LA VITRINA DE LA CONVERSA

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miércoles, abril 08, 2026

Irán tiene razones para no creer ni una palabra

Imagen elaborada a partir de la caricatura del dibujante palestino Mohammad Sabaaneh
 Por: La Conversa Fin de Semana

La pregunta no es por qué Irán desconfía, sino cómo alguien podría esperar que confíe.

Apenas unas horas después de que el presidente de Estados Unidos anunciara la suspensión de las agresiones contra Irán, y de que el régimen iraní pusiera como condición para acoger la propuesta el cese del ataque al Líbano, la respuesta no se hizo esperar: Israel y Estados Unidos bombardearon Beirut, destruyendo edificios y arrasando con población civil que ni siquiera era de confesión musulmana. El mensaje es tan claro como macabro: no hay tregua que valga, no hay condición que respetar.

Ante este nuevo baño de sangre, el inicio de las conversaciones en Pakistán queda en entredicho. Y no es para menos. Irán reitera su profunda desconfianza, y esa desconfianza no es paranoia, es historia. La historia del Mossad israelí, especializado en el asesinato selectivo de negociadores y figuras clave de gobiernos adversarios. La historia de Donald Trump, que incumple su palabra con la misma facilidad con la que la emite, y que ha demostrado una y otra vez su incapacidad —o su falta de voluntad— para controlar a un gobierno ultra sionista como el de Netanyahu. Cuando te bombardean mientras negocian, cuando tus condiciones son ignoradas antes de ser terminadas de enunciar, la pregunta no es por qué Irán desconfía, sino cómo alguien podría esperar que confíe.


martes, abril 07, 2026

Trump suspende bombardeos contra Irán, pero Israel complica las conversaciones

 

Por: La Conversa de Fin de Semana

Trump suspende bombardeos contra Irán, pero Israel complica las conversaciones al negar cese al fuego en el Líbano; China media de forma discreta

En un giro inesperado, el presidente Donald Trump anunció a través de su cuenta en Truth Social la suspensión de los bombardeos que tenía previstos sobre Irán, luego de una intensa gestión diplomática de Pakistán, Egipto, Turquía y Marruecos. La pausa en los ataques está condicionada a que Irán reabra de inmediato el estrecho de Ormuz, vital para el comercio energético mundial.

Sin embargo, aún no hay respuesta oficial de Teherán. Mientras tanto, en Estados Unidos crece la presión contra Trump: el congresista Mike Quigley (5º Distrito de Illinois) impulsa un proceso de impeachment y ha invocado la 25ª Enmienda para evaluar la suspensión del mandatario por incapacidad.

Israel insiste en excluir el cese al fuego en el Líbano

A última hora, fuentes cercanas a las negociaciones revelaron que Israel insiste en no incluir un cese al fuego en el Líbano dentro de cualquier acuerdo regional, lo que amenaza con empantanar las conversaciones. Esta posición israelí, sumada a los recientes ataques de Netanyahu contra infraestructuras civiles en Irán, profundiza la desconfianza hacia los gobiernos de Washington y Tel Aviv, especialmente tras las acciones violentas previas contra negociadores palestinos e iraníes.

Mediación discreta de China

En medio de las tensiones, China habría realizado una gestión discreta de última hora, sugiriendo a Irán que considere la oferta presentada por los países mediadores. Pekín busca evitar una escalada mayor en la región, aunque su papel se ha mantenido en segundo plano.

Analistas consideran que la reapertura del estrecho de Ormuz es una condición difícil de aceptar para Teherán sin contraprestaciones concretas, en particular bajo el peso de las sanciones económicas. La comunidad internacional sigue atenta a los próximos movimientos diplomáticos y militares en una de las zonas más volátiles del planeta.

 

En la imagen: Germán Navas Talero / Jurisconsulto - excongresista colombiano

Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

Donald Trump es un enfermo mental, un maniático, y fuera de eso, un mentiroso.

No mintamos. Digamos siempre la verdad. Cuando usted pinta un cuadro está pintando la verdad de lo que está viendo, así es el cuadro sea producto de la imaginación. Pinte lo que usted ve en su mente y estará pintando la verdad. No imagine lo que no es cierto y hace daño, eso es mentir. No haga daño. No mienta.

Nos enseñan desde niños que la mentira es lo contrario de la verdad. Pero no siempre la mentira es dañosa, porque hay mentiras bonitas: las mentiras de la fantasía; cuando usted, de niño, le decían que el hada madrina hacía milagros y le hacía aparecer juguetes. Mentiras, como el cuento del niño Dios, trayendo regalos. Esas son mentiras bonitas. Las otras mentiras son miserables, son las que se emplean en las guerras.

¿Han visto ustedes algo más mentiroso que el presidente de los Estados Unidos, el señor Donald Trampas? Ese tipo es un falsario, es un mitómano miserable. Él quiere engañar al mundo y está convencido de que el mundo le comió cuento. El mundo no le cree a ese tipo nada. Ese tipo es un enfermo mental. Uno no entiende cómo un país como los Estados Unidos puede permitirse que un sujeto de estos le dé órdenes.

Es chistoso ver cómo cada tres días Trump dice: “le doy un ultimátum a Irán y lo voy a convertir en un infierno.” Pasan los ocho días y para él el ultimátum no es ultimátum, es primerátum, porque dice… “No. Les voy a dar dos meses, pero en dos meses los acabo”, y en eso lleva años. Y uno mirando las informaciones de prensa sabe que esa guerra, mal que bien, la van ganando los iraníes; pero eso lo sabemos nosotros que vemos diversas fuentes de información; pero para ese enfermo mental, que no ve sino lo que él quiere ver, la van ganando. Dice “no me han tumbado ningún avión”, y en otro canal están mostrando dos, tres y hasta cuatro F-15 en el suelo. “Es que la vamos ganando, no hemos tenido ninguna baja”, y por medios iraníes se ven diez, veinte, y hasta treinta ataúdes. Les han volado hasta un cuartel, pero Trump insiste en que no han perdido nada. Si eso no es mentir, ¿qué es mentir?

A uno le da tristeza ver que un demente como ese esté dirigiendo la suerte de un país que otrora fue adalid de la democracia, y hoy día es un pésimo ejemplo para cualquier mundo. Cualquier cosa es preferible a vivir en los Estados Unidos. Donald Trump es un enfermo mental, un maniático, y fuera de eso, un mentiroso. Con el cuento del piloto que se les cayó y no lo encontraban. Son tan miserables que la orden era, que si no lo rescataban, había que matarlo, porque entregárselo vivo a Irán no valía la pena; palabras más, palabras menos, eso fue lo que se entrevió en los reportajes que presentaron. Preferían matar a ese ser humano antes de reconocer que están perdiendo la guerra. Porque la están perdiendo, así digan lo contrario. Dicen que no han tenido bajas, ¿entonces los cadáveres qué? ¿se los inventan?

Y ahora, en esa campaña de mentiras lo acompañan los de siempre: los israelitas. El pueblo más mentiroso del mundo, después de los gringos, son los israelitas. Son tan mentirosos que dicen que dios les prometió una tierra, pero no vimos nosotros en ninguna parte la promesa de compraventa, ni sabemos qué tierra fue la que les prometió; porque al parecer, el dios de ellos estaba prometiendo en venta, o en regalo o en donación, una tierra que no era de él; porque esa tierra que los israelitas reclaman hoy en día nunca ha sido de ellos. Esa es la tierra de los palestinos. Ellos se la quieren robar, y siempre, bajo cualquier pretexto, tratan de ampliar sus fronteras.

Pregúntele a cualquier israelita mentiroso dónde están las fronteras de Israel: nunca se las va a decir; porque la esperanza de ellos todos los días es correr un poquito más para allá esas fronteras, para colonizar más y más tierras. Eso es lo que en un país decente se llamaría despojo, pero para los israelitas eso es colonización. Yo le robo la tierra a usted, le destruyó su casa, lo mato, lo saco a patadas, pero es que lo estoy colonizando. Esa es la teoría de los israelitas sobre la supuesta colonización.

Hay una competencia ¿cuál cree usted, amigo lector, cuál es el más mentiroso, el israelita, o el estadounidense? Para mí, empatan. Empatan porque ambos cabalgan en la misma bestia de la mentira. Uno dice una mentira y el otro se la apoya.

Tratemos de enseñarles a nuestros hijos a que digan la verdad. La verdad puede ser dura, pero es la verdad. La mentira es mentira, y por eso mentirosos son los israelitas y los gringos.

Coletilla por Deisdre Constanza. El idioma debe ser canal de reivindicación, no de deformación. A veces uno escucha el llamado lenguaje inclusivo y no es rechazo es desconcierto. Porque el castellano tiene reglas claras, una estructura que no es improvisada, sino construida durante siglos para que nos podamos entender. Hoy no solo se insiste en palabras como “presidenta” o “concejala” cuando según la regla gramatical el género se construye desde el artículo, la presidente, la concejal. Además, aparecen expresiones como “todes”, “compañeres”, o “niñ@s”, que directamente rompen las reglas básicas de la gramática y la ortografía. Y ahí es donde el problema deja de ser una discusión y se convierte en confusión. El idioma no funciona por ocurrencias ni por modas. Tiene normas que permiten que todos, sin importar su nivel educativo, puedan comprenderlo. Cuando esas normas se alteran, se crean barreras no inclusión. El respeto no está en cambiar las letras, está en garantizar los derechos, en mejorar oportunidades, en tratar con dignidad. Porque un lenguaje claro une, pero uno forzado terminada confundiendo. Cuidar el castellano no es retroceder, es defender una herramienta que nos permite comunicarnos sin distorsiones. Y una sociedad que no se entiende, difícilmente avanza.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).


domingo, enero 11, 2026

Primavera Árabe en Irán: El viejo libreto de la injerencia occidental


Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-

Trump, en su afán por avivar conflictos y sostener una hegemonía en decadencia, recurre una vez más al cinismo: promueve una "nueva primavera" con consignas de democracia y derechos humanos que su propia administración se encarga de violar, dentro y fuera de Estados Unidos.


No es coincidencia el recrudecimiento y la particular orientación de las protestas en Irán, convenientemente iniciadas y amplificadas por poderosos comerciantes y sectores mercantiles históricamente asociados con la depuesta dinastía Pehlevi. Esta familia, que abiertamente tuvo simpatías y relaciones con la Alemania nazi antes de aliarse con Occidente, fue derrocada en 1979 por la Revolución Islámica que hoy se ve desafiada. El movimiento actual no surge en el vacío; responde, como se ha documentado extensamente, al renovado manual de operaciones de la CIA estadounidense y el Mossad israelí, que buscan reeditar, bajo nuevas condiciones, el fenómeno de las "Primaveras Árabes"[1]; ahora trasplantado al corazón geopolítico de Persia.

Este no es un estallido social espontáneo, sino un ensayo de ingeniería política diseñado para lograr, mediante la desestabilización interna, lo que el cerco económico y la amenaza militar directa no han podido conseguir: un cambio de régimen que desmantele la República Islámica. Como se puede colegir del documento de Hanieh (2022), las protestas en Irán “coinciden” en su aparente motivación con los levantamientos en Medio Oriente y Norte de África que se dieron tras la crisis económica de 2008, como respuesta a las medidas económicas impuestas por occidente a los gobiernos contra los que iban las protestas de ese entonces.

La paradoja central, soslayada en el texto de Hanieh (2022), es también, muy reveladora: las Primaveras Árabes de inicios del siglo XXI tuvieron como combustible principal el descontento masivo generado por las brutales medidas de austeridad neoliberal, ordenadas en los Programas de Ajuste Estructural impuestas por Estados Unidos y la banca internacional (FMI, Banco Mundial) a gobiernos previamente aliados. Estas medidas, destinadas a garantizar el pago de la deuda y la apertura económica, devastaron las condiciones de vida de la población. Así, la intervención occidental explota el malestar que su propio orden económico genera, canalizándolo hacia objetivos geopolíticos y alejándolo de una crítica sistémica al capitalismo global.

Sin embargo, lejos de ser meras explosiones de descontento popular, las Primaveras Árabes de comienzos del siglo XXI también contaron con la mentoría, financiación y dirección estratégica de la inteligencia norteamericana, aunque siempre negadas por el gobierno de Barack Obama [2], formaron parte de una caja de herramientas de intervención suave y guerra híbrida utilizada globalmente para incidir en la política interna de países cuyos gobiernos se resisten a la hegemonía de la derecha internacional.

Las actuales protestas en Irán dan la impresión de seguir meticulosamente el mismo libreto, un guion que no se puede leer sin considerar hechos geopolíticos recientes de alto impacto. La visita no publicitada del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a Washington, junto con las explícitas declaraciones de Donald Trump y sus aliados sobre la necesidad de apoderarse del control global del petróleo y de territorios estratégicos, dibujan un escenario de máxima presión. La prensa corporativa occidental ha pasado, sin disimulo, de reportar reclamos socioeconómicos iniciales y señalar la represión del gobierno iraní a destacar y promover consignas que exigen explícitamente el retorno del clan Pehlevi al poder, encarnado en su heredero, Reza Pahlavi, quien, de manera nada casual, reside en los Estados Unidos [3] y es promovido activamente desde círculos neoconservadores y Tanques de Pensamiento belicistas en Washington. El objetivo último parece claro: precipitar la caída del líder supremo, el Ayatolá Ali Jamenei para desarticular el complejo entramado de poder revolucionario para instalar un régimen dócil.

Esta jugada es de una urgencia estratégica crucial para Washington y Tel Aviv ya que busca impedir, de raíz, una contundente respuesta iraní a futuras agresiones israelíes o estadounidenses en la región y neutralizar la creciente capacidad de proyección de Teherán. La "Guerra de los Doce Días" del año pasado fue un punto de inflexión: Irán demostró una sorprendente y sofisticada capacidad ofensiva de última tecnología que puso en entredicho la supuesta invulnerabilidad del "Domo de Hierro" y las defensas estadounidenses en la región, alterando la ecuación disuasiva.

Donald Trump, en su esfuerzo por incendiar el mundo, intenta reafirmar una hegemonía en declive, recurriendo, nuevamente, a la manipulación de una "nueva primavera" que corea consignas de democracia y derechos humanos (los mismos derechos que su administración pisotea sistemáticamente dentro y fuera de Estados Unidos). Se trata de un cinismo que no esconde que, para el imperio y sus socios; la soberanía de las naciones es un obstáculo desechable en su camino por el control absoluto de los recursos y las rutas del planeta.