
En la imagen: Germán Navas T. / Jurisconsulto - excongresista colombiano
Por: Germán Navas Talero
Editor: Francisco Cristancho R.
Al usurpador parece que los trabajadores le huelen a pecueca. Él prefiere el olor perfumado del patrono, el del gerente
Volvemos a un tema que hace muy poco tocamos: los cretinos; con la precisión, una vez más, de que cretino no es el que nace en Creta, cuyo gentilicio sería cretense. Me referiré aquí al verdadero cretino, a aquel que está muy cerca del idiota -pero no de El idiota, de Dostoyevski-, sino a ese idiota que han clasificado como “débil mental” quienes estudian la psiquiatría.
Tanto el diccionario como Google contienen varias definiciones sobre cretino, incluso desde el punto de vista glandular, al advertir que sufren de cretinismo aquellos que su glándula tiroides no funciona como debería; sin embargo, para mí, el verdadero cretinismo -o el verdadero cretino- es aquel que hace honor a la estupidez o la estulticia. Ejemplo claro de ello es aquel que se dejó convencer y terminó votando por el payaso que hoy funge como presidente de Colombia.
¡Es que estaban advertidos! Desde diferentes escenarios se les advirtió la clase de individuo que era este peligroso payaso; cómo era su verdadera forma de pensar, quiénes eran sus amistades, quiénes lo rodeaban y apoyaban. Todo el mundo sabía de dónde venía; cómo, a través de estafar a estafadores y beneficiar a mafiosos, logró amasar su fortuna. ¿Y entonces por qué votaron por él?: ¡Por cretinos!
Una persona que sepa leer y escribir no votaría nunca por un sujeto de las características de aquel mata-gatos. De un ignorante podemos esperar cualquier cosa, incluso que vote por él; precisamente por eso, porque es ignorante, porque desconoce algo, porque no tuvo acceso a la educación. Entonces al ignorante se le perdona, porque su ignorancia le impide ir más allá de la punta de su nariz, pero aquel que sabe leer y escribir, aquel que ya ha trabajado, que ha desempeñado un cargo público, a él no se le puede perdonar su cretinismo.
Quien votó por el usurpador fue porque le gustó lo que él ha hecho en su vida; los amigos que él tiene; los negocios sucios que hacía; sus estrafalarias pintas, su grotesco vocabulario, y su muy cuestionable comportamiento. Le gustó incluso su maquillaje, sus implantes, y el convencimiento que tiene de que eso es lo que le gusta a la gente, y parece que sí, porque por ese payaso fue por el que votaron. Y si votaron por él… ¡Que se lo aguanten!
Pero hay muchos, muchos, que en su trampa cayeron, estos sí por ignorantes. Por ejemplo, los vigilantes; esas personas que se dedican a la celaduría o al cuidado de diferentes propiedades. He tenido oportunidad de hablar con algunos de ellos y debo decir que están energúmenos con su presidente. Yo les advierto que su furia debería ser contra ellos mismos, porque fueron finalmente los que lo ayudaron a elegir; incluso, hubo una asociación de vigilantes que le dio todo el apoyo. Pues resulta que una de las primeras medidas que hace este usurpador es la de quietarles el reconocimiento de horas extras que el presidente Gustavo Petro había conseguido a través de la reforma laboral. Todas las cosas buenas que el anterior gobierno consiguió se les olvidaron.
¡Pues ahora, sóbense! Todo lo que se logró en el anterior gobierno no les gustó porque era algo bueno para el trabajador, pero resulta que lo que les gusta es apoyar lo que sea bueno para el poderoso, lo que beneficia a oligarca; eso es lo que le gusta al usurpador. A él no le gusta el pueblo, a él el pueblo le gusta para exprimirlo, para espicharlo, para “destriparlo”, como él dice, con la sabiduría que tiene el patán, cuando afirmaba que iba a “destripar a todos los de la izquierda”. Entonces, lamentablemente, si votaron por él y son víctimas de eso -como en el caso de los vigilantes-, allá ustedes.
Vi una entrevista que le hicieron en estos días al doctor Antonio Sanguino, ex ministro de Trabajo, en la que mostraba, entre otras, todas las garantías que se le habían dado al trabajador a través de ese ministerio, y cómo todas se las venía a quitar el usurpador. Citó como cuatro casos, entre esos, lo correspondiente a las horas extras. Cuando a usted, elector de animal -por lo de tigre-, le vengan a quitar sus horas extras, no se queje. Esas se las van a quitar por pendejo. Porque usted estaba advertido y se le dijo, y se le repitió. El corroncho, siendo candidato, anunció que no quería horas extras, que no reconocería dominicales… todo eso lo dijo, y muy claro. Y en eso sí que está cumpliendo.
¿Y quién se beneficia con este tipo de medidas?, obviamente no es el trabajador. Al usurpador parece que los trabajadores le huelen a pecueca. Él prefiere el olor perfumado del patrono, el del gerente; entonces, trabajadores, entiendan de una vez por todas que cretino no es el que nació en Creta, sino cretino son ustedes, quienes terminaron clavándose el cuchillo.
Decían aquí en alguna época… “a quejarse al mono de la pila”, que era un muñequito que botaba agua y que estaba ubicado en ese tiempo en la carrera de primera con calle 11. ¡Vayan y quéjense allá! Porque había una opción decente. Había la opción de un hombre que es un caballero; que en su lenguaje no estaba la agresión, y esa opción era el doctor Iván Cepeda. Pero el doctor Cepeda no podía competir con ese patán. Iván Cepeda es un filósofo, un hombre de ideas. Es una persona seria que maneja bien la conversación de alto turmequé, jamás la vulgaridad ni la chabacanería del patán.
Dicen que el mejor retrato de una persona está en su léxico. Si usted se pone a escuchar a alguien su lenguaje indica muchas cosas. De la conversación usted puede deducir qué profesión tiene; qué tan respetuoso es con los demás; qué tan efectivo es con los animales, todo esto, simplemente hablando y observando con cuidado las expresiones faciales cuando se refiere a determinadas cosas. No se necesita de un psiquiatra, usted ya sabe quién es quién en medio de una charla o conversación.
En el caso de este patán que tenemos hoy como presidente, basta ponerlo a hablar y escuchar lo que dice y cómo lo dice. Durante esa campaña salí a las calles a entregar volantes y la gente me decía: “es que él dice que nos va a destripar a la izquierda”. Yo les decía: “mire, yo no creo que lo haga; pero de los derechistas podemos esperar cualquier cosa”. La gente quería respuestas, y lo único que yo podía decirles es que ese tipo es un patán, y de semejante personaje se puede esperar lo que se sea.
Una de las cosas que más lamento de esta elección es lo que tiene que ver con los animalitos, y especialmente con los gaticos, porque una persona que llega a jactarse de haberle amarrado voladores a un gato y haberlo hecho ‘volar’ por su simple entretenimiento no puede ser alguien bueno. Yo sería incapaz de maltratar a estos animalitos que tengo aquí en la casa. No acepto que un ser humano maltrate a un animalito porque él es un ser indefenso.
La maldad no existe en los animales, la maldad solo se da en los hombres. Si un perro le muerde a usted no es porque el perro sea malo, sino porque algo hizo usted que le molestó. A él su simple olor puede que lo fastidie y por eso los puede agredir. Hay personas a las cuales los animales no les hacen nada porque les son agradables. A mí nunca me ha mordido un perro. Los perritos me quieren. Y tengo una hija que ha tenido muchos perritos y nunca la han mordido, porque ella les inspira confianza. Pero alguien que agrede a un animalito de la forma como este loco agredió a esos gaticos ¿qué clase de alma tiene? ¿qué puede tener ese individuo adentro? ¿qué lo puede conmover? Basta mirar el ridículo que hizo este payaso con lo que acaba de ocurrir en el país, porque mientras todos nos preocupábamos porque a estas regiones llegara leche, pan, harina, agua… él prefirió mandar balones. Balones con el logotipo de su campaña. ¡Eso sí es de un verdadero salvaje!
Este individuo se ha comportado como lo que es… ¡Un vulgar mata-gatos!
Adenda: El 13 de junio de 1953 Colombia entera se vistió de fiesta, pues el teniente general Gustavo Rojas Pinilla dio golpe de Estado y sacó corriendo a Laureano Gómez Castro –El monstruo-, quien estaba exterminando a los liberales y propició una de las oleadas de violencia más crueles que ha padecido nuestro país, dejando más de 300 mil muertos. La fiesta fue monumental y todos los colombianos estuvimos felices; sin embargo, hoy, muchos años después, llega este ilegítimo y nos trae a tres de los herederos de este bárbaro: uno quedó en el Senado; otro, como ministro de Hacienda; y el otro en presidencia. ¡Qué país tan desgraciado este!
Coletilla por Deisdre Constanza. Dicen que estamos en la patria milagro y viendo la repentina devoción de Abelardo De La Espriella en la Plaza de Bolívar de Bogotá, encabezando un acto en memoria de las víctimas del terremoto del pasado 10 de agosto, rodeado de símbolos religiosos, oraciones y una puesta en escena cuidadosamente diseñada, es inevitable preguntarse ¿Cuándo ocurrió el milagro? Porque antes de ser presidente, él mismo afirmó en una entrevista que era “ateo”, y hoy posa como uno de los hombres más religiosos y marianos del país. Nadie cuestiona que una persona puede cambiar sus creencias, lo cuestionable es convertir esa nueva fe en espectáculo político y utilizar el dolor de una tragedia para fortalecer un personaje público. Y más preocupante aún es ver a quienes se tragan el cuento completo, sin una sola pregunta, convencidos de que están presenciando una milagrosa conversión. Las víctimas merecen respeto. Y Colombia merece ciudadanos que piensen antes de arrodillarse ante cualquier personaje que descubra a Dios justo cuando descubre que la fe da votos.
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Nota original publicada en: SoNoticias
y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del
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