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LA VITRINA DE LA CONVERSA
domingo, enero 25, 2026
La Izquierda como antídoto contra la estupidización del capitalismo
Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-
La izquierda colombiana debe entender que no caben alianzas con operadores políticos oportunistas y camaleónicos, el avance electoral debe ser hacia una sociedad ética. Lo contrario; es más de lo mismo, con los mismos
Vivimos en una época de paradojas letales. Mientras la
humanidad alcanza niveles de conocimiento tecnológico sin precedentes,
asistimos a un proceso acelerado y paulatino de estupidización social,
donde la banalidad, el pensamiento inmediatista y la renuncia al sentido
crítico se normalizan como nueva cotidianidad. Como lo plantea Inger Enkvist
(2006); el estúpido (tristemente en mayorías) actúa como un agresor social, al
usar palabras sin atender su sentido, rechazar las razones ajenas, ignorar la
realidad e imponer un “terrorismo intelectual” basado en lo irrelevante, la
auto celebración constante y el elogio de la vulgaridad.
Esta patología social no es accidental; es el caldo de
cultivo perfecto para un capitalismo mutante que ha transitado de la
explotación industrial clásica a una nueva y más peligrosa fase: el Tecno
Feudalismo (Yanis Varoufakis, 2024). Un modelo en el que una
oligarquía minúscula, no solo acumula riqueza material, sino que, mediante
plataformas digitales, algoritmos y financiarización extrema, secuestra la
capacidad laboral, intelectual y creativa de la humanidad, al tiempo que
depreda los bienes comunes naturales, mientras impone un modelo de sociedad en el
que se naturaliza la violencia estructural, económica y simbólica como único
lenguaje posible para resolver conflictos y además se promueven, como únicos
objetivos vitales; el consumo compulsivo, la satisfacción de instintos
primarios y un individualismo feroz que rompe todo lazo solidario.
Frente a esta crisis civilizatoria, las respuestas políticas
disponibles parecen insuficientes o cómplices. El Progresismo, tal
como lo observa Pablo Heller (2023), ha mostrado entre muchos de sus
impulsadores y militantes, una tendencia profunda a la adaptación al régimen
capitalista, evidenciando una orientación predominantemente electoralista y “democratera”,
que solo busca, mediante el ejercicio electoral caudillista, acomodarse dentro
del orden vigente para medrar y conseguir escaños, a menudo mediante alianzas
con las mismas fuerzas de derecha que dice combatir.
Esta izquierda diluida, autodenominada como Progresista ha
aprendido las formas y objetivos de sus adversarios de derecha, vaciándose de
todo horizonte transformador, echando mano, para aparentar diferencia, de los
discursos, e incluso, de las plataformas de movimientos político-culturales al
margen de los partidos, que han logrado politizar cruciales agendas sociales (étnicas,
ecológicas, de género, decoloniales, etc.) al introducir nuevos significados de
ciudadanía en contextos como el colombiano; sobre todo el de las grandes
ciudades en donde los avances emancipatorios en el imaginario social son
escasos. A este respecto, Lilian Celiberti (2016) constata con amargura que la
reproducción de lógicas corruptas, incluso en gobiernos progresistas,
demuestran que la bandera de la democracia liberal, hoy, es con frecuencia un
acto de hipocresía que oculta un vacío de proyecto.
Por ello, es urgente abandonar los eufemismos y la llamada corrección
política que solo sirven para ocultar lo que debe ser reivindicado con claridad
y orgullo: el socialismo como la única alternativa política,
económica y ética integral capaz de enfrentar esta decadencia. No un
socialismo de caricatura o de estado burocrático, sino uno releído desde la
urgencia del siglo XXI. Un socialismo que entienda que la estupidización social
no es un defecto intelectual, sino un fracaso moral que surge cuando el poder
corrompe, liberando al individuo de la necesidad de pensar críticamente, tal como
lo sugiere la teoría de la estupidez de Dietrich Bonhoeffer. Esta izquierda,
salida del closet, debe asumir que contra el mal no basta la inteligencia
discursiva, sino una acción ética decidida que enfrente la
irracionalidad organizada del sistema, precisamente allí, en lo que el
capitalismo tecno feudal busca erosionar.
El desafío, entonces, no es ganar elecciones para
“administrar lo existente”, si no la disputa por la creación de nuevas
institucionalidades desde abajo, desde la raíz y, como plantea Isabel
Rauber (2024); reformular el Estado y la comunidad. Se trata de un proyecto de
nueva civilización cuyo eje sea la defensa de la vida en todas sus dimensiones:
en la relación sociedad-naturaleza, en los modos de producción, en las
relaciones sociales despatriarcalizadas y descolonizadas, en la salud integral
y en una educación basada en valores éticos solidarios. Esto implica recuperar
y radicalizar la lucha estratégica por una transformación social profunda, una
revolución social que, en términos de Heller; ponga fin a la dictadura del
capital.
El socialismo, por tanto, debe dejar de ser un fantasma que
se esconde tras el término “Progresista”. Debe emerger como una
opción real de poder: un proyecto que ofrezca un horizonte político, económico,
administrativo y cultural en el que se prioricen la ética y la coherencia entre
el discurso y la acción, una propuesta en la que se sustituya el individualismo
depredador por la organización comunitaria y que defienda la propiedad social
de los recursos, la tecnología y los medios de producción. Debe avanzar en su
consolidación como única alternativa política que plantea, de raíz, la
superación de la lógica del beneficio privado como motor de la historia a costa
de la miseria y la muerte de millones de seres humanos.
La izquierda colombiana tiene la tarea de construir ese
camino, sin complejos, con la claridad de que, en esta disyuntiva histórica, no
hay neutralidad ni acomodo posible, tampoco caben las alianzas de conveniencia
con operadores políticos oportunistas y camaleónicos, el avance electoral, debe
ser el avance hacia una sociedad ética y humanista. Lo contrario; es más de lo
mismo, con los mismos.
Fuentes consultadas para la elaboración de estas reflexiones:
Inger
Enkvist. (2006). Sobre la estupidez y los estúpidos. En: https://www.nuevarevista.net/sobre-la-estupidez-y-los-estupidos/
Isabel
Rauber (2024). Izquierda Teoría y praxis. En: https://www.clacso.org/wp-content/uploads/2024/06/V1_Izquierda-teoria-y-praxis_N8.pdf
Lilian
Celiberti. (2016). Rescatar la esperanza. Más allá del neoliberalismo y el
progresismo. En: https://www.ocmal.org/wp-content/uploads/2017/05/RescatarEsperanza_web.pdf
Pablo
Heller. (2023). La lucha por el socialismo en el siglo XXI. En: https://revistaedm.com/edm/60/la-lucha-por-el-socialismo-en-el-siglo-xxi/
Yanis
Varoufakis. (2024). Tecnofeudalismo. El sigiloso sucesor del Capitalismo.
Editorial Deusto.
