LA VITRINA DE LA CONVERSA

miércoles, agosto 19, 2026

Cali: el terremoto que disputa el relato del orden y revela la autonomía popular (1 parte)

 

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Agosto/ 2026, Puerto Resistencia, Cali.

El cuerpo enterrado no pregunta qué tarjeta de crédito tiene su dueño. La mano que rescata no distingue entre vecino y desconocido. Lo que emerge es una igualdad práctica, no declarada, que se experimenta en el gesto concreto de sostener a otro


Cuando la tierra revela lo que ya existía.

Los terremotos no solo derrumban edificios; también ponen a prueba los relatos, las instituciones y las certezas sobre las que se sostiene una sociedad. Cuando la tierra se mueve, se revela quién organiza, quién cuida, quién llega primero y quién llega tarde. La catástrofe rompe la normalidad y deja al descubierto la verdadera infraestructura de un pueblo.

Esa infraestructura no está hecha de cemento ni de protocolos institucionales. Está hecha de relaciones. De confianzas acumuladas. De saberes que no aparecen en los manuales de emergencia pero que se activan con una velocidad que ninguna burocracia puede igualar. La pregunta que un terremoto deja no es cuántos edificios resistieron, sino qué tipo de tejido social estaba allí antes del derrumbe. Lo que ocurre después de la catástrofe no es improvisación: es la aparición visible de una trama que ya existía.

El 10 de agosto de 2026, a las 7:34 de la mañana, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el occidente de Colombia. En cuestión de segundos, Cali se convirtió en el epicentro del dolor: muertos, heridos, desaparecidos, edificios colapsados. Pero también en algo que ningún sismógrafo puede medir: la velocidad con la que un pueblo que ya sabía organizarse se puso en pie. Mientras las instituciones activaban protocolos, decretos y dispositivos de control, miles de personas ya estaban cocinando, rescatando, clasificando donaciones y organizando redes de ayuda. La ciudad reaccionó con una velocidad que no puede explicarse solo por la solidaridad espontánea.

Cali respondió así porque ya había aprendido a organizarse. El estallido social de 2021 no dejó únicamente memoria política; dejó una memoria organizativa. Dejó capacidades colectivas, redes de confianza, infraestructuras populares y formas de coordinación territorial que permanecieron latentes y que el terremoto volvió a activar. Lo que vimos no fue el nacimiento de la solidaridad, sino la aparición visible de una autonomía que ya existía.

I. La memoria organizativa: el estallido que quedó bajo los escombros

La primera imagen que deja el terremoto no es la del derrumbe, sino la de la organización. En cuestión de horas comenzaron a funcionar ollas comunitarias, comedores barriales, brigadas de rescate, puntos de acopio, puestos de salud improvisados, cadenas de distribución de alimentos, herramientas, combustible, plantas eléctricas y medicamentos.

Toda sociedad posee dos infraestructuras: la visible, hecha de cemento, presupuesto y jerarquías; y la invisible, hecha de confianza, memoria y cooperación. Los terremotos destruyen la primera y revelan la segunda.

Lo extraordinario no fue solo la ayuda, sino la coordinación. Los antiguos puntos de resistencia se transformaron en puntos críticos de atención. Las cocinas colectivas que alimentaron la protesta alimentaron ahora a los damnificados y voluntarios. Los barrios que durante el estallido aprendieron a abastecerse, comunicarse y protegerse mutuamente reprodujeron esas mismas lógicas en medio de la emergencia.

Aquí aparece una idea decisiva: las comunidades no improvisan desde cero. Recuerdan corporalmente cómo organizar una olla, cómo clasificar una donación, cómo distribuir recursos escasos, cómo confiar en el vecino, cómo actuar sin esperar autorización. Esa memoria práctica constituye una infraestructura invisible que solo se hace evidente cuando todo lo demás colapsa.

Esa infraestructura no se parece a las infraestructuras del Estado. No tiene planos, no tiene presupuesto, no tiene jerarquías definidas. Pero tiene algo que el Estado no tiene: capilaridad. Está pegada al territorio, anclada en los barrios, encarnada en personas que se conocen entre sí. Cuando la emergencia llega, esa capilaridad se convierte en velocidad. Mientras las instituciones deliberan, las redes ya están operando. Mientras los protocolos se activan, las ollas ya están hirviendo. Lo que desde fuera parece caos, desde dentro es la lógica de una organización que no necesita permiso para funcionar.

El estallido social produjo instituciones populares informales. Produjo competencias colectivas. Produjo una tecnología del cuidado. El terremoto simplemente retiró el velo y mostró que esa infraestructura seguía allí, disponible, lista para activarse.

Más aún: esa forma de organización comenzó a irradiarse hacia otras ciudades y otros sectores sociales. Lo que nació como experiencia localizada de resistencia empezó a convertirse en un lenguaje nacional de solidaridad. No se contagió únicamente una emoción; se contagió una manera de organizar la vida.

La solidaridad no se explica por la conmoción emocional. Se explica porque existe un saber previo. Un saber que no es teórico sino práctico: saber distribuir recursos escasos, saber coordinar sin jefe, saber decidir colectivamente en medio de la urgencia. Ese saber no nació del terremoto. El terremoto solo lo hizo visible. Y al hacerlo visible, lo convirtió en un modelo que otros territorios pueden replicar. No porque lo imiten emocionalmente, sino porque reconocen que allí hay una tecnología social que funciona.

La racionalidad del orden no es ilegítima en sí misma; toda sociedad necesita coordinación, normas y capacidad institucional. Lo que el terremoto pone en cuestión es su pretensión de suficiencia. El orden descubre que no puede sostener la vida por sí solo. Necesita aquello que no produce: la confianza, la vecindad, la reciprocidad y el cuidado.

II. La disputa por el sentido: el relato de las élites y el relato del pueblo

Toda catástrofe es también una batalla narrativa. Mientras unos describen un desastre natural, otros reconocen un acontecimiento político. Mientras unos hablan de orden público, otros hablan de cuidado colectivo.

Las élites suelen presentar la solidaridad como un impulso moral, una virtud privada, un gesto humanitario. En ese relato, las ollas comunitarias son caridad, los centros de acopio son filantropía y el voluntariado es simple buena voluntad.

Pero la experiencia popular dice otra cosa. Allí donde una comunidad organiza alimentación, salud, logística, distribución y protección, aparece una forma de poder social. No se trata únicamente de ayudar; se trata de demostrar que existen capacidades colectivas capaces de sostener la vida sin esperar permanentemente la autorización del Estado.

Por eso la disputa no es solo administrativa; es simbólica. De un lado aparece el uniforme, el decreto, el toque de queda, el control territorial, la jerarquía. Del otro aparecen el delantal de cocina, la pala, el abrazo, la brigada barrial, la cooperación y la confianza.

El conflicto no enfrenta simplemente a un alcalde con unos ciudadanos. Enfrenta dos racionalidades distintas: la racionalidad del orden y la racionalidad del cuidado.

La racionalidad del orden cree que el control es la condición de la seguridad. La racionalidad del cuidado cree que la relación es la condición de la vida. La primera funciona mediante la jerarquía y la coerción. La segunda funciona mediante la confianza y la reciprocidad. El terremoto no inventó esta oposición; la hizo explícita. Por eso la respuesta del Estado fue el toque de queda y el despliegue militar. Por eso la respuesta del pueblo fue la olla comunitaria y el abrazo. No son estrategias diferentes para el mismo fin. Son concepciones diferentes de lo que significa proteger la vida.

El alcalde Alejandro Eder no falla por sus decisiones particulares. Falla porque encarna una racionalidad que la ciudad ya ha dejado atrás. Su gobierno opera con la brújula del administrador: concibe el territorio como un problema a optimizar, la ciudadanía como un conjunto de conductas a regular y la autoridad como una distancia técnica. Pero la ciudad ya se mueve con otra sensibilidad: la del cuidado, forjada en el dolor compartido del estallido social y en la memoria de una autonomía que aprendió a organizarse sin pedir permiso.

Eder ha intentado mostrarse cercano, ensayar gestos de sensibilidad y ocupar el lugar del cuidador. Sin embargo, la apuesta está tan mediatizada, tan calculada, que se siente actuada. Y esa es su verdadera derrota: no un error de gestión, sino una pérdida de sintonía histórica. Su gramática política ya no coincide con el clima cultural de la ciudad que gobierna. Cali ya no espera gerentes que administren el orden; espera gobernantes capaces de acompañar la vida. Cali, después de 2021 y después del terremoto, ya no responde a esa frecuencia. Aprendió otra cosa: que la legitimidad nace del vínculo, no del protocolo; de la presencia, no del dispositivo; de la capacidad de cuidar, no solo de la capacidad de controlar.

El terremoto también transformó la sensibilidad colectiva. En medio de los escombros emergió una convicción profunda: toda vida importa. El anciano, el niño, el migrante, el vecino desconocido, el rescatista voluntario, la mujer que cocina, el joven que carga agua. También la mascota que quedó atrapada entre los escombros y cuya búsqueda, para muchas familias, fue tan urgente como la de un familiar. El terremoto no distinguió entre especies; la solidaridad tampoco.

La solidaridad amplía el círculo de quienes merecen cuidado. Esa ampliación es un cambio cultural de enorme profundidad, porque rompe la vieja costumbre de aceptar que algunas vidas son sacrificables y otras no.

La catástrofe tiene esa virtud: desordena las jerarquías de valor. En la normalidad, las vidas se ordenan según criterios que damos por naturales: clase, origen, edad, estatus. En la emergencia, esa jerarquía se disuelve. El cuerpo enterrado no pregunta qué tarjeta de crédito tiene su dueño. La mano que rescata no distingue entre vecino y desconocido. Lo que emerge es una igualdad práctica, no declarada, que se experimenta en el gesto concreto de sostener a otro. Esa igualdad no dura más que la emergencia. Pero deja una huella. Y esa huella es política: una memoria del mundo que podría existir.

Espere la parte 2 ... 

La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

lunes, agosto 17, 2026

La «gran» donación de la ANDI *

 

En la imagen: Yezid García / excongresista de Colombia

Por: Yezid García Abello

Empresarios donaron solo 0,37% de sus utilidades totales del año anterior y, en particular Bavaria, donó solo el 3,03% de sus ganancias. ¡Menos bulla y más sobriedad, Bruce!

Del 12 al 14 de agosto se realizó en Cartagena la edición 11 del Congreso Empresarial Colombiano (CEC), convocado por la ANDI y su locuaz presidente Bruce Mac Master. Allí se hizo una «Colecta» de fondos para solidarizarse con las víctimas del terremoto y ayudar a la reconstrucción material de las ciudades y pueblos afectados. 

Con la boca llena y henchido el pecho de orgullo, el dirigente gremial de los empresarios y jefe de la oposición al gobierno nacional en el anterior cuatrienio le anunció al país que habían recolectado 201.000 millones de pesos, destacándose en la donación el aporte de 100.000 millones de Bavaria. A renglón seguido, todos los grandes medios de comunicación le informaron al país la buena nueva: «Colombia cuenta con los grandes empresarios más generosos y solidarios del mundo». 

Claro que es mejor contar que no contar con esa donación, lo que podría decirse de cualquiera otra por modesta que sea. Pero magnificarla en nada contribuye a aliviar el dolor de las víctimas y sus familias. 

Según el informe de la Superintendencia de Sociedades divulgado a mediados de 2026 sobre el ejercicio fiscal de 2025, las 100 empresas más grandes de Colombia acumularon ingresos operacionales por $614,4 billones y obtuvieron unas utilidades netas conjuntas de $54,3 billones (representando más de 40% de las ganancias totales de las 10.000 empresas más grandes del país). 

Es decir, en Cartagena donaron solo 0,37% de sus utilidades totales del año anterior y, en particular Bavaria, que ganó 3,3 billones de pesos, donó solo el 3,03% de sus ganancias. ¡Menos bulla y más sobriedad, Bruce!

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

viernes, agosto 07, 2026

El cierre de Propal y el ingenio La Cabaña *

 

En la imagen: Felipe Solarte / Escritor - periodista

Por: Leandro Felipe Solarte Nates

La violencia en el norte del Cauca, con raíces en el paramilitarismo es una herida real, pero nunca fue el detonante del colapso, sino el pretexto que algunos medios venden para no cuestionar el modelo económico.

El cierre de Propal obedece a la suma de varios factores internos y externos que mermaron la demanda y rentabilidad del negocio de la fabricación de papel bond.

La compañía primero cerró la planta de Yumbo y a pesar de ajustes administrativos y técnicos en la planta de Guachené que usaba el bagazo de caña como materia prima, factores como la oferta a menos precios de papel importado, la valorización del peso y el desplome de la demanda al digitalizar la mayoría de los documentos y reducirse la publicación de periódicos, folletos, revistas y libros, impidieron frenar las pérdidas.

En algunos medios locales, comentaristas favorables al nuevo gobierno le achacan el retiro de la empresa a continuos bloqueos en las vías y problemas de orden público.

Pero. aunque estos factores pueden pesar si no son superados, la realidad es otra. También el ingenio La Cabaña con casi 60 años de arraigo en Puerto Tejada, anunció su cierre definitivo después de no poder cumplir con sus cuantiosas deudas.

Es cierto que en los municipios del norte del Cauca y en las carreteras hay inseguridad, por parte de grupos indígenas que reclaman tierras en la parte plana, por grupos armados cuyo proceso de paz no cuajó con él gobierno del presidente saliente Gustavo Petro y pandillas juveniles que en Puerto Tejada aprendieron de los paramilitares de las AUC que en el año 2000 los reclutaron, al igual que lo hicieron en Buenaventura, y cuyos alumnos 26 años después copan numerosos sectores de esta población plagada de fronteras invisibles que al cruzarse generan cruentos enfrentamientos entre ellos, y para financiarse, además de la extorsión, sus jóvenes miembros acechan especialmente a los motociclistas y transportadores para dispararles y asaltarlos en los caminos entre cañaduzales; pero esta causa no fue la que determinó el cierre de Propal, ni del ingenio La Cabaña, dejando entre ambos cerca de 2500 desempleados, entre obreros de las plantas y funcionarios de administración, más los numerosos contratistas, proveedores y comercios que les vendían servicios y sus ingresos dependían de estas empresas y sus empleados y trabajadores.

Lo cierto es que la economía mundial, nacional y regional está sufriendo muchos cambios, no sólo por la robotización de los procesos productivos en el campo y en las factorías, acelerado este proceso con el acelerado desarrollo de la Inteligencia Artificial, AI, que sustituye a muchos empleados y profesionales.

También por la transición energética encaminada a sustituir energías contaminantes derivadas del petróleo y carbón por energía solar, eólica, nuclear y de los volcanes.

Si bien este proceso de transición energética no es tan inmediato y más cuando el gobierno del presidente Trump, a favor de sus amigos petroleros lo frenó en los Estados Unidos y en países cuyos mandatarios le siguen ciegamente, la tendencia a la sustitución de los combustibles fósiles es inevitable y mientras tanto los chinos son los que sacan ventaja por el retroceso de los gringos que en el gobierno de Trump frenaron la instalación y construcción de fuentes de energía no contaminantes y cedieron a los chinos el liderazgo en la producción de autos, motos y trenes eléctricos, que en Colombia cada vez son comprados en mayor cantidad.

En un futuro no muy lejano muchos ingenios, tendrán problemas como el del Cauca y otros con sus plantas asentadas en el Valle geográfico del río Cauca, que además de producir azúcar invirtieron en la instalación de gigantescas destilerías de etanol para adicionarlo a la gasolina y el cual recibe billonarios subsidios del presupuesto nacional.

Cuando sea mayor la demanda de vehículos eléctricos la disminución del consumo de gasolina afectará los volúmenes de alcohol para adicionarle y los ingenios que hoy producen miles de millones de litros no tendrán a quien vendérselos.

Tendrán que hacer una reconversión, tanto del uso de suelos como del monocultivo de la caña de azúcar que gracias al uso intensivo de maquinaria pesada y agro-químicos en la adecuación de las tierras, durante décadas han sido colmatadas y empobrecidas en sus nutrientes y los propietarios de las tierras arrendadas a los ingenios, con ayuda del gobierno, de cooperativas agropecuarias e inversionistas privados, tendrán que dedicarlas a otros cultivos que ayuden a recuperarlas naturalmente, dejando franjas boscosas sobrevivientes como refugios de flora, fauna nativa, insectos y microorganismos que a los largo de milenios evolucionaron en el Valle geográfico del Cauca y están a punto de desaparecer por la invasión del monocultivo de la caña de azúcar.

Puede ser una de varias alternativas, por ejemplo, la variedad de frutas tropicales, que brindarán otra actividad productiva y de generación de empleos, tanto en su cultivo como en el procesamiento para abastecer el mercado del país y el exterior, buscando además brindarles posibilidades de estudio, recreación y empleo a niños y jóvenes de los municipios del norte del Cauca que hoy son reclutados por las pandillas urbanas y guerrillas y que deberían vincularse a la práctica de varios deportes en los que se han destacado numerosos jóvenes de la región, en la música, danza, artesanías, creación literaria y plástica y aprovechar los diversos programas abiertos por el SENA y universidades como las del Cauca, Valle y otras públicas y privadas que han abierto sedes en la región.

*La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).


martes, agosto 04, 2026

Tufillo pueblerino *

 

En la imagen: Germán Navas T. / Jurisconsulto - ex congresista colombiano

Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

Resolvieron que el show del Usurpador se realizaría en Cali, y resulta que en Cali no lo quieren. La prueba es que en Cali él perdió. Entonces lo que va es a retar a los caleños.


Cuando uno ve el deseo de algunos colombianos de que el presidente de la República -ese que se coló ahí a la presidencia- se posesione en su municipio, y ve la felicidad que les causa eso, yo me pregunto: ¿de qué le sirve a un pueblo de esos, o de una ciudad de esas, que este badulaque se posesione allí? ¡No les sirve para nada!

Recuerdo, en mis épocas de fiscal instructor, cuando me tocaba andar de pueblo en pueblo por todo el país, que un día estaba en una población donde llegaría el obispo. Y eso fue la locura. Todo el mundo engalanando su casa, arreglándose, gastándose lo que no tenía en regalos, detalles y viandas para el señor obispo. Hacia las once de la mañana llegó el fulano obispo, dio una misa, les echó la bendición, y se largó. Y el pueblo siguió igual de vaciado. No ganaron absolutamente nada, no les dieron absolutamente nada… ¡Ah, pero había ido el obispo!, y ya con eso tuvieron.

Exactamente eso es lo que va a pasar ahora con la ‘brillante’ idea del presidente usurpador. Va a llegar a Cali, y una vez posesionado, se larga, y eso queda igual. No va a aumentar el presupuesto para esa ciudad, no va a disminuir impuestos, y ni siquiera va a rebajar el pasaje del bus. ¡Todo va a continuar igual! Pero… “¡Ve, el presidente se posesionó acá!”

Pero a nosotros, los contribuyentes, sí nos cuesta un jurgo de plata que este señor se vaya a posesionar allá, y por puro capricho. El presupuesto para ese lujito, según los medios de comunicación -o de incomunicación-, costará más o menos 14 mil millones de pesos. Claro, porque tienen que pagarle tiquetes al personal del Congreso, a los representantes y senadores; también a los invitados. ¡A todos! A los secretarios, y hasta a los escoltas. Pero como, según los entendidos, Petro entregó el país arruinado. Si lo entregó arruinado, pues no se gasten lo poco que queda. Inviértanlo, aunque sea en una escuelita, pero no.

Yo me pregunto, ¿qué va a ganar Cali con que ese pisco vaya allá? Lo único que va a ganar es un problema, porque ya los estudiantes de la universidad Santiago de Cali, con justa razón, dicen que no admiten que ese señor se vaya a posicionar en su universidad. Escuché a un estudiante que dijo: “nuestra universidad es para estudio, no para el maltrato.” Y otros reconocen que su universidad no va a ganar nada con que ese sujeto se posesione allá.

Obviamente hay algunos que creen que porque les llegó el obispo se les arregló la suerte. Me gustó la posición de los estudiantes de la Santiago de Cali. Desde esta columna les envío un fuerte aplauso; porque no se dejaron contaminar ‘de pueblecito’. Es que esa es una universidad con prestigio; una universidad donde los estudiantes han pagado sus estudios, porque allá no les están regalando nada, y consideran que su campus no debe ser profanado por un capricho de este pisco; porque no hay razón ni jurídica ni práctica para que se vaya a posesionar allá.

El presidente usurpador iba a ir en un principio al Cauca, y allí le ofrecieron balas. Entonces resolvieron que no; que eso era muy peligroso. Entonces resolvieron que su show se realizaría en Cali, y resulta que en Cali no lo quieren. La prueba es que en Cali él perdió. Entonces lo que va es a retar a los caleños.

Pero también la intentó hacer en un cuartel, pero por fortuna habemus presidente, y Petro ordenó: “mientras yo sea presidente de la República, no lo dejo posesionar en ningún cuartel ni puesto de policía.” ¡Hizo bien! Hasta que el payaso no se posesione no puede darle órdenes a la tropa. Las órdenes las da Petro, y los militares tienen que obedecer, porque hasta que este badulaque no jure que va a incumplir la Constitución, pues el que manda es Gustavo Petro.

¿O será que el usurpador va a hacer dos posesiones, una con civiles y otra con militares? ¿Qué gana este sujeto posesionándose en un cuartel? ¿Qué gana nuestra democracia? ¡No gana nada! Es pura fantochería de ese corroncho. Un costeño que hizo plata de un momento a otro y quiere hacer aspaviento en todas partes. Algo típico de ciertas clases en esa región del país.

Sería bueno que alguien le dijese al usurpador que con la modestia se gana más que con la imprudencia. ¿Pero quién convence a este fantoche de eso? Es que hay que verlo exhibiendo su reloj, y sus zapatos sin medias, y sus pantalones pegados. Todo un maniquí, pero de los más ordinarios. Hay quienes, por ofenderlo, le dicen dizque filipichín. Pero decirle filipichín a ese vagazo, es una flor. Filipichín es una persona que está siempre muy bien arreglada, alguien bien vestido; alguien que tienen cierta condición o clase social; pero el usurpador no es más que un badulaque del que ni siquiera sabemos cómo hizo su fortuna. Lo único que sabemos es lo que muchos aseguran: que tumbó a varios delincuentes. Tumbó hasta DMG. Es un estafador de estafadores. Embaucador de narcotraficantes; a todo el bajo mundo le sacó tajada y se llenó de plata.

Tan llenito está de plata el usurpador que, según las malas lenguas, la casita que tiene en Miami le costó en su época 3 millones y piquito, de dólares obviamente. ¿Y de dónde sacó esa plata? Pues de estafar a estafadores. Según quienes tienen el disgusto de conocerlo, el tipo se mofa de aquel adagio que dice que ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón. Lo que deduzco es que se tiene que ser más delincuente que el delincuente para poderle quitarle la plata al delincuente. Y ese será nuestro futuro presidente.

Es que esos millones de dólares que tiene no se hicieron a punta de recoger limosnas, no. Fueron negocios sucios. Si incluso terminó robando a quien robó a los venezolanos. Ahora, como a él le gusta tanto la posesión entre uniformados, lo mejor sería que se posesionara en una cárcel, y así va a estar rodeado de uniformados. De pronto, y si estamos de buenas, se amañan con él y lo dejan de una vez guardado.

Este país es muy de malas. Recuerdo que el 13 de junio de 1953 se dio el golpe de Estado al godo Laureano Gómez Castro, un tipo que odiaba a los liberales; ¡los odiaba!, y estaba a punto de exterminarlos. Él quería acabar con todo lo que fuera liberal. Ese sujeto fue el responsable de la violencia en Colombia después de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán. Los curas lo adoraban porque era godo, como ellos; y este señor manejaba el país con sangre; se bañaba con sangre; teñía su ropa con sangre. Y el 13 de julio de 1953, el general Gustavo Rojas Pinillas, harto ya de la matanza de este pueblo, le da un golpe de Estado y lo saca. Lo sacó. Lo exportó. Y el godo terminó en Madrid, obviamente. Los que estábamos vivos en ese entonces recordamos cómo el país entero estaba de fiesta. La gente gritaba, aplaudía, pitaban, cantaban. Todos estábamos felices, porque nos habíamos quitado de encima a ese asesino.

Cualquiera que esté vivo hoy y que haya vivido en esa época podrá dar fe del júbilo del país cuando Rojas Pinilla sacó a Laureano Gómez. Y el tipo corrió para España, donde gobernaba otro godo del corte de él: Francisco Franco, dictador de España. Semejante asesino, que mató miles y miles de personas de izquierda; que permitió que se ensayaran armas en su país; ese era el presidente de España de aquella época, y obviamente se entendía a la perfección con Laureano Gómez, porque eran del mismo estilo: rezanderos hasta la médula. Porque el que reza mucho es porque debe mucho, y el que no reza es porque nada debe.

Laureano debía mucho y rezaba mucho. Y obviamente Francisco Franco también. Franco entregó España a los curas, y su dictadura fue como de 40 años, de puro oprobio. Se prohibió hasta el cine. Estableció la censura. Aquí, por fortuna para nosotros, vino Rojas Pinilla y nos quitó ese sambenito de encima. Yo recuerdo que nosotros estábamos niños, íbamos en el carro de mi papá, y por toda la calle veíamos a la gente pitar, y votar flores, y hasta se compartían el aguardiente de carro a carro.

Semejante felicidad porque nos habíamos quitado de encima a el monstruo. Y pasan los años, y pasa el tiempo; el país por primera vez tiene un gobierno decente, de izquierda, el de Gustavo Petro. Y al salir, Petro cumple su palabra de entrega del poder. Y ahora viene este payaso y nos ofrece los tres descendientes de Laureano Gómez. Uno, hijo de su hermano; otro, sobrino, y el otro bisnieto. Cambiamos después de 60 años a un godo por tres ultra godos. ¿Será de malas este país? Ahora, por falta de uno, tenemos que soportar a tres.

¿Será que no aparece otro Rojas Pinilla para que nos haga el favor de quitarnos de encima a este fantoche y a sus tres Gómez? Porque en aquella oportunidad, recuerdo, que cuando Rojas sube al poder la guerrilla en los llanos estaba bastante fuerte. Los llaneros estaban bravos, y fue general Duarte Blum quien se fue hasta los llanos, se entrevistó con los guerrilleros liberales y ellos se entregaron, y entregaron las armas. Una entrega pacífica. Recuerdo que publicaron fotografías de una fila larguísima de guerrilleros entregándoles las armas al general Duarte Blum. Ojalá volviera Gustavo Rojas Pinilla y nos quitara todos estos males, y de paso que nos quite a los elenos, y que haya un poquito de paz. Porque este sujeto que viene ahoritica, después del 7 agosto, ese sí que es un mal augurio. Ese sujeto ya nos está mostrando qué clase de individuo es. Cuando miramos los nombramientos que ha hecho, cuando vemos que la hija de uno de los asesores de Pablo Escobar Gaviria va a ser ministra, nos damos cuenta de la desgracia que se avecina. Porque el papá de la señora Paola Holguín fue testaferro de Escobar.

¿Nos les parece que este país es un chiste? Este país no alcanza a ser una ópera, es que no llega ni a opereta. Acá hay circo para todo: tiene animales y hartos. Si uno ve quiénes votaron por el usurpador, razón tienen de considerarse una manada. Son, efectivamente, unos seres irracionales.

Y miren con calma a los demás. Miren a quién puso como ministra de Salud, el de Hacienda, el de Defensa, y miren con calma, con cuidado. Creo que bueno no hay nada. Son los mismos con los peores. El cambio fue el gobierno de Gustavo Petro, que entregó la economía saneada, y que reconstruyó el país, algo que han querido negar. Qué tristeza tanto esfuerzo del país y destruir todo por la llegada de un animal a la presidencia. Gracias, Gustavo Petro.

Coletilla por Deisdre Constanza. De la Constitución al cuartel.Hace apenas unos días se hablaba de respetar la Constitución. Hoy, el discurso parece haber cambiado. Resulta paradójico que quien invoca la defensa del orden constitucional plantee ahora trasladar, en la práctica, el centro de poder político fuera de Bogotá, proponiendo que Barranquilla sea la capital y que la posesión presidencial se realice en una guarnición militar. La Constitución Política no deja esos asuntos en capricho de ningún gobernante. Bogotá es el Distrito Capital de la República y la transmisión de mando presidencial tiene un profundo significado institucional; el presidente hace su juramento ante el Congreso de la República, representante de la soberanía popular. No es un simple protocolo, es un símbolo de poder al orden constitucional y al principio de separación de poderes. Cuando se pretende reemplazar el recinto democrático por un escenario militar, el mensaje es más peligroso. Las Fuerzas Militares están llamadas a proteger la Constitución, no a convertirse en el escenario de legitimación del poder político. Y la pregunta inevitable ¿Cuánto le costará al país mover toda la logística, los esquemas de seguridad y la infraestructura? ¿Dónde quedó la austeridad que tanto pregonaba? como dice el refrán:  Abra bien los ojos, “por el desayuno se conoce el almuerzo.”

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

lunes, agosto 03, 2026

De la banalización a la negación, la estrategia exitosa de la extrema derecha *

 

En la imagen: Hernán Riaño / Periodista - Director SoNoticias

Por: Hernán Riaño

La responsabilidad inicial es crear una red de información popular para contrarrestar el aparato comunicativo de los medios corporativos de derecha

La ultraderecha colombiana, desde siempre, ha fabricado una realidad a su acomodo, y de paso la hace creer e imponerla a todos los colombianos; una “verdad”, en la que sus valores son los únicos que han importado, asegurándole a la sociedad colombiana que también deben ser los suyos, a pesar de la pobreza y miseria que puedan tener los hogares colombianos. Para imponer esos falsos dogmas ha utilizado la violencia, el asesinato, las desapariciones, la muerte, los mal llamados falsos positivos, los desplazamientos y todos los crímenes posibles apelando a una crueldad tal que haría sonrojar a cualquier líder nazi o fascista de la segunda guerra mundial.

Se ha caracterizado por usar todos los medios a su alcance, desde el uso de las agencias de seguridad para espiar y “fabricar” situaciones en contra de quienes reclaman derechos o mejores condiciones de vida hasta la creación y uso de medios de comunicación para imponer “realidades” a su acomodo. Cuando no existían los medios que hoy conocemos, y sobre todo en los municipios, el medio de comunicación por excelencia fueron los púlpitos de la iglesia católica, desde los que se “informaba”, se daban órdenes de los gobiernos nacional, departamental y local, de la jerarquía eclesiástica y se impartían tareas a cumplir, como el “sapeo de personas peligrosas” para el gobierno, la muerte de liberales o cualquiera que no pensara como los conservadores,  la contribución con dinero tanto para la iglesia como para los partidos o para el régimen imperante y en general los curas eran quienes daban forma a las verdades que querían impulsar desde Bogotá y su cumplimiento a rajatablas. 

Luego apareció la prensa escrita, los dos partidos políticos dominantes, ni cortos ni perezosos, fueron montando sendos periódicos, los liberales El Tiempo y El Espectador y los conservadores El Siglo y la República, obedeciendo a los intereses particulares de los llamados “lideres naturales” y sus colectividades. 

A medida que la tecnología de la información se fue desarrollando, fueron apareciendo la radio, la televisión hasta llegar a lo que hoy conocemos con las redes sociales, las plataformas, las páginas web, los portales y un sinnúmero de oportunidades que encontramos en la llamada virtualidad, para poder comunicarnos entre los seres humanos. Pero igualmente su dominio también ha sido abordado por la ultraderecha mundial y nacional.  

Así hayan sido los curas o las redes sociales, el resultado es el mismo, la desinformación, las calumnias, las mentiras, los entrampamientos y las falsedades con la que han oprimido a los ciudadanos, los han explotado y esclavizado para quitarles su vida y sus ingresos de todas las formas posibles. La estrategia siempre es la misma; primero el ocultamiento de los hechos, cuando ya no pueden hacerlo porque las evidencias son notables, pasan a los siguientes pasos: la banalización de lo sucedido, o sea quitarle la importancia que tiene hasta considerarlo algo sin transcendencia. Luego la normalización, como si lo ocurrido debiera considerarse común y corriente, hasta llegar a lo más grave, la negación, decir: “eso nunca sucedió”. El orden de esta estrategia puede variar de acuerdo a los protagonistas, las regiones, los intereses y las víctimas.

Para dar un ejemplo: La masacre de las bananeras a principios del siglo XX, cuando por protestar por unos abusos de la United Fruit Company, norteamericana, en contra de los trabajadores en la zona norte del país, en el departamento del Magdalena, el gobierno, defendiendo los intereses de la multinacional, arremetió y asesinó a los miembros del sindicato que habían declarado una huelga. El gobierno de turno ocultó los hechos hasta que Jorge Eliecer Gaitán lo denunció ante el Congreso de la República tiempo después (1). Luego, la prensa y los políticos volvieron a taparla hasta mediados de los 60, cuando Gabriel García Márquez lo plasmó en su galardonada novela “Cien años de soledad” y los movimientos de izquierda completaron la denuncia pública, masivamente. Hoy, los políticos de la extrema derecha minimizan la matanza diciendo que nunca ocurrió o que no fueron sino unos cuantos muertos y no se que más cuentos; una senadora uribista se atrevió a decir que era un mito de García Márquez y de la izquierda (2). A propósito de esta “metida de patas”, todos los medios se unieron para lavarle la cara a la senadora y tratar de minimizar lo expresado dando “explicaciones” y planteando teorías (3), aunque muchos historiadores la refutaron (4). Así opera la ultraderecha.

Lo mismo sucedió con las masacres de los paramilitares, los desplazamientos de campesinos colombianos, los hornos crematorios, el robo de tierras, los mal llamados falsos positivos, el exterminio de la UP, el asesinato de líderes sociales y candidatos presidenciales, siempre ocultando, minimizando, ignorando, negando y en últimas echándole la culpa a otros.

Con Gustavo Petro y su gobierno, el proceder de la ultraderecha y sus medios ha quedado en evidencia hasta la saciedad, y si no es por la franqueza y el actuar siempre frentero y sin dudas del señor presidente, muchas de esas intenciones de ocultar o cambiar los hechos habrían tenido éxito. A él lo han tratado de mentiroso, a pesar de que las afirmaciones que dice, tarde o temprano, se comprueban. Le han tergiversado declaraciones, lo han tratado de interpretar para desautorizarlo, han acudido a “técnicos”, “tecnócratas” y hasta funcionarios del mismo gobierno para cambiar la realidad.  

Pero lo más grave es lo sucedido con el fraude electoral. Este se empezó a conocer desde hacía varios meses, por lo sucedido en Chile, en Perú y en Bolivia con un modus operandi impuesto desde los Estados Unidos, queriendo reconfigurar sus relaciones con su patio trasero, como ellos mismos nos han llamado (muy despectivo y humillante término, por cierto) a los países situados al sur del Rio Bravo. Trump no ha ocultado sus intenciones encomendadas a Marco Rubio para concretarlas y de paso aliándose con un narcotraficante confeso como es Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, indultado por Trump, previo pago de Netanyahu, para crear una empresa de tecnología con el fin de influir en los gobiernos de México y Colombia, específicamente, incidiendo en sus procesos electorales o con otras acciones ruines en contra de estos y los demás gobiernos progresistas de América latina (5).

Con Colombia ya se vio el éxito obtenido por la ultraderecha con el fraude, comprobado con las evidencias aportadas por el señor presidente, con el proyecto Júpiter destapado hace unos meses, en los que se propusieron, y lo lograron, que la gente saliera a votar con odio y desconfianza en contra de Iván Cepeda, con la masiva compra de votos por parte de la campaña “ganadora”, con el aporte muy significativo de los hermanos Bautista y sus empresas de manejo electoral y con el concurso del gobierno sionista israelí y sus compañías dedicadas a variar los resultados electorales en vatios países. 

Todo inicia con la presentación de más de tres millones de firmas falsas ante el CNE para inscribir la candidatura de Abelardo De la Espriella, ese mismo órgano, la registraduría, los políticos de derecha, los órganos de control no le “pararon bolas”, lo minimizaron, dijeron que era un error, a pesar de que el precandidato, en su momento, había dicho que él personalmente había verificado el total de esas firmas, aún así, lo dejaron como un simple hecho anecdótico.    

La táctica de la ultraderecha fue negarlo, ocultarlo, ridiculizarlo, normalizarlo, dependiendo de lo que se iba descubriendo, hasta tal punto que muchos líderes progresistas lo aceptaron, aprobando el preconteo inicial, y, aún ahora, muchos dicen que nunca ocurrió el fraude. Tratan a Petro de loco, enajenado, mentiroso y muchos otros calificativos, minimizan las pruebas, ocultan a los perpetradores y legalizan un timo tan grande como una catedral. Repito lo expresado en otra columna, lo quieren callar, que no diga nada más sobre el engaño electoral, que no aporte más pruebas y los abelardo-uribistas le dicen que no sea “llorón”, que acepte los resultados porque ya no hay nada que hacer.

La realidad es que las evidencias demuestran la injerencia de  los Estados Unidos, confesada por el mismo Trump, en por lo menos tres intervenciones, lo anunciado por Marco Rubio para América Latina, con las actuaciones de varios cónsules, con las acciones del registrador nacional, de los comisionados del Consejo Nacional Electoral, de los jurados de mesa en muchas regiones del país conocidas y a la vista del público.

Pero la ultraderecha y sus medios lo siguen ocultando, minimizando o ridiculizando. Esto se conocía desde el año pasado, el vicepresidente “electo” confesó que ellos estaban haciendo un empalme hacía 8 meses con 1.300 “técnicos” (6), ¿Por qué ocho meses antes de las votaciones? Pues porque ya tenían el plan para retomar el gobierno. Lo que sorprende es lo expresado por muchos líderes progresistas y colombianos del común: “ellos, la oligarquía, no son capaces de hacer eso”.  He oído tantas veces esa y otras frases similares que no puedo entender como hay pobres de barrio que aún creen en la “honestidad y buenas intenciones” de las derechas, pero lo más tiste es que muchos que se dicen progresistas, también les creen y con esa actitud terminan poniéndose del lado de ellos y en contra del pueblo colombiano.  

Lo que se viene es muy duro para los colombianos y solo el dejar de creerles a las derechas y organizarse como constituyentes primarios, participantes, deliberantes y capaces de decidir podrá parar la aplanadora ultraderechista en cabeza del ilegítimo. La responsabilidad inicial es crear una red de información popular para contrarrestar todo el aparato comunicativo de los medios corporativos y no sigan incidiendo en el pueblo, para que este siga apoyando a sus verdugos.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

  1. https://centrodememoriahistorica.gov.co/cuatro-dias-de-verdad-el-debate-historico-de-gaitan-sobre-la-masacre-de-las-bananeras-1929/ https://archivo-obrero.com/jorge-eliecer-gaitan-el-debate-sobre-las-bananeras/ https://elcolectivocomunicacion.com/2019/09/24/jorge-eliecer-gaitan-y-el-debate-de-bananeras-1929/
  2. https://www.semana.com/nacion/articulo/maria-fernanda-cabal-niega-masacre-de-las-bananeras/549271/
  3. https://www.pulzo.com/nacion/version-maria-fernanda-cabal-sobre-masacre-bananeras-PP397210https://www.elespectador.com/actualidad/maria-f-cabal-explica-su-tesis-la-masacre-de-las-bananeras-fue-un-mito-historico-article-725665/ https://www.elcolombiano.com/colombia/la-senadora-maria-fernanda-cabal-explica-por-que-dijo-lo-de-las-bananeras-KL7782815
  4. https://www.semana.com/nacion/articulo/masacre-de-las-bananeras-historiadora-le-contesta-a-maria-fernanda-cabal/548923/ https://www.eltiempo.com/politica/congreso/historiadores-responden-a-maria-fernanda-cabal-tras-decir-que-masacre-de-las-bananeras-es-un-mito-156666
  5. https://hondurasgate.ch/audios
  6. https://x.com/Horadelaverdad/status/2071986070929956965

sábado, agosto 01, 2026

LA IMPROVISACIÓN Y LAS REVELACIONES DE LA PRENSA INTERNACIONAL *

Por: Pedro Santana Rodríguez / Director Revista Sur / 27 julio, 2026

Abelardo de la Espriella se codeaba con los abogados del "polvo blanco" para negociar libertad de narcotraficantes a cambio de convertirlos en informantes del gobierno de Estados Unidos.

En medio de denuncias por la opacidad de las autoridades electorales que se apresuraron a entregar la credencial de elegido a Abelardo de la Espriella, ahora a diario se ve la impreparación y la improvisación con que el electo presidente incurre a diario por no hablar de las contradicciones que también aparecen a diario en las alocuciones que realiza o las decisiones que transmite.

Y es que esto se veía venir por la inexperiencia de De la Espriella en el manejo de los asuntos públicos y en el manejo del Estado. Solo por el silencio cómplice de la gran prensa corporativa se viene a ver ahora esa inexperiencia y tuvo que ser el periódico The New York Times el que desnudara de cuerpo entero al presidente electo de Colombia en sus turbias relaciones con personajes del mundo del narcotráfico a quiénes ha defendido desde su bufete de abogados.

Vamos por partes. Sobre la opacidad del sistema electoral advertimos y apoyamos en su momento la solicitud pública de corregir errores protuberantes como el desconocimiento del fallo del Consejo de Estado de 2017, que declaro el fraude contra el partido Mira en las elecciones de Congreso del año 2014 y que ordenó que el software electoral debería ser propiedad del Estado y la Registraduría nueve años después sigue sin cumplir el fallo y sigue contratando el software de los hermanos Bautista sin ninguna explicación y sin ninguna justificación.

En el reciente proceso electoral el registrador Hernán Penagos se negó a suministrar los códigos fuentes del software utilizado en las elecciones recientes a los partidos políticos con argumentación sin sentido, el principal argumento fue el que se pondría en riesgo la seguridad del proceso electoral, en otros países estos códigos se entregan a los auditores de los partidos sin ningún problema. En vez de aumentar los mecanismos de seguridad y transparencia Penagos elimino algunos sin ninguna justificación.

Hoy se sabe, como lo afirmó la Misión de Observación Electoral, MOE, que no hubo escrutinios físicos de las votaciones en el exterior y hubo muchas quejas y denuncias sobre las votaciones en Estados Unidos, sobre todo. Con una diferencia tan estrecha de 250 mil votos a favor de De la Espriella las autoridades electorales debieron de actuar con diligencia y transparencia, pero tanto el registrador Penagos como el Consejo Nacional Electoral, CNE, actuaron con opacidad y generaron serias dudas con sus decisiones y sus declaraciones.

Por eso hay un sin número de demandas ante el Consejo de Estado que tendrá que resolver, solo que este organismo se ha caracterizado por la lentitud en la toma de decisiones.

Sus fallos vienen a ser prácticamente inocuos. La demanda que falló en 2005 sobre fraude en las elecciones a Congreso de 2002 lo hizo a pocos meses de terminar la legislatura; lo propio ocurrió en el fallo que reconoció el fraude contra el partido Mira proferido también a pocos meses de terminar la legislatura o el fallo que anuló la reelección de Alejandro Ordoñez como procurador General de la Nación a cuatro meses de terminar su segundo período.

Esa es la lentitud de este organismo que no ha sido así con el gobierno de Gustavo Petro donde se han suspendido decretos en tiempo récord.

Es por desgracia la politización de las altas Cortes, por lo cual se requiere una profunda reforma a la justicia comenzando por reformar los mecanismos existentes para la elección de los magistrados de las Altas Cortes de Justicia.

Sobre la improvisación en las actuaciones de De la Espriella la perla la constituye su capricho de posesionarse fuera de las instalaciones del Congreso que es el Capitolio Nacional en Bogotá.

Primero decidió que se posesionaría en Popayán, pero ante los reparos de sus invitados norteamericanos que le manifestaron que no acudirían a dicha ciudad decidió trasladar su posesión a Cali a la sede de la Universidad Santiago de Cali, porque Petro ordenó a los comandantes militares que no prestaran guarniciones militares para la posesión. Este pulso lo ganó Petro porque él es el comandante de las Fuerzas Armadas hasta que de la Espriella tome posesión.

Entre tanto el Senado de la República tuvo que votar dos veces la primera para autorizar la posesión en Popayán sin sitio definido porque en ese momento de la Espriella persistía en posesionarse en una guarnición militar, pero ante la negativa de Petro y sobre todo de sus invitados gringos decidió trasladar la posesión a Cali.

Queda en evidencia las decisiones caprichosas e improvisadas de De la Espriella y un Congreso genuflexo pues no existe ninguna realidad que obligue a dar traslado de la posesión fuera del Congreso de la República.

La otra perla de las actuaciones y declaraciones de De la Espriella la dio este 20 de julio en discurso en Medellín donde contrariando lo que había dicho hace un par de meses sobre el narcotráfico y Medellín y Antioquia en relación con el origen de este fenómeno en Colombia para condenar unas declaraciones que había hecho el entonces candidato Iván Cepeda. En aquella ocasión de la Espriella condenó las declaraciones de Cepeda que ubicaba parte del origen de las mafias y el narcotráfico en esta región del país lo que históricamente está probado y es un hecho.

Pues bien, delante de Federico Gutiérrez alcalde de Medellín y Andrés Julián Rendón gobernador de Antioquia dijo que ubicaría la sede del Escudo de las Americas en Medellín porque desde allí se imparten las órdenes y Medellín y Antioquia son la cabeza de la serpiente del narcotráfico.

Allí además anunció que reasumiría las fumigaciones contra los cultivos de coca que no se sabe cómo hará pues existe una sentencia de la Corte Constitucional, Sentencia T-236 de 2017 que los prohíbe mientras no se garantice la seguridad de esas fumigaciones para que no afecten ni el medio ambiente ni la salud de las personas. Allí establece exigentes condiciones para que el gobierno reanude las aspersiones.

La Corte ordena tener en cuenta el principio de precaución demostrando con evidencia científica rigurosa que el herbicida y sus componentes (mezclas con aditivos) no representan un grave riesgo para las personas ni los ecosistemas. Ordena así mismo la realización de Consulta previa con las comunidades étnicas y campesinas cuando estas puedan resultar afectadas por estas aspersiones así mismo exige una licencia ambiental y un plan de manejo específico para cada zona de intervención y mecanismos de control y monitoreo de las autoridades de salud para mitigar cualquier afectación a fuentes de agua o cultivos de pan coger.

¿Intentara de la Esperilla pasar por encima de las órdenes de la Corte Constitucional?

Finalmente como ya indiqué tuvo que ser un periódico internacional en esta ocasión The New York Times el que indagara y publicara los negocios turbios de Abelardo de la Espriella desde su bufete de abogados en la defensa de narcotraficantes en Estados Unidos, el título del informe que cubrió seis páginas es muy certero “De defender narcotraficantes colombianos, a declararles la guerra” y revela que mientras vivió en Miami de la Espriella fue investigado por las autoridades, aunque nunca fue imputado.

Y a renglón seguido el artículo señala “en Miami, Abelardo de la Espriella se movía en el turbio mundo de los abogados del “polvo blanco”: el de los defensores de alto costo que asisten a narcotraficantes latinoamericanos acusados, con el objeto de evitar sentencias severas, a cambio de convertirlos en informantes o testigos del gobierno de Estados Unidos”. Y ahí aparece lo que Gerardo Reyes y Daniel Coronell han venido rastreando desde hace meses y son las relaciones de Abelardo con un narcotraficante de Valledupar, Jorge Luis Hernández, alias Boliche que dice el artículo se presentaba como asistente del bufete de De la Espriella.

Yo concuerdo con Cecilia Orozco que reseñando el artículo del periódico concluye que “Yo estoy segura de que el gobierno de Trump conocía muy bien esta historia antes de la elección, pero era más rentable ignorarla para mantener bajo su yugo tenaz al sucesor de Petro”. (El Espectador. 29.07.2026).

El que un narciso como Abelardo de la Espriella haya logrado llegar a la presidencia sin ninguna experiencia ni merito no solo nos muestra a unas clases dominantes sin reales alternativas de liderazgo sino lo que muestra es la decadencia de estas clases dominantes y de sus pérfidos medios de comunicación.

Corresponde ahora a la oposición pensar en serio cómo va a organizar sus medios de comunicación alternativos ahora que se viene la toma y el marchitamiento de los medios de comunicación públicos tardíamente utilizados por el gobierno de Petro. Esta es una tarea inaplazable.

 *Nota compartida a La Conversa de Fin de Semana por Jairo Osorio, uno de sus principales colaboradores, a quien agradecemos enormemente su ayuda.