LA VITRINA DE LA CONVERSA

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martes, junio 16, 2026

La democracia frente al espejo *

 

Por: Jhon Jaiver Flórez G.

Este 21 de junio, cuando el ruido se apague, aparecerá Colombia. No la del carnaval, de los transformistas Therian; sino la real: la del agua, la tierra, los jóvenes sin oportunidad y las víctimas sin justicia. Esa Colombia silenciosa y decente será la que decida 

Las dos vueltas de la elección presidencial en Colombia se disputan en universos distintos. Son, en esencia, dos países que votan movidos por emociones diferentes, motivaciones opuestas y concepciones morales que apenas llegan a encontrarse. Comprender esta diferencia no es un detalle técnico ni una curiosidad electoral: es la clave para entender lo que verdaderamente está en juego el 21 de junio. Porque hay momentos en la vida democrática de una nación en los que la segunda vuelta deja de ser una simple etapa del calendario electoral y se convierte en el escenario donde se define el rumbo histórico del país.

La primera vuelta es un carnaval a la colombiana: exuberante, caótico y profundamente revelador. Desfilan candidatos de todos los colores, carrozas cargadas de promesas y comparsas repletas de consignas. En medio del ruido suelen emerger propuestas serias, ideas capaces de dialogar con los problemas reales del país. En esta ocasión, las más elaboradas provinieron de la izquierda y del centro: programas con diagnóstico, con vocación de futuro. Del otro lado —donde la extrema derecha insiste en conversar con los fantasmas del pasado— el desgaste pareció haber agotado incluso la capacidad de imaginar algo nuevo. No llegaron con ideas; llegaron con reflejos. Y con los reflejos, como advertía Erich Fromm, rara vez se construye algo distinto al miedo.

Paloma Valencia gritaba con fervor casi religioso: «¡Uribe es mi papá!», como si la filiación política hubiera ascendido a la categoría de sacramento y el uribismo fuera una iglesia secular cuyo dogma consiste en añorar un pasado donde el orden justifica abastardar la democracia. En otro extremo surgió el candidato del «balín», que condensó en una sola palabra toda su concepción del Estado. Incluso él experimentó un destello de lucidez cuando afirmó que «Abelardo es una persona demasiado oculta y oscura». Pocas veces una crítica resulta tan demoledora precisamente porque proviene de quienes mejor conocen los corredores y los silencios de la misma casa.

Lejos de los límites del decoro —allá donde la prudencia fue despedida y la vergüenza abandonó su puesto sin dejar reemplazo— se levantaba el gran pabellón ambulante, el circo de Abelardo De la Espriella. Ni siquiera pareció una candidatura: fue una atracción de feria. Un maniquí de político ensamblado con piezas incompatibles: un extremista que promete destripar la oposición, un predicador apocalíptico, un gladiador de utilería y un vendedor de soluciones instantáneas. Como si la política hubiera sido absorbida por un programa de entretenimiento producido por los algoritmos de la indignación.

Cada aparición pública pareció diseñada por un comité integrado por la ira y las métricas de interacción en redes. Nada se orientó a convencer; todo apuntó a impactar. No ofreció argumentos: disparó proyectiles verbales. No construyó propuestas: fabricó enemigos. Simplificó la realidad hasta convertirla en una historieta donde todos los problemas nacionales se resuelven mediante castigos ejemplares y demostraciones de fuerza reaccionaria. Sus discursos fueron subastas de estridencias donde siempre ganó la exageración. La política dejó de ser deliberación para convertirse en una disciplina de alto riesgo emocional.

Pero el verdadero problema nunca ha sido el personaje. La historia está llena de fanfarrones, caudillos de opereta y profetas del resentimiento. Lo verdaderamente inquietante es la multitud que los sigue. Ningún charlatán de feria se fabrica solo: necesita una sociedad seducida por respuestas simples, dispuesta a confundir la grosería con autenticidad y el grito con la verdad. Por eso la pregunta decisiva no es quién es Abelardo De la Espriella. Es qué devela sobre nosotros el hecho de que un vulgar mata gatos haya llegado tan lejos.

Pero detrás del espectáculo, el carnaval ocultaba algo más grave. Algo que Colombia ya ha visto antes, y que pagó con sangre y con décadas de violencia.

A pocos días de la segunda vuelta, Iván Cepeda anunció que presentó ante la Fiscalía General de la Nación y la Corte Penal Internacional una denuncia penal contra De la Espriella por tres delitos asociados con crímenes de lesa humanidad: concierto para delinquir, financiación del terrorismo y enriquecimiento ilícito, en el marco de presuntos vínculos con las Autodefensas Unidas de Colombia. La denuncia señala que la Fundación Iniciativas para la Paz —FIPAS—, dirigida por De la Espriella, habría sido simultáneamente financiada por las AUC y financiadora de las mismas. Salvatore Mancuso declaró ante la Jurisdicción Especial para la Paz sobre esa relación. El propio De la Espriella, lejos de desmentir el vínculo, ha expresado públicamente su admiración por Mancuso, afirmando que el jefe paramilitar emprendió "una lucha que muchos cordobeses tenían que haber hecho." La denuncia vincula además a De la Espriella con los alias Ernesto Báez, Juancho Dique, Comandante Barbie y El Tuso Sierra.

El patrón no es nuevo. En los años ochenta, los narcotraficantes autodenominados Los Extraditables creyeron que la política podía ser un escudo. Pablo Escobar llegó al Congreso; Carlos Lehder fundó un movimiento político. Calcularon que la legitimidad institucional los blindaría de la justicia. Se equivocaron: al buscar tribunas, se expusieron al escrutinio que sus crímenes no resistían, polarizaron a la sociedad y aceleraron su propia destrucción. La lección es precisa: el crimen organizado que aspira al poder político no fortalece su posición, la fragiliza. Porque el poder democrático requiere transparencia, rendición de cuentas y soportar el escrutinio de la prensa y la ciudadanía. La política, cuando funciona, es el peor refugio para quienes tienen un inframundo que ocultar. La campaña de Abelardo no ha podido refutar los señalamientos con evidencia, solo con la fórmula habitual: el grito, la descalificación y la invocación de persecución política. El mismo argumento que utilizaron Los Extraditables cuando la justicia comenzó a cercarlos.

El 31 de mayo, Cepeda y De la Espriella pasaron a segunda vuelta. Colombia se encontró, una vez más, ante una encrucijada que no admite indiferencia. El triunfo de Abelardo demostró que su estrategia fue eficaz: el outsider furioso, el hombre que promete romperlo todo. Pero aquella misma noche el éxito comenzó a convertirse en su propio verdugo. La embriaguez del triunfo emergió sin filtros en la diatriba pronunciada sobre el río Magdalena: una sucesión de insultos y amenazas que no fue un discurso sino una radiografía de su carácter violento. Incluso muchos de sus simpatizantes sintieron vergüenza ajena. Porque De la Espriella encarna un fenómeno bien conocido en la sociología electoral: el candidato del voto vergonzante, aquel que se apoya en privado, pero pocos exhiben con orgullo en público.

Aquí aparece la lección más importante de toda elección de dos vueltas. En la primera, los ciudadanos votan por: por una esperanza, una propuesta, una visión de futuro. En la segunda, votan contra. Contra aquello que consideran una amenaza. Contra aquello que juzgan incompatible con el país que desean construir. Es una transformación política, filosófica y emocional: el elector deja de preguntarse quién lo representa mejor y comienza a preguntarse qué escenario considera más peligroso para la sociedad. Por eso las segundas vueltas suelen ser menos románticas y más racionales. Hannah Arendt advirtió que las amenazas para las democracias no siempre llegan con apariencia monstruosa; a veces se presentan como fenómenos perfectamente ordinarios. Su peligro radica precisamente en la normalización.

En estos días previos al 21 de junio continuarán las investigaciones, las denuncias, los prontuarios y los debates. El carnaval intentará prolongarse. Pero llegará el momento en que el ruido se apague. Y entonces aparecerá Colombia.

La Colombia real: la de los páramos que abastecen de agua a millones, la de las selvas que regulan el clima, la de los campesinos que producen alimentos, la de los jóvenes que buscan oportunidades, la de las víctimas que aún esperan justicia, la de las generaciones futuras que heredarán las consecuencias de lo que se decida ahora.

El problema de fondo nunca ha sido una candidatura: es una cultura política. Vivimos una época en que demasiadas sociedades confunden el espectáculo con el liderazgo, la provocación con el carácter y la capacidad de viralizar emociones con la capacidad de gobernar. Colombia no es ajena a esa enfermedad global. Por eso el 21 de junio trasciende a dos candidatos: ese día cada ciudadano responderá una pregunta más profunda que cualquier consigna de campaña. Las naciones no se definen solo por quienes las gobiernan, sino también por aquello que sus ciudadanos están dispuestos a admitir, tolerar o rechazar.

El carnaval termina. Las carrozas desaparecen. Las comparsas se silencian. Los vendedores de milagros desmontan sus tarimas. Los prestidigitadores del miedo recogen sus artefactos. Y entonces queda lo único que importa: Colombia. Frente a ella no estará Abelardo, ni Cepeda, ni los partidos, ni los estrategas. Estará cada ciudadano frente a su conciencia.

Porque las democracias no mueren cuando aparecen los demagogos —los demagogos han existido siempre—. Las democracias comienzan a morir cuando una sociedad deja de identificarlos. Y esta es mucho más que una elección presidencial: es la verdadera prueba que Colombia deberá superar.

* La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

jueves, junio 11, 2026

¿Qué mundo queremos construir? Francisco, León XIV y la elección que enfrenta Colombia

 


Por: Jhon Jaiver Flórez G.

 La elección presidencial en Colombia enfrenta dos concepciones del ser humano y dos maneras distintas de comprender el futuro y la responsabilidad final no recaerá sobre los candidatos, sino sobre quienes tengan en sus manos la decisión de elegir entre ellos.

Hay preguntas que trascienden las instituciones desde las cuales son formuladas. Una de ellas es, quizás, la más decisiva para cualquier época: ¿Qué mundo estamos construyendo y para quién? La han planteado filósofos, poetas, teólogos y revolucionarios. También los papas. Francisco la formuló desde la crisis ecológica, la desigualdad social y la necesidad de una fraternidad universal capaz de superar la lógica de la exclusión. León XIV la ha reformulado en clave tecnológica: ¿Qué ocurre con la dignidad humana cuando el poder se concentra en algoritmos sin conciencia y en corporaciones capaces de influir sobre millones de vidas sin control democrático efectivo?

Son dos pontificados distintos, pero una misma preocupación atraviesa ambos: la defensa de la persona humana frente a estructuras de poder que tienden a subordinar la vida, la dignidad y el bien común a intereses económicos, políticos o tecnológicos. Desde esa perspectiva surge una pregunta inevitable para Colombia en vísperas de una elección presidencial decisiva: ¿Cuál de los dos proyectos políticos que disputan el poder, el de Iván Cepeda o el de Abelardo De la Espriella, guarda una mayor correspondencia con los principios expuestos por Francisco y León XIV?

La respuesta no exige complejas interpretaciones teológicas. Basta examinar los programas de gobierno y, sobre todo, las trayectorias de quienes los encarnan. En política, los programas expresan propósitos; las conductas revelan convicciones.

Durante su pontificado, Francisco construyó un cuerpo doctrinal de notable coherencia ética y social. Laudato si' (2015) introdujo el concepto de ecología integral, una visión según la cual la crisis ambiental y la crisis social son inseparables. La degradación de la naturaleza afecta primero a los más pobres, y por ello la defensa del medio ambiente constituye también una defensa de la justicia. La encíclica cuestiona abiertamente los modelos de desarrollo sustentados en la explotación ilimitada de los recursos naturales y en la subordinación de la vida a la rentabilidad económica.

Cinco años más tarde, Fratelli tutti amplió esa reflexión hacia el ámbito político. Francisco defendió la fraternidad universal y la amistad social como fundamentos de una convivencia verdaderamente humana. Criticó el nacionalismo excluyente, el individualismo extremo y la construcción sistemática de enemigos como estrategia política. Su referencia central, la parábola del buen samaritano, recuerda que la dignidad humana no depende de fronteras, ideologías o identidades colectivas, sino de la condición compartida de ser personas.

León XIV ha retomado esa tradición desde los desafíos del siglo XXI. En Magnifica Humanitas, publicada en 2026, advierte que la humanidad enfrenta una transformación comparable a la que provocó la Revolución Industrial. Sin rechazar la tecnología, sostiene que esta debe permanecer subordinada a criterios éticos claros. La inteligencia artificial, afirma, puede convertirse en una herramienta extraordinaria para el progreso humano o en un mecanismo de dominación capaz de concentrar poder, debilitar derechos y reducir a las personas a simples datos procesables.

La pregunta fundamental del nuevo pontífice es sencilla y profunda: ¿sirve el desarrollo tecnológico al florecimiento humano o contribuye a su degradación? En realidad, se trata de la misma pregunta que Francisco formuló respecto del medio ambiente, la economía y la política. En ambos casos, el criterio es idéntico: la persona debe estar por encima del poder.

Visto desde esta perspectiva, el programa de Iván Cepeda presenta múltiples puntos de convergencia con las preocupaciones centrales de ambos pontificados. Su propuesta política se estructura alrededor de la lucha contra la desigualdad, la ampliación de derechos sociales, la transición energética, la construcción de paz y el fortalecimiento de la participación ciudadana.

En materia ambiental, plantea la protección de los ecosistemas estratégicos, el fortalecimiento de la gestión pública del agua y una transición progresiva hacia fuentes energéticas sostenibles. Además, rechaza el fracking como mecanismo de explotación energética. Estas propuestas guardan una relación directa con los postulados de Laudato si', particularmente con la idea de que la naturaleza constituye una casa común cuya preservación es inseparable de la justicia social.

Su propuesta de paz también encuentra coincidencias evidentes con el pensamiento de Francisco. Cepeda defiende una concepción de seguridad humana orientada a intervenir las causas estructurales de la violencia: pobreza, exclusión, concentración de la tierra y ausencia de oportunidades. Se trata de una visión que privilegia la reconciliación y la transformación de los conflictos antes que su tratamiento exclusivamente militar. Fratelli tutti sostiene precisamente que la paz duradera no puede construirse mediante la acumulación de fuerza, sino mediante la creación de condiciones de justicia que hagan innecesaria la violencia.

A ello se suma una trayectoria pública vinculada a la defensa de los derechos humanos, la memoria histórica y el reconocimiento de las víctimas del conflicto armado. Más allá de las diferencias que puedan existir respecto de algunos aspectos de su propuesta, resulta difícil negar que existe una correspondencia significativa entre esos principios y la preocupación de ambos papas por la dignidad humana, la inclusión social y la protección de los sectores más vulnerables.

El contraste con el programa de Abelardo De la Espriella resulta igualmente revelador. Su propuesta política se construye alrededor de la seguridad, el fortalecimiento de la autoridad estatal, la reducción del Estado y la liberalización económica. Sin embargo, varias de sus principales iniciativas entran en tensión con los principios desarrollados por Francisco y León XIV.

La más evidente es la defensa del fracking como eje de la política energética. Mientras Laudato si' llama a replantear los modelos extractivos que comprometen el equilibrio ecológico, la propuesta de expandir este tipo de explotación supone profundizar una lógica basada en la extracción intensiva de recursos naturales. La diferencia no es menor: expresa dos formas radicalmente distintas de comprender la relación entre economía, territorio y vida.

En materia de seguridad, la propuesta denominada Pax Romana privilegia el control coercitivo, la expansión del aparato penitenciario y la eliminación de cualquier posibilidad de negociación con actores armados. Aunque toda sociedad tiene derecho a exigir seguridad y protección frente al crimen, el enfoque contrasta con la visión desarrollada por Francisco y reafirmada por León XIV, según la cual la paz auténtica requiere intervenir las causas profundas de la violencia y no únicamente sus manifestaciones.

La distancia también se observa en el ámbito económico. El programa propone una reducción sustancial del Estado, la eliminación de varios ministerios, entidades públicas y una amplia flexibilización regulatoria. El problema no reside únicamente en la discusión técnica sobre la eficiencia estatal, sino en una cuestión ética más profunda: ¿Qué ocurre con quienes dependen de la educación pública, de los sistemas de salud, de los programas de protección social y de las políticas redistributivas? Tanto Francisco como León XIV han insistido en que el mercado, por sí solo, no garantiza la protección de la dignidad humana ni la inclusión de quienes quedan al margen de los procesos económicos.

La diferencia fundamental entre ambos proyectos no radica únicamente en sus medidas concretas. Reside en la idea de ser humano que subyace a cada uno de ellos. Mientras uno enfatiza la solidaridad, la protección de los bienes comunes, la inclusión social y la construcción colectiva de soluciones, el otro privilegia el autoritarismo, la competencia económica y la confianza en mecanismos de mercado para resolver problemas complejos.

La elección, por tanto, trasciende las simpatías partidistas. Lo que está en juego es una determinada concepción del desarrollo, de la democracia y de la dignidad humana. Francisco y León XIV no escribieron sus encíclicas para intervenir en elecciones nacionales ni para respaldar candidatos específicos. Su preocupación es más profunda: advertir sobre los riesgos de una civilización que termina subordinando las personas al dinero, al poder o a la tecnología.

Al concluir Magnifica Humanitas, León XIV recurrió a una imagen que sintetiza el dilema de nuestro tiempo: la humanidad puede elegir entre construir una nueva Torre de Babel, fundada en la concentración del poder y la autosuficiencia tecnológica, o edificar una sociedad donde el progreso esté al servicio de las personas.

La pregunta es esencialmente la misma que Francisco formuló en Fratelli tutti: ¿Qué mundo queremos dejar a quienes vienen después?

El 21 de junio se responderá esa pregunta no mediante tratados filosóficos ni debates teológicos, sino con millones de votos. Cada ciudadano decidirá qué valores considera prioritarios, qué modelo de sociedad desea fortalecer y qué entiende por desarrollo, justicia y dignidad.

En ese sentido, la elección no enfrenta únicamente a dos candidatos. Enfrenta dos concepciones del ser humano y dos maneras distintas de comprender el futuro. Y, como suele ocurrir en los momentos decisivos de la historia, la responsabilidad final no recaerá sobre los candidatos, sino sobre quienes tengan en sus manos la decisión de elegir entre ellos.

La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

 

 

jueves, junio 04, 2026

¡La ignorancia vota!

En la imagen: Germán Navas Talero / Jurisconsulto - excongresista colombiano
Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

 Da tristeza que este país haya votado en la forma en que lo hizo 

Cuando uno mira los resultados electorales de este domingo y ve que el pueblo colombiano vota porque sí, porque le ofrecen algo, porque le dan plata, o porque le dan tejas, y nadie vota por ideales, se llena de tristeza.

Y vimos por noticieros la cantidad de gente a la que han capturado entregando plata; gente que llevaba tranquilamente100, 200, y hasta 300 millones en el bolsillo, ¿qué piensa uno? Cuando uno mira que hay un candidato que representa a los ricos y otro candidato que representa al pueblo, y la gente -ese pueblo- vota por el que representa a los ricos, piensa muchas cosas sobre el origen y el destino de esos dineros.

Es triste, muy triste, de verdad. Colombia da tristeza. Cuando uno ve que, existiendo gente de las calidades del doctor Iván Cepeda, y la gente prefiere votar por ese pelagatos o matagatos, lo único que queda es una profunda vergüenza. ¡Es que tenían más opciones! Pero votar por la persona de quien se ha dicho todo lo que se ha dicho -sin que sean calumnias-, demostrando lo que ha hecho, a la gente a quien defendió, a la gente a quien le tumbó sus dólares, a la gente a quien engañó so pretexto de ser abogado, eso no tienen justificación alguna.

En un país medio decente no ocurre esto. Claro que nosotros hoy nos estamos pareciendo mucho a los Estados Unidos. Donald Trump tiene 34 condenas encima por picardías y delitos, y por él votaron muchos gringos. Aquí les muestran todo lo que ha hecho el tal De La Espriella, como precisamente lo ha denunciado el periodista Gonzalo Guillén, a propósito de los negocios que ha llevado a este individuo, pero eso parece que los tiene sin cuidado. Para esa gente vale más el concepto de cualquier chiflamicas que el de una persona íntegra y seria, como Guillén, o como el del mismo Daniel Coronell, quien ha probado y publicado los oscuros nexos del matagatos con el también delincuente Alex Saab.

Entonces, cuando uno mira el resultado electoral y luego los informes de las capturas de la gente que lleva millones y millones en efectivo, se pregunta: ¿será que los van a llevar como propinas por comprar paletas? ¿serán que son para entrar al cine? Es que ve uno, por noticias, a un tipo en una moto con 300 millones en un maletín, ¿será que los lleva para comprar pan de yucas? No nos crean pendejos, ¡todo eso es para comprar votos!

Y ahí en televisión nos mostraron a muchas personas que estaban recibiendo dinerito. Ahí las mostraron. Pero este es el país que nos tocó. ¿Hasta cuándo tendremos que soportar un país sin principios? Un país donde la gente no le gusta nada más que el dinero, porque no le gusta nada más. Y, a parte de eso, el dinero fácil, que es peor. Eso es el colmo. En cualquier país decente no se vota por un sujeto con todos los antecedentes que la gente conoce del señor De La Espriella. Habría que ver cuántos miles de millones se repartieron este domingo entre los electores para obtener esos millones de votos que tuvo el pelagatos.

Colombianos, a uno comienza a darle tristeza este país. Este país no quiere mejorar. Este país quiere de lo mismo que le han dado durante 200 años, los mismos que han manejado el país a base de trapisondas, lo seguirán manejando, mientras los colombianos sigan votando por gentes como ese pelagatos.

Ahora, esperemos a ver qué más dice la gente esta semana. Qué opinarán de esto. Qué propuestas habrá. Lo que sí es cierto es que habrá una segunda vuelta y, lógicamente, personas como yo, votaremos por Iván Cepeda. Porque creemos en Iván Cepeda. Porque sabemos qué clase de persona es él. Sabemos que es un hombre honrado, que ha sido víctima de la violencia. A su padre lo asesinaron las extremas derechas, muy seguramente algunos de esas mismas derechas que el domingo pasado votaron por el tal De La Espriella; porque a Manuel Cepeda lo asesinaron simplemente por pensar, por pensar diferente a los mafiosos que han manejado por décadas este platanal.

Pero eso es lo que parece que le gusta a este país. Les gusta la gente de gatillo fácil; gente de chanchullos, de peculados. ¡Eso es lo que les gusta! No entiendo cómo una persona de antecedentes limpios, como el doctor Iván Cepeda, deba disputarse algo con un tipejo tan bajo como el tal Abelardo. Conozco al doctor Iván Cepeda, conocí a su señor padre y a su señora madre. Sé de la clase de familia decente de la cual proviene. Sé cómo fue víctima de la violencia, cómo ha sido perseguido y cómo ha sido maltratado.

Este es el momento para darle la posibilidad a Iván de que nos demuestre qué es lo que sabe hacer. Él sabe de economía, sabe filosofía. ¡Es un hombre de paz! Pero parece que a los colombianos no les gustan la paz. Eso lo vivimos hace un tiempo, cuando pusieron a este país a votar o por la paz o por más guerra, e inexplicablemente y contra todos los pronósticos, ganó la guerra.

Los que están votando por el señor De La Espriella están votando por la guerra, por la trampa, por los chanchullos, por la mafia, por la corrupción, y por todo lo negativo que hoy nos ofrece este caballerito, este matagatos, este dandi de pueblo venido a más.

Un tipo que se jacta de haber hecho ‘despegar’ gaticos con voladores atados a sus patitas no es nada más que un criminal; un sádico; un matón. Y 10 millones de colombianos votaron por eso. Votaron por alguien que se entretiene maltratando, matando, violando derechos. Eso es por lo que votaron.

Coletilla por Deisdre Constanza. Resulta difícil comprender la contradicción de un país como Colombia, donde millones de personas que viven las consecuencias de la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades terminan respaldando un proyecto político favoreciendo a las élites económicas. Llama la atención que quienes más necesitan educación, empleo digno, salud y protección social voten por propuestas que poco responden a esas necesidades. Y si ese el proyecto de La Espriella llega al poder, también está en juego la riqueza natural de Colombia. Nuestra biodiversidad, una de las más grandes del planeta, podría quedar sometida a intereses económicos que privilegian la explotación sobre la conservación. Los pobres perderían oportunidades, y el país arriesgaría un patrimonio natural que pertenece a las generaciones presentes y futuras. La coherencia también es una forma de votar. Porque cuando se vota contra los propios intereses, no solo se compromete el bienestar de quienes menos tienen. Se compromete también el futuro de una nación. Que cada uno vote en libertad, pero también con memoria y conciencia.

Adenda del editor: Mucha gente ha criticado la posición de Gustavo Petro por atreverse a denunciar las oscuridades y vacíos del mecanismo electoral del país. En las anteriores elecciones al Congreso, se advirtió que el preconteo no era del todo confiable, y fue hasta la conclusión del proceso que se logró develar un sinnúmero de irregularidades que, al ser descubiertas, otorgaron más curules a quienes misteriosamente se las habían ‘bajado’. El domingo, una vez más, Petro cuestionó el sistema, y advirtió irregularidades con más de 800.000 registros. Amanecerá y veremos. La verdad, es que no es mucha la confianza que se le puede brindar al elector cuando los vigilantes del proceso electoral son la Procuraduría y la Registraduría. Eso lo único que produce son carcajadas.




miércoles, junio 03, 2026

La aritmética de la esperanza *

 

Por: Jhon Jaiver Flórez G.

Por qué Iván Cepeda tiene las mejores posibilidades de ganar la segunda vuelta

Colombia votó el 31 de mayo. Y los números que dejó esa jornada no son simple estadística electoral. Son el retrato más preciso y descarnado de un país dividido, de dos proyectos de nación que se miran a los ojos y que el 21 de junio deberán dirimir, en las urnas, cuál de los dos tendrá el derecho de gobernar durante los próximos cuatro años.

Veamos primero la fotografía completa. De los más de 41 millones de colombianos habilitados para votar, 23.976.235 acudieron a las urnas, una participación del 57,88%: la más alta desde que existe la figura de la primera vuelta presidencial. Ese dato, por sí solo, merece una pausa. Colombia, históricamente resignada y apática, acudió a votar de manera masiva. Algo estaba en juego y millones de ciudadanos lo percibieron.

La aritmética como punto de partida

Abelardo de la Espriella obtuvo 10.361.413 votos (43,74%). Iván Cepeda alcanzó 9.688.245 (40,90%). La diferencia entre ambos fue de 673.168 votos, una cifra que parece amplia hasta que se pone en perspectiva frente al caudal electoral que permanece disponible para la segunda vuelta.

Paloma Valencia obtuvo 1.639.668 votos. Sergio Fajardo, 1.009.045. Los votos en blanco sumaron 406.830 y los no marcados, 47.586. El resto de candidatos —Claudia López, Raúl Botero, Óscar Lizcano y otros— acumuló aproximadamente 800.000 sufragios adicionales.

La suma de ese universo disponible supera los 3,9 millones de votos. Es decir, hay casi seis veces la diferencia registrada en la primera vuelta flotando en el espacio político y esperando definir su destino el próximo 21 de junio.

La pregunta decisiva no es cuántos votos hay disponibles. La pregunta es hacia dónde fluirán. Y para responderla hay que abandonar la aritmética y entrar en la sociología, la psicología política y la lógica más profunda del momento histórico que vive Colombia.

El techo de la ultraderecha y el piso del centro

Comencemos por lo que los datos permiten inferir con mayor claridad. Paloma Valencia, una de las candidaturas del uribismo, obtuvo el 6,92 % de la votación. Para el partido fundado por Uribe, se trata de un resultado claramente decepcionante.

La conclusión que surge es políticamente reveladora: el electorado tradicional del Centro Democrático no respaldó a Paloma Valencia y terminó apoyando a De la Espriella, la otra candidatura del uribismo. Lo que evidencia que la mayoría uribista se concentró desde la primera vuelta en la opción que percibía como más competitiva dentro de ese sector.

Esto significa que De la Espriella ya habría capturado, en primera vuelta, el electorado uribista, además de sectores del tradicionalismo político de las regiones y sus maquinarias corruptas. Su votación de 10,3 millones podría representar una base cercana a su potencial máximo de crecimiento. Para ampliarla necesitaría atraer votantes del centro. Y es precisamente allí donde aparecen sus mayores dificultades.

En este punto entra en juego lo que la ciencia política denomina identidad negativa: la capacidad de un candidato para cohesionar a sus adversarios no por sus propias virtudes, sino por el rechazo que genera. De la Espriella ha construido su campaña sobre la estridencia, el lenguaje soez de su retórica que moviliza a su base, pero que también genera resistencia irreconciliable en sectores moderados.

El centro se mueve hacia Cepeda

Las señales provenientes del centro político son significativas. Claudia López ha declarado que no apoyará a De la Espriella. Sergio Fajardo ha manifestado su disposición a participar activamente en la definición de la segunda vuelta, lo que, en el lenguaje político colombiano, indica que buscará influir en la orientación de sus votantes. Roy Barreras y Daniel Oviedo han emitido mensajes que apuntan en una dirección similar.

Oviedo, aunque proviene de sectores vinculados al Centro Democrático, ha sostenido posiciones de centro y libertades individuales que lo acercan más a posturas moderadas que a los sectores más conservadores representados por De la Espriella.

El millón de votos obtenido por Fajardo corresponde, en gran medida, a un electorado urbano, educado, que valora la institucionalidad, rechaza la corrupción y suele desconfiar tanto de los autoritarismos de derecha como de los populismos de cualquier signo. Ese segmento electoral es proclive a encontrar razones éticas y pragmáticas para inclinarse hacia la candidatura del Pacto Histórico.

Por su parte, los 406.830 votos en blanco no representan una simple indiferencia. Constituyen una expresión política de inconformidad frente a las opciones disponibles. Sin embargo, en una segunda vuelta la pregunta cambia: ya no es "¿cuál me convence?", sino "¿cuál me genera menos rechazo?" o, más profundamente, "¿cuál representa un menor riesgo para el país que considero deseable?". Desde esa lógica, una parte de ese electorado podría reconsiderar su posición.

De la Espriella promete: un programa de demolición

La mejor campaña que podría hacer Iván Cepeda en estas próximas tres semanas es, paradójicamente, permitir que De la Espriella exponga con claridad sus propuestas. Porque lo que el candidato de “Defensores de la Patria” ha anunciado como programa de gobierno constituye, en términos de impacto social, una de las plataformas más regresivas presentadas en la historia reciente del país.

Anuncia “setenta” decretos para el primer día de gobierno. El número ya constituye una demostración de concentración del poder. Su contenido resulta aún más polémico.

Entre las propuestas anunciadas figuran la eliminación de los procesos de paz y de la JEP; la derogatoria de medidas asociadas al salario vital; la reversión de incrementos salariales otorgados durante el actual gobierno; la revisión de los avances alcanzados en materia de reforma agraria; y la eliminación de programas de apoyo pensional para adultos mayores…

Cada una de esas iniciativas tendría efectos concretos sobre millones de ciudadanos. Sus defensores las consideran correcciones necesarias; sus detractores las interpretan como retrocesos en materia de derechos sociales. En cualquier caso, se trata de medidas que tendrían profundas consecuencias económicas, jurídicas y sociales.

La psicología del votante y la lógica del cambio de conciencia

Marx formuló una tesis que buena parte de la sociología contemporánea ha estudiado extensamente: no es la conciencia la que determina el ser social, sino el ser social el que condiciona la conciencia.

Traducido al lenguaje electoral, esto significa que cuando las condiciones materiales de vida cambian, también cambian las percepciones políticas de las personas.

Durante cuatro años de gobierno progresista, millones de colombianos experimentaron transformaciones concretas. Campesinos que recibieron títulos de propiedad. Adultos mayores que comenzaron a recibir apoyos económicos. Jóvenes que accedieron a la educación superior pública. Familias rurales que vieron llegar servicios que antes no existían. Comunidades que percibieron reducciones en los niveles de violencia.

Esas experiencias no son simples discursos. Son hechos que se incorporan a la memoria de las personas. Y la posibilidad de perderlas activa un fenómeno ampliamente estudiado por la psicología social: la aversión a la pérdida. Los seres humanos suelen reaccionar con mayor intensidad ante la posibilidad de perder un beneficio existente que ante la expectativa de obtener uno nuevo.

Lo que Cepeda debe hacer en estas tres semanas

La ventaja estructural que algunos analistas identifican en el universo de votos disponibles no se convierte automáticamente en victoria. La política no funciona como la física. Los votos no se desplazan por gravedad hacia donde indican los cálculos. Deben ser convocados, persuadidos y movilizados.

La campaña del Pacto Histórico enfrenta tres tareas fundamentales. La primera: comunicar con claridad los resultados concretos obtenidos durante el gobierno del Cambio, traducidos en experiencias reales y comprensibles para la ciudadanía. La segunda: explicar con precisión cuáles serían las consecuencias de las propuestas planteadas por su adversario. Y la tercera: tender puentes hacia los votantes de Fajardo, Claudia, el voto en blanco y el abstencionista, reconociendo sus preocupaciones legítimas sin renunciar a la narrativa del cambio.

Claudia López ha pedido correcciones a la campaña de Cepeda. Interpretado desde una perspectiva estratégica, ese mensaje puede verse más como una oportunidad de diálogo que como una amenaza política. La inteligencia política consiste en escuchar esas señales y responder con hechos.

El espejo de la historia y la razón del bien colectivo

Colombia tiene una larga tradición de frustraciones históricas. Gaitán fue asesinado antes de llegar al poder. La Unión Patriótica fue exterminada. El proceso de paz del Caguán terminó fracasando. En 2016, el plebiscito sobre los acuerdos de paz fue derrotado en medio de una intensa controversia pública sobre la información difundida durante la campaña.

Pero la historia también muestra otro patrón: cuando amplios sectores de la ciudadanía han logrado mirar críticamente su realidad y actuar desde la reflexión más que desde el miedo, el país ha abierto nuevos caminos políticos.

En 2022 ocurrió uno de esos momentos. El 21 de junio será una nueva prueba sobre la dirección que los ciudadanos desean para el país.

La candidatura de Iván Cepeda, como cualquier otra, no está exenta de críticas, limitaciones o contradicciones. Sin embargo, para sus partidarios representa la continuidad de un proyecto que comenzó a intervenir algunas de las causas estructurales de la desigualdad colombiana. Representa la posibilidad de consolidar reformas ya iniciadas y de profundizar transformaciones sociales que consideran necesarias.

La aritmética, la sociología y la psicología política ofrecen argumentos que sus simpatizantes consideran favorables para sus posibilidades electorales. Lo que resta por determinar es si esas condiciones potenciales se traducirán efectivamente en votos el próximo 21 de junio.

Porque, al final, ningún análisis sustituye la decisión ciudadana. Serán millones de colombianos quienes determinen, una vez más, cuál consideran que debe ser el rumbo del país y qué futuro desean construir para las próximas generaciones.

 

* La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

miércoles, mayo 27, 2026

La conciencia llega a las urnas *

 

Por: Jhon Jaiver Flórez G.

La conciencia, cuando despierta, no pide permiso. Solo necesita una oportunidad. Y las oportunidades históricas, como los pueblos que se atreven a cambiar, no aparecen dos veces con facilidad.

Colombia llega a la elección presidencial como llegan los pueblos cuando sospechan que la historia puede cambiar: cansada, polarizada, confundida, pero peligrosamente despierta.

Durante generaciones le enseñaron al país que la pobreza era una falla moral, que la desigualdad era consecuencia natural del talento y que los privilegios heredados eran poco menos que una prueba visible de bendición divina. Enseñaron que protestar era vergonzoso o peligroso, que pensar demasiado podía resultar subversivo y que cualquier intento serio de redistribuir dignidad debía ser tratado como una amenaza comunista capaz de destruir la civilización occidental, la familia tradicional y, probablemente, hasta las arepas del desayuno.

Y lo impresionante es que funcionó.

Pocas máquinas ideológicas han sido tan eficaces como la colombiana. Durante décadas convirtió la resignación en virtud, la obediencia en prudencia y el miedo en identidad nacional. El país aprendió a desconfiar del vecino pobre que protesta, pero jamás del político que lleva décadas robándose el presupuesto. Aprendió a temerle más al estudiante que marcha que al empresario que financia el crimen.

Y en medio de ese proceso surgió una de las construcciones más sofisticadas del capitalismo moderno: el pobre de derecha.

Parece una contradicción absurda, casi una ironía sociológica. Pero en realidad es una de las victorias ideológicas más profundas y duraderas del capitalismo contemporáneo. El sociólogo brasileño Jessé Souza explica por qué amplios sectores populares terminan defendiendo precisamente el sistema que los mantiene atrapados en la precariedad. Y la respuesta resulta inquietante por su sencillez: la explicación no está solamente en la economía. Está, sobre todo, en la conciencia.

Al pobre de derecha no solo le arrebataron recursos materiales. Le despojaron algo mucho más importante: la conciencia de clase. Le enseñaron a no verse como trabajador, aunque a diario venda su fuerza de trabajo. A no asumirse como asalariado, aunque dependa de un sueldo para sobrevivir. A no reconocerse como explotado, aunque viva endeudado, precarizado y permanentemente al borde del colapso económico. Él se auto percibe como un millonario temporalmente atrapado en la pobreza. Como buen siervo con ambiciones, le prometieron que algún día llegará a la cima, siempre y cuando jamás cuestione la existencia de esa cima.

Ahí reside el núcleo del problema. Los dueños del sistema no necesitan que el oprimido defienda activamente su opresión: basta con convencerlo de que su enemigo no es quien concentra el poder y la riqueza, sino otro pobre igual que él. El que protesta. El que reclama derechos. El sindicalista. El estudiante. El campesino organizado. El que piensa distinto.

Entonces repite frases prefabricadas como si fueran verdades reveladas: "el pobre es pobre porque quiere", "todo es cuestión de esfuerzo", "reclamar dignidad es resentimiento social". Guiones diseñados con esmero por quienes sí poseen capital, poder mediático y capacidad de heredar privilegios.

Pierre Bourdieu sostenía que el poder más eficaz no es el que se impone por la fuerza, sino aquel que consigue que los dominados perciban su propia dominación como algo natural. Colombia perfeccionó esa pedagogía del sometimiento con una disciplina histórica. Aquí, el campesino desplazado aprendió a agradecer las migajas del mismo sistema que le arrebató la tierra; el trabajador precarizado, a repetir discursos sobre meritocracia mientras sobrevive con salarios incapaces de garantizar dignidad.

Entretanto, ciertos conglomerados empresariales descubrieron una forma singularmente patriótica de amar al país: evadir impuestos mientras pronuncian conferencias sobre responsabilidad social en auditorios climatizados.

El modelo económico del miedo.

Y mientras tanto, Colombia sangraba. Sangraba en las montañas, en las comunas y en las periferias donde la guerra dejó de ser noticia porque se convirtió en paisaje cotidiano. Guerrillas, paramilitares, narcotraficantes y sectores corruptos del Estado construyeron una economía del miedo extraordinariamente rentable. La guerra desplazó campesinos para expandir latifundios. Justificó presupuestos infinitos. Enriqueció contratistas, políticos regionales y empresarios que aprendieron a convertir el caos en oportunidad financiera.

Naomi Klein llamó a eso "capitalismo del desastre": sociedades traumatizadas que terminan aceptando estructuras profundamente injustas porque sobreviven demasiado cansadas para rebelarse. Colombia se cansó de los muertos. Se cansó de las masacres convertidas en estadísticas. Se cansó de escuchar que el futuro siempre llegaría después, en otro gobierno, en otra generación.

Entonces empezó a ocurrir algo inesperado: millones de ciudadanos comenzaron a sospechar que el problema no era únicamente quién administraba el país, sino el país mismo que había sido administrado durante doscientos años bajo los mismos parámetros, con los mismos beneficiarios y las mismas víctimas.

Y ahí apareció la fractura histórica que hoy divide a Colombia. Dos países distintos respirando dentro del mismo territorio.

El primero ya lo conocemos demasiado bien. Es el país donde el apellido pesa más que el talento. Donde la tierra sigue concentrada como en tiempos coloniales. Donde las élites hablan de libertad mientras financian ejércitos privados para proteger privilegios heredados. Ese país todavía existe: se sienta en ciertos directorios empresariales y en clubes sociales donde la palabra "pueblo" se pronuncia con el mismo tono con que se menciona una plaga agrícola. Sobrevive en políticos que llaman "resentimiento social" al simple hecho de que millones de personas quieran vivir con dignidad. Es un país viejo. No por la edad de sus instituciones, sino por el agotamiento moral de sus ideas.

Pero existe otro país. Uno todavía incompleto, contradictorio y frágil. El país de los jóvenes que entienden que el progreso no consiste en producir más millonarios sino en producir más ciudadanos con derechos. El de las mujeres que ya no están dispuestas a pedir permiso para existir políticamente. El de los campesinos que reclaman la tierra sin pagar con su sangre el derecho a cultivarla. El de las comunidades indígenas y afrodescendientes que, desde hace siglos, sostienen con su cultura, su memoria y su trabajo buena parte de la nación, mientras luchan todavía contra el racismo estructural y el olvido impuesto desde el poder.

Ese otro país que inició en 2022 no representó solamente una alternancia electoral. Fue, sobre todo, una fractura simbólica. Por primera vez en la historia contemporánea de Colombia, un proyecto político progresista llegó al gobierno nacional cuestionando abiertamente las bases del modelo neoliberal que había administrado el país durante décadas.

Pese al déficit fiscal, al cerco institucional, a la oposición mediática permanente y a los bloqueos legislativos, ese gobierno empezó a tocar intereses estructurales: distribuir tierra entre campesinos históricamente despojados, disputar el modelo mercantil de la salud, garantizar ingresos mínimos para adultos mayores excluidos del sistema y reabrir conversaciones de paz en una sociedad que aprendió a convivir con la guerra hasta volverla rutina.

Karl Marx escribió una frase que sigue incomodando a quienes prefieren creer que la desigualdad es fenómeno natural: "No es la conciencia del hombre lo que determina su ser social. Es su ser social lo que determina su conciencia." No basta pedirle a la gente que piense distinto mientras continúe viviendo bajo las mismas condiciones materiales de exclusión y precariedad. No es cambiar primero la mentalidad para transformar el mundo. Es transformar el mundo para que cambie la mentalidad.

Cuando el campesino recibe tierra, su relación con el Estado cambia. Cuando el joven accede a la universidad pública, su percepción sobre lo posible cambia. Cuando el adulto mayor recibe una ayuda económica que antes no existía, su confianza en que el país también es suyo cambia. Ocurre algo más poderoso que una reforma administrativa. Ocurre una transformación cultural. La conciencia social empieza a moverse.

Y eso, exactamente eso, produce terror en las viejas estructuras de poder.

Porque cada vez que Colombia se aproxima a la posibilidad de transformarse, los guardianes del orden tradicional desempolvan su repertorio favorito: el miedo al caos, el fantasma del comunismo, el colapso económico inminente y esa curiosa teoría según la cual los pobres deben seguir siendo pobres para garantizar la estabilidad democrática. Y reclutan, con eficacia probada, al pobre de derecha para que defienda en las calles y en las urnas el sistema que lo mantiene donde está.

Resulta conmovedor observar a ciertos multimillonarios defender la libertad con lágrimas en los ojos justo cuando alguien propone cobrarles impuestos. La sátira en Colombia tiene una dificultad enorme: competir con la realidad.

El 31 de mayo no será solamente una elección. Dado el escenario político actual y las mediciones que apuntan a una definición en primera vuelta, será algo más urgente y más profundo: una radiografía moral del país. Será la medida de hasta dónde ha llegado ese proceso lento, imperfecto e irreversible de recuperación de la conciencia de clase. Será la respuesta a una pregunta que lleva décadas flotando sobre Colombia: ¿Cuántos colombianos han logrado distinguir entre sus enemigos reales y los enemigos que les fabricaron para que no miraran hacia arriba?

Colombia tendrá que decidir entre dos maneras radicalmente distintas de entender la vida colectiva: entre el país que convirtió la desigualdad en costumbre y el país que empieza a creer que la dignidad no debería ser un privilegio. Entre la paz y la guerra. Entre el argumento y el insulto. Entre el miedo administrado y la esperanza razonada.

*La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).


martes, mayo 26, 2026

“Hay que volver a ser liberales”, dice Samper *

En la imagen: Germán Navas Talero / Jurisconsulto - Excongresista

Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

Cepeda tiene buenas intenciones, es un hombre sensato, es un hombre que no lo hemos visto nunca fallarle a la opinión pública.

Gran manifestación se vio el pasado viernes en Bogotá con motivo del cierre de campaña de Iván Cepeda. Impresionante cómo la Plaza de Bolívar estaba llena de tope a tope. Era casi imposible acceder a la tribuna. Allí había gente de todos los estratos y se podía percibir gran fervor por nuestro candidato, a quien felicito y le reitero mi respaldo.

Entre esa inmensa cantidad de personas me encontré al expresidente Ernesto Samper Pizano, quien aprovechó para mofarse de este columnista. Como siempre, él, una persona muy lúcida, hizo una intervención no muy larga, pero sí muy precisa. En ella, lanzó una crítica de lo que están haciendo los directivos de la colectividad con el partido Liberal. Una radiografía de lo que allí está ocurriendo.

Sostuvo allí el expresidente Samper que “hay que volver a ser liberales, pero liberales de verdad”. Eso fue, ni más ni menos, un vainazo para los gaviristas, porque ahí él dio a entender que hay personas que han desvirtuado la razón de ser del partido Liberal. Por lo menos así lo entendí yo; y aun cuando no soy liberal, sí tengo que decir que lo que César Gaviria ha hecho es tirarse ese partido. En eso coincido plenamente con el doctor Samper. Y si Samper no lo dijo así, así lo entendí yo.

En ese cierre había toda clase de gente, y obviamente no faltaron los lagartos de siempre: esos que van a pelechar, esos que solo van a ver qué encuentran y qué lagartean; porque esos no son políticos practicantes, son solo oportunistas.

Ahí también vi a una delegación del partido Verde, -aun cuando sabemos que los menos izquierdistas de este país son ellos-, puesto que vimos lo que hicieron en este gobierno y en todos los demás. Donde usted vea a un verde es porque está buscando chamba. Eso es lo que nos vienen demostrando gobierno tras gobierno. De hecho, ahí hablaron como tres verdes de esos.

Me pregunté entonces… ¿Será que estos se van a quedar verdes toda la vida, o algún día van a madurar políticamente? Porque, si ustedes se fijan, los verdes brincan. Ellos parecen unas ranitas –verdes, además- que se la pasan brincando de un partido a otro. Ejemplo de ello una reconocida señora de esas, que, por brincar tanto, miren hoy dónde está. Y así son la mayoría.

Ahí en la plaza estaban los amayas, los dos verdes: uno, que es gobernador, y el otro senador, o algo así. Ojalá esos verdes no se le metan al gobierno de Iván Cepeda, porque Cepeda tiene buenas intenciones, es un hombre sensato, es un hombre que no lo hemos visto nunca fallarle a la opinión pública. Los que hemos trabajado con Iván sabemos qué valores tiene este futuro presidente de la República.

Pero cuando uno ve tanto verde metido ahí, se sorprende. Los verdes son buenos cuando están escondidos entre el pasto, como las ranas verdes, las que el pasto no las deja ver. Espero que nuestro partido, que es el de nuestro candidato Iván Cepeda, no se nos vaya a verdear, sino que sigamos en la izquierda, donde hemos estado siempre, y donde vamos a seguir. Porque, en el caso de quien esto escribe, ha sido siempre de izquierda, y no se va a cambiar ni por un puesto ni por lo que sea.

De cualquier forma, fue muy buena la concentración del viernes. Mis reconocimientos y mi apoyo sin condiciones ni ambición alguna.

-Cambiando de tema, como dicen los chismosos- Los gringos siguen tratando de meterse en todas partes. Por ahí escuché recientemente a un pizco de esos diciendo que si gana la izquierda en Colombia ellos no van a reconocer ese triunfo. ¿Cuándo estos gringos dejarán de hacer daño? Esos gringos no hacen sino armar problema en todas partes. Ya estarán viendo a quién le mandan una nueva bomba atómica, porque eso es lo que ellos saben hacer: ocasionar tragedias como la que ocasionaron en Hiroshima y Nagasaki, y toda clase de genocidios en el mundo.

En estos días tuve la oportunidad de salir de Colombia, y fui a un proyecto de país -negado quizás en primer debate-. Estuve en su capital, Paramaribo, y tuve oportunidad de ver lo que es la China, lo que es el Japón, y lo que es aquel pronorteamericano y, definitivamente, me sorprendieron los chinos. Ellos son realmente admirables. Póngalos a hacer lo que ustedes quieran y lo hacen. El japonés, póngalo a organizar cosas, y lo organiza. Por el contrario, hay otras culturas, como la gringa, que lo único que parecen pensar es cómo quebrar bancos y hacer el mal a alguien. La peor desgracia de Colombia es estar cerca de los Estados Unidos. Entre más lejos estamos de ellos, mejor vamos a estar en un futuro. Por lo menos así pensamos los que queremos que Colombia sea un país libre. Que no sea un títere más del imperialismo norteamericano.

Muy triste, por ejemplo, lo que ha pasado con Venezuela. Ese país se volvió un botín de los gringos. Ya uno no sabe quién gobierna allá, si gobierna el señor Trampas o si gobierna la tal Delcy Rodríguez, porque a ese país lo desbarataron. Los gringos acabaron con ese país; acabaron con su economía. Pobre Venezuela, se le están robando su petróleo, sus riquezas y todo. ¿Qué otros males querrán hacer los gringos ahora? ¿A qué país pensarán invadir? ¿A quién pensarán bombardear? ¿A qué región mandarán ahora sus bombitas, esas que tienen por ahí guardadas?

Es curioso escuchar las declaraciones de Trampas y las del presidente de Irán. ¡Son tan distintas! Trump dice una cosa hoy, mañana otra y pasado mañana termina haciendo otra muy distinta. Amenaza todos los días y, en realidad, no hace un carajo. Ya ni siquiera se puede mantener de pie. Son tantas las estupideces que dice y que no le caben en la cabeza que quizás su cuerpo ya no la soporta. En cambio, mira uno al gobernante de Irán, y qué precisión cuando habla. Qué concreción cuando va a hacer cargos, y la manera como tiene a su país. Es que lo ha sacado adelante. Lo ha repuesto de todas las vagabunderías que los gringos han querido hacerle, porque a ese país los gringos sí que le han hecho toda clase de males: Le han impuesto sanciones absurdas y todo lo que ustedes quieran imaginar. Todo se lo han hecho a ese país, y ahí está. Es un país firme. Y después de que el Trampas dijo que los había acabado, resulta que en tres meses se repusieron de todos los daños que dijo Donald Trump que les había hecho. Repusieron sus misiles, repusieron todo, y hoy están a la vanguardia en esa parte del mundo.

Esos son países que hay que admirar. A los gringos sí que nos los envuelvan, los empaquen, y se queden todos por allá arriba. Y por favor, señores, cuando se refieran a los gringos no digan que son americanos, porque ustedes aquí en Colombia también son americanos; ellos serán norteamericanos, más no son los dueños de América. Porque da risa cuando escucha que le dicen a uno de esos “un americano”. Resulta que yo soy americano y seguramente quien me está leyendo en estos momentos también es americano. Ellos son norteamericanos, precisémoslo siempre, porque no vamos a permitir regalarles nuestra cuota de América a esos gringos.

Olvidaba decirles que, de mi encuentro con el expresidente Samper Pizano quedó una fotografía, la cual quise incluir. Fotografía que nos tomamos con él y con Deisdre Constanza, nuestra coletillera. El expresidente Ernesto Samper ha tenido la gentileza de ser colaborador ocasional de esta columna y asiduo lector. Este viernes nos acogió con la simpatía de siempre, pues nos tomó el pelo un rato, y de ese encuentro quedó esta fotografía, la cual da cuenta de las buenas relaciones que hay entre el doctor Samper y este servidor.


Coletilla por Deisdre Constanza. Acompañamos el cierre de campaña de Iván Cepeda junto al expresidente Ernesto Samper, un encuentro cargado de reflexión, memoria política y compromiso con el futuro de Colombia. Fue un espacio para hablar de justicia social, democracia, paz y de la necesidad de seguir construyendo un país más digno para todos. Además, fue muy valioso ver reunidas diferentes corrientes políticas y ciudadanos con distintas visiones, unidos por el deseo de sacar adelante al país y defender la esperanza colectiva. Escuchar distintas voces reafirma que Colombia necesita líderes con trayectoria, sensibilidad social y valentía para defender a la gente. Hoy más que nunca creemos que Iván Cepeda representa esperanza del cambio y transformación. Invitamos a todos los ciudadanos a salir a votar, participar y respaldar con fuerza al mejor candidato para Colombia. “Iván Cepeda Presidente”. Porque este proyecto no excluye a nadie, aquí cabemos todos los que soñamos con una Colombia más humana, justa, unida, solidaria y llena de oportunidades. Y como dice Edson Velandia en su canción El Amanecer.  “A quienes han sentido el dolor de la guerra y la desigualdad, y a quienes luchan porque Colombia tenga un nuevo amanecer.”

¡Hasta la próxima!

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

viernes, mayo 22, 2026

Nos han declarado la guerra, están atacando con todo… ¿ganarán? *

Imagen de Hernán Riaño / Periodista - Dir. SoNoticias

Por: Hernán Riaño 

¿Los dejaremos ganar o por el contrario seguiremos en la senda de recuperar los derechos arrebatados a sangre y fuego por Uribe y su corte? El 31 de mayo sabremos la respuesta.

En Colombia ha habido muchas guerras no declaradas en las que la oligarquía ha puesto a pelear al pueblo contra el pueblo para que nadie le pudiera disputar el poder y seguir con el desfalco del erario. Durante todo el siglo XX, la estrategia fue acabar con todo tipo de protesta social: recordemos la huelga de las bananeras en 1.928 y especialmente el intento de aniquilamiento de los liberales liderados por el partido conservador, primero con el ejército colombiano y luego con paramilitares llamados chulavitas y pájaros que impusieron el poder de Laureano Gómez a sangre y fuego y con un “novedoso” sistema de asesinato con humillación incluida: el corte de franela, que consistió en que después de asesinado, le abrían la garganta y le sacaban la lengua poniéndosela de corbata. Suena muy escabroso, pero eso pasó, demostrando hasta dónde estaban dispuestos de llegar y la capacidad de manipulación de la ultraderecha para que los estúpidos que los siguen lleguen a las bajas y sórdidas formas de tratar a sus semejantes. Desde esa época, su táctica ha sido imponerse a los ciudadanos a sangre y fuego y además con humillación y alevosía

Después se crearon las guerrillas, que dizque querían cambiar el Estado y reivindicar al pueblo; pero no lograron ni lo uno ni lo otro y sí se convirtieron en un arma para que los colombianos pobres se siguieran matando entre sí, los campesinos contra los soldados, ambos pertenecientes al pueblo y solo salieron beneficiadas las ultraderechas, ya que con esa excusa crearon sus ejércitos privados: los paramilitares, conocidos como las AUC y otras distinciones, para seguir en esa eterna guerra en la que los únicos muertos fueron los pobres. Además, con la excusa de las insurgencias, Uribe logró el poder, acabando de paso con nuestro Estado de derecho, robándose la riqueza de Colombia y junto con sus socios nos convirtieron en un narco país, empobreciendo hasta el límite a los colombianos y de paso imponiendo la guerra como si fuera una política de estado.  

Es tan cierto el fervor que le tienen a la guerra que convencieron a los colombianos de votar en contra de un referendo por la paz, volvieron trizas el acuerdo con las FARC, llevan casi cuatro años atacando por todos los flancos al señor presidente Gustavo Petro por su política de “paz total”, y esa bandera de seguir en una confrontación eterna que solo los beneficia a ellos se ha convertido en parte esencial de la presente campaña electoral. En compañía de sus socios, unos grupos armados que no son insurgentes, a pesar de que ellos lo pregonen, sino narco-paramilitares que obedecen a sus amos ultraderechistas empezaron una violencia inusitada contra civiles de algunas regiones para demostrar que la paz no es lo que debe imperar en el país. ¡Insólito!, pero hay colombianos que les creen, les acolitan y hacen parte efectiva de ese absurdo postulado.

Hoy hay una declaración de guerra abierta en contra de los colombianos reflejada en Gustavo Petro e Iván Cepeda. Contra el primero porque quieren quitarle la favorabilidad y popularidad que se ha ganado entre los ciudadanos más pobres y contra el segundo para evitar que el proyecto progresista tenga un segundo periodo presidencial.

Para ello han desplegado toda su creatividad con el fin de lograr sus objetivos, desde los ataques por parte de líderes y candidatos de la extrema derecha, pasando por las mentiras, injurias, calumnias y falsedades que se inventan a diario los medios de comunicación corporativos con unos periodistas que debieran ser más bien voceros de los partidos de esas ideologías; complots con intentos de atentados tanto contra Petro como a Cepeda; atentados y asesinatos de falsa bandera, o sea, los cometen ellos para culpar al progresismo; fraudes electorales (muy “normales” en nuestra democracia); compra de votos, clientelismo político y otras formas muy autóctonas de imponerse por la fuerza o con mañas para seguir oprimiendo a la sociedad colombiana.

Lo que se ha conocido en las últimas semanas de inducir al pueblo a salir a votar “emberracados”, con miedo, odio o desconfianza es una técnica usada en el pasado con el referendo por la paz, con lo que se manipuló a unos colombianos para que votaran “no” al referendo. Hoy, ese método llega renovado de la mano de Jaime Bermúdez, uribista pura sangre. Programaron y han realizado unas capacitaciones, que han llegado a 7 millones quinientos mil colombianos, según Bermúdez, para influenciarlos para que salgan a votar en contra del progresismo, por supuestamente representar unos riesgos para el país y con el lema de no votar ni por Abelardo ni por Cepeda en una clara intención de manipulación electoral en favor de la candidata de Uribe (1).  La Silla vacía ha negado su participación, a pesar de las denuncias de señal investigativa de haber sido parte activa como contratista (2). Además forzando a trabajadores de empresas pertenecientes a empresarios de las derechas y afiliados a los gremios opositores, para que sean jurados de votación en una clara intención de influir electoralmente.

También se conoció la injerencia de Daniel Noboa, presidente de Ecuador, en tratar de influir en las elecciones con varias acciones: subiendo aranceles a Colombia (3) después de una visita de la extrema derecha colombiana a ese país (4), calumniando a Gustavo Petro y después rebajar aranceles por “pedido” de la candidata ultraderechista Paloma valencia (5).

Con el avance de la tecnología aparecieron nuevas formas de ataques de la derecha al gobierno y candidato del cambio. Se conocieron unos audios revelados por Canal Red+ del español Pablo Iglesias en el que se revela un plan de Trump, aliado con su indultado, el narcotraficante condenado expresidente Juan Orlando Hernández, para “armar” noticias y expedientes falsos en contra de Colombia y México desde una oficina en Estados Unidos (6). Honduras fue víctima de un fraude electoral patrocinado por la ultraderecha y el narcotráfico de ese país en diciembre con la participación de una empresa de manejo de elecciones colombiana del grupo Thomas Greg & Sons, la misma que tiene a su cargo la misma misión en las próximas elecciones de Colombia el 31 de mayo (7). 

El ataque directo al candidato Iván Cepeda, por parte de los medios de comunicación corporativos, está a la orden del día. Cada mañana salen con mentiras, calumnias, exageraciones de todo tipo, lo más reciente, muy grave, es la difusión de un audio de un comandante guerrillero en el que obligaba a votar por Cepeda. De este bulo hicieron eco todos los medios corporativos, candidatos y líderes de la extrema derecha. Pues resultó falso, el mismo día lo desmintieron las autoridades militares, revelando que quien hizo esas llamadas fue un interno de la cárcel Picaleña en el Tolima, que extorsionaba a incautos usando esas mentiras (8). También lo han acusado de que como ha tenido una enfermedad grave, entonces puede fallecer en el ejercicio de sus funciones y por ello no debería ser candidato (9). Los medios corporativos no han rectificado y mucho menos presentado disculpas al candidato.

Todo esto y mucho más, que no reseño por falta de espacio, han tenido que soportar tanto Petro como Cepeda. Esta campaña nace de la popularidad que tiene el candidato del progresismo y su favoritismo para ganar en la primera vuelta. Atacan con toda suerte de falsedades al gobierno del cambio tratando de demeritar sus realizaciones, y más grave aún, apoderándose de esos logros para endilgárselas a las derechas. No atacan las propuestas de Cepeda porque son muy consistentes y son la profundización de lo realizado hasta ahora, solo se remiten a inventar infundios y a hacer entrampamientos contra la vida y honra del candidato.

Lo único claro es que ya Colombia entendió quién está a favor de los intereses del pueblo y quién con los de la oligarquía narco-paramilitar que solo pretende volver al gobierno para apoderarse del erario y regresar al pasado en el que la miseria, la ignorancia y el hambre eran la cotidianidad de sus gentes. En eventual regreso de esas fuerzas oscuras, predicen un baño de sangre y hambre en nuestra patria, como se conoció en el pasado reciente, pero con el ingrediente de una venganza anunciada por los candidatos y voceros de esas campañas. No en vano hemos visto en los últimos días ataques a ciudadanos que hacen campaña por Cepeda, apedrean vehículos, amenazan con matar, matar y matar.

¿Los dejaremos ganar o por el contrario seguiremos en la senda de recuperar los derechos arrebatados a sangre y fuego por Uribe y su corte? El 31 de mayo sabremos la respuesta.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

  1. https://www.rtvcnoticias.com/justicia/investigacion/revelan-plan-jupiter-estrategia-para-influir-en-elecciones-presidenciales-en https://www.youtube.com/watch?v=UhXP7TJtyak https://revistaraya.com/elmer-montana/1595-el-proyecto-jupiter-un-concierto-para-delinquir.html https://www.youtube.com/watch?v=UhXP7TJtyak&t=62s https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/es-falso-que-la-silla-vacia-haga-parte-del-proyecto-jupiter/
  2. https://www.youtube.com/watch?v=uXrrqSj81A8&t=63s
  3. https://elpais.com/america-colombia/2026-04-09/ecuador-sube-al-100-los-aranceles-a-colombia-y-profundiza-la-guerra-comercial.htmlhttps://www.instagram.com/reel/DX-PbxvOoWK/?utm_source=ig_web_copy_link&igsh=NTc4MTIwNjQ2YQ==
  4. https://x.com/Mamertos0/status/2044773699291615376?s=20 https://www.infobae.com/colombia/2026/04/14/gustavo-bolivar-senala-coincidencias-entre-visitas-de-uribe-a-ecuador-y-decisiones-sobre-aranceles-a-colombia/
  5. https://www.facebook.com/reel/933116023047531
  6. https://www.diario-red.com/articulo/editorial/hondurasgate-publica-banco-completo-audios-filtrados-analisis-forense/20260504060000068823.html
  7. https://revistaraya.com/las-cuatro-empresas-privadas-que-controlaran-las-elecciones-presidenciales-del-31-de-mayo.html
  8. https://x.com/RTVCnoticias/status/2055804581162995874?s=20
  9. https://x.com/i/status/2056385537146064985