LA VITRINA DE LA CONVERSA

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viernes, febrero 20, 2026

Política y gobierno: el espejo roto del Cauca *

 

Por: Paula B. Romero

El Cauca necesita mujeres que no tengan miedo de ser oposición a lo establecido. Mujeres que entiendan que el progreso no es un favor que se negocia en las oficinas de los clanes políticos. 

Hay momentos en la historia de una región en los que la esperanza se convierte en un espejo que, al primer golpe de realidad, se estrella contra el piso. Para las mujeres del Cauca, y en especial para aquellas que hemos creído que otro modelo de gobierno es posible, el actual mandato del gobernador Octavio Guzmán ha terminado por confirmar una de las sospechas más dolorosas: que el poder en este departamento sigue teniendo nombre propio, apellido de clanes y un innegable sesgo patriarcal.

Cuando el nombre de Guzmán sonó con fuerza apadrinado por la vicepresidenta Francia Márquez, muchas pensamos que, por fin, alguien que venía rodeado por algunas figuras del movimiento social podría romper el cerco de la política tradicional. Se suponía que su llegada representaría la voz de los territorios olvidados, de esas veredas del norte del Cauca donde la ausencia del Estado se suple con mingas y resistencia. Sin embargo, el espejismo duró poco. El gobernador no tardó en sucumbir a la presión de los mismos sectores que por décadas han administrado la pobreza y la violencia como un negocio rentable.

Hoy, la evidencia es tozuda. Detrás de las escasas decisiones (o de la permanente falta de ellas) se asoma la larga sombra de Temístocles Ortega y su grupo, esos que, disfrazados de progresismo, han sido fichas clave de Cambio Radical en el occidente colombiano. Junto al representante Óscar Campo, han demostrado que, en el Cauca, las estructuras políticas no se rompen con alianzas electorales; se maquillan.

¿El resultado? Una gestión que ha postergado una vez más las aspiraciones de bienestar y paz de los caucanos. El ejemplo más indignante es la negativa a cumplir el compromiso con las comunidades indígenas para la incorporación formal de docentes al magisterio. El SEIP (Sistema Educativo Indígena Propio) sigue con un déficit de profesores que afecta directamente a los niños y niñas de los resguardos, a pesar de que el gobierno nacional ya había dado su aval. Pero, al parecer, los acuerdos con los pueblos ancestrales pesan menos que los compromisos burocráticos con los caciques políticos de turno y mucho más, cuando uno de ellos es el precandidato Roy Barreras.

Y qué decir del abandono de obras que son cuestión de vida o muerte. El hospital regional del norte del Cauca, una promesa que llevamos arrastrando como una cruz, sigue en el limbo. La ampliación de la vía de la calle 5.ª en Santander de Quilichao, un proyecto que debió aliviar el caos vehicular y dignificar el espacio público, se ha convertido en otro elefante blanco. En cada rincón del departamento, los programas sociales y las obras de infraestructura han quedado relegados al más puro ejercicio clientelar, esa vieja escuela de los exgobernadores que Guzmán prometió combatir y terminó abrazando.

Sin embargo, la frustración no es solo con él. Es, quizás con mayor profundidad, una decepción de género. Duele ver a Francia Márquez, una mujer que ha padecido en carne propia el racismo, la exclusión de una clase política patriarcal y los ataques de la ultraderecha, convertida en la principal escudera de una de las expresiones más nefastas de esa misma política en los últimos veinte años.

¿Cómo es posible que quien alzó la voz contra el olvido termine arropando a quienes han mantenido al Cauca en el atraso? La vicepresidenta, con su silencio o con su respaldo, ha tolerado que el gobierno departamental y algunas alcaldías siguieran siendo extensiones de las mismas prácticas que denunciaba. Su investidura, que para muchas de nosotras simbolizaba la posibilidad de un cambio profundo, se ha visto empañada por esta contradicción. Y en un territorio donde las mujeres han sido el pilar de la resistencia, ver a una de las nuestras avalar estas alianzas duele como una herida que no cierra.

Lo más preocupante, al mirar el horizonte, es la escasa figuración de lideresas que representen una verdadera alternativa para el Cauca. Salvo contadas excepciones en el sector social, el espectro progresista femenino parece diluirse entre la ambición personal y la comodidad de los cargos. Vemos exmandatarias que aspiran al Congreso avaladas y muy cómodas con la derecha, y a la propia vicepresidenta congraciándose con estructuras políticas que han saqueado la moral del departamento.

El Cauca necesita mujeres que no tengan miedo de ser oposición a lo establecido. Mujeres que entiendan que el progreso no es un favor que se negocia en las oficinas de los clanes políticos, sino un derecho que se defiende desde las calles, desde las aulas y desde los territorios. Mientras sigamos aplaudiendo a quienes se sientan en la misma mesa de quienes nos han excluido, el espejo del progreso seguirá roto.

La historia del Cauca no se escribe sola; la escriben quienes deciden quedarse en la comodidad del poder o quienes arriesgan todo por transformarlo. Hoy, por acción y por omisión, nos han vuelto a aplazar. La pregunta que queda flotando, con voz de mujer, es: ¿hasta cuándo?

La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).


jueves, enero 12, 2023

El Cauca, una continua tragedia

 

Imagen derrumbe en Rosas- Cauca. Foto de Eltiempo.com
Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-

A riesgo de caer en lo ya escrito, en el cliché o lo repetitivo; estas líneas, una vez más, estarán dedicadas a compartir las reflexiones alrededor de la cotidiana tragedia en que permanece el departamento del Cauca y que tristemente es lo que se conoce de esta tierra y lo que han soportado sus buenas gentes, casi que desde siempre.

Gobernadores del Cauca han pasado, todos ellos, con la bendición de los partidos tradicionales de derecha, no obstante que se hayan hecho elegir, incluso, con avales de organizaciones sociales y todos ellos han fallado a la hora de hacer eso que prometieron a sus electores y que les demanda la misma ley

La privilegiada posición geográfica del Cauca, por estar en la ruta que conecta el sur del continente con el centro y norte de Colombia, lo mismo que sus inmensas riquezas naturales, renovables y no renovables y la calidad de sus moradores, no han servido para brindarle a sus comunidades los mínimos necesarios para garantizarles una vida digna. Esta estratégica ubicación, por el contrario, sólo le ha servido a los actores armados y civiles del conflicto, para incrementar sus ganancias y su poder militar, político y, obviamente, económico.

Tal y como ya lo han señalado notables científicos sociales, (Molano, Gaviria, Fals Borda, entre otros muchos más) el Cauca ha sido y sigue siendo manejado por las elites sociales y económicas de siempre, herederas de uno que otro apellido y fortunas, frutos del modelo precapitalista o casi que semi feudal, con la que se han administrado los destinos de este departamento desde hace más de 200 años, por intermedio de los mandaderos de estas élites; los integrantes de la clase política tradicional.

Resulta claro que, mantener la incomunicación física de muchas comunidades, eso sí, asegurando acceso y seguridad para fincas, haciendas, empresas, minas y/o cultivos, propiedad de terratenientes y prósperos inversionistas de la agroindustria o de lo ilícito; ha resultado una herramienta eficaz para mantener el control social y político de las inmensas mayorías de comunidades campesinas (afro e indígenas), lo mismo que, de un creciente ejército de personas en la informalidad laboral.

Este eficiente esquema de pobreza, falta de acceso a todo y violencia, en el que viven un buen número caucanos, le ha garantizado a un reducido número de sus paisanos, pero, sobre todo, de inversionistas foráneos; un continuo y creciente flujo de riquezas, en un modelo de economía regional, ya analizado por el actual ministro de educación de Colombia, Alejandro Gaviria, junto con otros autores, en un interesante texto sobre la relación entre el crimen y la economía en Colombia [1].

No es de extrañar entonces, que en este tristísimo contexto, la encopetada dirigencia Caucana, no haya querido o sido capaz de gestionar y hacer realidad las proyecciones de infraestructura vial, que por más de cinco décadas, se sabe que requiere el Cauca, para poder avanzar en su ruta a la modernidad y que, por el contrario, ahora, durante la más reciente tragedia, la de Rosas, salgan a lavarse las manos y a endilgarle su incompetencia a los gobiernos nacionales, de los que también han sido y son parte.

Efectivamente, de nada le ha servido al Cauca, tener presidentes, designados, ministros y recientemente, director de la unidad de gestión de riesgos y desastres, todos ellos provenientes o en representación de la tradicional clase dirigente caucana; si cada cierto tiempo, la conflictividad armada y/o social, pero sobre todo, la madre naturaleza, se encargan de hacer evidente, la incapacidad de esta clase dirigente de la derecha caucana, para hacer lo que manda la ley, como por ejemplo, gestionar la prevención de estas terribles eventualidades.

Gobernadores del Cauca han pasado, todos ellos, con la bendición de los partidos tradicionales de derecha, no obstante que se hayan hecho elegir, incluso, con avales de organizaciones sociales y todos ellos han fallado a la hora de hacer eso que prometieron a sus electores y que les demanda la misma ley: Velar por la vida, honra y bienes de sus electores y en general de todos los caucanos. Incluso, quienes han tenido largos periodos, así sea en cuerpo ajeno, como don Temístocles, ahora devenido a alternativo, han demostrado su carácter pusilánime a la hora de representar al Cauca frente al agobiante centralismo colombiano. Lo de ellos ha sido quedar bien con todos, para lograr seguir acomodados o reelectos, en lo que sea. ¿Cierto exgobernador Campo? ¿cierto don Tito?

Quienes, desde el Cauca, apoyamos decididamente las propuestas del Pacto Histórico, confiamos en que durante este gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez, el Cauca y el sur occidente colombiano, por fin puedan empezar a ver materializadas las obras de infraestructura vial, sanitaria e industrial que requiere esta zona, en continua tragedia, para poder avanzar en la Paz Total y el Buen Vivir, al que también tenemos derecho.



[1] Ver: Martínez, A. (2001). Economía, crimen y conflicto. Universidad Nacional de Colombia, facultad de Economía. Ediciones Antropos, Bogotá, Colombia

martes, febrero 16, 2021

ELÍAS, ELÍAS… ¿POR QUE NOS HAS HABANDONADO

ELÍAS, ELÍAS… ¿POR QUE NOS HAS HABANDONADO?

Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-

En días recientes, el Gobernador del Cauca, Elías Larrahondo, publicitó con bombos y platillos la firma del llamado Pacto por la vida, los Derechos Humanos, el Territorio y la Paz, documento en el que, por enésima vez, se repite el compromiso de la institucionalidad de cumplir los principios básicos establecidos en la Constitución Política de Colombia y demás normas nacionales e internacionales, respecto al cuidado de la vida, honra y bienes de todos y todas.


Gobernador del Cauca-Elias Larrahondo
durante la firma del Pacto por la vida, los Derechos Humanos, el Territorio y la Paz 

Entendiendo la intencionalidad de llamar la atención de la opinión pública caucana, pero sobre todo la del gobierno nacional, sobre la, ya endémica, situación de crisis humanitaria que ha vivido y vive el departamento del Cauca, no se puede dejar de lado la poca eficiencia que respecto a esa misma crisis ha demostrado, al menos públicamente, la actual administración departamental del Cauca, en cabeza de Elías Larrahondo.

Llama mucho la atención, que solo hasta estos días, cuando ríos  de sangre han corrido por todo el territorio del Cauca, cuando los señores de la guerra nuevamente se pasean por caminos y veredas caucanas, al señor gobernador, Don Elías, se le haya escuchado, de manera apenas audible, algún tipo de pronunciamiento dirigido hacia la institucionalidad nacional, para reclamar su acción en este rico territorio, saqueado, excluido y olvidado por los políticos tradicionales del Cauca y de Colombia, finalmente emparentados, en esa endogamia de la incompetencia y la corrupción.

Causa curiosidad, que solo hasta después de completar la horrorosa cuota de víctimas del conflicto que registra el Cauca, en el que casi todas corresponden a firmantes del Acuerdo de Paz Estable y Duradero, pertenecientes a la desmovilizada guerrilla FARC-EP, defensores de derechos humanos, ambientalistas, lideres de comunidades étnicas y campesinos, el flamante representante del norte del Cauca, territorio sobre el que confluyen todas las formas de exclusión y violencia sobre las comunidades étnicas y campesinas, se haya decidido, ahora sí, a llamar a esos mismos sectores, que él mismo desdeño durante su campaña electoral, cuando decidió ir a engrosar las filas de los políticos de siempre, causantes muchos de ellos de esta situación, para hacerse elegir gobernador; a  que acudan a su auxilio.

Claro que el acto político de la firma del Pacto por la vida, los Derechos Humanos, el Territorio y la Paz, debe ser ese primer paso para lograr movilizar a toda la sociedad caucana, en defensa de la vida y del territorio, pero, para que tal convocatoria pueda surtir el efecto deseado, se hace necesario que el accionar de Don Elías, sea más contundente. Se necesita, en primer lugar, que se decida, de una vez por todas, a sacudirse de la odiosa burocracia clientelista heredada de tiempos de sus antecesores en la gobernación, el uno, flamante senador de Cambio Radical y el otro, precandidato a lo que sea, para que pueda empezar a gobernar, como esperaban sus electores y el resto de la sociedad caucana.


Afiche de campaña electoral del Gobernador Elías Larrahondo

También se espera que el llamado a los sectores sociales, que el abandonó en campaña para ir a engrosar las filas del senador Ortega, no sólo corresponda a una acción publicitaria en tiempos previos a elecciones de congreso, en las que su nueva casa política tiene intereses de renovar la curul de uno de sus antecesores y asegurar una nueva para el otro, sino que corresponda a un nuevo estilo de gobierno, en el que el mandatario departamental del Cauca, lidere con decisión, y sobre todo con dignidad, el urgente y justo reclamo de real inversión social, así como de cumplimiento de los múltiples acuerdos firmados con esos sectores que está llamando a la unidad, por parte del gobierno central, hoy en manos de la extrema derecha colombiana.

Si. Muy bueno el simbolismo político de la firma del Pacto por la vida, los Derechos Humanos, el Territorio y la Paz, encabezado por el Gobernador, Don Elías Larrahondo, pero lo que realmente esperan los sectores sociales ajenos a su nueva casa política y a la institucionalidad, son muestras reales de ese compromiso por la defensa de la vida y los derechos humanos. Las mayorías caucanas, ya se están cansando de los discursos demagógicos de paz, acostumbrados por el Titismo, las promesas de interlocución con el gobierno nacional del liberalismo oficial o del partido de la U. Este Cauca, lo que necesita es que el primer gobernador negro que ha tenido el norte del Cauca, se apropie de su papel de representante de los eternos excluidos y abusados del Cauca y que no sólo se acuerde de ellos para frustradas coaliciones electorales o para reconocimientos fatuos, por una representatividad que al parecer sólo es de papel, ya que en realidad muchos de ellos a esta hora, parecieran estar viviendo el viacrucis eterno de los olvidados, y reclamando del gobernador: ¡Elías, Elías, ¿por qué nos has abandonado?!

P.S. Por si alguno de los escasos lectores de estas líneas tiene acceso al Gobernador del Cauca: Por favor recomiéndele que hable con el Pollo López y le recuerde que es muy difícil publicitar un pacto por la vida y por los derechos humanos, si se manda al odioso ESMAD a golpear jóvenes caucanos, frente a la gobernación y la alcaldía de Popayán, en el lustrosísimo Parque Caldas, de la Blanca y Señorial Popayán.