriella persistía en posesionarse en una guarnición militar, pero ante la negativa de Petro y sobre todo de sus invitados gringos decidió trasladar la posesión a Cali.

Queda en evidencia las decisiones caprichosas e improvisadas de De la Espriella y un Congreso genuflexo pues no existe ninguna realidad que obligue a dar traslado de la posesión fuera del Congreso de la República.

La otra perla de las actuaciones y declaraciones de De la Espriella la dio este 20 de julio en discurso en Medellín donde contrariando lo que había dicho hace un par de meses sobre el narcotráfico y Medellín y Antioquia en relación con el origen de este fenómeno en Colombia para condenar unas declaraciones que había hecho el entonces candidato Iván Cepeda. En aquella ocasión de la Espriella condenó las declaraciones de Cepeda que ubicaba parte del origen de las mafias y el narcotráfico en esta región del país lo que históricamente está probado y es un hecho.

Pues bien, delante de Federico Gutiérrez alcalde de Medellín y Andrés Julián Rendón gobernador de Antioquia dijo que ubicaría la sede del Escudo de las Americas en Medellín porque desde allí se imparten las órdenes y Medellín y Antioquia son la cabeza de la serpiente del narcotráfico.

Allí además anunció que reasumiría las fumigaciones contra los cultivos de coca que no se sabe cómo hará pues existe una sentencia de la Corte Constitucional, Sentencia T-236 de 2017 que los prohíbe mientras no se garantice la seguridad de esas fumigaciones para que no afecten ni el medio ambiente ni la salud de las personas. Allí establece exigentes condiciones para que el gobierno reanude las aspersiones.

La Corte ordena tener en cuenta el principio de precaución demostrando con evidencia científica rigurosa que el herbicida y sus componentes (mezclas con aditivos) no representan un grave riesgo para las personas ni los ecosistemas. Ordena así mismo la realización de Consulta previa con las comunidades étnicas y campesinas cuando estas puedan resultar afectadas por estas aspersiones así mismo exige una licencia ambiental y un plan de manejo específico para cada zona de intervención y mecanismos de control y monitoreo de las autoridades de salud para mitigar cualquier afectación a fuentes de agua o cultivos de pan coger.

¿Intentara de la Esperilla pasar por encima de las órdenes de la Corte Constitucional?

Finalmente como ya indiqué tuvo que ser un periódico internacional en esta ocasión The New York Times el que indagara y publicara los negocios turbios de Abelardo de la Espriella desde su bufete de abogados en la defensa de narcotraficantes en Estados Unidos, el título del informe que cubrió seis páginas es muy certero “De defender narcotraficantes colombianos, a declararles la guerra” y revela que mientras vivió en Miami de la Espriella fue investigado por las autoridades, aunque nunca fue imputado.

Y a renglón seguido el artículo señala “en Miami, Abelardo de la Espriella se movía en el turbio mundo de los abogados del “polvo blanco”: el de los defensores de alto costo que asisten a narcotraficantes latinoamericanos acusados, con el objeto de evitar sentencias severas, a cambio de convertirlos en informantes o testigos del gobierno de Estados Unidos”. Y ahí aparece lo que Gerardo Reyes y Daniel Coronell han venido rastreando desde hace meses y son las relaciones de Abelardo con un narcotraficante de Valledupar, Jorge Luis Hernández, alias Boliche que dice el artículo se presentaba como asistente del bufete de De la Espriella.

Yo concuerdo con Cecilia Orozco que reseñando el artículo del periódico concluye que “Yo estoy segura de que el gobierno de Trump conocía muy bien esta historia antes de la elección, pero era más rentable ignorarla para mantener bajo su yugo tenaz al sucesor de Petro”. (El Espectador. 29.07.2026).

El que un narciso como Abelardo de la Espriella haya logrado llegar a la presidencia sin ninguna experiencia ni merito no solo nos muestra a unas clases dominantes sin reales alternativas de liderazgo sino lo que muestra es la decadencia de estas clases dominantes y de sus pérfidos medios de comunicación.

Corresponde ahora a la oposición pensar en serio cómo va a organizar sus medios de comunicación alternativos ahora que se viene la toma y el marchitamiento de los medios de comunicación públicos tardíamente utilizados por el gobierno de Petro. Esta es una tarea inaplazable.

 *Nota compartida a La Conversa de Fin de Semana por Jairo Osorio, uno de sus principales colaboradores, a quien agradecemos enormemente su ayuda.


jueves, julio 02, 2026

La DESOBEDIENCIA CIVIL como DEFENSA de la SOBERANÍA y del ESTADO CONSTITUCIONAL *

En la imagen: Carlos Medina / Historiador - Analista Político
Por: CARLOS MEDINA GALLEGO

La exigencia de Cepeda no es un gesto caprichoso ni una reacción partidista, es una advertencia democrática: Colombia no puede aceptar que la Casa Blanca, a través de Donald Trump y Marco Rubio, pretenda definir el destino de la sociedad colombiana.

El reciente llamado formulado por el candidato presidencial Iván Cepeda Castro a considerar la desobediencia civil si el presidente electo no renuncia oportunamente a la ciudadanía estadounidense incompatible con el ejercicio de la Presidencia de la República —en caso de que esa incompatibilidad llegara a verificarse conforme al ordenamiento jurídico colombiano— y si persistiera una injerencia indebida de autoridades extranjeras en los asuntos internos del país, ha abierto un debate de enorme trascendencia para la democracia colombiana.

El llamado de Iván Cepeda Castro a la desobediencia civil pacífica no puede entenderse únicamente como una controversia sobre la doble ciudadanía del presidente electo Abelardo de la Espriella. Su sentido político más profundo está en la defensa de la soberanía nacional frente a una injerencia extranjera abierta, indebida y peligrosa, atribuida al presidente Donald Trump y a su secretario de Estado, Marco Rubio, en los asuntos internos de Colombia.

Cuando un mandatario extranjero interviene en una contienda política nacional, respalda públicamente a un candidato, condiciona relaciones diplomáticas o pretende orientar el rumbo institucional de otro país, deja de actuar como simple observador internacional y se convierte en factor de presión sobre la autodeterminación democrática de un pueblo.

Esa intromisión resulta aún más grave cuando proviene de Estados Unidos, país con una larga historia de intervenciones políticas, económicas, militares y judiciales en América Latina.

En este contexto, la exigencia de Cepeda no es un gesto caprichoso ni una reacción meramente partidista. Es una advertencia democrática: Colombia no puede aceptar que su Presidencia quede subordinada a intereses extranjeros, ni que la Casa Blanca, a través de Donald Trump y Marco Rubio, pretenda definir el curso de la política colombiana. La soberanía popular no puede ser reemplazada por tutelajes imperiales, ni la voluntad ciudadana puede quedar capturada por agendas externas.

La eventual ciudadanía estadounidense del presidente electo agrava ese debate, porque abre una pregunta de fondo sobre lealtades políticas, compromisos jurídicos y subordinación estratégica. Un jefe de Estado colombiano debe estar sometido exclusivamente a la Constitución de Colombia, a la soberanía del pueblo colombiano y al interés nacional. No puede existir sombra de dependencia frente a otra potencia, mucho menos en una coyuntura marcada por presiones diplomáticas, judiciales y geopolíticas.

Por eso, la desobediencia civil planteada por Cepeda debe leerse como una forma de resistencia pacífica frente a dos riesgos simultáneos: la posible ilegitimidad constitucional derivada de una doble ciudadanía no resuelta y la injerencia directa de Trump y Rubio en la vida política interna del país. No se trata de promover el caos, sino de defender un principio elemental: Colombia no es un protectorado, no es una colonia, no es una pieza subordinada del ajedrez geopolítico estadounidense.

La democracia colombiana se debilitaría gravemente si normaliza que actores extranjeros intervengan en sus elecciones, presionen a sus instituciones o condicionen la acción de sus gobernantes. Frente a ello, la ciudadanía tiene derecho a organizarse, deliberar, movilizarse y resistir pacíficamente. La desobediencia civil, en este caso, aparece como un recurso ético para exigir respeto por la Constitución, por la soberanía nacional y por la dignidad política del país.

En consecuencia, el llamado de Iván Cepeda Castro debe ser entendido como una defensa del Estado constitucional, de la independencia nacional y del principio democrático según el cual Colombia debe ser gobernada por decisiones soberanas de su pueblo, no por imposiciones de Donald Trump, Marco Rubio ni de ningún poder extranjero.

Más allá de las posiciones políticas que puedan existir frente a este pronunciamiento, la discusión invita a reflexionar sobre un concepto fundamental de las democracias constitucionales: la desobediencia civil.

Se trata de una institución ética y política que no busca destruir el orden democrático, sino defenderlo cuando sectores de la ciudadanía consideran que sus principios esenciales están siendo comprometidos.

La desobediencia civil pertenece a la tradición democrática. No surge en los regímenes autoritarios, donde toda oposición suele ser reprimida, sino precisamente en sociedades donde los ciudadanos conservan la convicción de que la soberanía reside en el pueblo y de que el poder público está sometido a límites constitucionales.

Desde las reflexiones de Henry David Thoreau hasta las luchas no violentas de Mahatma Gandhi y Martin Luther King Jr., la historia demuestra que la resistencia pacífica ha sido un instrumento para ampliar libertades y fortalecer los derechos fundamentales.

La Constitución Política de Colombia establece que la soberanía reside exclusivamente en el pueblo y que las autoridades ejercen funciones públicas dentro de los límites fijados por la Constitución y la ley. Ningún gobernante recibe un mandato ilimitado ni puede situarse por encima del orden constitucional. La legitimidad democrática no proviene únicamente del resultado electoral; también depende del respeto permanente por la Constitución, la separación de poderes, los derechos fundamentales y la soberanía y la independencia nacional.

En ese contexto, toda controversia relacionada con los requisitos constitucionales para ejercer la Presidencia debe ser resuelta mediante los mecanismos institucionales previstos por el ordenamiento jurídico. Corresponde a las autoridades competentes verificar los hechos, interpretar las normas aplicables y adoptar las decisiones que en derecho correspondan. La defensa del Estado constitucional exige que las controversias se tramiten con pruebas, debido proceso y respeto por las instituciones.

Del mismo modo, la soberanía nacional constituye uno de los pilares del Estado colombiano. Ningún Estado extranjero debería intervenir indebidamente en las decisiones políticas internas de Colombia. Si existieran actuaciones que pudieran constituir presiones o injerencias incompatibles con el principio de autodeterminación de los pueblos, estas deberían ser examinadas y enfrentadas mediante los instrumentos del derecho internacional, la diplomacia y las instituciones nacionales.

Es precisamente cuando amplios sectores de la ciudadanía perciben que esos principios fundamentales pueden verse comprometidos cuando reaparece el debate sobre la desobediencia civil. No como una invitación al caos ni como un desconocimiento generalizado de la ley, sino como una forma pública, consciente, pacífica y responsable de expresar desacuerdo frente a decisiones consideradas incompatibles con los valores superiores del orden constitucional.

La desobediencia civil exige un profundo compromiso ético. Rechaza toda forma de violencia, actúa de manera transparente y asume las consecuencias jurídicas de sus actos. Su propósito no consiste en sustituir las instituciones democráticas, sino recordarles cuál es su razón de ser: garantizar la dignidad humana, proteger las libertades públicas y servir al interés general.

Las grandes conquistas democráticas de la humanidad fueron posibles porque millones de ciudadanos decidieron cuestionar pacíficamente órdenes consideradas injustas. Los derechos laborales, la igualdad jurídica, la ampliación del sufragio, la protección de las minorías y numerosas libertades civiles surgieron gracias a procesos de movilización democrática que combinaron participación ciudadana, deliberación pública y resistencia no violenta.

Por ello, ninguna democracia sólida puede exigir obediencia absoluta. La fortaleza institucional se construye aceptando el control ciudadano, la crítica pública y el derecho de la sociedad a organizarse pacíficamente cuando considera que determinados principios constitucionales están siendo vulnerados. La democracia no se debilita por el disenso; se debilita cuando el disenso deja de ser posible.

En Colombia, el Estado Social de Derecho fue concebido precisamente para impedir la concentración arbitraria del poder. Los mecanismos de participación, la libertad de expresión, el derecho de reunión y la protesta pacífica constituyen herramientas legítimas mediante las cuales la ciudadanía puede expresar su inconformidad dentro del marco constitucional.

La desobediencia civil forma parte de esa tradición democrática cuando conserva su carácter público, pacífico, proporcional y orientado a la protección de valores superiores.

El debate suscitado por las declaraciones de Iván Cepeda Castro trasciende coyunturas electorales. Plantea preguntas de fondo sobre la defensa de la soberanía, la autonomía institucional, la supremacía de la Constitución y el papel de la ciudadanía en la preservación del Estado democrático.

Independientemente de las posiciones políticas, toda democracia madura debe ser capaz de discutir estas cuestiones con serenidad, argumentos y apego al derecho.

La democracia no consiste únicamente en votar cada cierto número de años. También exige una ciudadanía vigilante, crítica y comprometida con la defensa permanente del orden constitucional. Cuando las instituciones funcionan correctamente, son ellas las llamadas a resolver las controversias. Cuando la ciudadanía considera que existen riesgos para los principios fundamentales del Estado, la movilización pacífica y la deliberación pública continúan siendo expresiones legítimas de la participación democrática.

En definitiva, la desobediencia civil constituye uno de los últimos recursos éticos de una sociedad libre. No pretende reemplazar la Constitución, sino reivindicar su vigencia; no busca destruir la democracia, sino impedir que se aparte de los principios que le dan legitimidad. En esa medida, cualquier convocatoria a la desobediencia civil solo encuentra justificación dentro de los parámetros de la no violencia, el respeto por la dignidad humana y la defensa del Estado constitucional de derecho.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

sábado, mayo 09, 2026

Hondurasgate: el Imperio y la fábrica de la mentira*

 

En la imagen: Jhon J Flórez/ Economista - Analista político

Por: Jhon Jaiver Flórez G.

Grotesco que Trump indultara a un narcotraficante confeso para usarlo como ariete político; surrealista que Milei, el azote de la corrupción, financiara oculto una fábrica de mentiras; y kafkiano que Netanyahu, mientras arrasa Gaza, aparezca comprando un expresidente narco. El circo de los poderosos se viste de cinismo.

Hay una frase que los imperios nunca pronuncian en voz alta, pero practican con devoción casi religiosa: “Lo que es nuestro, lo es para siempre. Lo que es de ustedes, lo negociamos”. Estados Unidos lleva más de un siglo perfeccionando esa doctrina en América Latina, y Colombia ha sido, con dolorosa frecuencia, el laboratorio predilecto de ese experimento. Para entender el Hondurasgate —ese escándalo de audios filtrados que revela una conspiración entre Donald Trump, Javier Milei, el condenado narcotraficante Juan Orlando Hernández y Benjamin Netanyahu para fabricar desinformación y desestabilizar a los gobiernos de Gustavo Petro y Claudia Sheinbaum— no hace falta ser politólogo. Basta con tener memoria. Y en Colombia, la memoria duele.

Corría el año 1903 cuando el Senado colombiano tuvo la osadía de rechazar el Tratado Herrán-Hay, ese documento que cedía a perpetuidad una franja de territorio nacional para que los estadounidenses construyeran su canal interoceánico. La respuesta de Washington fue fulminante: en pocas semanas, con buques de guerra norteamericanos bloqueando el paso a las tropas colombianas, Panamá se declaró “independiente”. Theodore Roosevelt comentó, sin rubor alguno, que había “tomado” el canal. Colombia perdió un departamento entero; el Imperio ganó una ruta que valdría billones. No hubo tribunal que condenara aquello, ni listas de sanciones, ni descertificación alguna de la democracia estadounidense.

Veinticinco años después, en diciembre de 1928, los trabajadores de la United Fruit Company se atrevieron a exigir condiciones laborales dignas. La respuesta fue la Masacre de las Bananeras: el ejército colombiano abrió fuego contra trabajadores y familias reunidos en la estación del tren de Ciénaga, actuando como brazo armado de una corporación extranjera. Gabriel García Márquez inmortalizó aquella tragedia en Cien años de soledad. La historia real fue todavía más brutal que la ficción. Ese es el manual. Tiene más de un siglo y apenas ha cambiado de tipografía.

Lo que revela el Hondurasgate no es una novedad geopolítica, sino una actualización tecnológica de prácticas antiguas. Ya no se necesitan marines desembarcando en Cartagena ni cañoneras bloqueando puertos. Ahora basta un apartamento en Miami, una cuenta de WhatsApp y trescientos cincuenta mil dólares aportados desde Buenos Aires. Según la investigación de Diario Red y del portal Hondurasgate, Juan Orlando Hernández —sentenciado a 45 años de prisión en Estados Unidos por narcotráfico y que debería estar confinado en una celda federal— negoció con el presidente Nasry Asfura la creación de una “unidad de periodismo digital”, financiada con dinero público hondureño y aportes del gobierno de Milei, con el objetivo explícito de fabricar noticias falsas contra los gobiernos de Colombia y México.

“Se vienen unos expedientes contra México, unos expedientes contra Colombia”, se le escucha decir en los audios, con la satisfacción burocrática de quien encarga una pizza. La ironía resulta asfixiante: un hombre condenado por narcotráfico, indultado por Trump, coordina una operación de desinformación para acusar de narcotráfico al presidente Petro. La acusación funciona aquí como disfraz del crimen ajeno. Washington descertificó a Colombia en su lucha antidrogas e incluyó a Petro en la infame Lista Clinton sin presentar una sola prueba concluyente. Incluso organismos estadounidenses han sostenido que el llamado Cartel de los Soles carece de existencia verificable. Pero eso, en la lógica imperial, es secundario. La acusación cumple la función de la condena; el proceso se convierte en castigo.

Habría que ser ingenuo —o cómplice— para creer que se trata de hechos aislados. La periodista Daniela Pastrana lo explica con la claridad de quien ya agotó la paciencia para los eufemismos: nada de esto es nuevo; responde, simplemente, al mismo patrón histórico. Antes había que esperar cuarenta años para que la CIA desclasificara sus archivos. Hoy observamos el mecanismo casi en tiempo real.

Ahí están Augusto Pinochet en Chile, Hugo Banzer en Bolivia, Rafael Videla en Argentina, la Operación Cóndor coordinando el terror con manuales redactados en Langley; el golpe contra Manuel Zelaya en Honduras, aplaudido en silencio por Washington; el lawfare contra Luiz Inácio Lula da Silva y contra Cristina Fernández de Kirchner; y ahora la embestida judicial contra Petro en Colombia, donde fiscales y cortes actúan —como llevan décadas haciéndolo— como arietes de las élites y cipayos locales articuladas con el poder norteamericano.

El patrón no miente: cuando un gobierno latinoamericano prioriza a su pueblo sobre las empresas transnacionales y se niega a ser simple base logística del Imperio, se activa el protocolo. Primero llega la campaña mediática; después, la presión económica; luego, el respaldo a la oposición ultraderechista más reaccionaria. Y, si todo eso falla, las opciones sobre la mesa incluyen siempre aquellas que nunca se pronuncian en público.

Hay algo grotescamente cómico —si la situación no fuera tan grave— en ver a Trump indultando a un narcotraficante confeso para utilizarlo como operador político contra un presidente acusado, sin pruebas, de narcotráfico. Hay algo profundamente surrealista en que Milei, ese campeón autoproclamado de la libertad que prometió destruir la casta y la corrupción, aparezca en audios aportando cientos de miles de dólares para financiar una fábrica de mentiras al servicio del poder más grande del planeta. Y hay algo kafkiano en que Netanyahu, mientras bombardea Gaza y asesina a miles de niños bajo la impunidad diplomática de Occidente, aparezca vinculado al financiamiento de la liberación de un expresidente hondureño condenado, a cambio de garantías de control estratégico sobre Centroamérica.

Todo esto ocurre, además, a pocos días de las elecciones presidenciales en Colombia, como si el calendario democrático fuese apenas un obstáculo administrativo dentro de la agenda imperial.

Colombia lleva doscientos años siendo el alumno más disciplinado de una escuela donde los maestros cambian, pero la lección permanece intacta: su soberanía tiene límites, y esos límites se dictan desde Washington. Las élites colombianas no solo aprendieron esa doctrina; la administraron con fervor, gobernando el país como una hacienda privada durante generaciones. Por eso, cuando en 2022 llegó por primera vez un gobierno dispuesto a cuestionar ese orden —impulsando reformas estructurales, entre ellas la de la salud, defendiendo una salida negociada al conflicto armado y denunciando el modelo extractivista—, la reacción de los poderes tradicionales fue tan inmediata como feroz.

El fiscal Francisco Barbosa convirtió su despacho en herramienta de desgaste político. Las altas Cortes bloquean decisiones presidenciales. Los grandes medios, propiedad de los grupos beneficiarios del viejo orden, construyen relatos de un gobierno caótico, omitiendo deliberadamente el contexto histórico que explica por qué transformar Colombia resulta tan difícil. Y desde afuera, el Imperio afina sus instrumentos: la Lista Clinton, la descertificación antidrogas, los audios de Honduras coordinando la guerra sucia y los republicanos de Washington colaborando con el proyecto de “extirpar el cáncer de la izquierda” en América Latina.

El cáncer —conviene aclararlo— no sería otro que la democracia cuando produce resultados que el Imperio no aprueba.

La diferencia entre la Operación Cóndor y el Hondurasgate no es de naturaleza, sino de visibilidad. Antes, el crimen se ejecutaba en las sombras y se conocía décadas después. Hoy existen audios, fechas que coinciden con los hechos y nombres que se repiten, apenas actualizados para el siglo XXI.

La pregunta que Colombia y América Latina deben hacerse no es si el Imperio interviene. Esa pregunta quedó respondida en 1903, en 1928 y en cada golpe de Estado u operación encubierta que la historia ha documentado con precisión quirúrgica. La verdadera pregunta es otra: si esta vez, con los mecanismos expuestos, las sociedades latinoamericanas serán capaces de nombrar lo que ven con el nombre que merece: una agresión sistemática contra la autodeterminación de los pueblos.

Los bananeros de Ciénaga murieron sin saber que su masacre terminaría convertida en literatura universal. Los colombianos de hoy tienen, al menos, la ventaja de saber —mientras ocurre— quiénes pagan para que la historia se repita. La pregunta es si eso bastará para impedir que vuelva a repetirse.

“Condenados a cien años de soledad no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra”. — Gabriel García Márquez, hijo de la tierra bananera.

La tragedia de Colombia ya no ocurre en silencio. Por primera vez, los pueblos pueden ver en tiempo real quiénes diseñan las campañas, financian la desinformación y administran el miedo. Pero la historia no cambia únicamente porque la verdad salga a la luz: cambia cuando los pueblos deciden que la memoria deje de ser una condena y se convierta, al fin, en una forma de defensa.

9 de mayo de 2026

*La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).


miércoles, abril 08, 2026

Irán tiene razones para no creer ni una palabra

Imagen elaborada a partir de la caricatura del dibujante palestino Mohammad Sabaaneh
 Por: La Conversa Fin de Semana

La pregunta no es por qué Irán desconfía, sino cómo alguien podría esperar que confíe.

Apenas unas horas después de que el presidente de Estados Unidos anunciara la suspensión de las agresiones contra Irán, y de que el régimen iraní pusiera como condición para acoger la propuesta el cese del ataque al Líbano, la respuesta no se hizo esperar: Israel y Estados Unidos bombardearon Beirut, destruyendo edificios y arrasando con población civil que ni siquiera era de confesión musulmana. El mensaje es tan claro como macabro: no hay tregua que valga, no hay condición que respetar.

Ante este nuevo baño de sangre, el inicio de las conversaciones en Pakistán queda en entredicho. Y no es para menos. Irán reitera su profunda desconfianza, y esa desconfianza no es paranoia, es historia. La historia del Mossad israelí, especializado en el asesinato selectivo de negociadores y figuras clave de gobiernos adversarios. La historia de Donald Trump, que incumple su palabra con la misma facilidad con la que la emite, y que ha demostrado una y otra vez su incapacidad —o su falta de voluntad— para controlar a un gobierno ultra sionista como el de Netanyahu. Cuando te bombardean mientras negocian, cuando tus condiciones son ignoradas antes de ser terminadas de enunciar, la pregunta no es por qué Irán desconfía, sino cómo alguien podría esperar que confíe.


martes, abril 07, 2026

 

En la imagen: Germán Navas Talero / Jurisconsulto - excongresista colombiano

Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

Donald Trump es un enfermo mental, un maniático, y fuera de eso, un mentiroso.

No mintamos. Digamos siempre la verdad. Cuando usted pinta un cuadro está pintando la verdad de lo que está viendo, así es el cuadro sea producto de la imaginación. Pinte lo que usted ve en su mente y estará pintando la verdad. No imagine lo que no es cierto y hace daño, eso es mentir. No haga daño. No mienta.

Nos enseñan desde niños que la mentira es lo contrario de la verdad. Pero no siempre la mentira es dañosa, porque hay mentiras bonitas: las mentiras de la fantasía; cuando usted, de niño, le decían que el hada madrina hacía milagros y le hacía aparecer juguetes. Mentiras, como el cuento del niño Dios, trayendo regalos. Esas son mentiras bonitas. Las otras mentiras son miserables, son las que se emplean en las guerras.

¿Han visto ustedes algo más mentiroso que el presidente de los Estados Unidos, el señor Donald Trampas? Ese tipo es un falsario, es un mitómano miserable. Él quiere engañar al mundo y está convencido de que el mundo le comió cuento. El mundo no le cree a ese tipo nada. Ese tipo es un enfermo mental. Uno no entiende cómo un país como los Estados Unidos puede permitirse que un sujeto de estos le dé órdenes.

Es chistoso ver cómo cada tres días Trump dice: “le doy un ultimátum a Irán y lo voy a convertir en un infierno.” Pasan los ocho días y para él el ultimátum no es ultimátum, es primerátum, porque dice… “No. Les voy a dar dos meses, pero en dos meses los acabo”, y en eso lleva años. Y uno mirando las informaciones de prensa sabe que esa guerra, mal que bien, la van ganando los iraníes; pero eso lo sabemos nosotros que vemos diversas fuentes de información; pero para ese enfermo mental, que no ve sino lo que él quiere ver, la van ganando. Dice “no me han tumbado ningún avión”, y en otro canal están mostrando dos, tres y hasta cuatro F-15 en el suelo. “Es que la vamos ganando, no hemos tenido ninguna baja”, y por medios iraníes se ven diez, veinte, y hasta treinta ataúdes. Les han volado hasta un cuartel, pero Trump insiste en que no han perdido nada. Si eso no es mentir, ¿qué es mentir?

A uno le da tristeza ver que un demente como ese esté dirigiendo la suerte de un país que otrora fue adalid de la democracia, y hoy día es un pésimo ejemplo para cualquier mundo. Cualquier cosa es preferible a vivir en los Estados Unidos. Donald Trump es un enfermo mental, un maniático, y fuera de eso, un mentiroso. Con el cuento del piloto que se les cayó y no lo encontraban. Son tan miserables que la orden era, que si no lo rescataban, había que matarlo, porque entregárselo vivo a Irán no valía la pena; palabras más, palabras menos, eso fue lo que se entrevió en los reportajes que presentaron. Preferían matar a ese ser humano antes de reconocer que están perdiendo la guerra. Porque la están perdiendo, así digan lo contrario. Dicen que no han tenido bajas, ¿entonces los cadáveres qué? ¿se los inventan?

Y ahora, en esa campaña de mentiras lo acompañan los de siempre: los israelitas. El pueblo más mentiroso del mundo, después de los gringos, son los israelitas. Son tan mentirosos que dicen que dios les prometió una tierra, pero no vimos nosotros en ninguna parte la promesa de compraventa, ni sabemos qué tierra fue la que les prometió; porque al parecer, el dios de ellos estaba prometiendo en venta, o en regalo o en donación, una tierra que no era de él; porque esa tierra que los israelitas reclaman hoy en día nunca ha sido de ellos. Esa es la tierra de los palestinos. Ellos se la quieren robar, y siempre, bajo cualquier pretexto, tratan de ampliar sus fronteras.

Pregúntele a cualquier israelita mentiroso dónde están las fronteras de Israel: nunca se las va a decir; porque la esperanza de ellos todos los días es correr un poquito más para allá esas fronteras, para colonizar más y más tierras. Eso es lo que en un país decente se llamaría despojo, pero para los israelitas eso es colonización. Yo le robo la tierra a usted, le destruyó su casa, lo mato, lo saco a patadas, pero es que lo estoy colonizando. Esa es la teoría de los israelitas sobre la supuesta colonización.

Hay una competencia ¿cuál cree usted, amigo lector, cuál es el más mentiroso, el israelita, o el estadounidense? Para mí, empatan. Empatan porque ambos cabalgan en la misma bestia de la mentira. Uno dice una mentira y el otro se la apoya.

Tratemos de enseñarles a nuestros hijos a que digan la verdad. La verdad puede ser dura, pero es la verdad. La mentira es mentira, y por eso mentirosos son los israelitas y los gringos.

Coletilla por Deisdre Constanza. El idioma debe ser canal de reivindicación, no de deformación. A veces uno escucha el llamado lenguaje inclusivo y no es rechazo es desconcierto. Porque el castellano tiene reglas claras, una estructura que no es improvisada, sino construida durante siglos para que nos podamos entender. Hoy no solo se insiste en palabras como “presidenta” o “concejala” cuando según la regla gramatical el género se construye desde el artículo, la presidente, la concejal. Además, aparecen expresiones como “todes”, “compañeres”, o “niñ@s”, que directamente rompen las reglas básicas de la gramática y la ortografía. Y ahí es donde el problema deja de ser una discusión y se convierte en confusión. El idioma no funciona por ocurrencias ni por modas. Tiene normas que permiten que todos, sin importar su nivel educativo, puedan comprenderlo. Cuando esas normas se alteran, se crean barreras no inclusión. El respeto no está en cambiar las letras, está en garantizar los derechos, en mejorar oportunidades, en tratar con dignidad. Porque un lenguaje claro une, pero uno forzado terminada confundiendo. Cuidar el castellano no es retroceder, es defender una herramienta que nos permite comunicarnos sin distorsiones. Y una sociedad que no se entiende, difícilmente avanza.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).


jueves, marzo 26, 2026

PROMESA JAPONESA *

 

En la imagen: Germán Navas Talero / Jurisconsulto - Excongresista colombiano

Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

La sentencia del Consejo de Estado [ en contra de Cielo Rusinque] da pena, eso no es sentencia. Porque ese fallo es absolutamente político, pues con él se trató de dar un golpe al presidente de la República

Antes entrar en materia es bueno recordar a los lamesuelas latinoamericanos que se están asociando alrededor de un supuesto escudo: el Escudo de las Américas. Esto no es más que una asociación de lambericas para echarle cepillo a los Estados Unidos y a Donald Trump. Una reunión de gobernantes lambones, entre los que se encuentran Javier Miley, Daniel Noboa y Nayib Bukele; esos, que a toda hora viven sobándole chaqueta a Trump, se van a asociar para conformar ese tal Escudo de las Américas que busca, únicamente, proteger a los Estados Unidos sobre el derecho a la libertad que tiene Latinoamérica.

Los japoneses son puntuales en todo y cumplen lo que prometen. La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, ha prometido que no volverá nunca a los Estados Unidos. La acompañamos en esa promesa, porque mientras los gringossigan siendo unos patanes, siguiendo el ejemplo de su patán presidente, ninguna persona decente volverá por allá.

La ministra Takaichi fue muy maltratada en los Estados Unidos, donde recientemente llevó a cabo una visita oficial. Allí no se brindó el protocolo que correspondía, la trataron como de segunda clase, y hasta tuvo que soportar un chiste de pésimo gusto a cargo del patán de Donald Trump, quien le recordó el caso de Pearl Harbor. Este patán está manejando un pueblo de patanes. Creo que un país decente no se soportaría a un sujeto como este.

Hay quienes sostienen que la cuna de la democracia son los Estados Unidos, pero que no hablen guadua, los Estados Unidos son una dictadura completa en este momento. Allí hay hoy cantidades de restricciones: los noticieros son intervenidos, las noticias censuradas y, si usted habla mal del presidente, bien pueden mandarlo a que descanse unos días en un calabozo, porque el presidente es intocable. Él es sagrado para ellos. Será sagrado para ellos, pero para el mundo libre no lo es.

Donald Trump metió al mundo en un conflicto como el que tenemos ahora en Irán, simplemente porque quería probar que era capaz de todo. Se metió con Irán y no ha lo ha podido derrotar, y los golpes que Irán le ha dado al socio a su socio, a los sionistas, son impresionantes. Creo que nunca le habían cascado tan duro a Israel, que, entre otras cosas, bien merecido lo tiene; porque Israel venía abusando de una supuesta inviolabilidad en su espacio aéreo, y decía que tenía el mejor ejército del mundo. Tenían intimidado al mundo diciendo que, lo más seguro, era la protección israelita, hasta que Irán se les disgustó, y le ha dado tremendas palizas. El tal domo de hierro resultó ser de algodón, pues cualquier cauchera lo rompe; y fuera de eso les han bombardeado todos los sitios que tenían como imposibles de tocar. Les han dado hasta donde han querido, lo cual se buscaron y hasta se lo merecían, porque los sionistas, fuera de que han maltratado y asesinado palestinos, estaban convencidos que el mundo tenía que arrodillárseles, y los iraníes no se les arrodillaron.

Es que se le olvida al mundo que Irán es una cultura persa de más de 4.000 años; que en esa región del mundo apareció la escritura, las matemáticas; todo es origen de esa parte del mundo, no de Israel. Israel ha sido un dolor de cabeza para el mundo entero, desde comenzaron a reclamar una tierra prometida. Como abogado me pregunto, ¿dónde está la promesa de compraventa de esa tierra que les hizo el dios de ellos para que se quedaran con ella? Ellos siempre hablan de la tierra prometida, pues que nos muestren la promesa de compraventa, donde se diga quién es el que promete vender y si ese que promete vender tiene algún título de propiedad sobre ese terreno que está entregando. Pero con el cuento de que es la tierra prometida han cometido toda clase de bellaquerías a través de la historia, hasta que se metieron con el que no era. Se pusieron a torear a los iraníes y ellos resultaron dándoles tamaña paliza.

Si no fuera por la alcahuetería de sinvergüenzas, como Donald Trump, que les sigue dando dinero y los sigue aupando para que peleen, quizás ese pueblo ya tendría algo de conciencia. Pero sabemos la clase de criminales que son Trump y Netanyahu, los dos, reconocidos criminales de guerra. Pero como estamos hablando de Estados Unidos e Israel nada les puede pasar. Pero aquí se encontraron con el que era. Fueron y tomaron a Irán a mansalva; lo cogieron desprevenido, lo bombardearon, mataron a su líder espiritual e hicieron lo que les dio la gana; pero los iraníes despertaron, le recordaron al mundo quiénes eran y cómo son de valientes, y han hecho temblar a esos dos abusadores.

Crímenes de guerra pueden cometer todos los países y tendrán su sanción, pero como en este caso son los Estados Unidos e Israel los que vienen cometiendo esa clase de crímenes, pues no pasa nada. Porque nada se ha hecho ni nada se ha dicho en contra de esos ataques cobardes, en los que cogen a la población durmiendo. Valientes si se enfrentaran a su enemigo en igualdad de condiciones. Eso de llegar a matar a las gentes de noche es asesinato, pero el señor Trump se jacta de eso. Él prometió que acabaría con las guerras y lo que hizo fue incendiar el mundo. Él y Netanyahu han incendiado el mundo y por eso el mundo está como está.

Todos los días sale Trump a decir que la guerra contra Irán está ganada, y al día siguiente Irán lanza más y más cohetes y demuestra que sigue vivo y sigue digno. Trump y Netanyahu se metieron con el que no debían. Se metieron con la cultura de la humanidad, porque de allá vienen muchas de nuestras raíces. La cultura no viene de Nueva York o de su bolsa, no. De allá lo único que podemos aprender es a matar gente a traición, porque ese es el ejemplo que los gringos le han dado al mundo, o recuerden lo que hicieron en Vietnam o en Irak. A ellos lo que los hace ‘grandes’ es llegar de noche y matar a la gente en su casa, descansando; esa es la valentía del green-go.

Creo que es hora de que el mundo recapacite y piense en que hay culturas, como la persa, que merece respeto; que merece que nosotros hagamos un reconocimiento de ella, no sólo porque nos ha brindado cultura, sino por el ejemplo de valor que viene demostrando en estos días. Por su capacidad de defenderse frente a una mansalva conformada por Estados Unidos e Israel, y de vez en cuando por sus primos: los ingleses, quienes encuentran cualquier disculpa para meter el hocico, como los piratas que siempre han sido. Pero creo que los iraníes están dando ejemplo al mundo de lo que es el valor, la capacidad, y la inteligencia para combatir, para aguantar y para crear.

Y en el campo colombiano…

Aquí consideramos que las cosas van bien. Iván Cepeda triunfa en las encuestas. ¡Iván Cepeda es el hombre!, dice la gente, y estamos de acuerdo. Iván es una persona que ha mostrado sensatez. Quienes trabajamos con él, como es el caso de quien esto escribe, vimos siempre su prudencia, su tino para decir las cosas, su capacidad de entender las contraargumentaciones. Nunca lo vi casar peleas en el Congreso, se las querían casar a él, porque como es de izquierda y la izquierda no le gusta a los de derechas. Este país es un país de derechas, cuando parezca mentira, pero este es un país godo. Hay que tener cuidado con esos godos en cuanto a Cepeda. Yo estoy seguro de que Iván Cepeda va a ganar, va a ser presidente, y va a hacer un buen gobierno. Un gobierno justo y equitativo en el que se va a tener en cuenta a los menos favorecidos.

Adenda: Es absolutamente aterradora la sentencia del Consejo de Estado para maltratar a la doctora Cielo Rusinque, la Superintendente de Industria y Comercio. A quienes por razones profesionales la hemos conocido y sabemos de sus capacidades, de su cultura, de su capacidad de respuesta, nos pareció el colmo. Ella se atrevió a tocar a unos de los pesados de este país y terminó pasando lo de siempre: los poderosos lograron alcanzarla. La sentencia del Consejo de Estado da pena, eso no es sentencia, eso es una manera de quitarse de encima a un enemigo político. Porque ese fallo es absolutamente político, pues con él se trató de dar un golpe al presidente de la República, pero eso dista de ser un fallo jurídico.

Coletilla por Deisdre Constanza. En esta ciudad el problema no es la movilidad, es la absoluta pérdida de vergüenza colectiva. Las vías se convirtieron en una jungla donde bicicletas y motocicletas hacen lo que se les da la gana. Se pasan semáforos en rojo, invaden andenes, circulan en contravía y atropellan cualquier norma con total descaro. Aquí no hay cultura ciudadana. Hay una peligrosa combinación de egoísmo, irrespeto y sensación de impunidad. El ciclista se victimiza mientras incumple, el motociclista se cree intocable mientras pone en riesgo a todos los ciudadanos. La movilidad se volvió una guerra absurda ¡sálvese quien pueda! Lo indignante es que ya nadie se sorprende. El caos se volvió paisaje y la ilegalidad costumbre. Pero esto no es solo culpa de quienes infringen, también lo es de unas autoridades ausentes, permisivas y cómodas en su ineficacia. La falta de control no es casualidad, es negligencia. Y esa negligencia cuesta vidas. Aquí no hace falta más discurso, hace falta carácter y conciencia ciudadana, porque una ciudad donde nadie respeta no es moderna ni avanzada. Es simplemente una ciudad fallida, dominada por la ley del más vivo.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).


jueves, febrero 19, 2026

Frente amplio y derrota del sectarismo *

En la imagen:
Consuelo Ahumada - PhD en Ciencias Políticas con énfasis en estudios latinoamericanos

Por: Consuelo Ahumada

El resultado de las próximas elecciones al Congreso y de la consulta presidencial será determinante en la continuidad del proyecto progresista en Colombia

Empecemos por el contexto. El corolario Trump a la doctrina Monroe, anunciado en diciembre pasado, vuelve a poner el objetivo central en el control del continente. “América para los americanos”, sentenciaba la vieja doctrina. Es en estos territorios donde pretende recuperar la hegemonía global frente al avance de China.

Es un proceso basado en el poderío militar inalcanzable de Washington en el mundo entero, el complejo industrial militar, como lo llamó Eisenhower en su tiempo. Ahora es cada vez más determinante. La guerra y sus negocios. El desarrollo tecnológico al servicio de la muerte. Todo acompañado de un poder mediático impresionante.

Washington decide quiénes son los enemigos y dónde se hacen las guerras. Es el fascismo, en manos de la ultraderecha, liderada hoy por Trump. Ya no se invoca la democracia sino el petróleo y las tierras raras.

Esta tendencia dificulta todavía más la tarea del progresismo en el continente. No se trata de la famosa “teoría del péndulo” con la que académicos asépticos, despistados o de mala fe, insisten en la “alternancia” en el poder como legitimación de la democracia.

Con Trump ha habido un retroceso significativo de la izquierda en la región. Intensificó sus amenazas a toda la región Caribe, invadió a Venezuela y secuestró a su presidente y amenaza con acabar con Cuba.

Intervino en las elecciones de Ecuador, Chile, Argentina, Honduras, entre otras. Amenazó y llamó a votar por sus amigos. Además, legitimó el robo. No es una práctica nueva, pero ahora la despliega con renovados bríos.

En reciente informe, la Revista Raya denunció que la empresa colombiana del Grupo ASD propició el fraude en las presidenciales hondureñas. Es la misma empresa que desapareció 400.000 votos de la izquierda en las elecciones de congreso en Colombia en 2022. La misma que hará el conteo en las próximas elecciones. Una alerta adicional que no puede desatenderse. https://revistaraya.com/empresa-colombiana-senalada-de-fraude-en-honduras-sera-decisiva-en-las-elecciones-colombianas-en-2026.html

Pero hay mucho más para agregar. Desde su primer mandato, Trump se esforzó por organizar y consolidar la ultraderecha latinoamericana, comprometida a fondo con su proyecto imperial.

En el caso de Colombia, su abyección ha sido notoria. Los intentos de las viejas elites de impedir que el proyecto del Cambio continúe se han incrementado. Le apostaron al fracaso de la reunión entre Petro y Trump y pidieron la invasión del país.

Esta es la situación, a escasas tres semanas del inicio del proceso electoral. No son datos aislados, son tendencias, intereses, hechos reales, que no se pueden desconocer ni minimizar.

En el frente interno, ya no solo el Congreso sino las cortes redoblaron esfuerzos por sabotear al gobierno e impedir sus logros sociales, llevando a un verdadero bloqueo institucional. El lawfare en toda su expresión.

La oligarquía colombiana, los gremios económicos, los consorcios mediáticos están dispuestos a valerse de todos los recursos para recuperar el poder perdido.

En este marco, sobrevino la decisión arbitraria del Consejo Nacional Electoral de impedir la participación de Iván Cepeda en la consulta del Frente por la Vida en las elecciones del próximo 8 de marzo.   

Es una clara afrenta al Estado de derecho y al progresismo. Sin embargo, el sectarismo y la cacería de brujas desatados entre importantes sectores del Pacto Histórico frente a otras figuras a las que convirtieron en enemigos centrales es absolutamente peligroso para el proyecto del cambio, al menos por tres motivos.

Primero. La continuidad del progresismo requiere del mayor esfuerzo por unir a los más amplios sectores políticos y sociales del país, incluido el centro, con el fin de derrotar a la ultraderecha fascista. Tal fue la experiencia del triunfo electoral de Gustavo Petro.

No fue solo la izquierda. Se integraron amplios sectores independientes, liberales, conservadores y de otras toldas. Algunas de estas figuras fueron definitivas en el triunfo electoral, como Roy Barreras y Armando Benedetti, para mencionar solo algunos.

En medio de muchas dificultades, su apoyo permitió la aprobación de algunos de los proyectos del gobierno del cambio y, lo más importante, la ampliación de la base de apoyo al mismo.

De hecho, con todas estas alianzas y en medio de una situación política más favorable para el cambio que la actual, el triunfo de Petro no se definió en primera vuelta. Tampoco arrasó en segunda vuelta.

Por eso, no basta con soñar con el triunfo en primera vuelta y agitarlo como consigna. La política no se hace con buenos deseos ni mucho menos con la descalificación de aliados potenciales, como han hecho figuras reconocidas del Pacto, convertidos en nuevos catones frente a cualquiera que se acerque.

Segundo. El gobierno de Petro está a escasos seis meses de terminar. Ha tenido logros importantes y cuenta con apoyo popular significativo, pero no es suficiente. Tiene un desgaste explicable: debió enfrentar la mayor oposición y saboteo en la historia del país y sus reformas apenas arrancaron.  

Además, la situación de orden público frente al ambicioso proyecto de la Paz total es bastante complicada. Las disidencias de las Farc y el ELN decidieron tomar partido por los negocios ilícitos y desataron una guerra contra la población más pobre y vulnerable.

Tercero. Durante los últimos años las consultas en Colombia han sido un importante mecanismo aglutinador de las tendencias políticas. El triunfo de Petro arrancó con la consulta de la izquierda en el 2022.

Por eso, el saboteo y desconocimiento a la consulta del Frente por la vida, es un disparate. Tal como están planteadas las cosas, se producirá un triunfo de la consulta de la derecha y de la candidata del uribismo y eso será un golpe simbólico importante de la derecha.

Por todo lo anterior, es imprescindible vencer el sectarismo y aglutinar la mayoría de las fuerzas. Construir las mayorías, no imponerlas. Reducir el blanco de ataque. Miremos el ejemplo del desastre de la experiencia boliviana reciente.

Hay que examinar la experiencia del país y la región y proceder acorde. De lo contrario, habrá un riesgo real de perder en segunda vuelta.   

Si nos aislamos perdemos, dijo Petro en alguna ocasión. Ojalá hoy lo volviera a recordar y llamara al Pacto a liderar el proceso unitario.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

martes, febrero 17, 2026

Colombia, país de enfermos mentales *

 

En la imagen: Germán Navas Talero, jurisconsulto y excongresista

Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

Colombia es un país que tiene un gran problema de salud mental, porque si en este país se contempla votar por Uribe Vélez otra vez, es un país que tiene que estar enfermo


Algo divertido, y que parece una página cómica, es mirar los procesos que se adelantan en Estados Unidos contra servidores del dictador Donald Trump. Cuando uno oye a la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi -ficha de bolsillo del presidente- responder que no tiene ni idea de dónde se encuentra la alcahueta de Epstein, es incomprensible, más cuando se supone que ella maneja toda la administración de justicia en ese país. Pero resulta que allá la justicia no es independiente, así nos digan mentiras. En un país donde el presidente de la República puede hacer cambiar un fiscal, puede hacer cambiar un juez, y cambia la ley como se le antoja, no es un país democrático. Lo más mentiroso en el mundo -después de Pinocho- es afirmar que los Estados Unidos es una democracia. Ellos fueron democracia hace mucho tiempo, pero ya no lo son.

Sobre este tema, me puse a escuchar algunas declaraciones por parte de unos funcionarios a raíz de la muerte de una ciudadana a manos de uno de los grupos paramilitares de Trump: los del ICE. Los cuales afirmaron que la mataron porque se presumía que podía agredirlos; porque no les gustó cómo los miraba. Esos del ICE son unos ‘genios’. Y la mataron, y nadie está en la cárcel. Y el payaso ese, el mal-pintado vicepresidente de la República, JD Vance, sostuvo que eso había sido “legítima defensa”. Eso afirmó ese individuo, ese analfabeto. Que era que los muchachos del ICE se estaban defendiendo, ¡Ah!

Y uno se pone a ver y resulta que el tal Vance es un analfabeto que llegó a donde llegó por pura chepa, por pura lagartería con Trump. Cuando uno mira a Vance y luego mira al Guasón -el enemigo de Batman-, ve que son igualitos: payasos mal-pintados. Fíjense ustedes, siempre se coloca en forma tal que gane en cámara y salga detrás de Trump, y siempre con la misma cara de Guasón. Siempre tratando de reírse, pero eso es una risa artificial, mentirosa.

Si hay un tipo en el cual no se puede confiar es en el tal Vance; pónganle cuidado a las barbaridades que dice, a los análisis que hace, y díganme si estoy equivocado. En lo que a mí respecta, a ese señor no le serviría ni de fiador de la tienda de la esquina. No me genera ni la menor confianza. Ese tipo lo único que espera es que se Trump se inhabilite, o a ver cómo lo saca del cargo para encaramarse ahí.

Hace unos días, conversando con algunos gringos sobre la carrera política del vicepresidente Vence, me decían que es un hombre que se ha hecho al lado de Trump con el fin de acolitarle todas las cosas oscuras que hace el presidente de la República; y con esa cara de idiota mal-pintada, con esa movedera de cabeza diciendo “sí” siempre a todo aquello que se le ocurre al señor Trump.

Pónganles cuidado a las declaraciones de ese pisco. Y lo grave del caso es que, si Trump es peligroso, este Vance lo es mucho más. Pobre de Estados Unidos si este tipo llegara a la presidencia de los Estados Unidos. ¡Pobres gringos! Pobres, porque ya tendrían el segundo peor presidente en la historia de ese país. Porque, sin duda, el primero es el señor Tramp-as, y si digo ‘trampas’, es porque cuando Trump se pronuncia en inglés, suena Tramp, o sea… ¡Trampas!

Ahora, que no me vayan a salir con que estoy calumniándolo u ofendiéndolo, ustedes son testigos de que ese señor fue condenado por 34 delitos, pero como es el presidente, no han hecho efectivas las sanciones. Y fuera de eso, cuando se posesionó como presidente, tenía varias investigaciones. Pero el colmo de la vagabundería es lo que acaban de descubrir: que el tal presidente de los Estados Unidos, aquel hombre honrado, tenía un negocio para contarle a un país de medio oriente algunos datos que necesitan sobre satélites, pero no lo hacía gratis; él le contaba todo eso a cambio de que le autorizaran una urbanización hotelera allá en ese país, que me parece que es Catar.

Entonces, yo les ofrezco información privilegiada que ustedes quieren, y ustedes me dan esa aprobación. ¿Que cómo se descubrió eso? Porque Ivanka, la hija de ese tipo, cuando hicieron un allanamiento en una de sus propiedades, soltó la lengua, y entregó los casetes que contenían las pruebas de que su padre, el señor presidente de la República, había negociado con un extranjero que les daba la información sobre secretos de estado a cambio de que ellos le permitirán montar otro negocio, de los que le gustan a él: urbanizaciones piratas, canchas de golf, etcétera, etcétera.

Miren con cuidado esto, para que, si ustedes piensan que la justicia en Colombia está mal, la de los gringos está peor. Y son tan cínicos estos gringos que ahora el señor Trump vendrá a Venezuela, a visitar a la señora Delcy Rodríguez, y seguramente a dar órdenes de cómo tiene que manejar ese pedazo de tierra que se llamaba Venezuela, y que ahora más parece Yanquilandia II; porque los gringos hacen lo que se les dé la gana con ese país. Ya secuestraron a Maduro y pusieron a esa señora.

Pero aquí los colombianos despotricaron de Maduro todo lo que quisieron. Pero resulta que, mirando y estudiando con cuidado las manifestaciones de apoyo a Maduro, han sido impresionantes, verdaderamente impresionantes. Pero ‘la gran prensa’ de acá, esos periodistas nuestros, como estaban en campaña contra Venezuela por supuestamente ser de izquierda. Esos ya no son periódicos, son cámaras de chismes. A mi casa llegaban suscripciones de revistas y periódicos hasta hace un tiempo, pero ya las suspendimos. Preferible que cada cual coja el celular y que mire a ver qué consulta, porque las investigaciones que hacen estos señores de los ‘grandes medios’ son la cosa más mentirosa del mundo.

Pero, eso sí, ellos se facultan para ser sensores de los medios de comunicación digitales, ellos afirman que esos medios son falsos y que todo lo que salga en internet es fake-news; y lo que ellos dicen sí es verdad. Ellos tienen la verdad revelada. ¡Dejen de leer esos pasquines! Tomen la información que quieran, y saquen sus propias conclusiones. Se supone que ustedes saben leer y escribir, ¿no?

Por nuestra parte, creo que Colombia es un país que tiene un gran problema de salud mental, porque si en este país se contempla votar por Uribe Vélez otra vez, es un país que tiene que estar enfermo. Mentalmente enfermo. Y si siguen votando por los políticos de la costa, tienen que estar enfermos. Los políticos de la costa son siempre los mismos; y en la costa, si usted no da propina, no le dan nada. En la costa no venden votos, los ferian. Por eso digo que estamos muy mal de la cabecita.

Coletilla por Deisdre Constanza. Resulta casi paradójico que el Consejo de Estado invite a reconsiderar el incremento del salario mínimo, como si el verdadero riesgo económico del país estuviera en los bolsillos de miles de trabajadores que a duras penas pueden cubrir un arriendo y un poco de mercado; donde comer carne, pollo o pescado se volvió un verdadero privilegio, escasamente toca comer pollo en su mínima expresión, o sea, ‘un huevito’. Tal vez el mensaje del Gobierno sea que el problema no es la desigualdad, sino que los de abajo aspiren a estar un poco mejor. Porque en este país, ajustar el salario mínimo se convierte en un debate técnico. Curiosamente cuando se trata de proteger utilidades del empresariado. Se nos dice que subir el salario genera desempleo, pero no se habla con la misma contundencia de los márgenes de ganancia, de los beneficios tributarios o de la concentración de la riqueza. El debate no debería centrarse únicamente en cifras macroeconómicas, sino también en la coherencia institucional y el principio de equidad. La legitimidad de las decisiones públicas no solo depende de su legalidad, sino de la percepción de justicia que se genera. si de verdad se quiere hablar de “reconsideración” que se empiece por quienes tienen margen para ceder, no para quienes apenas tienen margen para vivir.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).