LICENCIA

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LA VITRINA DE LA CONVERSA
martes, octubre 17, 2023
lunes, octubre 16, 2023
¿Algún día tocaremos fondo?*
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Niños de la Guajira. Imagen tomada de FNOTICIAS Periódico digital |
Por: Hernán Riaño
La estupidez, el sectarismo, el oportunismo político, la ruindad y, en
últimas, la catadura asesina de la derecha colombiana prefiere que se sigan
muriendo los niños de hambre y de sed en esa zona del país por culpa de sus
partidos.
Escribo esta columna, obligado por las declaraciones públicas
de varios “dirigentes” de la ultraderecha colombiana ante la sentencia de la
Corte Constitucional sobre el decreto de declaración de emergencia económica
para el departamento de la Guajira. No opinaré sobre la sentencia, solo de las
manifestaciones de alegría de miembros del Centro Democrático (1) y otros
sectores.
No entiendo como un ser humano con dos dedos de frente, como
decíamos antes, se puede alegrar y salir a manifestar con orgullo, porque según
ellos Petro perdió.
¿Perdió?, ¿qué perdió? ¿Acaso la declaración de emergencia
en uno de los departamentos más deprimidos y castigados por la corrupción por
los partidos de extrema derecha, lo beneficiaba a él? La estupidez, el
sectarismo, el oportunismo político, la ruindad y, en últimas, su catadura
asesina prefiere que se sigan muriendo los niños de hambre y de sed en esa zona
del país por culpa de esos partidos. Y no solo se han robado los recursos
departamentales y municipales, sino que no quieren dejar que el problema tenga
ningún tipo de solución. ¿De qué están hechos esos personajes? “¿No les corre
sangre por las venas?”, decían las señoras antes, frente a hechos menos crueles. Se
necesita ser muy indolente e inhumano para alegrarse de que no llegue solución
a la Guajira.
Este es un hecho más que ha ratificado quiénes son y por qué
hacen lo que hacen. Se suma a las confesiones de militares en Yopal, Casanare,
de asesinatos de Estado (mal llamados falsos positivos) y hasta un exdirector
regional del desaparecido Departamento Administrativo de Seguridad DAS, quien
dijo que las órdenes llegaban de la presidencia de la República (2); las
confesiones de Mancuso, los hornos crematorios señalados por él (como en el
régimen Nazi), en que según versiones de investigadores se presumen 500
víctimas; y en meses anteriores los 6.402 asesinatos cometidos por el Estado en
asocio con los paramilitares, terratenientes y líderes políticos de la derecha
de las regiones; los decenas de miles de desaparecidos y los millones de
desplazados; y… siguen los descubrimientos de hechos sangrientos todos los días
ocasionados por la barbarie y las ansias de tierras y poder de la ultraderecha
colombiana.
Pasan los días, más casos de horror se conocen y la sociedad
colombiana, impávida, no dice nada, es como si no fuera en este país, como si
no les importara porque no es con ellos. Solo algunos se atreven a manifestar
su descontento con estos líderes y por ello son calificados de mamertos,
terroristas y no sé qué más cosas por estos sectores recalcitrantes. Si las
manifestaciones de alegría de la ultraderecha deben ser condenados, mucho más
el silencio y la actitud pasiva de la mayoría de los colombianos.
¿Qué le van a contestar a las siguientes generaciones cuando
les pregunten qué hicieron ante la barbarie de la extrema derecha y sus
sectores delincuenciales? ¿Qué explicación les van a dar? Creen que, como
históricamente ha pasado en nuestro país, estos hechos los van a ocultar con el
tiempo y que se olviden, como ha ocurrido recientemente en Colombia. Recordemos
como se mataban los colombianos en la época de la violencia partidista,
recordemos el llamado corte de franela, con el que no solo mataban a los
liberales sino que de lo que se trataba era humillarlos, recordemos las motosierras
de los paramilitares y su juego de fútbol con los cráneos de niños asesinados,
recordemos las violaciones de niñas, recordemos los criaderos de cocodrilos
, recordemos los hornos crematorios en los que desaparecían colombianos,
recordemos las confesiones de paramilitares y militares sobre los mal llamados
«falsos positivos», recordemos…
Se dice popularmente que para poder salir del hoyo primero
hay que tocar fondo, pero en nuestro país nos hundimos y nos hundimos y nunca
lo tocamos. ¿Será que el hoyo de Colombia no tiene fondo o eso es lo que
quieren que creamos los de la extrema derecha y sus estúpidos votantes para
mantenernos cada día más oprimidos?
Sigo esperando las reacciones de rechazo de quienes los
apoyan y los eligen, especialmente del departamento de la Guajira. Ojalá
hoy sí se hagan sentir y en las elecciones del 29 de octubre el país rechace en
las urnas a estas personas que no solo han vivido a costa del erario, crean las
desgracias de los ciudadanos, no las solucionan y se alegran con ellas.
(1) https://www.noticiasrcn.com/colombia/paloma-valencia-pide-tumbar-decreto-de-la-guajira-451685
https://twitter.com/PalomaValenciaL/status/1708917016403275867
*Texto publicado originalmente en https://www.sonoticias.com.co/ y compartido con la comunidad de La Conversa de Fin de Semana, gracias a la generosidad del periodista Otto Hernán Riaño
Las opiniones de los columnistas son de su exclusiva
responsabilidad. Les invitamos a leer, comentar, compartir y a debatir con
respeto.
jueves, octubre 12, 2023
martes, octubre 03, 2023
Negocios privados con dinero público*
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Imagen tomada de www.semillas.org.co |
Por Hernán Riaño
La propuesta de las diferentes reformas que necesita el
país, además de demostrar la urgencia de esos cambios para lograr una mejor
calidad de vida para los colombianos, ha dejado a la luz pública una forma de
negocios inventada desde el ascenso al poder de Álvaro Uribe Vélez: los
negocios privados con dinero público.
Les financian las campañas, invirtiendo miles de millones de pesos, para que, cuando llegue el momento hagan lo que los empresarios les exigen y saquen adelante las normas que a ellos les favorecen
Los corruptos y el “ex” implantaron el neoliberalismo, que
es quitarle al Estado los servicios que debe
prestar y entregárselos a los privados sin ninguna
compensación para el país. Se dieron cuenta que volver
negocios estos servicios es muy rentable, y aún más hacerlos
con el dinero de los impuestos sin aportar un solo peso, pero eso sí,
quedándose con el cien por ciento de las utilidades, y en caso de haber
pérdidas, que las asuman los colombianos. Así las cosas, se fueron adueñando de
todas estas actividades, la salud, las pensiones, las cesantías, el
transporte, las carreteras, los peajes, las represas, las hidroeléctricas
y todo lo que pudieran convertir en negocio. Esto lo lograron con
una guerra sucia, desacreditando, calificando de inepto y
corrupto al Estado con campañas llevadas a cabo por los medios de
comunicación de su propiedad y con periodistas que sirvieron a este
propósito. Todavía se escuchan voces en esos medios que dicen que los servicios
inherentes al Estado no los debe prestar éste, porque no es
eficiente, que hay un alto riesgo de corrupción y que mejor se los
entreguen a los privados.
Pero esta imagen que presentaron y con la que convencieron a
un alto número de colombianos, solamente la utilizaron
para adueñarse más rápido de todo lo que implicaba manejo de dineros
públicos. Como consecuencia, la ultraderecha se fue
apoderando del país en asocio con varios empresarios a los que les
entregaron todas estas actividades. Hasta la implantación de la “apertura
económica” de su cómplice César Gaviria, los dineros de los impuestos
de los colombianos eran administrados por el Estado para darle salud,
administrar sus pensiones, prestar los servicios públicos de energía, acueducto,
alcantarillado y aseo entre muchos.
Así comenzó la expropiación que le hicieron y siguen
haciendo, la extrema derecha y sus negociantes, a los colombianos.
El abuso de los empresarios de los servicios públicos es
total, desde que empezaron a ser “sus dueños” y los convirtieron en sus
negocios. Se apoderaron de las comisiones reguladoras de tarifas y por ende las
aumentan cuando “se les da la gana”. Hacen leyes, con parlamentarios a su
servicio, a los que les financian las campañas, invirtiendo miles de
millones de pesos, para que, cuando llegue el momento hagan lo que
los empresarios les exigen y saquen adelante las normas que a ellos
les favorecen. Además, no hay ente que se atreva a controlarlos porque es
tanto su poder que amenazan o compran funcionarios; a los usuarios les hacen
cobros injustificados y les expropian sus inmuebles o terrenos cuando ya no
pueden pagar.
De otro lado, las pensiones, las han utilizado para
enviarlos a fondos de inversión del extranjero corriendo un gran riesgo de pérdida.
Con ellas financian obras como puentes que se caen y hasta los hijos del “ex”
los usaron para expandir uno de sus negocios como los centros comerciales
(dicho por ellos mismos (1)) y quien sabe cuántos más. Los dineros de la
salud enriquecen a personas, vinculadas siempre a la extrema derecha, son
dineros públicos con los que no les dan la salud a los colombianos y por el
contrario no se sabe (o ¿sí?), a que bolsillo han ido a parar. Dejan
deudas billonarias con los hospitales públicos, que generalmente nadie paga,
pero eso sí, ellos reciben “su platica” por anticipado.
En todos los casos el “paganini” siempre es el pueblo, el
usuario; y no hay poder humano que los defienda del espíritu depredador de
estos empresarios que cartelizaron todas estas actividades
para el enriquecimiento de sus propietarios y los políticos que los
defienden.
El gobierno de Gustavo Petro, coherente con sus promesas de
campaña, presentó las reformas pertinentes para todos estos sectores, ¿y quién
dijo miedo?; saltaron al unísono los empresarios y políticos que se verán
afectados al ver que no podrían seguir enriqueciéndose a costa
de los impuestos de los colombianos.
La ultraderecha no tiene argumentos para atacar las
reformas, ya que cuando les entregaron estas actividades, lo hicieron sin
consultar, a espaldas del pueblo, sin enterarlo y, como dije antes, con una
campaña de desprestigio al Estado, además con la “promesa” de que sí
serían eficientes. El tiempo demostró lo contrario y ni eficiencia ni
nada, solo el desvío del erario a los bolsillos de unos pocos.
Estas reformas y su debate para lo que han servido es para
saber cómo fue que se apoderaron y convirtieron en “negocios” estas actividades
inherentes a un Estado social. Hoy, ya muchos saben los que han hecho las EPS,
los fondos de pensiones, los concesionarios de los servicios públicos, la
construcción de vivienda de interés social con la que se lucran de los
subsidios del Estado, los que construyen vías y cobran peajes, y todo
con lo que se han enriquecido desde la apertura económica de Gaviria y
Uribe. Descubrieron el negocio más lucrativo, apoderarse del
país y sus finanzas. Y no solamente se adueñaron, sino que con el sofisma
de que “son negocios privados”, no dan información, no permiten que se les
controle, audite ni fiscalice, no le rinden cuantas a nadie. Son negocios que
se rigen por el derecho privado, dicen, pero no aclaran que con dinero público.
Por eso no quieren las reformas, porque pierden la
oportunidad del siglo, negociar con los dineros públicos para beneficio
personal, en donde las utilidades son para los
privados y que debieran ser para la nación. Si el dinero es
del Estado…
*Texto originalmente publicado en Negocios privados con dinero público – SoNoticias y compartido con la comunidad de La Conversa de Fin de Semana, gracias a la generosidad del periodista Otto Hernán Riaño.
Las opiniones de los columnistas son de su exclusiva
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