LA VITRINA DE LA CONVERSA

Mostrando entradas con la etiqueta Alcaldía Santander de Quilichao. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alcaldía Santander de Quilichao. Mostrar todas las entradas

lunes, abril 20, 2026

¿Quilichao no futuro?

 

Por: Omar orlando Tovar Troches -ottroz69-@gmail.com-

Cuando el poder se enquista en los mismos dirigentes y operadores, el futuro deja de ser una posibilidad y se convierte en una condena.

Hay un lugar en el norte del Cauca donde la historia reciente se ha empeñado en repetirse como un disco rayado. Santander de Quilichao, el segundo municipio más importante del departamento lleva dos décadas atrapado en una telaraña político-electoral tejida por los mismos actores - operadores, los mismos acuerdos y las mismas promesas incumplidas. Mientras la comunidad reclama y espera soluciones, la dirigencia política local y regional se ha consolidado como una alianza de puertas giratorias, donde el poder político administrativo se alterna y/o se rota entre los mismos y las mismas.

El epicentro de esta maquinaria del estancamiento lo encabezan dos figuras que han aprendido a convertir una rivalidad bien simulada en una muy conveniente y provechosa alianza estratégica encabezada por Carlos Julio Bonilla Soto, quien fue alcalde de Quilichao entre 2004 y 2008 y luego representante a la Cámara durante tres periodos consecutivos (2010-2022), junto con Luis Eduardo Grijalba Muñoz, alcalde entre 2012 y 2015, con repetición en el cargo para el periodo 2024-2027.

Durante años se presentaron ante la sociedad quiichagüeña como antagonistas, pero en septiembre de 2021 sellaron una "alianza por el futuro", dejando atrás su simulación pública de rivalidad ideológica para sacar del clóset clientelar su contubernio, con la excusa lema de campaña: "sacar adelante la región". Lo que esa alianza significó en los hechos fue la consolidación de un bipartidismo de bolsillo: la alternancia en el poder sin que nada cambiara, porque todo seguía y, sigue, en las mismas manos.

A nivel departamental, el engranaje de ineficiencia e incompetencia local se completa alrededor del grupo político de Temístocles Ortega, dos veces gobernador del Cauca en cuerpo propio (1992-1995 y 2012-2016) y en cuerpo ajeno hasta hoy, mientras funge como senador de la República por Cambio Radical. Ortega ha sido cuestionado por sus vínculos con la clase política tradicional y por prácticas que rayan en la opacidad. Su alianza con los operadores locales de Quilichao ha permitido que el clientelismo y el amiguismo se instalen como método de gobierno, y que las necesidades reales de la población queden siempre en un segundo plano.

El resultado de esta hegemonía de veinte años es un municipio al borde del colapso. La inseguridad se ha desbordado, a punto tal, que, en medio del actual recrudecimiento del conflicto armado, los ataques con drones por parte de grupos armados ilegales obligaron al propio alcalde Grijalba a reconocer que "en Santander de Quilichao suena un dron y no sabemos dónde va a caer" y que la comunidad vive aterrorizada. Pero mientras él pide ayuda al gobierno nacional (de cuya campaña electoral se benefició al subirse al bus de la victoria), los quilichagüeños se preguntan por qué, después de dos décadas de gestiones de la misma élite, el municipio sigue tan desprotegido. No es solo un problema de recursos o de pegarse al coro de Fedemunicipios echándole la culpa a Petro: es un problema de voluntad política, de incapacidad crónica y de desconexión absoluta con la realidad del territorio.

Los servicios públicos no se quedan atrás. La Compañía Energética de Occidente (CEO), propiedad del banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo, impone tarifas abusivas, atención delincuencial y un servicio pésimo que ha dejado a oscuras a la segunda ciudad del Cauca. Las protestas en contra de la empresa han sido justas y generalizadas, pero la dirigencia política local (esa misma que ha gobernado por veinte años) ha sido incapaz de articular una defensa seria de los usuarios. Peor aún: como lo ha denunciado la prensa regional, esos mismos líderes han utilizado las movilizaciones populares para fines proselitistas, azuzando a la comunidad mientras negocian por debajo de la mesa con los poderes económicos.

La salud es el capítulo más triste y preocupante de la misma tragedia. El hospital regional del norte del Cauca, prometido como una solución a la precaria atención médica en la zona, se ha convertido en un elefante blanco más. Mientras la infraestructura se deteriora y los recursos se evaporan en contratos cuestionables, los quilichagüeños siguen sin acceso a servicios de salud dignos. A la orilla, en su ejercicio de comités de aplausos, los concejos municipales de Quilichao y el norte del Cauca, lo mismo que la asamblea departamental, brillan por su falta de acción en el control político.

Lo más grave de todo es que esta clase política ha perfeccionado el arte de la impunidad con discurso. Cuando la crisis se sale de control, no asumen responsabilidades: se victimizan, echan culpas a administraciones pasadas (así esas administraciones hayan sido sus aliadas o patrocinadoras) y apelan a un regionalismo artificial para justificar su incompetencia. Es un cinismo que la ciudadanía ha naturalizado por necesidad, pero que no debería seguir tolerando.

Hoy, Santander de Quilichao vive bajo la amenaza del vacío. La dirigencia de Bonilla, Grijalba y Ortega no ha construido futuro: ha administrado el presente con la lógica del botín, el clientelismo y la alianza con los poderes económicos que explotan a la comunidad. Mientras tanto, los quilichagüeños se debaten entre la indiferencia de unos gobernantes que solo aparecen en época electoral y la desesperanza de saber que, pase lo que pase, los mismos de siempre seguirán mandando.

La pregunta que queda flotando en el aire del norte del Cauca es incómoda pero inevitable: si en veinte años no lograron garantizar seguridad, energía asequible, salud digna ni desarrollo real, ¿qué nos hace pensar que el próximo periodo será diferente? La respuesta, por desgracia, es que nada. Porque cuando el poder se enquista en los mismos dirigentes y operadores, el futuro deja de ser una posibilidad y se convierte en una condena.

Bonus Track: Se invita al lector o lectora a complementar el tema haciendo clic en el siguiente enlace: https://youtube.com/live/lLmFByz6y4g

 

 

 

 

 

viernes, diciembre 12, 2025

EMQUILICHAO: Una empresa pública en la encrucijada

 

Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-

Se espera que la gestión del nuevo gerente sea eficiente, transparente y comprometida con la defensa de lo público, para restaurar la salud financiera y operativa de Emquilichao, garantizando tarifas justas y un servicio digno a la ciudadanía.

En Santander de Quilichao, al norte del departamento del Cauca, se libra una batalla silenciosa pero decisiva por el control de uno de sus patrimonios colectivos más preciados: la Empresa Municipal de Acueducto, Alcantarillado y Aseo, Emquilichao. Su historia reciente es un reflejo micro cósmico de un proceso nacional de desgaste y acecho a lo público, iniciado décadas atrás bajo el paradigma neoliberal del expresidente César Gaviria. 

Paradójicamente, es este legado político, del cual ha bebido el grupo hegemónico que ha dirigido el municipio por cerca de veinte años, el que ha sometido a la empresa a un paulatino marchitamiento. Administración tras administración, incluida la actual, se ha observado una gestión caracterizada más por la omisión, la falta de inversión en mantenimiento y la opacidad, que por un compromiso genuino con su fortalecimiento. Este escenario ha alimentado la sospecha fundada de un plan de ahogamiento financiero y técnico, preludio clásico de una privatización que transferiría un servicio vital a manos de intereses particulares, en detrimento de la soberanía municipal y los bolsillos de los quilichagüeños. (Ver: ¿Avanza la privatización de Emquilichao? - ¿Quién hundió a Emquilichao? Crisis fabricada, culpables y responsabilidades)

Frente a este panorama desalentador, el nombramiento de un nuevo gerente para Emquilichao se erige como un faro de expectativa colectiva. La comunidad, hastiada del incremento en las facturas por el servicio, falta de equipos, procesos internos ineficientes y del gravísimo problema ambiental del “basuro” a cielo abierto, deposita en esta decisión la esperanza de un giro radical. Los anhelos son concretos y urgentes: una gestión que priorice el oportuno mantenimiento de la infraestructura, que modernice los sistemas, implemente soluciones definitivas y ambientalmente sostenibles para la disposición final de residuos y optimice la eficiencia en todos sus frentes. 

El objetivo final de esta nueva gerencia debe ser claro: que esta mejora operativa y administrativa se traduzca en un beneficio directo para el usuario, reflejado en la disminución de tarifas injustamente elevadas para un servicio que no ha sido óptimo. Esta no puede ser una gestión de escritorio o confinada a los recintos opacos de una Junta Directiva que, en sus sucesivas versiones, ha demostrado una gris e ineficaz complicidad con la decadencia. Lamentablemente, el Concejo Municipal, órgano natural de vigilancia y control político, da la impresión de haberse convertido en un ente complaciente, reducido en la práctica a un mero comité de aplausos, con contadas y valiosas excepciones que, en el pasado, pusieron al descubierto las intenciones privatizadoras del grupo político que ha gobernado y gobierna a Quilichao.

Es en este contexto de desconfianza institucional donde recae una responsabilidad histórica sobre los hombros del nuevo gerente. Reconocemos públicamente su inexperiencia previa en la administración pública, lo cual, lejos de ser solo un desafío, puede ser también una oportunidad para abordar los problemas con frescura y libre de ataduras con los grupos de interés que han asfixiado a la empresa. 

De él se espera, ante todo, una gestión eficiente, eficaz y transparente. Su misión fundamental es retornar a Emquilichao a unas condiciones financieras y técnicas saludables, donde las tarifas sean justas y la atención al ciudadano, digna. Su compromiso debe ser inquebrantable con lo público. Por ello, es imperativo hacer un llamado explícito: si durante su gestión el actual Alcalde, o cualquier poder fáctico vinculado al Gavirismo local, sucumbe a la tentación de impulsar la privatización de la empresa para favorecer intereses particulares (siguiendo un guion ya visto en obras como el Hospital Regional), la ciudadanía espera que el gerente sea el primero en denunciarlo públicamente y, si es necesario, hacerse a un lado en un acto de coherencia suprema en defensa del patrimonio público.

Dada la evidente falta de disposición y capacidad de vigilancia por parte de una Junta Directiva desdibujada y un Concejo Municipal complaciente, el llamado final es a la acción ciudadana organizada. Los sindicatos de Emquilichao, como guardianes naturales del trabajo digno y del servicio público y toda la ciudadanía quilichagüeña, deben asumir el rol de veedores permanentes. La supervivencia de Emquilichao como empresa pública y eficiente no puede depender de la voluntad de unos pocos en cargos directivos. 

Exigir rendición de cuentas claras, asistir a los espacios de participación y vigilar cada decisión, es ahora un deber cívico. La empresa es de todos y solo la vigilancia colectiva y activa podrá defenderla de su peor enemigo: la indiferencia. El nuevo gerente tiene la palabra, pero la tarea de salvaguardar este bien común es, irrevocablemente, de toda la ciudadanía.


martes, agosto 19, 2025

Vergüenza Ajena: El Discurso desesperado del Alcalde-Constructor

Por: Omar Orlando Tovar Troches – ottroz69@gmail.com- 

El mayor truco del diablo es hacernos creer que no existe (1)

Conversando con amigos (los dos otres que todavía quedan) y con mucho conocido de Quilichao fue posible constatar un sentimiento generalizado de vergüenza ajena al ver y oír la reciente intervención pública en redes del repitente alcalde, ingeniero Eduardo Grijalba.

Al mejor estilo del famoso personaje del genial Mario Moreno, el alcalde-constructor, haciendo gala de su talante politiquero, del mesianismo de sus seguidores, pero, sobre todo, de la muy corta memoria de la gran mayoría de los quilichaüeños, utilizó el viejo y conocido truco del “espejo retrovisor” para zafarse de su responsabilidad por el paupérrimo ejercicio de su actual administración.

En el colmo de su desespero y falta de argumentación, utilizando la impostura y el tono de prócer venido a menos, afirmo que todos los males del municipio eran responsabilidad de las administraciones anteriores (¿?); olvidando, convenientemente, que esas administraciones estuvieron a cargo de sus copartidarios eventuales y, en el colmo de la paradoja, de él mismo, en su primer ejercicio como alcalde. El chiste se contó solo.

Fuentes confiables confirmarían sospechas alrededor de la ejecución de un plan metódico de corte neoliberal para privatizar la empresa Emquilichao

El Blooper del burgomaestre se dio en medio de un nuevo intento de desmentir informaciones sobre un muy probable proceso de privatización de la Empresa municipal de aseo y saneamiento básico: EMQUILICHAO. A pesar de la negativa pública del alcalde de Santander de Quilichao, existe una firme sospecha, respaldada por fuentes confiables, de que su administración sigue la estrategia neoliberal del Consenso de Washington para privatizar Emquilichao mediante un proceso metódico que contradice sus declaraciones y podría estar amenazando el patrimonio público.

Esta estrategia consiste, primero, en un marchitamiento premeditado de la empresa. Esto se logra entregando su gestión a recomendados políticos con discutible idoneidad, negando las inversiones estratégicas cruciales para su sostenibilidad; como el mantenimiento, la modernización de redes, la ampliación de cobertura, la solución pronta y eficiente al lío de la disposición final de las basuras o permitiendo que la corrupción la debilite desde adentro.

Posteriormente, una vez creada artificialmente la crisis, se ejecuta la segunda fase: echarles la culpa a los trabajadores. Se señala a los altos costos laborales y a la existencia de sindicatos como los males principales, ocultando que las decisiones catastróficas se toman en los escritorios de la Alcaldía y de las gerencias que ellos mismo designaron. Al mismo tiempo, se encarecen las facturas de los usuarios, generando descontento y un desapego calculado hacia la empresa pública dentro de la ciudadanía.

Este malestar, alimentado desde la propia administración, es luego utilizado como justificación para intervenir la empresa y allanar el camino hacia su privatización. Todo este proceso se enmascara con una campaña de desinformación mediante la prensa amiga y utilizando recursos del Estado para asegurar, de manera cínica y repetitiva, que “Emquilichao no se va a privatizar", buscando adormecer a la población mientras se consuma el desmantelamiento del patrimonio público.

Antes de que los funcionarios, concejales y simpatizantes de la actual administración municipal y las de los últimos 20 años, afines al Bonillo-Grijalbismo, emitan críticas o desacrediten mi postura, invito de manera respetuosa a consultar la historia de las privatizaciones en Colombia. Asimismo, sugiero revisar las columnas que he publicado, en las que he advertido sobre el riesgo inminente de perder el patrimonio público que se vivió en la administración anterior, durante las negociaciones frustradas con la empresa URBASER.

Comparto con quien, a bien tenga, los respectivos enlaces. Buen provecho: 

Quilichao vive bajo la amenaza de la privatización. | www.MagazinCnc.Com

https://youtu.be/VF7zlLhYMgM?si=di6gWZouCclY3tTG (QUILICHAO VIVE BAJO LA AMENAZA DE LA PRIVATIZACIÓN II)

¿Avanza la privatización de Emquilichao?

(1) Baudelaire, Las flores del mal.

jueves, agosto 17, 2023

Quilichao: Publicidad política engañosa


 Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-

Por allá, en mayo de 2022, este servidor advertía sobre los peligros que correría el Pacto Histórico al intentar una estrategia de alianzas sin filtros ni condiciones con los partidos políticos tradicionales, con tal de asegurarse el triunfo en las elecciones presidenciales, tal y como terminó aconteciendo.

Terminaba la nota en que advertía sobre esos peligros afirmando que: “Ojalá y en las elecciones regionales y locales, no tengamos que observar cómo; el cadáver exquisito (Bonilla, Ortega, Cárdenas, Iragorri, Piso, Muñoz, Grijalba, etc.) tomará el vino nuevo del petrismo en el poder nacional.” (Ver columna: El Pacto Histórico en el Cauca: ¿un proyecto?, ¿una colcha de retazos?, ¿un cadáver exquisito? (las2orillas.co)) Tristemente, para los habitantes de Santander de Quilichao, los temores que compartía en aquel entonces, acerca de la posibilidad de que el proyecto político del Pacto Histórico pudiera ser tomado por los habilidosos politiqueros de siempre; al parecer se han confirmado.

¿Por qué tratamos el mercado de ideas políticas tan distinto a como tratamos el mercado de bienes? ¿Por qué defendemos con ahínco tan distinto la libertad de mentir en política de la de ofrecer productos engañosos? Ambas cosas son una forma de “estafa

Expertos en el arte de la manipulación y de las componendas electoreras, los y las integrantes del Bonillo-Grijalbismo, echando mano de su propio camaleonismo y el de nuevos-viejos amigos, ahora disfrazados de zurdos, como Roy Barreras y hasta la misma Dilian Francisca (Ver columna: Camaleones al acecho – Proclama del Cauca), diseñaron una estrategia  de publicidad política engañosa para tratar de infiltrarse o acaparar los avales de los movimientos y partidos del Pacto, de modo que el Bonillo-Grijalbismo, en cuerpo propio (Eduardo Grijalba), en cuerpos remozados (Andrés Sadovnick) o en cuerpos nuevos (Fabian, Elías, Jesús, Alfonso y John), obtuvieran el respaldo de todos los partidos y movimientos de derecha y de izquierda, asegurándose, por enésima vez, su permanencia en el poder político administrativo de Quilichao.

No fue necesario hilar tan finito para poder haber llegado a la anterior conclusión; basta con observar como fueron inscritos quienes aspiran a la alcaldía de Quilichao, para darse cuenta, no sólo de que casi que acapararon todos los partidos y movimientos con personería jurídica que existen en Colombia, sino que existe un relacionamiento casi que incestuoso entre todas las campañas, a saber: Eduardo Grijalba fue funcionario de Carlos Bonilla quien a su vez es o “fue” el jefe político de la actual alcaldesa Lucy Guzmán, a quien apoyó en su campaña y gestión el mismo Grijalba, lo mismo que Alberto Bustos, sempiterno funcionario de las últimas 4 o 5 administraciones, quien a su vez mueve los hilos de la campaña de Fabian.

La endogamia continúa: Los ahora candidatos Elías y John fueron impulsados en sus carreras políticas por Guzmán y Bonilla respectivamente. Para nadie es un secreto que, para las recientes elecciones a congreso, el grupo de la actual alcaldesa Guzmán, lo mismo que Jesús, el aspirante del Pacto, apoyaron al hoy congresista Oscar Campo. En ese orden de ideas, no se puede perder de vista que Oscar Campo es Representante por Cambio Radical, partido de oposición al Pacto y que sin asco alguno coavala las campañas de Grijalba y de Sadovnick, quien, entre otras cosas, fue funcionario de las pasadas administraciones y quien ha sido respaldado y al parecer sigue respaldado por algunos alfiles del Pacto que lo acompañaron en su pasada campaña a la alcaldía de Quilichao.

Lo cierto, en medio de esta endogamia politiquera, comparable al árbol genealógico de los Buendía de Cien Años de Soledad, es que todas y cada una de esas campañas, excepción hecha de la liberal, tiene al menos un coaval de un partido o movimiento del Pacto. Al parecer la otra parte de la estrategia de publicidad política engañosa, consistiría en inducir al electorado, sobre todo el de opinión, a mantener la inercia ganadora de la coalición del Pacto, al fin y al cabo, durante tres años más estará en el poder central de Colombia y conviene ser amigo del presidente, así no se lo haya apoyado y los partidos que avalen estas candidaturas sean opositoras al gobierno de Petro y Márquez. Así de acomodadas y así de engañosas son las campañas en Quilichao.

Comparto plenamente las reflexiones del académico Alfredo Bullard, específicamente aquella en que pregunta: ¿Por qué tratamos el mercado de ideas políticas tan distinto a como tratamos el mercado de bienes? ¿Por qué defendemos con ahínco tan distinto la libertad de mentir en política de la de ofrecer productos engañosos? Ambas cosas son una forma de “estafa””[1]

 



[1] Alfredo Bullard. (2021). Populismo y publicidad engañosa. https://www.elcato.org/populismo-y-publicidad-enganosa