Por: Carlos Julio Medina Triana
¿Debería premiarse con la sede del mundial de fútbol a un gobierno con políticas hostiles hacia sus vecinos y aliados?
Vivimos en una era marcada por conflictos derivados de la disputa por recursos finitos y mercados globales. Lo que vemos hoy: el enfrentamiento entre Occidente y Oriente en suelo ucraniano es solo la antesala de tensiones mayores, tales como el control de Taiwán o el dominio del Medio Oriente a través de la alianza estratégica entre Estados Unidos e Israel. A esto se suma la persistente presión sobre los recursos de América Latina y la insólita aspiración expansionista sobre territorios como Groenlandia.
Este panorama ha deteriorado las
relaciones exteriores de Washington, generando fricciones no solo con potencias
europeas como Francia y Dinamarca, sino también con aliados históricos y
naciones de África y Asia. En nuestra región, las provocaciones hacia países
como México, Canadá, Brasil, Cuba y las amenazas directas contra Venezuela y
Colombia subrayan una diplomacia de confrontación.
Bajo este clima de inestabilidad
nos encontramos a las puertas de una Copa del Mundo con sede compartida entre
Canadá, México y un Estados Unidos fracturado internamente. El país anfitrión
enfrenta una lucha interna contra políticas xenófobas, racistas y una visión
imperialista que parece priorizar el poder y el dinero por encima de la
estabilidad global.
Para poder
intentar alguna respuesta, primero debemos considerar que, por ejemplo, EE. UU.
es una nación pluriétnica que alberga ciudadanos de todo el mundo; un conflicto
externo podría trasladarse a las gradas. En ese orden de ideas ¿Debería
premiarse con la sede a un gobierno con políticas hostiles hacia sus vecinos y
aliados?
De acuerdo con las anteriores
consideraciones y dada la volatilidad actual, ¿podría el panorama mejorar de
aquí al 11 de junio o estamos ante un riesgo inminente?
Personalmente, considero que lo
más sensato sería aplazar el evento o buscar sedes alternativas. De las
actuales potencias globales y de liderazgos marcados por la ambición, poco
podemos esperar que beneficie al espíritu de hermandad que supuestamente promueve
el fútbol.
Antes de hablar de resultados
deportivos o apuestas, es imperativo cuestionarnos: ¿Es prudente celebrar un
Mundial en condiciones tan alteradas?
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derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a
nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las
reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

