LA VITRINA DE LA CONVERSA

sábado, agosto 01, 2026

LA IMPROVISACIÓN Y LAS REVELACIONES DE LA PRENSA INTERNACIONAL *

Por: Pedro Santana Rodríguez / Director Revista Sur / 27 julio, 2026

Abelardo de la Espriella se codeaba con los abogados del "polvo blanco" para negociar libertad de narcotraficantes a cambio de convertirlos en informantes del gobierno de Estados Unidos.

En medio de denuncias por la opacidad de las autoridades electorales que se apresuraron a entregar la credencial de elegido a Abelardo de la Espriella, ahora a diario se ve la impreparación y la improvisación con que el electo presidente incurre a diario por no hablar de las contradicciones que también aparecen a diario en las alocuciones que realiza o las decisiones que transmite.

Y es que esto se veía venir por la inexperiencia de De la Espriella en el manejo de los asuntos públicos y en el manejo del Estado. Solo por el silencio cómplice de la gran prensa corporativa se viene a ver ahora esa inexperiencia y tuvo que ser el periódico The New York Times el que desnudara de cuerpo entero al presidente electo de Colombia en sus turbias relaciones con personajes del mundo del narcotráfico a quiénes ha defendido desde su bufete de abogados.

Vamos por partes. Sobre la opacidad del sistema electoral advertimos y apoyamos en su momento la solicitud pública de corregir errores protuberantes como el desconocimiento del fallo del Consejo de Estado de 2017, que declaro el fraude contra el partido Mira en las elecciones de Congreso del año 2014 y que ordenó que el software electoral debería ser propiedad del Estado y la Registraduría nueve años después sigue sin cumplir el fallo y sigue contratando el software de los hermanos Bautista sin ninguna explicación y sin ninguna justificación.

En el reciente proceso electoral el registrador Hernán Penagos se negó a suministrar los códigos fuentes del software utilizado en las elecciones recientes a los partidos políticos con argumentación sin sentido, el principal argumento fue el que se pondría en riesgo la seguridad del proceso electoral, en otros países estos códigos se entregan a los auditores de los partidos sin ningún problema. En vez de aumentar los mecanismos de seguridad y transparencia Penagos elimino algunos sin ninguna justificación.

Hoy se sabe, como lo afirmó la Misión de Observación Electoral, MOE, que no hubo escrutinios físicos de las votaciones en el exterior y hubo muchas quejas y denuncias sobre las votaciones en Estados Unidos, sobre todo. Con una diferencia tan estrecha de 250 mil votos a favor de De la Espriella las autoridades electorales debieron de actuar con diligencia y transparencia, pero tanto el registrador Penagos como el Consejo Nacional Electoral, CNE, actuaron con opacidad y generaron serias dudas con sus decisiones y sus declaraciones.

Por eso hay un sin número de demandas ante el Consejo de Estado que tendrá que resolver, solo que este organismo se ha caracterizado por la lentitud en la toma de decisiones.

Sus fallos vienen a ser prácticamente inocuos. La demanda que falló en 2005 sobre fraude en las elecciones a Congreso de 2002 lo hizo a pocos meses de terminar la legislatura; lo propio ocurrió en el fallo que reconoció el fraude contra el partido Mira proferido también a pocos meses de terminar la legislatura o el fallo que anuló la reelección de Alejandro Ordoñez como procurador General de la Nación a cuatro meses de terminar su segundo período.

Esa es la lentitud de este organismo que no ha sido así con el gobierno de Gustavo Petro donde se han suspendido decretos en tiempo récord.

Es por desgracia la politización de las altas Cortes, por lo cual se requiere una profunda reforma a la justicia comenzando por reformar los mecanismos existentes para la elección de los magistrados de las Altas Cortes de Justicia.

Sobre la improvisación en las actuaciones de De la Espriella la perla la constituye su capricho de posesionarse fuera de las instalaciones del Congreso que es el Capitolio Nacional en Bogotá.

Primero decidió que se posesionaría en Popayán, pero ante los reparos de sus invitados norteamericanos que le manifestaron que no acudirían a dicha ciudad decidió trasladar su posesión a Cali a la sede de la Universidad Santiago de Cali, porque Petro ordenó a los comandantes militares que no prestaran guarniciones militares para la posesión. Este pulso lo ganó Petro porque él es el comandante de las Fuerzas Armadas hasta que de la Espriella tome posesión.

Entre tanto el Senado de la República tuvo que votar dos veces la primera para autorizar la posesión en Popayán sin sitio definido porque en ese momento de la Espriella persistía en posesionarse en una guarnición militar, pero ante la negativa de Petro y sobre todo de sus invitados gringos decidió trasladar la posesión a Cali.

Queda en evidencia las decisiones caprichosas e improvisadas de De la Espriella y un Congreso genuflexo pues no existe ninguna realidad que obligue a dar traslado de la posesión fuera del Congreso de la República.

La otra perla de las actuaciones y declaraciones de De la Espriella la dio este 20 de julio en discurso en Medellín donde contrariando lo que había dicho hace un par de meses sobre el narcotráfico y Medellín y Antioquia en relación con el origen de este fenómeno en Colombia para condenar unas declaraciones que había hecho el entonces candidato Iván Cepeda. En aquella ocasión de la Espriella condenó las declaraciones de Cepeda que ubicaba parte del origen de las mafias y el narcotráfico en esta región del país lo que históricamente está probado y es un hecho.

Pues bien, delante de Federico Gutiérrez alcalde de Medellín y Andrés Julián Rendón gobernador de Antioquia dijo que ubicaría la sede del Escudo de las Americas en Medellín porque desde allí se imparten las órdenes y Medellín y Antioquia son la cabeza de la serpiente del narcotráfico.

Allí además anunció que reasumiría las fumigaciones contra los cultivos de coca que no se sabe cómo hará pues existe una sentencia de la Corte Constitucional, Sentencia T-236 de 2017 que los prohíbe mientras no se garantice la seguridad de esas fumigaciones para que no afecten ni el medio ambiente ni la salud de las personas. Allí establece exigentes condiciones para que el gobierno reanude las aspersiones.

La Corte ordena tener en cuenta el principio de precaución demostrando con evidencia científica rigurosa que el herbicida y sus componentes (mezclas con aditivos) no representan un grave riesgo para las personas ni los ecosistemas. Ordena así mismo la realización de Consulta previa con las comunidades étnicas y campesinas cuando estas puedan resultar afectadas por estas aspersiones así mismo exige una licencia ambiental y un plan de manejo específico para cada zona de intervención y mecanismos de control y monitoreo de las autoridades de salud para mitigar cualquier afectación a fuentes de agua o cultivos de pan coger.

¿Intentara de la Esperilla pasar por encima de las órdenes de la Corte Constitucional?

Finalmente como ya indiqué tuvo que ser un periódico internacional en esta ocasión The New York Times el que indagara y publicara los negocios turbios de Abelardo de la Espriella desde su bufete de abogados en la defensa de narcotraficantes en Estados Unidos, el título del informe que cubrió seis páginas es muy certero “De defender narcotraficantes colombianos, a declararles la guerra” y revela que mientras vivió en Miami de la Espriella fue investigado por las autoridades, aunque nunca fue imputado.

Y a renglón seguido el artículo señala “en Miami, Abelardo de la Espriella se movía en el turbio mundo de los abogados del “polvo blanco”: el de los defensores de alto costo que asisten a narcotraficantes latinoamericanos acusados, con el objeto de evitar sentencias severas, a cambio de convertirlos en informantes o testigos del gobierno de Estados Unidos”. Y ahí aparece lo que Gerardo Reyes y Daniel Coronell han venido rastreando desde hace meses y son las relaciones de Abelardo con un narcotraficante de Valledupar, Jorge Luis Hernández, alias Boliche que dice el artículo se presentaba como asistente del bufete de De la Espriella.

Yo concuerdo con Cecilia Orozco que reseñando el artículo del periódico concluye que “Yo estoy segura de que el gobierno de Trump conocía muy bien esta historia antes de la elección, pero era más rentable ignorarla para mantener bajo su yugo tenaz al sucesor de Petro”. (El Espectador. 29.07.2026).

El que un narciso como Abelardo de la Espriella haya logrado llegar a la presidencia sin ninguna experiencia ni merito no solo nos muestra a unas clases dominantes sin reales alternativas de liderazgo sino lo que muestra es la decadencia de estas clases dominantes y de sus pérfidos medios de comunicación.

Corresponde ahora a la oposición pensar en serio cómo va a organizar sus medios de comunicación alternativos ahora que se viene la toma y el marchitamiento de los medios de comunicación públicos tardíamente utilizados por el gobierno de Petro. Esta es una tarea inaplazable.

 *Nota compartida a La Conversa de Fin de Semana por Jairo Osorio, uno de sus principales colaboradores, a quien agradecemos enormemente su ayuda.


jueves, julio 16, 2026

ANÉCDOTA DE PABLO NERUDA CON LAUREANO GOMEZ *


 En consonancia con el resurgimiento político de la Casa Gómez, la más clara evidencia de la llegada de los sectores de ultraderecha colombianos al poder nacional de mano del Abelardismo, La Conversa de Fin de Semana publica esta, muy apropiada anécdota que nos comparte nuestro colaborador, el economista y analista político, Jhon Flórez. ¡Provecho!

A propósito de este feliz cumpleaños de muerto, es famosa la respuesta de Neruda a los ataques que sufrió el poeta por parte de Laureano Gómez desde más de un año antes de su visita a Colombia, por invitación que le hiciera el presidente Alfonso López Pumarejo. Desde el 25 de junio de 1942 comenzó Laureano a atacar y descalificar repetida y periódicamente a Neruda, en forma rastrera, grosera y vulgar, desde las páginas de El Siglo. Por fin, en septiembre de 1943, el poeta visitó Bogotá, Medellín y Cali y ni por su presencia cesaron los ataques del Monstruo; por el contrario, arreciaron con ferocidad. Neruda entonces, en respuesta, dejó escritos para que fueran publicados en El Tiempo, después de su salida de Colombia con dirección a Perú y Chile, los siguientes Tres sonetos Punitivos de Pablo Neruda contra Laureano Gómez.  Sobra decir que los ataques contra el poeta fueron múltiples y permanentes después de su publicación, pero ahora también en El Colombiano. Helos aquí:

SONETOS PUNITIVOS

I

Adiós Laureano nunca laureado.

Sátrapa triste, rey advenedizo.

Adiós emperador de cuarto piso

antes de tiempo y sin cesar pagado.

 

Administras las tumbas del pasado

y, hechizado, aprovechas el hechizo

en el agusanado paraíso

donde llega el soberbio denotado.

 

Allí eres dios sin luz ni primavera.

Allí eres capitán de gusanera,

y en la terrible noche de arcano

 

el cetro de violencia que te espera

caerá podrido como polvo y cera

bajo la jerarquía del gusano

 

II

Caballero del látigo mezquino,

excomulgado por el ser humano,

iracunda piltrafa del camino,

¡oh! pequeño anticristo anticristiano.

 

Como tú, con el látigo en la mano,

tiembla en España Franco el asesino

y en Alemania tu sangriento hermano

lee sobre la nieve su destino.

 

Es tarde para ti, triste Laureano.

Quedarás como cola de tirano

en el museo de lo que no existe.

 

En tu pequeño parque de veneno,

con tu pistola que dispara cieno.

Te vas antes de ser. Tarde viniste.

 

III

Donde esté la canción y el pensamiento.

Donde bailen o canten los poetas.

Donde la lira diga su lamento.

No te metas Laureano, no te metas.

 

Las críticas que aúllas en el viento,

la escritura que llena tus maletas,

te las devolverán con escarmiento.

No te metas Laureano, no te metas.

 

No toques con tus pies la geografía

de la verdad o de la poesía,

no está en lo verdadero de tu terreno.

 

Vuelve al látigo, vuelve a la amargura,

vuelve a tu rencorosa sepultura.

Que no nos abandone tu veneno.


*La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

lunes, julio 13, 2026

La total estupidez e incoherencia de muchos colombianos *

En la imagen: Hernán Riaño / Periodista - Director de SoNoticias

 
Por: Hernán Riaño

«Hay que dejar constancia: estos necios incoherentes son y serán cómplices y ejecutores de los asesinatos, desapariciones y torturas que ya se ven y se verán en todo el país en la era de Abelardo De La Espriella.»

Nuestro país se ha caracterizado por una ignorancia política, casi que total, impulsada por la oligarquía durante años, agravada por una mezcla de fanatismo religioso de todos los pelambres con un seguidismo político casi que esclavista hacía unos líderes llamados gamonales, que mutaron a los paramilitares que hoy conocemos, apoyados por la misma clase de siempre.

Esta simbiosis de politiqueros, religiosos, gamonales y armas son las que no dejaron mediante intimidaciones, amenazas, engaños, delitos electorales y complicidad de 6 millones de colombianos uribistas, según mis cálculos, no permitieron el segundo periodo progresista, después del magnífico gobierno de Gustavo Petro. Pero en esta oportunidad no quiero referirme a las elecciones, solo a las consecuencias de haber elegido un advenedizo, gringo por voluntad de él, quien renunció a la Constitución colombiana y, por ende, es mi parecer, ya no es ciudadano colombiano.

Después de ver, oír, leer (si a eso se le puede llamar frases o textos coherentes) todo lo que han escrito esos conocidos muy acertadamente, como uribestias, queda uno, no se sabe que calificativo darle, si sorprendido, asustado, triste por la capacidad tan “profesional” de decir tantas incoherencias que rayan en la estupidez, imbecilidad, idiotez, cualquier adjetivo se queda corto ante tanta frase que emitieron en la campaña y ahora con el triunfo del presidente ilegítimo de Trump. Dan pena ajena “la elocuencia, sabiduría y profundidad” de sus afirmaciones.

Durante el gobierno del cambio se impuso, con mayor virulencia y agresividad en la campaña, el lenguaje conocido eufemísticamente como “de odio”, pero que en castellano son amenazas, mentiras, calumnias, entrampamientos e injurias contra el mejor presidente del pueblo en la historia del país, ampliado a Iván Cepeda, por ser el candidato. La ultraderecha en complicidad con los periodistas que trabajan en sus medios de comunicación, impuso una “verdad creada” para no dejar gobernar, desacreditar e impedir los cambios que Colombia requería. Pero para que este plan tuviera éxito usaron las redes sociales, muy sofisticadas en estos tiempos complementadas por la IA y con el concurso gratuito de centenares de uribestias estúpidos que siguen a ciegas y les hacen casos sin chistar.

Se escuchaban y leían frases como. “la culpa es de Petro”, todos los progresistas o zurdos “son guerrilleros”, “terroristas”, “corruptos, “todo lo quieren regalado”, muy pocas por cierto y sin ninguna prueba, pero que hicieron carrera durante 4 años hasta llegar a la campaña electoral. No salieron nunca de esa palabrería, que, sin ningún sustento creó un imaginario en un sector de la población cómplice y que repitió como loros creando el ambiente de hostilidad más grave de las últimas décadas en contra del pueblo colombiano, porque es contra todos los ciudadanos el odio generado por la ultraderecha y no solo contra el señor presidente y sus leales colaboradores. 

Con la llegada del nuevo gobierno, repito, ilegítimo, se han generado otro tipo de frases, que reflejan una estupidez de campeonato mundial. Una persona con tres dedos de frente no puede entender la alegría casi celestial de muchos abelardo_uribistas, al quererse burlar de los ciudadanos demócratas por la pérdida del gobierno. Los llaman “llorones”, “zurdos hp perdedores”, o les desean la muerte “ojalá los maten”, o el exilio “váyase pa’ Cuba”. Se alegran porque van a subir los impuestos, porque van a acabar la educación pública gratis, o porque van a reencauchar las EPS, porque van a despedir 700.000 funcionarios, que ellos odian porque son burócratas, porque van a importar alimentos agrícolas “más baratos” quebrando a los campesinos, porque van a hacer fraking, porque van a fortalecer la minería acabando el agua; en síntesis, porque van a eliminar la vida y llevar a los colombianos, nuevamente, a la miseria y al hambre. No hay calificativo en el diccionario de la RAE que describa esas mentes “prodigiosas” que se alegran por lo que nos va a pasar, como si a ellos no les fuera a tocar. ¿O es que el nuevo gobierno impondrá esas medidas para solo los 13 millones de “mamertos” y sus familias? Pues obviamente que no, ya lo advirtieron la reforma tributaria será para aumentarle los impuestos a los pobres, claramente lo dijeron: hay que rebajárselos a los ricos. Lo que implica que habrá IVA a toda la canasta familiar y más gente estratos 1, 2 y 3 tendrán que pagar renta, pero esos estúpidos creen que a ellos no los van a tocar.   

Muchos pobres, además, andan denigrando de Petro, como si este les hubiera hecho algo o les hubiera quitado algo. El presidente de la república nunca ha tomado alguna disposición que lo beneficie a él o a su entorno, todas las medidas que ha tomado han sido en favor del pueblo. Son tan estúpidos que a la persona que los ha ayudado, con salarios dignos, baja de precios de los productos básicos, rebajas en energía o en peajes, educación gratuita, es a la que odian, y otros mucho más imbéciles andan haciéndole coro a Abelardo De la Espriella y a Carlos Alonso Lucio, pidiendo su extradición. No saben nada, no entienden nada y son como el perro que muerde la mano del amo que lo alimenta, aunque estos animalitos son mucho más dignos y agradecidos que todos esos cipayos.

También estos personajes nefastos, de su propio pecunio y para congraciarse con el nuevo gobierno, lanzan amenazas contra todos a los que a ellos les parezca zurdo, comunista, progresista o demócrata y a todo el que se atreva a criticar al “enviado del cielo”, entiéndase Abelardo De la Espriella. Le añaden un saludo que no es militar ni es nada, dicen el famoso “firmes”, y “disparan” desde las redes una sarta de groserías, incongruencias, terminando con frases como “ojalá te desaparezcan”, “estas buscando que te destripen”, “te vamos a eliminar” o cualquier combinación de todas estas y otras de mayor calibre. Por este tipo de personas es que nació ese adagio que reza: “No hay nada más peligroso que un bruto con iniciativa”

Con todo esto, lo que quieren en el fondo es generar un ambiente en el que las muertes que ocasione este nuevo gobierno tengan una “justificación” que acepte la sociedad, como en el caso de los mal llamados falsos positivos y la frase lapidaria de Álvaro Uribe: «Esos muchachos no estarían recogiendo café», que según las últimas informaciones ya llegaron a los 8.737 asesinatos. Eso es lo que se vislumbra en el horizonte próximo de Colombia, ya se está viendo cómo será la represión y pérdida de derechos de todos, ratifico, todos los colombianos. Tal es la incoherencia, además, de la estupidez de estos “estimados compatriotas”.

Si no existiera este ejército de descerebrados, ni Uribe, ni Duque, ni los paramilitares, ni ahora, De la Espriella y sus socios tendrían el poder de hacer lo que pretenden, es gracias a ellos que el nuevo presidente ilegítimo se atreve a decir que odia a los progresistas, que los va a destripar y que los hubiera declarados enemigos irreconciliables, como si estos hubieran causado un daño al país irrecuperable como sí lo hicieron Turbay, Barco, Gaviria, Pastrana (padre e hijo), Uribe y Duque, Santos por lo menos firmó el acuerdo de paz con la guerrilla, lo que le generó el odio de Uribe para toda la vida. 

Como conclusión hay que hacer una pregunta que también es un reto: ¿Qué daño le ha causado al pueblo colombiano Gustavo Petro y el gobierno del cambio? Desde aquí desafío a cualquiera de estos abelardo_uribistas a que me diga una sola, solo una, medida que haya tomado en contra de los colombianos de a pie. 

Hay que dejar una constancia histórica o histérica, como dice un abogado amigo, que estos estúpidos incoherentes son y serán los cómplices, y en muchos casos los ejecutores, de todos los asesinatos, desapariciones, desplazamientos, masacres, pérdida de ojos y otros órganos, torturas y demás barbaridades, que desde ahora y sin que se haya posesionado el nuevo (o continuidad de todos los anteriores a Petro) gobierno, se están viendo en casi todo el país.  Todos saben y son conscientes de que nos van a destripar.   

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

miércoles, julio 08, 2026

Colombia: del escrutinio oficial a la resistencia popular pacifica *

En la imagen: Consuelo Ahumada / PhD en Ciencias Políticas - 
profesora investigadora Economía Política Internacional y Nacional


Por: Consuelo Ahumada

El triunfo de Abelardo de la Espriella en las elecciones presidenciales marca el inicio de un período muy difícil para el progresismo y la democracia en Colombia


El escrutinio oficial puso fin a la incertidumbre sobre las elecciones, confirmó el conteo preliminar y reconoció como presidente al candidato impuesto por la ultraderecha y el Departamento de Estado. 

En medio de fuertes presiones políticas y mediáticas, en una decisión contradictoria, Iván Cepeda reconoció de inmediato el resultado y el Pacto histórico retiró algunas reclamaciones pendientes.  

El presidente Petro tuvo que ceder y aceptar el resultado. “Me comprometí a no ser un generador de violencia, pero no a que seamos tontos”, escribió la semana pasada. Pero sus sustentadas denuncias de fraude siguen su curso. 

Recordemos algunos asuntos cruciales del proceso electoral. Tanto el Consejo Nacional Electoral como la Registraduría, además de su labor técnica, son instrumentos políticos en manos de la oligarquía tradicional. El control nunca lo cedieron durante este gobierno. 

El software electoral es controlado por una empresa privada, Greg and Sons. Una sentencia de 2018 del Consejo de Estado ordenó que estuviera bajo control público, pero no se cumplió. 

Dicha empresa colombiana, con trayectoria probada de fraude en países como Honduras, es la misma que tuvo a su cargo la elaboración de pasaportes en Colombia. Es decir, el acceso a datos cruciales. 

El gobierno del cambio le revocó el contrato, para que la tarea la asumiera el gobierno. Esto se dio en medio de la alharaca permanente del neoliberalismo trasnochado: “Lo privado por encima de lo público”, “lo técnico antes que lo político”. 

Pero en plena campaña presidencial se conoció un audio en el que Abelardo les ofrecía a sus dueños devolverles el negocio de los pasaportes si le ayudaban en las elecciones. Más claro imposible. 

No hubo pronunciamiento ni investigación alguna por parte de las entidades de control. Como siempre, se insistió en los supuestos delirios de persecución del presidente. Desde distintas orillas, se insinuó incluso que Cepeda debía distanciarse del presidente para no verse perjudicado. Así quedó todo.  

Pero Petro no se amilanó. Antes del resultado final hizo denuncias muy serias, en las que prácticamente se quedó solo. Una de ellas fue la inscripción de 800.000 nuevos votantes, cuando ya se habían cerrado los plazos legales para hacerlo. 

La semana pasada se produjo una denuncia todavía más grave. Una juiciosa investigación, realizada por Carlos Oñoro, demuestra que Cepeda ganó en los municipios más poblados de Colombia, que representan el 88% de la votación, con una ventaja de 500.000 votos. Hay una curva en la que se observa cómo los pueblos menos poblados, “marcan un cambio demasiado extraño”.

Petro le respondió al autor: “Lo que usted descubre es que efectivamente hubo fraude, que no era detectable por las comisiones escrutadoras, si no se hacía cotejo entre número de votos de los formularios y los votos de mesas y, además, y esto es lo importante, (si no se examina) si los votos de la mesa coinciden con electores válidos”. 

Señaló que hay un censo de ciudadanos que no votan, pero sus datos son usados en mesas de jurados homogéneos, como las del exterior y las de territorios específicos bajo el control de la ultraderecha. Y concluyó: “Todos los formularios E14 eran modificables hasta cuando el CNE proclamó presidente”. 

Pero por supuesto, el escrutinio oficial no examinó ninguno de estos indicios.

 A esto sumémosle las múltiples denuncias de compra y constreñimiento del voto, que se registraron, que ni siquiera atendieron las autoridades: la extraña suspensión del transporte público y los cortes de servicios públicos en municipios y regiones precisas. 

Pero claro, todo esto pasó como irrelevante, máxime en épocas de mundial de futbol. 

Más allá del fraude electoral, las elecciones tuvieron múltiples irregularidades, incluida la intervención abierta y permanente de Trump y sus funcionarios a favor de su candidato. 

Bernie Moreno, jefe de la misión de observación electoral de EEUU, advirtió desde un comienzo que su país solo aceptaría un resultado favorable. Vino a Colombia precisamente a conspirar con la ultraderecha para lograrlo. 

Pero hay asuntos todavía más graves. Abelardo es ciudadano estadounidense y juró lealtad absoluta a su Constitución y su gobierno. De hecho, ya ha formulado denuncias concretas contra Petro ante su Departamento de Justicia. Una carta de 30 exmagistrados refiriéndose a la incompatibilidad de dicha condición con el cargo de presidente fue desestimada por el Consejo de Estado. 

Frente al panorama de avance del fascismo en el mundo y la región, los antecedentes más recientes de Venezuela y del Escudo de las Américas, y las revelaciones del Hondurasgate, es claro que a las fuerzas progresistas no se les permitiría ganar de nuevo en Colombia.

El avance del progresismo fue notorio, pero se perdió la presidencia y eso es lo principal. 

Lo que viene en el “gobierno de los nunca”, con la llamada Patria milagro, tiene cara de revancha. Las amenazas son muy graves. En aras de su estrategia de seguridad, se habla de cero negociaciones con grupos armados y del fortalecimiento de la salida militar.

 Desde ya se conocen las amenazas de desalojo a campesinos y campesinas que recibieron tierras del gobierno. Un concejal uribista de Medellín llamó al futuro presidente a bombardear las zonas donde se impuso la votación progresista.

En este contexto nacional tan complicado y peligroso, el reciente llamado a la desobediencia civil pacífica por parte de Iván Cepeda es una excelente señal. Esta medida histórica tiene un reconocimiento constitucional, como forma de protesta ciudadana frente a normas, políticas o leyes que se consideren inmorales o violadoras de derechos fundamentales.  

El excandidato señaló que el llamado es a no reconocer la autoridad de alguien que desconoce la soberanía nacional. Por eso, exige que, antes de posesionarse, el futuro presidente renuncie a su nacionalidad estadounidense, aclare si es miembro de alguna de sus agencias de seguridad y cese la persecución contra el presidente Petro. 

Es una declaratoria que debe ligarse necesariamente con la resistencia popular pacífica, que debe venir. Ya lo dijo el actual presidente: “Hoy la consigna central para toda la sociedad colombiana es alistarse de manera organizada y pacífica a defender las reformas sociales”. 

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

lunes, julio 06, 2026

El outsider y sus amigos de siempre *

 

John Flórez / Economista - Analista Político

Por: Jhon Jaiver Flórez G.

Colombia fue engañada con método, recursos, tecnología y la colaboración de un sistema político que lleva más de un siglo perfeccionando el arte de vender lo mismo bajo nombres distintos.

Cómo Colombia creyó elegir la renovación y terminó premiando la continuidad, pero peor

Hay un arte del engaño político tan refinado que merecería enseñarse en las academias del poder: convencer a una sociedad hastiada de las élites de que uno de sus herederos ha venido a destruirlas. La hazaña exige una ciudadanía agotada y una maquinaria propagandística capaz de convertir la memoria en un estorbo. Es el ilusionismo perfecto: con una mano se incendia el discurso contra el establecimiento; con la otra se estrechan las manos de quienes siempre lo han administrado. Cambian los eslóganes y la escenografía, pero el reparto permanece intacto. Mientras el público celebra la revolución, los dueños del teatro aplauden la continuidad.

Abelardo De la Espriella, presidente electo que asumirá el poder el 7 de agosto, dominó esa fórmula con la precisión de quien ha recorrido durante años los mismos pasillos que prometía clausurar. Se presentó como el outsider dispuesto a desmontar el viejo orden político. La promesa sedujo a un país fatigado de los mismos partidos, los mismos apellidos y las mismas prácticas. El problema es que la mesa que prometía sacudir era exactamente aquella en la que siempre se sentó, y los comensales llamados a integrar su gabinete son los mismos que durante décadas han servido el menú del establecimiento.

Las señales de alarma aparecieron incluso antes de que comenzara formalmente la campaña. La Registraduría anuló el 62 % de las firmas con las que inscribió su candidatura. La periodista Cecilia Orozco documentó en El Espectador que más de la mitad de los respaldos ciudadanos no superó el proceso de verificación. En una democracia que se tome en serio a sí misma, un episodio semejante habría provocado una crisis institucional y, probablemente, la inhabilitación de la candidatura. En Colombia fue noticia de un día. Las autoridades guardaron un silencio difícil de llamar neutral; buena parte de los medios prefirió mirar hacia otro lado. El candidato siguió adelante con la serenidad de quien sabe que en este país las reglas rara vez se aplican por igual.

Al mismo tiempo, David Murcia lo denunció públicamente como presunto estafador. Según su versión, en calidad de abogado defensor no le habría devuelto cinco mil millones de pesos correspondientes a honorarios por servicios jurídicos que nunca prestó. Es decir, el entonces candidato no solo cargaba con cuestionamientos públicos sobre su trayectoria profesional, sino que además acumulaba señalamientos que, en una democracia más exigente, habrían suscitado un escrutinio mucho más severo. En Colombia obtuvo un aval, hizo campaña y ganó.

La campaña tampoco desmintió esas inquietudes. Abundó la grosería convertida en estrategia, los insultos diseñados para alimentar las redes sociales y una llamativa escasez de conocimiento sobre la cosa pública. El candidato que prometía transformar el Estado demostró con frecuencia no comprender su funcionamiento. En cambio, dominó el espectáculo: la voz altanera, el enemigo permanente y las respuestas simples para problemas complejos. La confrontación sustituyó el debate; el insulto reemplazó al argumento. Es una fórmula eficaz para conquistar titulares y alimentar algoritmos, pero notoriamente insuficiente para gobernar una nación.

El mejor ejemplo fue la llamada "Patria Milagro", presentada bajo el lema "El Milagro de los Nunca": los que nunca se han robado un peso del erario, los que nunca han hecho politiquería, los que nunca han traicionado. El concepto posee todas las virtudes del mercadeo político: es breve, emotivo y fácil de recordar. Lo que todavía cuesta encontrar es su contenido.

La campaña prometió un crecimiento económico del 7 % anual —invocando como referencia a Corea del Sur y Singapur— en un país cuyo promedio histórico apenas supera el 3 %. Prometió tres millones de empleos, reducir la pobreza en un 20 %, disminuir la violencia a la mitad y convertir en propietarios de vivienda a un millón de familias, todo en apenas cuatro años. Lo que nunca explicó fue con qué recursos, mediante qué reformas institucionales ni bajo qué modelo económico se producirían semejantes prodigios. El nombre resumía el programa: una patria milagro, no una patria con plan. Y los milagros, como es sabido, no requieren sustento técnico; solo fe.

La ironía alcanzó su punto máximo cuando se examinó quiénes respaldaban al candidato de "los nunca". No eran precisamente quienes nunca habían practicado la politiquería, sino muchos de quienes la han perfeccionado durante décadas. Colombia es, en buena medida, un país donde los clanes políticos conservan un enorme poder territorial mediante redes clientelares construidas durante generaciones. Los Char en el Atlántico. Los Blel en Bolívar. Los Gnecco en el Cesar. Nueva Fuerza Guajira. Dilian Francisca Toro en el Valle del Cauca. El Quindío, atrapado entre Cambio Radical y coaliciones que cambian de nombre con la misma facilidad con la que conservan el poder. Todos acompañaron al candidato de "los nunca". Todos esperan ahora la recompensa de los siempre.

Esos partidos hace tiempo dejaron de ser fábricas de ideas para convertirse en fábricas de avales. Su verdadera función consiste en facilitar el acceso al poder a quienes difícilmente superarían un escrutinio ciudadano riguroso. Ese es el sistema que produjo al outsider. Y ese es el sistema al que el outsider le debe el cargo.

La maquinaria digital de la campaña tampoco vendió un proyecto de país. Vendió miedo, polarización y desinformación con herramientas de segmentación y propaganda que la institucionalidad colombiana fue incapaz de regular. Circularon deepfakes, cadenas falsas y campañas de desprestigio que encontraron en las redes sociales un terreno fértil para reemplazar el debate por la manipulación. La mentira volvió a viajar mucho más rápido que la verdad.

Ya como presidente electo, De la Espriella añadió otro episodio a esa narrativa. Anunció que el Banco Interamericano de Desarrollo destinaría 60 millones de dólares para el proceso de empalme con el gobierno saliente, presentándolo como una demostración de confianza internacional. El presidente Gustavo Petro respondió que esos recursos no correspondían al empalme, sino a programas previamente acordados con el organismo multilateral. Históricamente, las transiciones presidenciales en Colombia se han realizado mediante el intercambio de información administrativa y financiera, sin costos extraordinarios. La controversia terminó ilustrando un rasgo característico de la campaña: la tendencia a presentar como extraordinario aquello que, al examinarse con detenimiento, resulta bastante más prosaico.

El gabinete que comienza a conformarse tampoco fortalece el relato de la renovación. Allí reaparecen dirigentes, partidos y estructuras que han ocupado durante años el centro del poder. Más que un gobierno de ruptura, la fotografía empieza a parecer el álbum familiar de la política tradicional.

Gobernar Colombia exige bastante más que una voz gritona, poses de autoridad y una inagotable colección de provocaciones. Exige conocimiento del Estado, capacidad técnica, prudencia y la difícil tarea de convertir los eslóganes en políticas públicas. Un país no es una parrilla de televisión. Cuando termina la campaña y se encienden las luces del gobierno, el libreto desaparece, los efectos especiales dejan de funcionar y queda al descubierto si el protagonista sabe gobernar o si apenas supo interpretar el papel de gobernante.

Colombia no fue engañada por sorpresa. Fue engañada con método, recursos, tecnología y la colaboración de un sistema político que lleva más de un siglo perfeccionando el arte de vender lo mismo bajo nombres distintos.

Esta vez el nombre fue "milagro". Y, como todos los milagros políticos, no exige explicaciones. Solo fe. Y votos.

 *La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

jueves, julio 02, 2026

La DESOBEDIENCIA CIVIL como DEFENSA de la SOBERANÍA y del ESTADO CONSTITUCIONAL *

En la imagen: Carlos Medina / Historiador - Analista Político
Por: CARLOS MEDINA GALLEGO

La exigencia de Cepeda no es un gesto caprichoso ni una reacción partidista, es una advertencia democrática: Colombia no puede aceptar que la Casa Blanca, a través de Donald Trump y Marco Rubio, pretenda definir el destino de la sociedad colombiana.

El reciente llamado formulado por el candidato presidencial Iván Cepeda Castro a considerar la desobediencia civil si el presidente electo no renuncia oportunamente a la ciudadanía estadounidense incompatible con el ejercicio de la Presidencia de la República —en caso de que esa incompatibilidad llegara a verificarse conforme al ordenamiento jurídico colombiano— y si persistiera una injerencia indebida de autoridades extranjeras en los asuntos internos del país, ha abierto un debate de enorme trascendencia para la democracia colombiana.

El llamado de Iván Cepeda Castro a la desobediencia civil pacífica no puede entenderse únicamente como una controversia sobre la doble ciudadanía del presidente electo Abelardo de la Espriella. Su sentido político más profundo está en la defensa de la soberanía nacional frente a una injerencia extranjera abierta, indebida y peligrosa, atribuida al presidente Donald Trump y a su secretario de Estado, Marco Rubio, en los asuntos internos de Colombia.

Cuando un mandatario extranjero interviene en una contienda política nacional, respalda públicamente a un candidato, condiciona relaciones diplomáticas o pretende orientar el rumbo institucional de otro país, deja de actuar como simple observador internacional y se convierte en factor de presión sobre la autodeterminación democrática de un pueblo.

Esa intromisión resulta aún más grave cuando proviene de Estados Unidos, país con una larga historia de intervenciones políticas, económicas, militares y judiciales en América Latina.

En este contexto, la exigencia de Cepeda no es un gesto caprichoso ni una reacción meramente partidista. Es una advertencia democrática: Colombia no puede aceptar que su Presidencia quede subordinada a intereses extranjeros, ni que la Casa Blanca, a través de Donald Trump y Marco Rubio, pretenda definir el curso de la política colombiana. La soberanía popular no puede ser reemplazada por tutelajes imperiales, ni la voluntad ciudadana puede quedar capturada por agendas externas.

La eventual ciudadanía estadounidense del presidente electo agrava ese debate, porque abre una pregunta de fondo sobre lealtades políticas, compromisos jurídicos y subordinación estratégica. Un jefe de Estado colombiano debe estar sometido exclusivamente a la Constitución de Colombia, a la soberanía del pueblo colombiano y al interés nacional. No puede existir sombra de dependencia frente a otra potencia, mucho menos en una coyuntura marcada por presiones diplomáticas, judiciales y geopolíticas.

Por eso, la desobediencia civil planteada por Cepeda debe leerse como una forma de resistencia pacífica frente a dos riesgos simultáneos: la posible ilegitimidad constitucional derivada de una doble ciudadanía no resuelta y la injerencia directa de Trump y Rubio en la vida política interna del país. No se trata de promover el caos, sino de defender un principio elemental: Colombia no es un protectorado, no es una colonia, no es una pieza subordinada del ajedrez geopolítico estadounidense.

La democracia colombiana se debilitaría gravemente si normaliza que actores extranjeros intervengan en sus elecciones, presionen a sus instituciones o condicionen la acción de sus gobernantes. Frente a ello, la ciudadanía tiene derecho a organizarse, deliberar, movilizarse y resistir pacíficamente. La desobediencia civil, en este caso, aparece como un recurso ético para exigir respeto por la Constitución, por la soberanía nacional y por la dignidad política del país.

En consecuencia, el llamado de Iván Cepeda Castro debe ser entendido como una defensa del Estado constitucional, de la independencia nacional y del principio democrático según el cual Colombia debe ser gobernada por decisiones soberanas de su pueblo, no por imposiciones de Donald Trump, Marco Rubio ni de ningún poder extranjero.

Más allá de las posiciones políticas que puedan existir frente a este pronunciamiento, la discusión invita a reflexionar sobre un concepto fundamental de las democracias constitucionales: la desobediencia civil.

Se trata de una institución ética y política que no busca destruir el orden democrático, sino defenderlo cuando sectores de la ciudadanía consideran que sus principios esenciales están siendo comprometidos.

La desobediencia civil pertenece a la tradición democrática. No surge en los regímenes autoritarios, donde toda oposición suele ser reprimida, sino precisamente en sociedades donde los ciudadanos conservan la convicción de que la soberanía reside en el pueblo y de que el poder público está sometido a límites constitucionales.

Desde las reflexiones de Henry David Thoreau hasta las luchas no violentas de Mahatma Gandhi y Martin Luther King Jr., la historia demuestra que la resistencia pacífica ha sido un instrumento para ampliar libertades y fortalecer los derechos fundamentales.

La Constitución Política de Colombia establece que la soberanía reside exclusivamente en el pueblo y que las autoridades ejercen funciones públicas dentro de los límites fijados por la Constitución y la ley. Ningún gobernante recibe un mandato ilimitado ni puede situarse por encima del orden constitucional. La legitimidad democrática no proviene únicamente del resultado electoral; también depende del respeto permanente por la Constitución, la separación de poderes, los derechos fundamentales y la soberanía y la independencia nacional.

En ese contexto, toda controversia relacionada con los requisitos constitucionales para ejercer la Presidencia debe ser resuelta mediante los mecanismos institucionales previstos por el ordenamiento jurídico. Corresponde a las autoridades competentes verificar los hechos, interpretar las normas aplicables y adoptar las decisiones que en derecho correspondan. La defensa del Estado constitucional exige que las controversias se tramiten con pruebas, debido proceso y respeto por las instituciones.

Del mismo modo, la soberanía nacional constituye uno de los pilares del Estado colombiano. Ningún Estado extranjero debería intervenir indebidamente en las decisiones políticas internas de Colombia. Si existieran actuaciones que pudieran constituir presiones o injerencias incompatibles con el principio de autodeterminación de los pueblos, estas deberían ser examinadas y enfrentadas mediante los instrumentos del derecho internacional, la diplomacia y las instituciones nacionales.

Es precisamente cuando amplios sectores de la ciudadanía perciben que esos principios fundamentales pueden verse comprometidos cuando reaparece el debate sobre la desobediencia civil. No como una invitación al caos ni como un desconocimiento generalizado de la ley, sino como una forma pública, consciente, pacífica y responsable de expresar desacuerdo frente a decisiones consideradas incompatibles con los valores superiores del orden constitucional.

La desobediencia civil exige un profundo compromiso ético. Rechaza toda forma de violencia, actúa de manera transparente y asume las consecuencias jurídicas de sus actos. Su propósito no consiste en sustituir las instituciones democráticas, sino recordarles cuál es su razón de ser: garantizar la dignidad humana, proteger las libertades públicas y servir al interés general.

Las grandes conquistas democráticas de la humanidad fueron posibles porque millones de ciudadanos decidieron cuestionar pacíficamente órdenes consideradas injustas. Los derechos laborales, la igualdad jurídica, la ampliación del sufragio, la protección de las minorías y numerosas libertades civiles surgieron gracias a procesos de movilización democrática que combinaron participación ciudadana, deliberación pública y resistencia no violenta.

Por ello, ninguna democracia sólida puede exigir obediencia absoluta. La fortaleza institucional se construye aceptando el control ciudadano, la crítica pública y el derecho de la sociedad a organizarse pacíficamente cuando considera que determinados principios constitucionales están siendo vulnerados. La democracia no se debilita por el disenso; se debilita cuando el disenso deja de ser posible.

En Colombia, el Estado Social de Derecho fue concebido precisamente para impedir la concentración arbitraria del poder. Los mecanismos de participación, la libertad de expresión, el derecho de reunión y la protesta pacífica constituyen herramientas legítimas mediante las cuales la ciudadanía puede expresar su inconformidad dentro del marco constitucional.

La desobediencia civil forma parte de esa tradición democrática cuando conserva su carácter público, pacífico, proporcional y orientado a la protección de valores superiores.

El debate suscitado por las declaraciones de Iván Cepeda Castro trasciende coyunturas electorales. Plantea preguntas de fondo sobre la defensa de la soberanía, la autonomía institucional, la supremacía de la Constitución y el papel de la ciudadanía en la preservación del Estado democrático.

Independientemente de las posiciones políticas, toda democracia madura debe ser capaz de discutir estas cuestiones con serenidad, argumentos y apego al derecho.

La democracia no consiste únicamente en votar cada cierto número de años. También exige una ciudadanía vigilante, crítica y comprometida con la defensa permanente del orden constitucional. Cuando las instituciones funcionan correctamente, son ellas las llamadas a resolver las controversias. Cuando la ciudadanía considera que existen riesgos para los principios fundamentales del Estado, la movilización pacífica y la deliberación pública continúan siendo expresiones legítimas de la participación democrática.

En definitiva, la desobediencia civil constituye uno de los últimos recursos éticos de una sociedad libre. No pretende reemplazar la Constitución, sino reivindicar su vigencia; no busca destruir la democracia, sino impedir que se aparte de los principios que le dan legitimidad. En esa medida, cualquier convocatoria a la desobediencia civil solo encuentra justificación dentro de los parámetros de la no violencia, el respeto por la dignidad humana y la defensa del Estado constitucional de derecho.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).