LA VITRINA DE LA CONVERSA

jueves, octubre 29, 2026

LA GUERRA CULTURAL CONTRA EL PLURALISMO DEMOCRÁTICO *


En la imagen: Carlos Medina / Historiador - Analista Político

Por:  CARLOS MEDINA GALLEGO

Ningún presidente, ministro o partido político puede proclamarse propietario de la memoria nacional


La controversia provocada por el retiro de un conjunto de obras del Museo Nacional de Colombia trasciende ampliamente los límites de una discusión museográfica. Lo que está en juego no es solamente la permanencia de determinadas piezas en una exposición, sino el derecho de la sociedad colombiana a conocer, interpretar y debatir críticamente su propia historia.

En el fondo, asistimos a una disputa por el control de la memoria colectiva, la construcción de la identidad nacional y la legitimidad histórica de las luchas sociales y políticas que han transformado el país.

La llamada guerra cultural del gobierno de Abelardo de la Espriella encuentra en este episodio una de sus expresiones más preocupantes. Bajo el argumento de combatir el adoctrinamiento ideológico, el denominado wokismo y la supuesta exaltación de organizaciones insurgentes, se plantea una intervención sobre las instituciones culturales que puede terminar subordinando el conocimiento histórico a las preferencias políticas del poder ejecutivo.

La paradoja resulta evidente: un Gobierno que afirma combatir el adoctrinamiento corre el riesgo de instaurar su propia modalidad de adoctrinamiento institucional y político profundamente ideologizado.

1. LA MEMORIA HISTÓRICA como escenario de confrontación política

El retiro reportado de aproximadamente treinta piezas relacionadas con el feminismo, la diversidad sexual, los procesos de paz y la violencia política plantea un interrogante esencial: ¿quién tiene autoridad para decidir cuáles acontecimientos, protagonistas y experiencias merecen ocupar un lugar en la memoria pública?

Los museos nacionales no son simples depósitos de objetos antiguos. Son instituciones encargadas de preservar, investigar y comunicar las múltiples experiencias que constituyen la historia de una sociedad. Su responsabilidad no consiste en producir relatos complacientes con los gobiernos, sino en ofrecer interpretaciones rigurosas, críticas y plurales del pasado.

Cuando las decisiones curatoriales se subordinan a orientaciones ideológicas gubernamentales, aparece el peligro de convertir el patrimonio cultural en instrumento de legitimación política.

La Constitución de 1991 reconoce la diversidad étnica y cultural de la nación, protege la libertad de expresión y establece obligaciones estatales relacionadas con el acceso a la cultura. Estos principios no son concesiones discrecionales del gobernante: constituyen límites constitucionales al ejercicio del poder.

2. UNA NACIÓN PLURAL que no puede reducirse a una sola identidad

La ofensiva contra determinadas expresiones culturales revela una concepción restrictiva de la identidad colombiana. Desde esa perspectiva, las luchas feministas, los movimientos de diversidad sexual, las organizaciones populares y determinadas experiencias políticas aparecen como elementos perturbadores de una supuesta tradición nacional homogénea.

Sin embargo, Colombia nunca ha sido una sociedad cultural ni políticamente uniforme. Su historia está atravesada por confrontaciones sociales, resistencias campesinas, movilizaciones estudiantiles, reivindicaciones de las mujeres, luchas indígenas y afrodescendientes, conflictos armados y esfuerzos persistentes por construir la paz.

Excluir estas experiencias de los relatos institucionales significa empobrecer la comprensión del país.

Particularmente delicada resulta la intervención sobre objetos relacionados con antiguos movimientos insurgentes y procesos de negociación política. La presencia de testimonios históricos vinculados con Carlos Pizarro o con organizaciones guerrilleras no constituye, por sí misma, una reivindicación de la violencia.

Explicar históricamente una organización armada no equivale a justificar sus acciones. Confundir conocimiento histórico con apología política desconoce los principios fundamentales de la investigación académica y de la pedagogía democrática.

La memoria del conflicto debe permitir comprender las responsabilidades de los actores armados, los sufrimientos de las víctimas, las condiciones sociales de la confrontación y las posibilidades de transformación política que abrieron los acuerdos de paz.

3 DEL CONTROL CULTURAL al riesgo autoritario

El aspecto más preocupante de esta controversia reside en sus posibles consecuencias institucionales. Si el poder ejecutivo establece que determinadas expresiones históricas resultan incompatibles con su proyecto político, ¿qué impediría extender esos criterios a bibliotecas, archivos, universidades y programas educativos?

La autonomía cultural no significa ausencia de responsabilidad pública. Significa que las decisiones sobre patrimonio, investigación y exhibición deben sustentarse en criterios profesionales, procedimientos transparentes y deliberación democrática.

Los gobiernos tienen legitimidad para orientar políticas culturales, pero no poseen un derecho ilimitado para imponer interpretaciones oficiales de la historia.

La diferencia entre una política cultural democrática y una política de censura radica precisamente en el respeto al pluralismo, la independencia intelectual y la posibilidad de controvertir las decisiones estatales.

Una democracia puede admitir diferentes interpretaciones del pasado. Lo que no debería admitir es que una autoridad gubernamental pretenda monopolizarlas.

4. LA RESISTENCIA DEMOCRÁTICA y los límites del poder

Las movilizaciones de artistas, estudiantes, organizaciones feministas y colectivos de derechos humanos demuestran que la memoria constituye también un territorio de resistencia ciudadana. No se trata únicamente de defender objetos, sino de proteger el derecho colectivo a reconocer las experiencias que han construido nuestra sociedad.

La controversia adquirió dimensión judicial cuando el Juzgado 24 de Familia de Bogotá ordenó, el 19 de octubre, preservar las piezas retiradas e impedir nuevas intervenciones por su contenido sin justificación administrativa. La medida es provisional y no equivale a una sentencia definitiva sobre la restitución de las exposiciones.

Un elemento adicional agrava las preocupaciones: según la respuesta ministerial conocida posteriormente, el retiro respondió a una instrucción presidencial, mientras persisten interrogantes sobre la documentación del procedimiento curatorial. El Ministerio sostiene que se trató de una evaluación y rediseño museográfico, no de censura. Esa defensa merece examen jurídico, pero no elimina la obligación de justificar técnicamente las decisiones.

5. LA MEMORIA NO TIENE DUEÑO

Colombia necesita instituciones culturales capaces de representar sus contradicciones, no museos convertidos en vitrinas ideológicas de los gobiernos.

La defensa del patrimonio histórico exige impedir tanto la glorificación acrítica de la violencia como la eliminación de testimonios incómodos. La historia debe investigarse, contextualizarse y debatirse, nunca someterse a una depuración política.

El desafío democrático consiste en garantizar que las futuras generaciones conozcan las violencias, las resistencias, las conquistas sociales y los esfuerzos de paz que configuraron la nación.

Ningún presidente, ministro o partido político puede proclamarse propietario de la memoria nacional.

Cuando el poder comienza a seleccionar qué debe recordar una sociedad, no solamente interviene sobre su pasado: pretende condicionar su capacidad de imaginar el futuro.

Y una democracia que renuncia a la pluralidad de su memoria empieza, inevitablemente, a debilitar la libertad sobre la cual descansa su propia existencia.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

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miércoles, octubre 28, 2026

Sin título *

 

En la imagen:
Germán Navas Talero / Jurisconsulto - Excongresista colombiano

Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

La columna de esta semana se titula sin título porque es aquello que caracteriza a la mayoría de los servidores públicos designados por el ilegítimo. Muchos de ellos llegaron al cargo sin los títulos que estos exigen o con títulos falsos o dudosos.


Queda uno aterrado de ver el caso del ministro de Relaciones Exteriores a quien los comunicadores currinches suelen llamar “canciller”. Aquí no hay cancillería, ignorantes; aquí hay Ministerio de Relaciones Exteriores. Averigüen qué es un canciller y luego sí pónganle ese apelativo a este señor que desempeña ese cargo.

¿Y por qué decimos que es sin título? Porque hay gente que se ha dedicado a escarbar los nombramientos que hace el ilegítimo y resulta que la mayoría de ellos carecen de los títulos que se requieren para desempeñar el cargo; entre esos, el señor Omar Bula, ministro de Relaciones Exteriores, quien presentó un poco de certificaciones que salieron chimbas.

Todo indica que los estudios que supuestamente certificó el tal Bula nunca los cursó. Hacía un cursillo de una hora y decía que era una especialización; hacía uno de un mes y decía que era una maestría, y así sucesivamente.

Pero qué le podemos pedir a esos señores si el supuesto presidente, para hacerse inscribir a su candidatura, presentó 3.000.000 de firmas que no corresponden a la realidad. Firmas que, según se dice, mandó a falsificar… ¡y así se inscribió! Porque el ilegítimo sí que ha hecho trampas…

¿Qué me dicen de la señora que nombró como directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar? Quienes se han dedicado a averiguar la vida esta señora han demostrado que nada de lo que dice que ha hecho lo hizo. Todo es pura cháchara, puras mentiras. No tiene especialización, no tiene nada.

Pero hay un título que sí debería tener alguien como el recién designado ministro del Interior: el de tramposo. Al señor Alejandro Ordóñez, quien fuera hace unos años Procurador General de la Nación, le anularon su segunda designación como Procurador por tramposo. Resulta que, para hacerse reelegir Procurador, el señor Ordóñez entregó propinas, coimas y regalos a los magistrados encargados de su nombramiento. Nombró a parientes de esos magistrados en cargos de la Procuraduría General de la Nación para que lo reeligieran en el cargo y, precisamente por esa razón, su nombramiento fue anulado por el Consejo de Estado, luego de que se demostrara que había hecho esos nombramientos a cambio de su propio nombramiento.

El tal Ordóñez debe ser trumpista, porque Trump es un tramposo y este señor que va a ser ministro del Interior es igualmente trump-oso, y cuando le digo tramposo no lo estoy calumniando. Ahí está el fallo del Consejo de Estado con el cual se anula su designación porque se demuestra que por él votaron personas que habían recibido favores de él: yo te nombro, tú me nombras.

Por eso me atrevo a afirmar que Alejandro Ordóñez es un tramposo sin temor a que se me diga que lo estoy injuriando, porque ese fallo fue cierto. Pueden ir directamente al Consejo de Estado y verificar por qué se declaró nulo su segundo nombramiento: ¡Por tramposo!

Y digo que debe ser muy amigo -o muy admirador de Donald Trump- porque además de su particular apellido -en inglés, tramp (de trampa)-, el anaranjado este se caracteriza por delincuente. El tipo tiene condenas por 34 diferentes delitos en los Estados Unidos, y sin embargo es el primer mandatario en ese país. Todo un ídolo para alguien como Ordóñez y para el ilegítimo.

Pero volviendo a los cargos aquí en Colombia, me muero de la risa cuando se habla de la primera dama. ¿Quién la hace primera dama? ¿Por qué se le dice primera dama? ¿Quién creó ese cargo? ¿Qué salario tiene la tal primera dama? ¿O se le denomina así simplemente porque es la esposa del presidente? Estoy convencido de que ese titulito de primera dama salió por parte de algún copietas. Esto lo mencioné con suficiencia en mi anterior columna.

Un buen periodista es aquel que escribe lo que ve, lo que le consta; los otros son los que inundan esos medios dizque “tradicionales”. Porque no hay nada más regalado que un periodista de esos ‘grandes medios’ que escriben no lo que ven si no lo que les mandan. ¿Cuáles ‘grandes medios’? Por ejemplo, ¿cuántas personas leen hoy la revista Semana? Uno se entera de que Semana existe porque otros medios la citan como fuente de la calumnia a alguien. Yo me entero de alguna publicación de Semana cuando la menciona alguien, o cuando ‘la Vicky-zuela’ -como le dicen a la Dávila- rebosa las redes con sus calumnias, casi siempre dirigidas en contra de Gustavo Petro. Estoy convencido de que ella debe tener alguna frustración con él. Debería buscarlo de una vez por todas y aclarar sus fantasías.

Pero, volviendo a la política colombiana… el señor Rodrigo Lara salió. Salió botado. Horriblemente botado. Para quienes tuvimos la honra de conocer a Rodrigo Lara Bonilla y compartir con él, y vemos hoy a ese pelmazo de hijo que tuvo, nos preguntamos, ¿cómo un hombre tan grande como Lara Bonilla pudo haber tenido a ese cretino? Lo echaron como se echa lo que no sirve: lo enrollaron en forma de bolita y lo echaron a una caneca. Exactamente eso le hicieron al señor Rodrigo Lara. Lo arrugaron como a un papel que ya no sirve, hicieron una bolita y lo mandaron bien lejos, a cualquier caneca. ¡Y bien merecido! Porque una persona que tuvo el padre que él tuvo no justifica que se arrastre tanto; que se arrastre como se le arrastraba a Vargas Lleras, cuando perteneció a su partido. Un lagarto de siete zuelas.

Para finalizar les pregunto: ¿ustedes ya han mirado qué estudios hizo -o presentó- el señor Miguel Gómez Martínez para ser ministro de Hacienda. Yo tuve oportunidad de tratarlo en la Cámara de Representantes y me consta que él es un inepto. En ese momento era un congresista más, nadie que realmente sepa algo de economía. El ‘golazo’ que les metieron durante la discusión y aprobación del presupuesto se los metieron porque él no se había ni de qué estaban hablando.

Coletilla por Deisdre Constanza. La política hoy en Colombia es mucho cuento. A Rodrigo Lara lo echan y los responsables se lavan las manos. Nuestros viejitos siguen esperando el subsidio y las donaciones del terremoto merecen cuentas claras. A Dios rogando y con el mazo dando, porque para invocar a la patria todos son voluntarios, pero para responder se lavan las manos. Si hay dudas sobre la plata de las donaciones hechas para los damnificados que se aclaren, que las cuentas claras chocolate espeso. Y mientras El Tigre ruge, Vicky con su pasquín no se pierde una polémica, solo buche y plumas sin prueba alguna. Por ahí aparecen los salvadores de la patria, con Cristo Rey en la consigna y una legión de seguidores aplaudiendo como focas, aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Mucha bandera, mucho ruido y mucho discurso patriótico, pero del dicho al hecho hay mucho trecho y no todo lo que brilla es oro. Menos milagros de micrófono, menos cuentos de salvadores y más transparencia. Porque Colombia no es una finca privada y el pueblo no nació ayer. Estamos cansados de que nos vendan tantos milagros y que van a salvar la patria, que no hay nadie más ciego que el que no quiere ver y aunque al poder le pongan maquillaje, la factura siempre la paga el de ruana.
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* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

jueves, octubre 15, 2026

Asesores que no saben asesorar *

 

En la imagen: Germán Navas / Jurisconsulto - Excongresista colombiano

Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

Parece cómico, pero fue cierto: Colombia le ofreció asesoría a Panamá frente al terremoto que sufrió ese país la semana pasada.

De verdad que es gracioso. ¿Qué clase de asesoría podrá ofrecer nuestro país a Panamá en materia de atención tras el terremoto? Es que resulta ridículo, más si tenemos en cuenta que aquí, en el tiempo que ha pasado desde el terremoto en el Chocó, ni siquiera hemos podido establecer la verdadera magnitud de la tragedia. No sabemos a ciencia cierta lo que pasó en Quibdó, Cali o Pereira, entonces ¿en qué van a asesorar a Panamá? ¿Asesorarla en cómo no hacer nada?

Cuando uno mira las escenas de lo que produjo el terremoto en ciudades como Cali se da cuenta de que no han hecho nada. Todavía hay muchos edificios que están a punto de caerse y ni siquiera han podido tumbarlos. Entonces, ¿en qué puede asesorar Colombia a Panamá frente a una calamidad de estas? Eso es algo que no se logra entender. ¡No sean ridículos!

Pero hay otra cosa que causa mucha más risa, y es cuando se refieren a las recolectas. Afirman -sin vergüenza alguna- que “Colombia sí tiene experiencia en recolectas y ayudas”. Sí, claro que la tiene. Y les podemos incluso mandar como asesora en ese tema a la esposa de nuestro actual presidente. La señora esta que montó una fundación y recibió un jurgonón de plata y ahoritica nadie sabe qué hizo con ella ni dónde está esa platica. A esta señora sí que la pueden sugerir como asesora para recaudar fondos en Panamá. Lo que puede pasar es que les enseñe cómo recaudar los fondos y también cómo quedarse con ellos; porque no olviden que aquí se dijo que se recolectaron varios millones de dólares por parte de auxilios que enviaron colombianos que viven en el extranjero con destino a las víctimas. Esa plata la recolectó la esposa del presidente de la República y todavía no ha querido rendir cuentas de dónde se encuentra.

A esa señora no me referiré jamás como primera dama, porque para mí la primera dama es mi esposa o mi mamá, ella es simplemente la señora o la esposa del presidente. Ese el nombrecito que le endilgan de puro cepillo déjenselo más bien a una corte imperial; eso no es más que otro término que le copiaron a los gringos: la first lady. En esta casa la primera dama es mi esposa. ¡Y punto!

¿En qué parte de nuestra Constitución está consagrado el cargo de primera dama?: En ninguna parte. Eso es -y lo ha sido siempre- pura fantochería; una fantochería muy a la colombiana, porque este país copia todo lo que los demás hacen, o si no miren ustedes esos ridículos que ahora hacen. Por ejemplo, hoy no dicen 2.026 (dos mil veintiséis) sino 20-26 (veinte – veintiséis) ¿Qué es 20-26? 20-26 son dos números que sumados nos dan 46, pero como tienen que copiar todo creyendo que eso es moda o elegancia. Eso no es ninguna elegancia, eso es estupidez. Y lo peor de eso es escucharlo de gente supuestamente educada e inteligente, incluyendo a ministros y directores de entidades.

De ahí el auge de la copialina en las aulas, porque como todo se debe copiar, y si es copiar al gringo, pues mucho mejor. O qué me dicen ustedes, amigos lectores, de ese término copiado durante la pandemia y que se quedó aquí: el emprendimiento. “Es que fulanito montó un emprendimiento”, lo que montó fue una zapatería, ¡imbécil! ¡Qué emprendimiento ni qué ocho cuartos! Montó una zapatería o una carnicería o una panadería…, pero si no emplean esa palabreja ¿qué hacen?, se quedan desprogramados el resto de la vida.

En lo único que somos pioneros es en materia de violencia. ¡Eso sí! A la violencia le ponemos toda clase de condimentos para que sea bien violenta, porque si no, no es made in Colombia. Tiene que ser bien estrafalaria para que lleve nuestro sello, de resto, no. De resto, copiemos todo lo que los gringos hagan y digan, todo lo de los franceses. Emprenda un emprendimiento que sirva para crear un emprendimiento, entonces ya no será usted un inventor, sino un simple emprendedor.

Se podría hacer un llamado a la lógica, pero obviamente la lógica es difícil para el colombiano. Cómo será de ilógica nuestra sociedad que aquel que llaman Consejo de Estado ahora está viendo cómo acaba con el salario mínimo. Por lo menos eso es lo que dicen los medios de incomunicación. Que pongan entonces un salario máximo. En el mundo entero existen unos topes mínimos con los cuales se puede contratar, por debajo de esos topes no puede hacerse; pero aquí ya resolvieron que no, que hay que acabar con el salario mínimo. Como van las cosas, con este presidente que tenemos, no solo acaba con el salario mínimo, sino con todo lo demás.

Se me ocurre que deberían encargar a la esposa del usurpador la tarea de fijar el salario mínimo. Ella se llevaría la mitad, por comisión; una poca parte para el beneficiario, y lo que quede se lo haría llegar a esa fundación que se inventó para guardar allí los aportes de los colombianos. De eso no volveríamos a saber nada porque, como es una fundación privada, ella dice que no está obligada a rendir cuentas. Parece que esta señora entendió que esa plata no era para las víctimas del terremoto sino para irse a París, a cualquier desfile de modas.

Aquí puede que no haya plata para pagar pensiones, pero para mandar a la señora de ‘el ilegítimo’ a París, para eso sí hay dinero. El ilegítimo, porque así le puso con mucha gracia, pero con gran exactitud, el senador Iván Cepeda. Así se quedó y la gente lo reconoce hoy como el ilegítimo. Hay otros que lo confunden con un animal, como los gringos, quienes lo llaman el tigre. Se lo han dicho tantas veces que él ya se identifica como un animal… ¡como una bestia! Yo sí creo que ese es una fiera, pero para hacer trampas. No olvide usted que el apellido de ese animal quizás provenga de Italia, lo mismo que la mafia, la Cosa Nostra. Italia tiene buenos cueros, pero también tiene ‘buenas’ mafias.

Coletilla por Deisdre Constanza. Con los adultos mayores no se juega. Desde agosto, adultos mayores esperan una respuesta sobre su subsidio, una ayuda que para muchos significa comer o acostarse con hambre. No son cifras en un presupuesto, son seres humanos que merecen respeto y dignidad. ¿Y dónde está el gobierno dando explicaciones claras? ¿Dónde están las respuestas para quienes más necesitan ayuda?  Y un jalón de orejas para los grandes de los medios de comunicación. ¿Dónde están las cámaras, los micrófonos y los titulares de RCN y Caracol? ¿Por qué tanto silencio frente a la angustia de los más pobres? Para otras noticias sí hay escándalo, pero cuando se trata de los abuelos que esperan su sustento, parece que no hubiera nada de contar. Los adultos mayores no necesitan discursos ni promesas, necesitan respuestas y cumplimiento. La pobreza no puede ser un negocio político, el hambre no puede esperar y el silencio mediático frente al sufrimiento de los más vulnerables también merece un fuerte llamando de atención.

Hasta la próxima semana.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

jueves, octubre 08, 2026

Dictadorzuelo plástico, pero al fin y al cabo dictador *

 

En la imagen: Hernán Riaño Periodista / Director de SoNoticias

Por: Hernán Riaño

Todo en Abelardo es plástico: llamativo pero inútil, basurita bien presentada. No ha administrado ni un municipio, no fue buen estudiante y no sabe de gestión. Su éxito viene de relaciones dudosas y negocios oscuros, no de méritos.

Desde la aparición en la vida pública del actual presidente ilegítimo, sus presentaciones tanto “jurídicas” como las que más le gusta, las del jet set, demostraban su posición plástica con respecto a todo lo relacionado con su vida personal y con el país y, lo que es peor, con un desprecio total y odio manifiesto al pueblo colombiano, al que no considera a su altura, ya que él se inventó y se lo creyó, que era heredero de la nobleza europea. Decir que el ajiaco era un potaje para pobres, digno de comida carcelaria o que la changua era algo impotable, que él solo tomaba tragos internacionales de marca y vestía trajes de alta costura diseñados por modistos de la realeza, demuestra su odio y desprecio por lo nuestro, que ser presidente era un favor que nos hacía, porque él no necesitaba ese cargo, porque su vida se codea con lo mejor de Europa.

Esta es la síntesis real de la canción del autor, compositor y cantante Rubén Blades, “Plástico”, en el que, a nuestra sociedad moderna, la convirtieron en un inmenso mundo de plástico, figurativamente o ¿realmente? hablando, pero que ha llegado a envolver al ser humano, en su gran mayoría, del mismo material, sin alma ni contenido, solo formas. Y ahí es donde aparecen estos dictadorzuelos, del mismo material que llena a quienes se creen de otra clase social, les hablan de lo que quieren oír y hacen realidad la sociedad excluyente. 

En Colombia, este hecho, es más patético que en otro país del mundo, nuestra historia así lo confirma; el conflicto interno eterno al que nos han sometido los oligarcas ultraderechistas, hoy, narco paramilitares, repartidos en múltiples guerras, desde que “nos independizamos”, en donde la tierra ha sido el eje central, arrebatársela a los campesinos, para que los terratenientes se la apropien a sangre y fuego y la imposición de una vida casi que esclavista a la sociedad, han llevado a nuestro país a ser uno de los más miserables y desiguales del planeta, situación aliviada durante el gobierno de Gustavo Petro, pero que con este dictador impuesto por el fraude, los Estados Unidos,  la ultraderecha y el sionismo mundial, ha regresado con más fuerza y saña que antes. 

Todos los presidentes anteriores a Petro eran dictadores disfrazados de demócratas, nunca gobernaron a favor del pueblo sino de los grandes empresarios, los terratenientes y los mafiosos. Impusieron la ley de la muerte en nuestro país, a punta de mentiras, usando al pueblo contra el pueblo y apoyados por los púlpitos. Hoy vemos que pasa lo mismo, pero abiertamente, sin tapujos, sin engaños previos. El de plástico anunció todo lo que venía, muchos defendieron y apoyaron el regreso al despojo, robo, los falsos positivos, la entrega total a los Estados Unidos y el saqueo inmisericorde al erario, solo que los actores ahora han cambiado un poco; hoy son las iglesias cristianas, promovidas desde hace tiempo por la CIA en América Latina, que sustituyó a los curas en los pueblos, los grupos paramilitares, con múltiples denominaciones, remplazaron a los pájaros y los chulavitas, pero, ¡oh sorpresa! los que siguen siendo los mismos son los dueños del poder, pero hoy con más fuerza económica y política apalancada por el respaldo de las multinacionales y la cantidad de negocios lícitos e ilícitos. 

Estos son las personalidades que apoyan al señor impuesto por Trump, que lleva escasamente dos meses de su ejercicio presidencial y en ese corto tiempo ya ha demostrado de lo que es capaz y a donde llevará al país. Por ejemplo, hoy descubre, mediante un derecho de petición, Wilson Arias, que el tal Fondo Milagro, para la reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto, no existe (1), de lo que nace una pregunta inquietante, ¿Quién está administrando los multimillonarios fondos para la reconstrucción y atención de las víctimas del terremoto?, con razón no ha hecho nada por esos colombianos, ¿será que la fundación de la primera dama está acumulando esos recursos?, ¿con la autorización de quién?, ¿Quién está usurpando estas funciones estatales? Y eso es solo el principio.

Para colmo, no solo está atacando al pueblo, sino que a los de las clases oligarcas que se atreven a hacer algo con el que el usurpador no está de acuerdo, como la ANDI, su presidente Bruce Mac Master, junto con sus industriales aliados decidieron manejar independientemente los recursos para los damnificados del terremoto. Y, ¿Qué pasó? Quien dice ser el presidente montó en cólera haciendo presión al gremio para que MacMaster renunciara y lo logró, poniendo de rodillas al gremio para que le obedeciera en todo de aquí en adelante, aunque puede haber otros motivos adicionales no excluyentes como el que Iván Duque, uno de los titiriteros detrás de Abelardo, quiere tomase el gremio, como lo plantea Ricardo González Duque muy acertadamente (2).

La arremetida del ilegítimo es brutal, nunca había sido tan descarada, inmiscuyéndose en todos los sectores de la vida nacional, queriendo controlar con amenazas, sangre, fuego y muerte a todos los colombianos. Desconoce abiertamente la votación del Pacto Histórico y su candidato, como si esos 12’708.166 votos no existieran. Se abroga el “derecho”, y así lo dijo en campaña, de destriparlos a todos, porque los odia y no merecen vivir.

Sorprenden, aunque a estas alturas del partido ya no debiera asombrar a nadie, que un poco de abelardistas, sean más ruidosos, obviamente más agresivos que los casi 13 millones de seres humanos de carne y hueso que se hicieron sentir el pasado junio. Esos estúpidos están en todos los medios de comunicación, redes sociales y espacios de opinión, apoyados por millones de bots, tapándole la voz al resto de colombianos. Solo su opinión se oye como en un altavoz estridente que quiere que no veamos la verdadera realidad.

El indigno no ha aprobado ninguna decreto, resolución o circular que beneficie al pueblo. Reto, como anteriormente lo hice con Petro, pero al revés, que alguno de esos abelardistas a que señalen una sola medida de las muchísimas que ha expedido el usurpador, que favorezca a los más pobres y humildes, todo lo contrario, se ha empeñado, tal como lo anunció previamente, en favorecer a los dueños del capital, a las multinacionales, a los Estados Unidos, a Israel y a todos los que tengan negocios sospechosos, con los que él está vinculado desde hace tiempo. Hoy es tanto y tan perjudicial lo actuado por De la Espriella, que ya no vale la penan enumerar todos los derechos, en complicidad con la ultraderecha feudal, que le ha vuelto a arrebatar a los colombianos, cada día se conoce un acto más lesivo que el anterior para volver a miserabilizar lo que Petro había logrado recuperar. 

Hoy, con todos los medios que tenemos al alcance los seres humanos para saber qué es lo que está pasando (así haya medios ultraderechistas dominantes), no hay posibilidad de que existan “inocentes palomitas Abelardistas (3), esos hoy no existen, lo mismo que los “engañados” o cualquier otro calificativo, con los que muchos progresistas quieran “justificar” el accionar de estos perjudiciales personajes. No, hoy no; ellos actúan conscientemente, quieren acabar, destruir y matar a quienes ellos consideran sucios, zurdos, comunistas, Castro chavistas, y todos los calificativos con los que sustentan todos sus ataques en redes sociales, porque no dan ningún argumento, solo anuncian muerte y destrucción. Ellos son el sostén del dictador plástico que llegó al poder, sin ellos él no sería nada, así sean pocos, pero es un sustento suficiente para que el ilegítimo, sea capaz de negar la existencia de esos casi 13 millones de votantes. 

Para colmo de males, decidió amenazar a los jueces que no le aprueben sus desmanes y abusos, con ¡la justicia norteamericana! ¡Qué desfachatez!, y no obedece decisiones de esta rama que no lo deje hacer lo que él quiere o lo incomoden. Aquí nace una pregunta obligada: ¿el poder ejecutivo se tomó el judicial, el legislativo y los órganos de control? Si es así, ya es un dictador, ¿y qué hace la bancada mayoritaria del partido mayoritario, el Pacto Histórico para hacer una oposición firme, efectiva y eficiente? Como dijo León Valencia, “hay un desconcierto total” en la oposición (4), para mi no solo es desconcierto, es que la misma estructura dentro del Pacto es anacrónica y no está hecha para gobernar ni para oponerse, porque está construido bajo la base de “tendencias”, con unos líderes inamovibles, cada uno con agenda propia y eso hace que los intereses de cada una de ellas superen al beneficio de todos los colombianos. Lo que se impone es una unión férrea de todas las fuerzas de oposición, con los casi 13 millones de votantes, pero no se ve ninguna estrategia para lograr ese objetivo.

Lo anterior agravado por la opinión de muchos progresistas que no han entendido en el peligroso momento en que estamos. Andan por ahí dando declaraciones a diestra y siniestra olvidándose, igualmente, de lo que es necesario para evitar una catástrofe en Colombia. Mientras muchos hacen cálculos políticos, quieren mostrarse como los grandes salvadores, o destruir a otros progresistas, la muerte avanza en Colombia. Sí, hoy han asesinado muchos lideres sociales y ambientales, miembros de juntas de acción comunal, soldados y policías por la acción de las medidas tomadas por el dictador y eso que hasta ahora no lleva sino dos meses de haber usurpado el poder.

Todo en Abelardo es plástico, su peluqueado, su barba, su vestido, sus zapatos su gesticulación, su forma de actuar y lo que dice, parece a esos artículos que venden en muchos supermercados, que son “muy llamativos” pero que no sirven para nada, uno los compra y después solo hacen estorbo, se llenan de polvo y terminan en la caneca, hace tiempo los llamé, basurita bien presentada y eso es Abelardo, no sabe de nada, nunca ha administrado un negocio, ni siquiera un municipio pequeño, no fue un estudiante brillante, todo su éxito lo ha obtenido por medio de relaciones con personas de dudosa conducta y de negocios oscuros. 

Blades lo alertó en esa canción que en uno de sus versos finales dice:  

“Recuerda que el plástico se derrite
Si le da de lleno el Sol”

Y en este caso el sol es el pueblo colombiano unido contra la dictadura. 

  1. https://www.facebook.com/share/r/18kvpvHumW/
  2. https://www.facebook.com/share/p/1M1yRJiG6P/
  3. https://www.facebook.com/share/r/17FutV7wCk/
  4. https://cambiocolombia.com/puntos-de-vista/articulo/2026/9/el-desconcierto-de-la-oposicion     

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

martes, septiembre 29, 2026

El mico hace lo que le indica el entrenador *

 Yo era de los que dudaban de que los micos tuviesen la capacidad de hacer todo lo que veían hacer; sin embargo, la vida me dio la oportunidad de comprobar que eso es cierto.

En la imagen: Germán Navas / Jurisconsulto - excongresista colombiano

Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

Colombia sigue atrapada en una cultura donde los conflictos se resuelven con más armas, más miedo y más muertos. El presidente debe encarnar al Estado, no convertirse en la imagen de un combatiente.

Estando en Zambia con una de mis hijas, en la recepción del hotel donde nos estábamos hospedando nos recomendaron que en lo posible mantuviéramos las ventanas cerradas y aseguradas, puesto que por allí ronda una gran cantidad de individuos pertenecientes a una raza de miquitos, la cual es muy dada a meterse a las habitaciones y escarbar lo que los distraídos turistas dejan a la mano.

Entre idas y venidas olvidé aquella recomendación y, en una de esas, de regreso a la habitación, sorprendo a uno de estos macacos que, luego de coger la cartera de mi hija, había sacado el maquillaje y se estaba poniendo sus polvos en la cara. ¿Por qué hacía esto el miquito? Sencillamente porque ya había visto a alguien -quizá a mi propia hija- hacer exactamente lo mismo.

Luego de sortear tamaña sorpresa me puse a reflexionar al respecto y llegué a la conclusión de que lo mismo ocurre hoy con nuestro muy particular presidente; porque el actual presidente de Colombia, como buen miquito amaestrado, termina haciendo todo lo que hace el orangután zanahoria -como se le conoce a Donald Trump-. Si Trump hace un gesto o toma alguna decisión, nuestro miquito hará su mayor esfuerzo por imitarlo… ¡fíjense ustedes!

Por ejemplo, Donal Trump decidió declarar la guerra contra Irán… y el miquito de aquí, copiando a su entrenador, decidió entonces romper relaciones con ese país -ante la imposibilidad de hacer otra cosa-. Los Estados Unidos, en cabeza de Trump, resolvió exigir ciertas “garantías” a la prensa, por lo que ‘nuestro’ macaco decidió que no todos podían hablar ante los medios, que solo él podía hacerlo. El orangután zanahoria decidió vetar a algunos medios de comunicación, y el miquito de aquí va por el mismo rumbo, haciendo cerrar programas de radio y excluyendo medios para él no “amigos”.

Habrá que reconocer entonces la capacidad de atención de nuestro primate, porque es impresionante todo lo que le está copiando al orangután zanahoria. Si Trump decide aumentar las penas para ciertos delitos, el mico de aquí le copia y hace lo mismo; es decir, es completamente cierto que lo que hace el entrenador lo termina repitiendo el mico; o si no, miren cuál es el comportamiento del macaco colombiano, el cual termina haciendo todo lo que el gringo hace. El miquito mejor entrenado hasta ahora es este miquito que hoy funge como presidente de Colombia.

Es que hasta las mismas medidas económicas que está proponiendo el orangután las quiere el mico para implementarlas acá. Nuestro mico es un mico que hace muy bien lo que el entrenador le indica. Toda barbaridad que se le ocurra al entrenador gringo la terminará haciendo el mico colombiano. Ojalá no siga bestializando el orangután zanahoria, porque esas mismas bestialidades muy seguramente las copiará nuestro vergonzoso macaco.

Pero los micos también hacen cosas por cuenta propia; se salen del esquema del entrenador y son hasta divertidos. Pero el de acá parece no tener esa capacidad. Todo indica que nuestro mico no puede hacer algo bien hecho sin copiarse de los demás. Comparen ustedes y digan si no es verdad que todo lo que hace el orangután zanahoria lo repite nuestro mico, y no estamos faltando a la verdad. En esta columna no estamos dando clase de nada. Nosotros estamos mostrando la verdad -como la vemos- al mundo entero. No queremos sentar cátedra de nada; no somos profesores de nada.

En esta columna somos personas que contamos nuestras experiencias a los que nos quieran leer; el que no nos quiera leer, pues que no nos lea. Esto no es obligación para nadie. Aquí no pretendemos que nuestros lectores sean miquitos, por el contrario, queremos que nuestros lectores sean pensantes; que analicen lo que decimos y, si están de acuerdo, bien; y si no, pues que cambien y no nos vuelvan a leer. Y punto.

Así debe ser todo: voluntario, no como el caso de nuestro mico, que solo hace lo que le diga el del norte. Si el del norte le da por pararse en la cabeza, el de acá también lo va a hacer, porque en su muy limitada mente sabe que eso fue lo que le enseñaron. Así lo amaestraron desde mucho antes de treparse a esta rama -a la Ejecutiva- y así nos toca aceptarlo. Él es un mico obediente, un mico que solo hace lo que le diga su entrena-Trump.

Coletilla por Deisdre Constanza ¿Qué mensaje transmite un presidente con una pistola en la cintura? Una imagen dice más que mil discursos. Ver al presidente de Colombia recorriendo las calles con una pistola al cinto y un chaleco antibalas no debería ser solamente motivo de fotografías o de propaganda. Deberíamos preguntarnos qué mensaje está transmitiendo quien ocupa la más alta dignidad del Estado. Colombia lleva décadas intentando superar una cultura de violencia en la que pareciera que los conflictos se resuelven con más armas, más miedo y más muertos. El presidente debe representar al Estado, no convertirse en la imagen de un combatiente. La seguridad exige Fuerza Pública, inteligencia, justicia, instituciones fuertes y protección para la ciudadanía. Pero también exige que desde la presidencia se transmita serenidad, autoridad y respeto por la vida. Colombia no necesita normalizar la imagen del poder armado. Una pistola intimida y la verdadera autoridad de un presidente está en la fuerza de sus instituciones, la Constitución y la ley.

Hasta la próxima semana.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).


lunes, septiembre 28, 2026

LA OPOSICIÓN NO PUEDE CONVERTIRSE EN UN RITUAL *

En la imagen: Carlos Gallego / Historiador - analista político
 Por: CARLOS MEDINA GALLEGO

Cuando la movilización deja de ser un instrumento dentro de una estrategia y termina convertida en la estrategia misma, aparece el ritual


Hay un momento en la vida política en que la experiencia obliga a hacerse preguntas incómodas. Después de décadas de marchas, concentraciones, discursos, comunicados, asambleas y declaraciones solemnes, resulta legítimo preguntar no solamente cuántas veces hemos salido a la calle, sino qué capacidad real hemos construido para modificar las relaciones de poder.

No es una pregunta contra la movilización social. Sería absurdo desconocer su importancia histórica. Buena parte de los derechos laborales, sociales, sindicales, estudiantiles, campesinos, indígenas y populares existentes fueron conquistados mediante organización, movilización, negociación y conflicto social. La Constitución colombiana protege expresamente la reunión y manifestación pública y pacífica, y la jurisprudencia ha reconocido también la huelga como parte fundamental del derecho colectivo del trabajo.

El problema es otro: cuando la movilización deja de ser un instrumento dentro de una estrategia y termina convertida en la estrategia misma. Entonces aparece el ritual.

Nos encontramos en una plaza. Caminamos unas horas. Escuchamos desde una tarima los mismos discursos que llevamos escuchando durante años. Repetimos consignas conocidas. Nos declaramos en resistencia. Regresamos a casa satisfechos por haber demostrado que todavía existimos. Al día siguiente, sin embargo, la economía funciona exactamente igual, las grandes decisiones continúan tomándose en los mismos lugares y las estructuras de poder permanecen prácticamente intactas.

La pregunta que debe formularse una oposición democrática y socialmente organizada es mucho más exigente: ¿Dónde está realmente el poder que pretende controvertir?

EL PODER NO ESTÁ SOLAMENTE EN EL GOBIERNO

Uno de los mayores errores de cualquier oposición consiste en reducir la política al enfrentamiento con el presidente de turno. Los gobiernos administran una parte fundamental del poder, pero no lo agotan. En una sociedad capitalista, las decisiones públicas conviven con enormes concentraciones privadas de recursos: propiedad, inversión, crédito, tierra, grandes empresas, medios de comunicación y capacidad de interlocución privilegiada con el Estado.

Por eso una oposición efectiva debe colocar en el centro de su análisis los intereses de las élites económicas y de sus aliados, examinando concretamente quién se beneficia y quién asume los costos de cada decisión pública.

La pregunta política fundamental no puede limitarse a quién gobierna. Hay que preguntar también quién acumula, quién contrata, quién controla sectores estratégicos, quién determina las prioridades de inversión, quién captura rentas, quién influye sobre la legislación, quién financia proyectos políticos y quién tiene capacidad para trasladar sus intereses particulares al conjunto de la sociedad.

Una oposición que solamente disputa el discurso pero no estudia estas relaciones corre el riesgo de combatir las manifestaciones superficiales del poder mientras deja intacta su estructura.

DE LA INDIGNACIÓN A LA ORGANIZACIÓN

Aquí aparece la principal debilidad de buena parte de las oposiciones contemporáneas: tienen capacidad para producir indignación, pero mucha menor capacidad para convertirla en organización permanente.

Una multitud no es automáticamente una fuerza política. Puede convertirse en ella, naturalmente, pero necesita organización territorial, formación política, sindicatos sólidos, organizaciones campesinas y populares, movimientos estudiantiles democráticos, redes comunitarias, investigación rigurosa, medios alternativos, organizaciones de mujeres y jóvenes, programas concretos y mecanismos de coordinación.

La movilización debería ser la expresión visible de todo ese trabajo invisible. Cuando ocurre al contrario —cuando la marcha pretende reemplazar la organización— la política termina convertida en espectáculo. No necesitamos solamente llenar plazas. Necesitamos llenar de organización los territorios. No necesitamos exclusivamente discursos emocionantes. Necesitamos programas. No basta denunciar. Hay que investigar. No basta resistir. Hay que proponer. No basta convocar. Hay que permanecer organizados cuando termina la convocatoria.

DEFENDER REFORMAS NO ES SUFICIENTE

También sería insuficiente construir la oposición exclusivamente alrededor de la defensa del legado del gobierno anterior. Las reformas impulsadas durante la administración de Gustavo Petro pueden ser defendidas por quienes consideran que ampliaron derechos o modificaron relaciones sociales injustas. Pero una oposición política no puede reducir su horizonte a conservar lo heredado. Debe formular su propio proyecto.

La llegada del gobierno de Abelardo De La Espriella abrió una orientación política distinta. Su administración ha planteado explícitamente recuperar la inversión privada, reducir el peso del gasto público y desarrollar una reestructuración del Estado.

Frente a ello, la discusión democrática debería concentrarse en los efectos concretos de esas decisiones: empleo, salarios, derechos laborales, servicios públicos, recursos naturales, inversión social, desigualdad, propiedad y capacidad reguladora del Estado.

Una oposición seria necesita demostrar, con información verificable, quién gana y quién pierde con cada política. Ahí comienza la verdadera disputa.

SOBERANÍA Y RELACIONES CON ESTADOS UNIDOS

Algo semejante ocurre con la política exterior.

La visita del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio a Barranquilla el 8 de septiembre de 2026 produjo una hoja de ruta que los gobiernos denominaron “Acuerdos de Barranquilla”, estructurada oficialmente alrededor de tres objetivos: reconstrucción, recuperación económica y seguridad hemisférica. El Gobierno colombiano anunció además su propósito de profundizar la cooperación con Estados Unidos en inversión, financiación, infraestructura, energía y seguridad.

En seguridad, el presidente De La Espriella manifestó su intención de convertir nuevamente a Colombia en un socio principal de Estados Unidos en Sudamérica y propuso un denominado “Plan Patriota Siglo XXI”, asociado con modernización de capacidades militares, inteligencia, drones, ciberdefensa y fuerzas especiales.

Estos hechos permiten una discusión legítima sobre la soberanía nacional. Pero esa discusión será más poderosa si abandona el insulto y entra en el terreno de las preguntas concretas: ¿Qué obligaciones adquirió Colombia?, ¿Qué compromisos existen en defensa y seguridad?, ¿Qué participación tendrán empresas estadounidenses?, ¿Qué recursos naturales o sectores estratégicos podrían verse involucrados?, ¿Qué mecanismos de control ejercerá el Congreso?, ¿Qué información será pública?, ¿Qué beneficios obtiene cada país?

La soberanía se defiende mejor con organización, información y control democrático que con adjetivos.

EL PODER ECONÓMICO ENTIENDE DE INTERESES

Las élites económicas pueden convivir con la protesta episódica mientras esta no modifique sustancialmente las relaciones económicas y políticas de las que depende su poder.

Por eso las organizaciones sociales históricamente han recurrido también —dentro de los marcos constitucionales y legales— a instrumentos laborales, sindicales, ciudadanos y económicos de presión.

La huelga precisamente posee una característica que la diferencia de otras modalidades de protesta: interviene sobre las relaciones de trabajo y producción. La jurisprudencia constitucional colombiana la reconoce como un derecho perteneciente a la colectividad trabajadora, sujeto a las condiciones y limitaciones establecidas por el ordenamiento jurídico.

Eso obliga a recuperar una vieja enseñanza del movimiento obrero: la capacidad de negociación depende también de la capacidad de organización.

Pero una estrategia democrática no puede confundirse con la búsqueda indiscriminada de paralización ni con afectaciones arbitrarias a terceros. Cualquier acción colectiva de esta naturaleza exige organización sindical y social, objetivos definidos, legitimidad democrática, protección de derechos y respeto del marco constitucional.

La cuestión fundamental es reconstruir poder social organizado.

UNA OPOSICIÓN QUE SEPA PARA QUÉ SE OPONE

La oposición tampoco puede consistir simplemente en esperar el fracaso del Gobierno. Necesita construir una alternativa. Eso significa elaborar propuestas sobre política económica, seguridad, paz, salud, pensiones, educación, transición energética, relaciones laborales, política agraria, soberanía nacional, relaciones internacionales y protección de los recursos naturales. Y significa algo todavía más difícil: regresar a los territorios.

Hay que organizar trabajadores formales e informales; hablar nuevamente con campesinos, grupos étnicos, mujeres, estudiantes, pequeños empresarios, jóvenes, comunidades populares y sectores medios; comprender sus miedos, necesidades y expectativas.

La oposición pierde capacidad cuando solamente habla consigo misma. Necesita volver a escuchar.

MENOS RETÓRICA, MÁS PODER SOCIAL

Después de cuarenta años de militancia social, política, sindical o académica, el cansancio frente a determinadas formas ritualizadas de movilización resulta comprensible. Pero la conclusión no debería ser abandonar la acción colectiva. Debería ser transformarla. Marchar cuando sea necesario. Negociar cuando sea posible. Organizar siempre. Investigar antes de denunciar. Construir alternativas antes de reclamar poder. Y, sobre todo, identificar con precisión los intereses económicos y políticos que están detrás de las grandes decisiones nacionales.

Porque una oposición efectiva no se mide únicamente por la cantidad de personas que consigue reunir durante una tarde. Se mide por su capacidad para organizar sociedad, disputar ideas, representar intereses colectivos, defender derechos, construir alternativas y modificar democráticamente las relaciones de poder.

La calle seguirá siendo indispensable. Pero la calle sin organización puede convertirse en ceremonia; la organización sin proyecto, en burocracia; y el proyecto sin fuerza social, en literatura política.

El desafío consiste en reunir las tres cosas: movilización, organización y proyecto. Tal vez haya llegado el momento de dejar de preguntarnos cuántas marchas podemos convocar y comenzar a preguntarnos algo mucho más incómodo: ¿Qué poder social, económico, político y cultural somos capaces de construir para que quienes toman las grandes decisiones tengan que escuchar, negociar y responder ante la sociedad?

Allí comienza una oposición capaz de trascender el ritual.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as)