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En la imagen Moure, Cerdo Molina y De Francisco en una escena de La Tele (años 90 del S. XX) |
Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-
Se nos están acabando los verdaderos símbolos de la incorrección política y estamos quedando en manos de los Bad Bunnies y los tales Maluma. En serio: ¡Qué susto!
El año 2025 será recordado como un periodo fatídico para la cultura rock y pop. La eficiente y, en ocasiones, injusta Parca se llevó al cielo, al Nirvana, al infierno, al Hades o adondequiera que vaya la esencia energética de la gente, a muchos (en serio: demasiados) de los íconos de la cultura rockera de este triste y cada día más anodino mundo.
El último en partir hacia el más allá, arriba, abajo o fuera de este mundo material, fue Carlos Molina, el famoso Cerdo Molina; eterno acompañante de Santiago Moure y Martín de Francisco y, en ocasiones, personaje central de uno de los espacios verdaderamente irreverentes de la televisión colombiana en cualquiera de sus versiones a lo largo de los años: La Tele, El Siguiente Programa o La Tele Letal.
Junto a Doña Anciana Decrépita (Blanca Ligia Franco), hicieron parte del set y las invenciones satíricas del colectivo creador de La Tele, liderado por Moure y De Francisco. Desde una especie de "Bob Patiño" criollo e inadaptado en la época de La Familia De La Cerda, pasando por su caracterización de un perfecto imbécil catedrático (El Profe), hasta su majestuosa personificación de candidato presidencial, el Cerdo Molina, con su estética de criollismo y simpleza del colombiano común, retrató de forma ácida aquello que, en el fondo, muchos colombianos somos.
Si bien es cierto que, en los últimos tiempos, esa figura del rockstar criollísimo se fue desvaneciendo debido a los achaques de los años, en el imaginario de muchos de nosotros, los Baby Boomers y la Generación X, siempre estará presente la imagen de un desenfadado personaje dispuesto a todo en el rebusque cotidiano con ínfulas de despistado divo de la farándula colombiana.Y da susto. Se nos están acabando los verdaderos símbolos de la incorrección política, de la crítica despiadada a la realidad, y estamos quedando en manos de los Bad Bunnies, los tales Maluma, u obligados a llorar colectivamente por postizos próceres de la nadería política, mientras los verdaderos héroes de lo contestatario se siguen yendo en silencio. En serio: ¡Qué susto!