LA VITRINA DE LA CONVERSA

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miércoles, junio 24, 2026

La revolución ética desde lo local

 

Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-

De lo que se trata es de la construcción, desde los municipios, de una revolución ética que no necesita pedir permiso porque ya está ocurriendo en los territorios donde la comunidad decide su destino con honestidad

Las pasadas elecciones presidenciales de Colombia, en las que se enfrentaron los candidatos Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, además del pulso entre dos candidaturas diametralmente diferentes, fue la manifestación más evidente de la fractura que divide la sociedad colombiana.

Los resultados numéricos de cada una de las propuestas políticas enfrentadas sirven para evidenciar la existencia de dos grandes visiones de la realidad. Por un lado, una que entiende el bienestar social, la colaboración comunitaria y la justicia como ejes irrenunciables del desarrollo; por el otro, una cosmovisión que exalta el individualismo, la acumulación sin límites y se acomoda sin rubor en todos los gobiernos que han concentrado la riqueza en una minoría mientras siembran dificultades para las mayorías.

Al hacer un primer examen de los resultados finales alcanzados por las candidaturas en competencia es posible afirmar que, el estrecho margen que dio la victoria a la ultraderecha no puede leerse como una derrota definitiva;  debe interpretarse como la confirmación de que en Colombia coexisten dos países, en apariencia irreconciliables, que poderosas fuerzas (ahora ya no tan ocultas) se empeñan en preservar en estado de enfrentamiento, para mantener el estado de cosas anterior al arribo de la izquierda al poder. De igual manera, la cantidad de votos alcanzada por la candidatura de Cepeda y Quilcué, se presenta como la prueba de que el país de la solidaridad crece y está lejos de ser residual.

En este particular momento de la historia, en el que los poderosos han demostrado cómo, la manipulación mediática y la profunda infiltración de sus agentes políticos y judiciales en las instancias clave de decisión administrativa, judicial y electoral pueden lograr que grandes sectores de estratos medios y bajos de la sociedad se crean el relato de que ellos y ellas también hacen parte de una élite que impuso el “Todo Vale” y del “enemigo interno”, Colombia necesita más que nunca, una revolución ética, que tenga como  punto de partida a los municipios, en un escenario político que esté lejos de las peligrosas alianzas que desdibujan el alma del cambio y la justicia social.

Aung San Suu Kyi ya había señalado la anterior idea con una lucidez que sirve para describir el momento que vive Colombia, al afirmar que: “La auténtica revolución es la del espíritu, nacida del convencimiento de que es necesario cambiar las actitudes mentales y los valores que dan forma al progreso del desarrollo de una nación. [...] Se necesita la decisión unánime de perseverar en la lucha, de sacrificarse en nombre de las virtudes permanentes, de resistir las influencias corruptoras del deseo, la mala fe, la ignorancia y el miedo”.

Esta cita, que el filósofo Francesc Torralba usó para presentar su texto: La Revolución Ética, resulta precisa para señalar que, en las actuales sociedades, la única forma de evitar el abismo es plantear la ética como una brújula necesaria, demostrando, de paso, que el modelo que defiende De la Espriella no necesita cambiar actitudes mentales; se alimenta de las influencias corruptoras del deseo, la mala fe y el miedo. Sin embargo, frente a un gobierno de ultraderecha, absolutamente amoral, no basta la indignación, ya que, como Torralba lo advierte: la indignación, como respuesta natural a la injusticia, es estéril si no deviene compromiso. Y es precisamente ese salto (de la rabia a la construcción) lo que está en juego hoy en Colombia.

Frente a esta alternativa política – filosófica – vivencial, Iván Cepeda, en su lúcido planteamiento sobre la revolución ética en Colombia ha señalado que nuestra Constitución y los tratados internacionales consagran principios que son, al mismo tiempo, un logro de la resistencia colectiva y una deuda humillante. En tal sentido, Cepeda advierte que la vida debe defenderse ante toda violencia y que la equidad social es un derecho fundamental, toda vez que la desigualdad se ensaña con los mismos de siempre. De igual manera, Cepeda continúa indicando que una propuesta de gobierno ético debe tener como principios fundamentales: el hecho de que las mujeres deben ocupar espacios decisorios y que la naturaleza es nuestra casa común.

Resulta claro que estos principios han sido verdaderamente transformadores solo cuando activaron el poder constituyente de la sociedad, cuando miles de organizaciones, lideresas, defensores del ambiente y del trabajo digno los movilizaron con desobediencia civil y compromiso democrático. Esa movilización ha sido la semilla de la revolución ética que se necesita en Colombia: un cambio que no solo repudie la deshumanización, sino que reencuentre el sentido profundo de nuestra humanidad compartida.

La Colombia que votó por Cepeda representa un acumulado histórico de estos avances en la revolución ética que ya había hecho posible la gesta del gobierno de Gustavo Petro, a pesar de los hierros y desaciertos cometidos en este primer intento de Cambio. Para avanzar sobre lo avanzado se requiere una estrategia distinta: dejar de mirar exclusivamente el escenario nacional como campo de batalla inmediato y sembrar la revolución ética en el territorio más concreto, el municipio, de modo que, las elecciones locales sean la oportunidad de pasar de la resistencia a la construcción de pequeñas comunidades morales que, como señala Torralba, actúan como “reducto y salvaguarda de la ética en medio de los tiempos más convulsos”.

Desde esta perspectiva, la mejor manera de generalizar la ética en la sociedad colombiana es multiplicar los ejemplos locales de gobierno eficiente, pero, sobre todo decente, de administración comunitaria de lo público, de ciudadanía activa que haga retroceder la corrupción.

Esta revolución ética que se propone para los municipios debe partir de una premisa que es también una renuncia: la izquierda debe abandonar la lógica de las alianzas con los sectores tradicionales, puesto que estas alianzas no solo han sido electoralmente calculadas, sino que han resultado éticamente suicidas. Las ciudadanías decentes han aprendido a distinguir entre la ética discursiva de cara a las elecciones y la ética coherente con todos los detalles, la que habla de derechos y deberes. Así, Una izquierda que pacta con maquinarias corruptas para ganar alcaldías o gobernaciones está cavando su propia tumba moral.

Lo que se necesita no es un simple recambio de caras en el poder local, sino una transformación de la cultura política que, como dice Torralba, requiere un cambio de paradigma. Eso implica que los movimientos alternativos presenten candidaturas propias, orgánicamente vinculadas a las luchas del territorio, con programas de gobierno que hagan de la transparencia, la participación y la rendición de cuentas el centro de la vida ciudadana.

Esa autonomía no es fundamentalismo, es fidelidad al principio más elemental de la revolución ética: el poder solo se transforma si se ejerce con virtudes permanentes, como un primer paso para construir una red de municipios en donde el poder del ciudadano, además de exigir transparencia, sea capaz de castigar la corrupción con su decisión diaria. Esos municipios no esperarían el permiso de Bogotá para construir paz territorial: serían comunidades morales que demuestran, en la práctica, que otra Colombia es posible.

Pero para que esto suceda, debemos superar el derrotismo que ve en el ascenso de la ultraderecha una fatalidad. Los avances alcanzados bajo el gobierno del Pacto Histórico han hecho emerger valores que estaban ocultos como la solidaridad intrafamiliar, comunitaria, gremial, de género. Esa solidaridad, que no es mera resistencia, es el material del que está hecha la revolución ética. En este orden de ideas, no se parte de cero, se continúa con el acumulado histórico del movimiento social que hizo posible el actual gobierno progresista. No se trata de inventar la rueda, sino de articular lo disperso, de dotarlo de un relato común y de una voluntad inclaudicable de no repetir los errores del pasado.

La auténtica revolución, recordaba Suu Kyi, requiere una decisión unánime de perseverar. La decisión está tomada, pero debe ser comunicada con claridad: no se va a construir una Colombia gobernada por la ultraderecha del individualismo depredador, pero tampoco se va a entregar la dignidad de las fuerzas realmente progresista a las alianzas que negocian principios por migajas de poder. De lo que se trata es de la construcción, desde los municipios, de una revolución ética que no necesita pedir permiso porque ya está ocurriendo en los territorios donde la comunidad decide su destino con honestidad, donde la juventud rechaza la corrupción como forma de vida y donde las víctimas son restituidas en su verdad.

miércoles, junio 03, 2026

La aritmética de la esperanza *

 

Por: Jhon Jaiver Flórez G.

Por qué Iván Cepeda tiene las mejores posibilidades de ganar la segunda vuelta

Colombia votó el 31 de mayo. Y los números que dejó esa jornada no son simple estadística electoral. Son el retrato más preciso y descarnado de un país dividido, de dos proyectos de nación que se miran a los ojos y que el 21 de junio deberán dirimir, en las urnas, cuál de los dos tendrá el derecho de gobernar durante los próximos cuatro años.

Veamos primero la fotografía completa. De los más de 41 millones de colombianos habilitados para votar, 23.976.235 acudieron a las urnas, una participación del 57,88%: la más alta desde que existe la figura de la primera vuelta presidencial. Ese dato, por sí solo, merece una pausa. Colombia, históricamente resignada y apática, acudió a votar de manera masiva. Algo estaba en juego y millones de ciudadanos lo percibieron.

La aritmética como punto de partida

Abelardo de la Espriella obtuvo 10.361.413 votos (43,74%). Iván Cepeda alcanzó 9.688.245 (40,90%). La diferencia entre ambos fue de 673.168 votos, una cifra que parece amplia hasta que se pone en perspectiva frente al caudal electoral que permanece disponible para la segunda vuelta.

Paloma Valencia obtuvo 1.639.668 votos. Sergio Fajardo, 1.009.045. Los votos en blanco sumaron 406.830 y los no marcados, 47.586. El resto de candidatos —Claudia López, Raúl Botero, Óscar Lizcano y otros— acumuló aproximadamente 800.000 sufragios adicionales.

La suma de ese universo disponible supera los 3,9 millones de votos. Es decir, hay casi seis veces la diferencia registrada en la primera vuelta flotando en el espacio político y esperando definir su destino el próximo 21 de junio.

La pregunta decisiva no es cuántos votos hay disponibles. La pregunta es hacia dónde fluirán. Y para responderla hay que abandonar la aritmética y entrar en la sociología, la psicología política y la lógica más profunda del momento histórico que vive Colombia.

El techo de la ultraderecha y el piso del centro

Comencemos por lo que los datos permiten inferir con mayor claridad. Paloma Valencia, una de las candidaturas del uribismo, obtuvo el 6,92 % de la votación. Para el partido fundado por Uribe, se trata de un resultado claramente decepcionante.

La conclusión que surge es políticamente reveladora: el electorado tradicional del Centro Democrático no respaldó a Paloma Valencia y terminó apoyando a De la Espriella, la otra candidatura del uribismo. Lo que evidencia que la mayoría uribista se concentró desde la primera vuelta en la opción que percibía como más competitiva dentro de ese sector.

Esto significa que De la Espriella ya habría capturado, en primera vuelta, el electorado uribista, además de sectores del tradicionalismo político de las regiones y sus maquinarias corruptas. Su votación de 10,3 millones podría representar una base cercana a su potencial máximo de crecimiento. Para ampliarla necesitaría atraer votantes del centro. Y es precisamente allí donde aparecen sus mayores dificultades.

En este punto entra en juego lo que la ciencia política denomina identidad negativa: la capacidad de un candidato para cohesionar a sus adversarios no por sus propias virtudes, sino por el rechazo que genera. De la Espriella ha construido su campaña sobre la estridencia, el lenguaje soez de su retórica que moviliza a su base, pero que también genera resistencia irreconciliable en sectores moderados.

El centro se mueve hacia Cepeda

Las señales provenientes del centro político son significativas. Claudia López ha declarado que no apoyará a De la Espriella. Sergio Fajardo ha manifestado su disposición a participar activamente en la definición de la segunda vuelta, lo que, en el lenguaje político colombiano, indica que buscará influir en la orientación de sus votantes. Roy Barreras y Daniel Oviedo han emitido mensajes que apuntan en una dirección similar.

Oviedo, aunque proviene de sectores vinculados al Centro Democrático, ha sostenido posiciones de centro y libertades individuales que lo acercan más a posturas moderadas que a los sectores más conservadores representados por De la Espriella.

El millón de votos obtenido por Fajardo corresponde, en gran medida, a un electorado urbano, educado, que valora la institucionalidad, rechaza la corrupción y suele desconfiar tanto de los autoritarismos de derecha como de los populismos de cualquier signo. Ese segmento electoral es proclive a encontrar razones éticas y pragmáticas para inclinarse hacia la candidatura del Pacto Histórico.

Por su parte, los 406.830 votos en blanco no representan una simple indiferencia. Constituyen una expresión política de inconformidad frente a las opciones disponibles. Sin embargo, en una segunda vuelta la pregunta cambia: ya no es "¿cuál me convence?", sino "¿cuál me genera menos rechazo?" o, más profundamente, "¿cuál representa un menor riesgo para el país que considero deseable?". Desde esa lógica, una parte de ese electorado podría reconsiderar su posición.

De la Espriella promete: un programa de demolición

La mejor campaña que podría hacer Iván Cepeda en estas próximas tres semanas es, paradójicamente, permitir que De la Espriella exponga con claridad sus propuestas. Porque lo que el candidato de “Defensores de la Patria” ha anunciado como programa de gobierno constituye, en términos de impacto social, una de las plataformas más regresivas presentadas en la historia reciente del país.

Anuncia “setenta” decretos para el primer día de gobierno. El número ya constituye una demostración de concentración del poder. Su contenido resulta aún más polémico.

Entre las propuestas anunciadas figuran la eliminación de los procesos de paz y de la JEP; la derogatoria de medidas asociadas al salario vital; la reversión de incrementos salariales otorgados durante el actual gobierno; la revisión de los avances alcanzados en materia de reforma agraria; y la eliminación de programas de apoyo pensional para adultos mayores…

Cada una de esas iniciativas tendría efectos concretos sobre millones de ciudadanos. Sus defensores las consideran correcciones necesarias; sus detractores las interpretan como retrocesos en materia de derechos sociales. En cualquier caso, se trata de medidas que tendrían profundas consecuencias económicas, jurídicas y sociales.

La psicología del votante y la lógica del cambio de conciencia

Marx formuló una tesis que buena parte de la sociología contemporánea ha estudiado extensamente: no es la conciencia la que determina el ser social, sino el ser social el que condiciona la conciencia.

Traducido al lenguaje electoral, esto significa que cuando las condiciones materiales de vida cambian, también cambian las percepciones políticas de las personas.

Durante cuatro años de gobierno progresista, millones de colombianos experimentaron transformaciones concretas. Campesinos que recibieron títulos de propiedad. Adultos mayores que comenzaron a recibir apoyos económicos. Jóvenes que accedieron a la educación superior pública. Familias rurales que vieron llegar servicios que antes no existían. Comunidades que percibieron reducciones en los niveles de violencia.

Esas experiencias no son simples discursos. Son hechos que se incorporan a la memoria de las personas. Y la posibilidad de perderlas activa un fenómeno ampliamente estudiado por la psicología social: la aversión a la pérdida. Los seres humanos suelen reaccionar con mayor intensidad ante la posibilidad de perder un beneficio existente que ante la expectativa de obtener uno nuevo.

Lo que Cepeda debe hacer en estas tres semanas

La ventaja estructural que algunos analistas identifican en el universo de votos disponibles no se convierte automáticamente en victoria. La política no funciona como la física. Los votos no se desplazan por gravedad hacia donde indican los cálculos. Deben ser convocados, persuadidos y movilizados.

La campaña del Pacto Histórico enfrenta tres tareas fundamentales. La primera: comunicar con claridad los resultados concretos obtenidos durante el gobierno del Cambio, traducidos en experiencias reales y comprensibles para la ciudadanía. La segunda: explicar con precisión cuáles serían las consecuencias de las propuestas planteadas por su adversario. Y la tercera: tender puentes hacia los votantes de Fajardo, Claudia, el voto en blanco y el abstencionista, reconociendo sus preocupaciones legítimas sin renunciar a la narrativa del cambio.

Claudia López ha pedido correcciones a la campaña de Cepeda. Interpretado desde una perspectiva estratégica, ese mensaje puede verse más como una oportunidad de diálogo que como una amenaza política. La inteligencia política consiste en escuchar esas señales y responder con hechos.

El espejo de la historia y la razón del bien colectivo

Colombia tiene una larga tradición de frustraciones históricas. Gaitán fue asesinado antes de llegar al poder. La Unión Patriótica fue exterminada. El proceso de paz del Caguán terminó fracasando. En 2016, el plebiscito sobre los acuerdos de paz fue derrotado en medio de una intensa controversia pública sobre la información difundida durante la campaña.

Pero la historia también muestra otro patrón: cuando amplios sectores de la ciudadanía han logrado mirar críticamente su realidad y actuar desde la reflexión más que desde el miedo, el país ha abierto nuevos caminos políticos.

En 2022 ocurrió uno de esos momentos. El 21 de junio será una nueva prueba sobre la dirección que los ciudadanos desean para el país.

La candidatura de Iván Cepeda, como cualquier otra, no está exenta de críticas, limitaciones o contradicciones. Sin embargo, para sus partidarios representa la continuidad de un proyecto que comenzó a intervenir algunas de las causas estructurales de la desigualdad colombiana. Representa la posibilidad de consolidar reformas ya iniciadas y de profundizar transformaciones sociales que consideran necesarias.

La aritmética, la sociología y la psicología política ofrecen argumentos que sus simpatizantes consideran favorables para sus posibilidades electorales. Lo que resta por determinar es si esas condiciones potenciales se traducirán efectivamente en votos el próximo 21 de junio.

Porque, al final, ningún análisis sustituye la decisión ciudadana. Serán millones de colombianos quienes determinen, una vez más, cuál consideran que debe ser el rumbo del país y qué futuro desean construir para las próximas generaciones.

 

* La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

martes, mayo 26, 2026

“Hay que volver a ser liberales”, dice Samper *

En la imagen: Germán Navas Talero / Jurisconsulto - Excongresista

Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

Cepeda tiene buenas intenciones, es un hombre sensato, es un hombre que no lo hemos visto nunca fallarle a la opinión pública.

Gran manifestación se vio el pasado viernes en Bogotá con motivo del cierre de campaña de Iván Cepeda. Impresionante cómo la Plaza de Bolívar estaba llena de tope a tope. Era casi imposible acceder a la tribuna. Allí había gente de todos los estratos y se podía percibir gran fervor por nuestro candidato, a quien felicito y le reitero mi respaldo.

Entre esa inmensa cantidad de personas me encontré al expresidente Ernesto Samper Pizano, quien aprovechó para mofarse de este columnista. Como siempre, él, una persona muy lúcida, hizo una intervención no muy larga, pero sí muy precisa. En ella, lanzó una crítica de lo que están haciendo los directivos de la colectividad con el partido Liberal. Una radiografía de lo que allí está ocurriendo.

Sostuvo allí el expresidente Samper que “hay que volver a ser liberales, pero liberales de verdad”. Eso fue, ni más ni menos, un vainazo para los gaviristas, porque ahí él dio a entender que hay personas que han desvirtuado la razón de ser del partido Liberal. Por lo menos así lo entendí yo; y aun cuando no soy liberal, sí tengo que decir que lo que César Gaviria ha hecho es tirarse ese partido. En eso coincido plenamente con el doctor Samper. Y si Samper no lo dijo así, así lo entendí yo.

En ese cierre había toda clase de gente, y obviamente no faltaron los lagartos de siempre: esos que van a pelechar, esos que solo van a ver qué encuentran y qué lagartean; porque esos no son políticos practicantes, son solo oportunistas.

Ahí también vi a una delegación del partido Verde, -aun cuando sabemos que los menos izquierdistas de este país son ellos-, puesto que vimos lo que hicieron en este gobierno y en todos los demás. Donde usted vea a un verde es porque está buscando chamba. Eso es lo que nos vienen demostrando gobierno tras gobierno. De hecho, ahí hablaron como tres verdes de esos.

Me pregunté entonces… ¿Será que estos se van a quedar verdes toda la vida, o algún día van a madurar políticamente? Porque, si ustedes se fijan, los verdes brincan. Ellos parecen unas ranitas –verdes, además- que se la pasan brincando de un partido a otro. Ejemplo de ello una reconocida señora de esas, que, por brincar tanto, miren hoy dónde está. Y así son la mayoría.

Ahí en la plaza estaban los amayas, los dos verdes: uno, que es gobernador, y el otro senador, o algo así. Ojalá esos verdes no se le metan al gobierno de Iván Cepeda, porque Cepeda tiene buenas intenciones, es un hombre sensato, es un hombre que no lo hemos visto nunca fallarle a la opinión pública. Los que hemos trabajado con Iván sabemos qué valores tiene este futuro presidente de la República.

Pero cuando uno ve tanto verde metido ahí, se sorprende. Los verdes son buenos cuando están escondidos entre el pasto, como las ranas verdes, las que el pasto no las deja ver. Espero que nuestro partido, que es el de nuestro candidato Iván Cepeda, no se nos vaya a verdear, sino que sigamos en la izquierda, donde hemos estado siempre, y donde vamos a seguir. Porque, en el caso de quien esto escribe, ha sido siempre de izquierda, y no se va a cambiar ni por un puesto ni por lo que sea.

De cualquier forma, fue muy buena la concentración del viernes. Mis reconocimientos y mi apoyo sin condiciones ni ambición alguna.

-Cambiando de tema, como dicen los chismosos- Los gringos siguen tratando de meterse en todas partes. Por ahí escuché recientemente a un pizco de esos diciendo que si gana la izquierda en Colombia ellos no van a reconocer ese triunfo. ¿Cuándo estos gringos dejarán de hacer daño? Esos gringos no hacen sino armar problema en todas partes. Ya estarán viendo a quién le mandan una nueva bomba atómica, porque eso es lo que ellos saben hacer: ocasionar tragedias como la que ocasionaron en Hiroshima y Nagasaki, y toda clase de genocidios en el mundo.

En estos días tuve la oportunidad de salir de Colombia, y fui a un proyecto de país -negado quizás en primer debate-. Estuve en su capital, Paramaribo, y tuve oportunidad de ver lo que es la China, lo que es el Japón, y lo que es aquel pronorteamericano y, definitivamente, me sorprendieron los chinos. Ellos son realmente admirables. Póngalos a hacer lo que ustedes quieran y lo hacen. El japonés, póngalo a organizar cosas, y lo organiza. Por el contrario, hay otras culturas, como la gringa, que lo único que parecen pensar es cómo quebrar bancos y hacer el mal a alguien. La peor desgracia de Colombia es estar cerca de los Estados Unidos. Entre más lejos estamos de ellos, mejor vamos a estar en un futuro. Por lo menos así pensamos los que queremos que Colombia sea un país libre. Que no sea un títere más del imperialismo norteamericano.

Muy triste, por ejemplo, lo que ha pasado con Venezuela. Ese país se volvió un botín de los gringos. Ya uno no sabe quién gobierna allá, si gobierna el señor Trampas o si gobierna la tal Delcy Rodríguez, porque a ese país lo desbarataron. Los gringos acabaron con ese país; acabaron con su economía. Pobre Venezuela, se le están robando su petróleo, sus riquezas y todo. ¿Qué otros males querrán hacer los gringos ahora? ¿A qué país pensarán invadir? ¿A quién pensarán bombardear? ¿A qué región mandarán ahora sus bombitas, esas que tienen por ahí guardadas?

Es curioso escuchar las declaraciones de Trampas y las del presidente de Irán. ¡Son tan distintas! Trump dice una cosa hoy, mañana otra y pasado mañana termina haciendo otra muy distinta. Amenaza todos los días y, en realidad, no hace un carajo. Ya ni siquiera se puede mantener de pie. Son tantas las estupideces que dice y que no le caben en la cabeza que quizás su cuerpo ya no la soporta. En cambio, mira uno al gobernante de Irán, y qué precisión cuando habla. Qué concreción cuando va a hacer cargos, y la manera como tiene a su país. Es que lo ha sacado adelante. Lo ha repuesto de todas las vagabunderías que los gringos han querido hacerle, porque a ese país los gringos sí que le han hecho toda clase de males: Le han impuesto sanciones absurdas y todo lo que ustedes quieran imaginar. Todo se lo han hecho a ese país, y ahí está. Es un país firme. Y después de que el Trampas dijo que los había acabado, resulta que en tres meses se repusieron de todos los daños que dijo Donald Trump que les había hecho. Repusieron sus misiles, repusieron todo, y hoy están a la vanguardia en esa parte del mundo.

Esos son países que hay que admirar. A los gringos sí que nos los envuelvan, los empaquen, y se queden todos por allá arriba. Y por favor, señores, cuando se refieran a los gringos no digan que son americanos, porque ustedes aquí en Colombia también son americanos; ellos serán norteamericanos, más no son los dueños de América. Porque da risa cuando escucha que le dicen a uno de esos “un americano”. Resulta que yo soy americano y seguramente quien me está leyendo en estos momentos también es americano. Ellos son norteamericanos, precisémoslo siempre, porque no vamos a permitir regalarles nuestra cuota de América a esos gringos.

Olvidaba decirles que, de mi encuentro con el expresidente Samper Pizano quedó una fotografía, la cual quise incluir. Fotografía que nos tomamos con él y con Deisdre Constanza, nuestra coletillera. El expresidente Ernesto Samper ha tenido la gentileza de ser colaborador ocasional de esta columna y asiduo lector. Este viernes nos acogió con la simpatía de siempre, pues nos tomó el pelo un rato, y de ese encuentro quedó esta fotografía, la cual da cuenta de las buenas relaciones que hay entre el doctor Samper y este servidor.


Coletilla por Deisdre Constanza. Acompañamos el cierre de campaña de Iván Cepeda junto al expresidente Ernesto Samper, un encuentro cargado de reflexión, memoria política y compromiso con el futuro de Colombia. Fue un espacio para hablar de justicia social, democracia, paz y de la necesidad de seguir construyendo un país más digno para todos. Además, fue muy valioso ver reunidas diferentes corrientes políticas y ciudadanos con distintas visiones, unidos por el deseo de sacar adelante al país y defender la esperanza colectiva. Escuchar distintas voces reafirma que Colombia necesita líderes con trayectoria, sensibilidad social y valentía para defender a la gente. Hoy más que nunca creemos que Iván Cepeda representa esperanza del cambio y transformación. Invitamos a todos los ciudadanos a salir a votar, participar y respaldar con fuerza al mejor candidato para Colombia. “Iván Cepeda Presidente”. Porque este proyecto no excluye a nadie, aquí cabemos todos los que soñamos con una Colombia más humana, justa, unida, solidaria y llena de oportunidades. Y como dice Edson Velandia en su canción El Amanecer.  “A quienes han sentido el dolor de la guerra y la desigualdad, y a quienes luchan porque Colombia tenga un nuevo amanecer.”

¡Hasta la próxima!

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

viernes, mayo 22, 2026

Nos han declarado la guerra, están atacando con todo… ¿ganarán? *

Imagen de Hernán Riaño / Periodista - Dir. SoNoticias

Por: Hernán Riaño 

¿Los dejaremos ganar o por el contrario seguiremos en la senda de recuperar los derechos arrebatados a sangre y fuego por Uribe y su corte? El 31 de mayo sabremos la respuesta.

En Colombia ha habido muchas guerras no declaradas en las que la oligarquía ha puesto a pelear al pueblo contra el pueblo para que nadie le pudiera disputar el poder y seguir con el desfalco del erario. Durante todo el siglo XX, la estrategia fue acabar con todo tipo de protesta social: recordemos la huelga de las bananeras en 1.928 y especialmente el intento de aniquilamiento de los liberales liderados por el partido conservador, primero con el ejército colombiano y luego con paramilitares llamados chulavitas y pájaros que impusieron el poder de Laureano Gómez a sangre y fuego y con un “novedoso” sistema de asesinato con humillación incluida: el corte de franela, que consistió en que después de asesinado, le abrían la garganta y le sacaban la lengua poniéndosela de corbata. Suena muy escabroso, pero eso pasó, demostrando hasta dónde estaban dispuestos de llegar y la capacidad de manipulación de la ultraderecha para que los estúpidos que los siguen lleguen a las bajas y sórdidas formas de tratar a sus semejantes. Desde esa época, su táctica ha sido imponerse a los ciudadanos a sangre y fuego y además con humillación y alevosía

Después se crearon las guerrillas, que dizque querían cambiar el Estado y reivindicar al pueblo; pero no lograron ni lo uno ni lo otro y sí se convirtieron en un arma para que los colombianos pobres se siguieran matando entre sí, los campesinos contra los soldados, ambos pertenecientes al pueblo y solo salieron beneficiadas las ultraderechas, ya que con esa excusa crearon sus ejércitos privados: los paramilitares, conocidos como las AUC y otras distinciones, para seguir en esa eterna guerra en la que los únicos muertos fueron los pobres. Además, con la excusa de las insurgencias, Uribe logró el poder, acabando de paso con nuestro Estado de derecho, robándose la riqueza de Colombia y junto con sus socios nos convirtieron en un narco país, empobreciendo hasta el límite a los colombianos y de paso imponiendo la guerra como si fuera una política de estado.  

Es tan cierto el fervor que le tienen a la guerra que convencieron a los colombianos de votar en contra de un referendo por la paz, volvieron trizas el acuerdo con las FARC, llevan casi cuatro años atacando por todos los flancos al señor presidente Gustavo Petro por su política de “paz total”, y esa bandera de seguir en una confrontación eterna que solo los beneficia a ellos se ha convertido en parte esencial de la presente campaña electoral. En compañía de sus socios, unos grupos armados que no son insurgentes, a pesar de que ellos lo pregonen, sino narco-paramilitares que obedecen a sus amos ultraderechistas empezaron una violencia inusitada contra civiles de algunas regiones para demostrar que la paz no es lo que debe imperar en el país. ¡Insólito!, pero hay colombianos que les creen, les acolitan y hacen parte efectiva de ese absurdo postulado.

Hoy hay una declaración de guerra abierta en contra de los colombianos reflejada en Gustavo Petro e Iván Cepeda. Contra el primero porque quieren quitarle la favorabilidad y popularidad que se ha ganado entre los ciudadanos más pobres y contra el segundo para evitar que el proyecto progresista tenga un segundo periodo presidencial.

Para ello han desplegado toda su creatividad con el fin de lograr sus objetivos, desde los ataques por parte de líderes y candidatos de la extrema derecha, pasando por las mentiras, injurias, calumnias y falsedades que se inventan a diario los medios de comunicación corporativos con unos periodistas que debieran ser más bien voceros de los partidos de esas ideologías; complots con intentos de atentados tanto contra Petro como a Cepeda; atentados y asesinatos de falsa bandera, o sea, los cometen ellos para culpar al progresismo; fraudes electorales (muy “normales” en nuestra democracia); compra de votos, clientelismo político y otras formas muy autóctonas de imponerse por la fuerza o con mañas para seguir oprimiendo a la sociedad colombiana.

Lo que se ha conocido en las últimas semanas de inducir al pueblo a salir a votar “emberracados”, con miedo, odio o desconfianza es una técnica usada en el pasado con el referendo por la paz, con lo que se manipuló a unos colombianos para que votaran “no” al referendo. Hoy, ese método llega renovado de la mano de Jaime Bermúdez, uribista pura sangre. Programaron y han realizado unas capacitaciones, que han llegado a 7 millones quinientos mil colombianos, según Bermúdez, para influenciarlos para que salgan a votar en contra del progresismo, por supuestamente representar unos riesgos para el país y con el lema de no votar ni por Abelardo ni por Cepeda en una clara intención de manipulación electoral en favor de la candidata de Uribe (1).  La Silla vacía ha negado su participación, a pesar de las denuncias de señal investigativa de haber sido parte activa como contratista (2). Además forzando a trabajadores de empresas pertenecientes a empresarios de las derechas y afiliados a los gremios opositores, para que sean jurados de votación en una clara intención de influir electoralmente.

También se conoció la injerencia de Daniel Noboa, presidente de Ecuador, en tratar de influir en las elecciones con varias acciones: subiendo aranceles a Colombia (3) después de una visita de la extrema derecha colombiana a ese país (4), calumniando a Gustavo Petro y después rebajar aranceles por “pedido” de la candidata ultraderechista Paloma valencia (5).

Con el avance de la tecnología aparecieron nuevas formas de ataques de la derecha al gobierno y candidato del cambio. Se conocieron unos audios revelados por Canal Red+ del español Pablo Iglesias en el que se revela un plan de Trump, aliado con su indultado, el narcotraficante condenado expresidente Juan Orlando Hernández, para “armar” noticias y expedientes falsos en contra de Colombia y México desde una oficina en Estados Unidos (6). Honduras fue víctima de un fraude electoral patrocinado por la ultraderecha y el narcotráfico de ese país en diciembre con la participación de una empresa de manejo de elecciones colombiana del grupo Thomas Greg & Sons, la misma que tiene a su cargo la misma misión en las próximas elecciones de Colombia el 31 de mayo (7). 

El ataque directo al candidato Iván Cepeda, por parte de los medios de comunicación corporativos, está a la orden del día. Cada mañana salen con mentiras, calumnias, exageraciones de todo tipo, lo más reciente, muy grave, es la difusión de un audio de un comandante guerrillero en el que obligaba a votar por Cepeda. De este bulo hicieron eco todos los medios corporativos, candidatos y líderes de la extrema derecha. Pues resultó falso, el mismo día lo desmintieron las autoridades militares, revelando que quien hizo esas llamadas fue un interno de la cárcel Picaleña en el Tolima, que extorsionaba a incautos usando esas mentiras (8). También lo han acusado de que como ha tenido una enfermedad grave, entonces puede fallecer en el ejercicio de sus funciones y por ello no debería ser candidato (9). Los medios corporativos no han rectificado y mucho menos presentado disculpas al candidato.

Todo esto y mucho más, que no reseño por falta de espacio, han tenido que soportar tanto Petro como Cepeda. Esta campaña nace de la popularidad que tiene el candidato del progresismo y su favoritismo para ganar en la primera vuelta. Atacan con toda suerte de falsedades al gobierno del cambio tratando de demeritar sus realizaciones, y más grave aún, apoderándose de esos logros para endilgárselas a las derechas. No atacan las propuestas de Cepeda porque son muy consistentes y son la profundización de lo realizado hasta ahora, solo se remiten a inventar infundios y a hacer entrampamientos contra la vida y honra del candidato.

Lo único claro es que ya Colombia entendió quién está a favor de los intereses del pueblo y quién con los de la oligarquía narco-paramilitar que solo pretende volver al gobierno para apoderarse del erario y regresar al pasado en el que la miseria, la ignorancia y el hambre eran la cotidianidad de sus gentes. En eventual regreso de esas fuerzas oscuras, predicen un baño de sangre y hambre en nuestra patria, como se conoció en el pasado reciente, pero con el ingrediente de una venganza anunciada por los candidatos y voceros de esas campañas. No en vano hemos visto en los últimos días ataques a ciudadanos que hacen campaña por Cepeda, apedrean vehículos, amenazan con matar, matar y matar.

¿Los dejaremos ganar o por el contrario seguiremos en la senda de recuperar los derechos arrebatados a sangre y fuego por Uribe y su corte? El 31 de mayo sabremos la respuesta.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

  1. https://www.rtvcnoticias.com/justicia/investigacion/revelan-plan-jupiter-estrategia-para-influir-en-elecciones-presidenciales-en https://www.youtube.com/watch?v=UhXP7TJtyak https://revistaraya.com/elmer-montana/1595-el-proyecto-jupiter-un-concierto-para-delinquir.html https://www.youtube.com/watch?v=UhXP7TJtyak&t=62s https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/es-falso-que-la-silla-vacia-haga-parte-del-proyecto-jupiter/
  2. https://www.youtube.com/watch?v=uXrrqSj81A8&t=63s
  3. https://elpais.com/america-colombia/2026-04-09/ecuador-sube-al-100-los-aranceles-a-colombia-y-profundiza-la-guerra-comercial.htmlhttps://www.instagram.com/reel/DX-PbxvOoWK/?utm_source=ig_web_copy_link&igsh=NTc4MTIwNjQ2YQ==
  4. https://x.com/Mamertos0/status/2044773699291615376?s=20 https://www.infobae.com/colombia/2026/04/14/gustavo-bolivar-senala-coincidencias-entre-visitas-de-uribe-a-ecuador-y-decisiones-sobre-aranceles-a-colombia/
  5. https://www.facebook.com/reel/933116023047531
  6. https://www.diario-red.com/articulo/editorial/hondurasgate-publica-banco-completo-audios-filtrados-analisis-forense/20260504060000068823.html
  7. https://revistaraya.com/las-cuatro-empresas-privadas-que-controlaran-las-elecciones-presidenciales-del-31-de-mayo.html
  8. https://x.com/RTVCnoticias/status/2055804581162995874?s=20
  9. https://x.com/i/status/2056385537146064985

martes, mayo 05, 2026

De candidatos… y otros chiflamicas *


En la imagen: Germán Navas T. / excongresista - jurisconsulto
Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

El nombre de Iván Cepeda Castro entra en la conversación, no por el escándalo fácil y populista, sino por la consistencia y la discusión de ideas. 

Que este país está al revés: ¡Pues sí! Como el cuento de la vieja Inés, con las enaguas al revés. El país está al revés porque el mundo está al revés. Parece que alguien quiso lavar al mundo y, como para lavarlo hay que desocuparlo, le sacó todo; pero terminó lavando lo de afuera y lo de adentro le quedó sucio. Así está el mundo y así está este país.

Aquí estamos esperando las elecciones, pero se muere uno de la risa cuando escucha las declaraciones de payasos como el tal ‘tigre’, o el pelagatos ese, el tal De La Espriella, a quien oírlo causa vergüenza. Uno lo escucha de forma casual, y porque le toca, pero yo no perdería un minuto de mi vida escuchando alguna intervención de ese señor. Es que es lo más ordinario, inepto e incapaz que he visto; y ahora está convencido de que él puede ser presidente de Colombia, claro que, si Duque logró serlo, también podría serlo este pisco. Después de Iván Duque, lo peor que puede pasarle al país es tener a un De La Espriella como presidente.

Y hablando de candidatos… ¡qué tal doña Claudia López de candidata! Podrá ser candidata, pero es candidote el que vote por esa inepta; y, sin embargo, ahí se ve por las calles, hablando de la lucha contra la corrupción; el mismo cuento con el que ella y su amiga, o su esposa, tramaron cuando estaban proponiendo un frente anticorrupción, y recogieron firmas y lograron llegar a la alcaldía… y ya estando allá no hicieron un carajo; fuera de hacer el oso, consintiéndose en público y diciéndose la una a la otra mi muñeca, no hicieron más. Ese fue todo el gobierno de doña Claudia López y su pareja.

Esas dos son un par de payasas que, en el circo, lo hubiesen hecho mucho mejor, porque en Bogotá no hicieron ni un pepino, sino acabársela de tirar; porque el que me diga que esa señora alcaldesa hizo algo positivo para el país o para Bogotá, que lo demuestre. No le he visto absolutamente nada. Lo único fue continuar con el mandato de Enrique Peñalosa, porque él la montó ahí porque ella iba a hacer lo que él quería, como construir ese metro elevado, no sabemos por qué elevado. ¡Elevados los pendejos que votaron tanto por él y como por ella!

Los bogotanos, definitivamente, son de malas. Yo no, porque yo no voté por ninguno de esos. Me refiero a los que votan por el que no es. Los que votaron por Antanas Mockus, por ejemplo. Semejante pelele que no hizo un carajo por Bogotá. Pintó cuatro rayitas en una esquina y ya eso fue culturizar a Bogotá. Quien esto escribe jamás votaría por Mockus, ni en un estado de desesperación en el desierto del Sahara, donde no hubiese sido un candidato, votaría por él. Si allá hubiese un camello y un candidato como Antanas Mockus, yo voto por el camello. Creo que el camello lo haría mejor que Antanas. Es que él no hizo nada, y no hay que olvidar que ese señor es aliado, socio, o compañero de Claudia López y de Enrique Peñalosa.

¡Qué vergüenza! Esta ciudad sí que ha sido de malas. Esperamos que, en la próxima elección, cuando ya no tengamos a esos payasos compitiendo, se elija en Bogotá a un alcalde que valga la pena. Un alcalde que de verdad quiera a esta ciudad; que quiera hacer de Bogotá algo grande, no el pueblo al que aspira convertirla Peñalosa, Claudia y su esposa, Angélica Lozano, quienes creen que esto todavía es parte de Fusagasugá.

Yo quiero una ciudad grande, importante. Una ciudad moderna. Una ciudad que, si llegara a ser lo que es París, por lo menos se le parezca en algo. ¿Pero en qué se parece Bogotá a las grandes ciudades?: En nada. Bogotá lleva 20 años o más de atraso. Desde que llegó Peñalosa a la alcaldía, por ahí en el 99, no ha habido nadie que haga absolutamente nada por Bogotá. Todos pasan, se llevaron el título de ex, y creen que por haber sido alcaldes de Bogotá ya tienen méritos para ser presidentes de la República.

Pregúntele al chiflamicas del Peñalosa. Él aspiraba a ser presidente de la República porque fue alcalde de Bogotá; Claudia López hace lo mismo. Se hacen elegir alcaldes de Bogotá porque creen que al tener el título de exalcaldes ya eso los habilita a ser presidentes de la República. ¡No sean tan tontos! Ustedes lo hicieron mal como alcaldes y lo harían peor como presidentes de la República.

Colombianos, tienen que mirar qué hicieron estos personajillos por la capital para ver si vuelven a cometer el error de votar por ellos. Ustedes, que están leyendo esta columna, y que por ende tienen sentido común, al saber leer, y porque algo entienden de política… ¿alguno de ustedes votaría por el pelagatos ese? Ese señor es un mercachifle, pero aspira a ser presidente. Y hay que escuchar las barbaridades que dice… ¡Da vergüenza ese señor!

En fin… para algunos es un pelagatos, para otros, un chilamicas, y para otros es un simple tunante que aspira a llegar a la presidencia a ver qué otro daño le puede causar a este país.

Coletilla por Deisdre Constanza. Los noticieros principales que se emiten en este horario estelar de siete a ocho se convirtieron más en una telenovela o show dramático. Noticias presentadas con énfasis en el escándalo, el conflicto o la emoción, más que en el análisis profundo. Esa crítica en que no se construye el relato informativo, sugiriendo que se privilegia el entretenimiento sobre el contexto y la objetividad. En pocas palabras, no se habla de un programa específico, sino de un estilo de informar. Convertir la política y la realidad en algo parecido a un “capitulo diario” cargado de drama, que engancha a la audiencia, pero no la informa mejor. Mientras muchos repiten el libreto del escándalo diario, otros están ocupados proponiendo, debatiendo y trabajando sin tanta vitrina. Pero claro, eso rara vez abre titulares y en medio de tanta bulla, hay quienes siguen apostándole a una política con argumentos, con trayectoria y con debates de fondo. Ahí es donde el nombre de Iván Cepeda Castro entra en la conversación, no por el escándalo fácil y populista, sino por la consistencia y la discusión de ideas. Por eso, si de verdad interesa el país y no el show, vale la pena escuchar más, revisar datos y formar un criterio propio. No todo cabe en un titular ni todo lo importante hace ruido.

Adenda del editor. “Es imposible ser buen periodista sin ser buena persona”, le repetían a uno en la Facultad, de acuerdo con lo expresado en algún momento por Kapuscinski. Hoy, luego de ver otra de las ‘salidas’ de Victoria Eugenia, me convenzo de que en esos momentos la Vicky debió estar capando clases. Resulta que la Dávila no sirvió ni como política ni como periodista. Ayer, en su cuenta de X, Vicky le escribió un mensaje a Claudia López, donde parece suplicar que no la llame “fracasada”, según ella, porque tiene hijos, esposo, madre y hermanos que la aman y están orgullosos de ella. Ojalá que Victoria Eugenia se quedara con esos ‘aplausos’, y se enclaustrara con su familia, dado que, parecen ser ellos los únicos que la soportan y la consideran alguien de bien.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

martes, marzo 31, 2026

LA REVOLUCIÓN SOCIOECONÓMICA: una economía al servicio de la VIDA *

 

En la imagen: Carlos Medina G. / Historiador-analista político
Por: CARLOS MEDINA GALLEGO

La economía no es un fin en sí misma, sino un medio para garantizar condiciones de vida dignas para toda la población.

En Colombia, el debate sobre el rumbo económico ha estado marcado durante décadas por una tensión constante: ¿debe la economía orientarse prioritariamente al crecimiento de los mercados o al bienestar de las personas? La propuesta de una revolución socioeconómica plantea un giro fundamental en esta discusión, al afirmar que la economía no es un fin en sí misma, sino un medio para garantizar condiciones de vida dignas para toda la población. Este enfoque, presente en la visión programática de Iván Cepeda Castro, busca reordenar las prioridades del desarrollo nacional bajo un principio básico: primero la vida, luego el mercado.

Este artículo desarrolla, de manera didáctica, los principales componentes de esta propuesta, explicando su sentido, sus implicaciones y los desafíos que enfrenta.

1. LA ECONOMÍA AL SERVICIO DE LA GENTE.

Tradicionalmente, el éxito económico se ha medido por indicadores como el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), la inversión extranjera o la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, estos indicadores no siempre reflejan la calidad de vida de las personas. Es posible que una economía crezca mientras amplios sectores de la población siguen en condiciones de pobreza o exclusión.

La revolución socioeconómica propone invertir esta lógica: el objetivo principal de la economía debe ser garantizar VIDA DIGNA, lo que implica acceso efectivo a alimentación, salud, educación, vivienda y trabajo. El crecimiento económico deja de ser el fin y se convierte en un instrumento subordinado al BIENESTAR SOCIAL.

2. REDUCIR LA DESIGUALDAD: el núcleo del cambio

Colombia es uno de los países más desiguales de América Latina. Esta desigualdad no solo se expresa en los ingresos, sino también en el acceso a oportunidades, servicios y derechos. La propuesta plantea que no basta con crecer; es necesario redistribuir.

Esto implica políticas públicas orientadas a:

1. Ampliar el acceso a la educación de calidad

2. Garantizar cobertura universal en salud

3. Reducir las brechas urbano-rurales

4. Fortalecer la movilidad social

La reducción de la desigualdad no es solo un imperativo ético, sino también una condición para la estabilidad social y el desarrollo sostenible.

3. HACIA UNA ECONOMÍA PRODUCTIVA y DIVERSIFICADA

Uno de los problemas estructurales de la economía colombiana es su alta dependencia de actividades extractivas, como el petróleo y la minería. Este modelo, aunque genera ingresos, tiene limitaciones importantes: volatilidad, bajo valor agregado y altos impactos ambientales.

La revolución socioeconómica propone una transición hacia una economía productiva, basada en:

1. El fortalecimiento de la industria nacional

2. El impulso al sector agropecuario

3. El apoyo a las economías locales y regionales

4. La promoción de la innovación y el conocimiento

Este enfoque busca generar empleo de calidad, aumentar la resiliencia económica y reducir la dependencia de los ciclos internacionales de precios.

4. SOBERANÍA ALIMENTARIA: garantizar el derecho a la comida

La soberanía alimentaria es un concepto clave en esta propuesta. No se trata solo de producir alimentos, sino de asegurar que todas las personas tengan acceso a una alimentación suficiente, saludable y culturalmente adecuada.

Para lograrlo, se plantea:

1. Fortalecer el campesinado como sujeto central del desarrollo rural

2. Promover la producción local de alimentos

3. Reducir la dependencia de importaciones

4. Proteger las semillas nativas y la biodiversidad

Esto no solo tiene implicaciones económicas, sino también sociales, culturales y ambientales. Un país que no garantiza la alimentación de su población es un país vulnerable.

5. TRABAJO DIGNO y ESTABILIDAD LABORAL

El trabajo es uno de los pilares fundamentales de la dignidad humana. Sin embargo, en Colombia una gran parte de la población se encuentra en condiciones de informalidad, precariedad o inestabilidad laboral.

La revolución socioeconómica propone avanzar hacia un modelo de trabajo digno, que incluya:

1. Formalización laboral

2. Salarios justos

3. Protección social (salud, pensión, riesgos laborales)

4. Condiciones laborales seguras

Esto no solo mejora la calidad de vida de las personas, sino que también fortalece el tejido social y dinamiza la economía interna.

6. LA INVERSIÓN SOCIAL COMO MOTOR DEL DESARROLLO

Durante mucho tiempo, el gasto social ha sido visto como un costo que debe ser limitado. La propuesta plantea una visión distinta: la inversión en educación, salud y vivienda no es un gasto, sino una inversión estratégica.

Una población educada, saludable y bien alojada tiene mayor capacidad productiva, mayor participación ciudadana y mayor estabilidad social. Por tanto, invertir en derechos sociales es invertir en el futuro del país.

7. REFORMA TRIBUTARIA PROGRESIVA

Uno de los mecanismos fundamentales para financiar esta transformación es una reforma tributaria progresiva.

Esto significa que quienes tienen mayores ingresos y riqueza deben contribuir en mayor proporción al financiamiento del Estado.

El objetivo es:

1. Reducir la carga sobre los sectores populares

2. Combatir la evasión y la elusión fiscal

3. Aumentar la capacidad del Estado para invertir en lo social

La justicia fiscal es una condición necesaria para la justicia social.

8. TRANSICIÓN ENERGÉTICA JUSTA

El cambio climático y la crisis ambiental obligan a replantear el modelo energético. La propuesta plantea una transición energética justa, que combine sostenibilidad ambiental con justicia social.

Esto implica:

1. Reducir la dependencia de combustibles fósiles

2. Impulsar energías renovables

3. Proteger los territorios afectados por actividades extractivas

4. Garantizar alternativas económicas para las comunidades dependientes de estos sectores

La transición no puede hacerse a costa de las poblaciones más vulnerables; debe ser inclusiva y equitativa.

9. LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN

La corrupción es uno de los principales obstáculos para el desarrollo en Colombia. No solo implica la pérdida de recursos, sino también la erosión de la confianza institucional.

La revolución socioeconómica plantea una lucha frontal contra este fenómeno, entendiendo que cada peso recuperado puede destinarse a mejorar las condiciones de vida de la población.

Esto requiere:

1. Fortalecimiento de los mecanismos de control

2. Transparencia en la gestión pública

3. Participación ciudadana en la vigilancia

Sin combatir la corrupción, cualquier proyecto de transformación pierde legitimidad y eficacia.

10. UNA ECONOMÍA PARA LA PAZ

Finalmente, la propuesta reconoce que la economía y la paz están profundamente interrelacionadas. La desigualdad, la exclusión y la falta de oportunidades han sido factores que alimentan el conflicto armado.

Por ello, una economía orientada al desarrollo territorial, la inclusión y la justicia social es también una economía para la paz. Esto implica:

1. Inversión en regiones históricamente marginadas.

2. Generación de oportunidades económicas legales.

3. Fortalecimiento de la presencia del Estado.

La paz no es solo la ausencia de violencia; es la presencia de condiciones dignas de vida.

A MANERA DE SÍNTESIS

La revolución socioeconómica no es simplemente un conjunto de políticas aisladas, sino un cambio de paradigma. Propone pasar de una economía centrada en el mercado a una economía centrada en la vida; de un modelo excluyente a uno incluyente; de una lógica extractiva a una productiva y sostenible.

Este enfoque plantea desafíos importantes: requiere voluntad política, capacidad institucional y participación ciudadana. También implica enfrentar resistencias de sectores que se benefician del modelo actual.

Sin embargo, también abre la posibilidad de construir un país más justo, más equitativo y más humano. En última instancia, la pregunta que plantea esta propuesta es profundamente ética y política: ¿para quién y para qué existe la economía?

Responder a esta pregunta es, quizás, el primer paso hacia una transformación real.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).