LICENCIA

La Conversa de Fin de Semana by Omar Orlando Tovar Troches is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
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LA VITRINA DE LA CONVERSA
domingo, septiembre 25, 2022
martes, septiembre 20, 2022
SIMPLEMENTE PARAMILITARISMO
“La primera víctima fue Eduardo Novoa. Le mocharon una oreja y le pusieron una bolsa en la cabeza. Después lo pelaron con espino. Gritaba que no lo mataran, le pegaban patadas y puñetazos, toda la cara se la partieron y nos decían: Miren, para que aprendan y vean lo que les va a pasar a ustedes. Luego lo tiraron a la cancha y le dispararon se demoró en morir”. Estos hechos ocurrieron en febrero de 2000. (INDEPAZ, 2009)[1]
Tal y como lo afirma la Comisión Colombiana de Juristas[2] en su texto titulado: Organizaciones sucesoras del paramilitarismo: “se puede empezar por afirmar que el paramilitarismo, en cuanto fenómeno social no desapareció de la sociedad colombiana con la desmovilización”, de hecho, la constatación de su permanencia ha sido evidenciada con asombrosa asiduidad por parte de las organizaciones defensoras de derechos humanos, nacionales e internacionales. Esta presencia, de conveniente bajo perfil, ha sido denunciada por comunidades a atemorizadas por su presencia alrededor de la minería ilegal, sus amenazas en contra del liderazgo social y la reivindicación de muchos asesinatos y masacres a lo largo y ancho del país, en los últimos años.
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Imagen tomada perfil Twitter de Carlos Caicedo |
La presencia de estas camionetas blancas de alta gama, dizque para, hacer una protesta pacífica, también trae a la memoria, la misma protesta pacífica que llevaron a cabo algunos ciudadanos del sur de Cali...
Sin embargo, lo realmente preocupante, es la permanencia del fenómeno social de aceptación de su existencia, como una “supuesta necesidad” de seguridad, habida cuenta de la incapacidad demostrada de los gobiernos locales para enfrentar un fenómeno económico-militar que supera enormemente, su muy reducida capacidad de inteligencia militar y de recursos logísticos. De igual manera, la consumada política pública del gobierno uribista de Iván Duque, consistente en “Hacer trizas la Paz”, acabó por reforzar la justificación social del paramilitarismo.
Se puede afirmar entonces, que no es coincidencia el
súbito interés de la llamada gran prensa colombiana, de dar cubrimiento
exhaustivo a las notas sobre delincuencia que azotan a las ciudades y campos,
alegando que tal despliegue informativo, obedece a un muy discutible incremento
de la violencia y a las quejas de inseguridad que expresa la ciudadanía.
Valdría la pena revisar minuciosamente las cifras, puesto que algunas de ellas,
vienen señalando una disminución de los actos delictivos, tras el anuncio del gobierno
del Pacto Histórico de la pronta implementación de su política pública de Paz
Total, datos muy contrarios, a las alegadas estadísticas de los medios de
comunicación, hábilmente utilizadas como sustento de la percepción de
inseguridad, que la prensa en oposición esgrime como justificación para un
retorno a la mano dura de la Seguridad Democrática.
Así mismo, las recientes declaraciones de José Félix LaFourie,
líder del gremio ganadero de Colombia, de su esposa, la senadora uribista María
Fernanda Cabal y de otras autodenominadas personas de bien, en torno a la
organización de grupos de ciudadanos para defender el derecho a la propiedad
privada y a prevenir el supuesto fenómeno masivo de la invasión de tierras; señalan
la persistencia, al interior de un sector de la población, identificada
ideológicamente con la derecha, de una estrategia para “ legitimar, justificar y defender
tanto el paramilitarismo, como las relaciones de las fuerzas armadas con éste,
pasando por el narcotráfico y la ola de crímenes en nombre de una cruzada
anticomunista” ( Velásquez, 2007)[3].
La sola
posibilidad de una re edición de las oscuras noches de terror paramilitar,
deberían bastar para que la sociedad colombiana, se hubiera alzado en enérgico
rechazo a las imágenes de hacendados reunidos en intimidantes caravanas de
camionetas blancas de alta gama, con la presunta anuencia de autoridades
civiles y militares del Plato, departamento de Magdalena, haciendo control
territorial, desplazando, o mejor, suplantando a esas autoridades,
constitucionalmente obligadas a hacerlo, y que sin embargo, parecieran haber
preferido prevaricar, antes que exponerse al poder de estas gentes de bien.
La
presencia de estas camionetas blancas de alta gama, dizque, para hacer una
protesta pacífica, también trae a la memoria, la misma protesta pacífica que
llevaron a cabo algunos ciudadanos del sur de Cali, cuando, pistolas en mano,
también salieron a hacer patrullajes ciudadanos, para defender su derecho a no
protestar y de su propiedad privada. Las víctimas de estos patrullajes, todavía
siguen esperando por los fallos judiciales.
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Imagen tomada de : La Nueva Prensa |
Los
actuales llamamientos a la auto defensa ciudadana, que hacen los voceros de la
derecha colombiana y que un reducido
grupo de sus seguidores se han apresurado a cumplir, prende todas las alarmas
de la sociedad, en torno a un regreso
oficial e impune del paramilitarismo, con el que, nuevamente se busca imponer “ (...) un “patrón criminal de apropiación de
tierras y territorios”, con el objetivo de imponer un modelo de desarrollo
rural basado en los megaproyectos, la ganadería extensiva y la agroindustria”
(CNMH, 2018)[4]
“Y
cuando las muertes ocurrieron en el marco de masacres con posteriores órdenes
de desalojo para los sobrevivientes, las personas tuvieron que huir y dejar
abandonados a sus muertos.” (CEV, 2022)[5]
[1]LOS
PARAMILITARES RESURGEN EN COLOMBIA. https://indepaz.org.co/los-paramilitares-resurgen-en-colombia/
[2]Organizaciones
sucesoras del paramilitarismo. P. 41. https://www.coljuristas.org/documentos/libros_e_informes/organizaciones_sucesoras_del_paramilitarismo.pdf
[3]Historia del paramilitarismo en
Colombia. https://www.scielo.br/j/his/a/tg74msZHyzjy6BMnmVCfjhn/?lang=es
[4] Paramilitarismo
Balance de la contribución del cnmh al esclarecimiento histórico. P. 130. https://centrodememoriahistorica.gov.co/wp-content/uploads/2020/01/PARAMILITARISMO.pdf
[5]Sufrir la guerra y rehacer la vida. IMPACTOS,
AFRONTAMIENTOS Y RESISTENCIAS. Págs. 27-28. https://www.comisiondelaverdad.co/sites/default/files/descargables/2022-07/Informe%20final%20Sufrir%20la%20guerra%20impactos.pdf
lunes, septiembre 19, 2022
domingo, septiembre 11, 2022
martes, septiembre 06, 2022
Juntos, pero no revueltos
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Panorámica de CAM Santander de Quilichao. Tomada de: Radio 1040 A.M. |
Por: Omar Orlando
Tovar Troches – ottroz69@gmail.com-
Una de las
características más sobresalientes de quienes han hecho política y se han hecho
elegir por partidos, movimientos y grupos significativos de ciudadanos, que
representan la política tradicional colombiana, es su asombrosa capacidad de atribuir
a los demás, la historia, la economía o a la misma naturaleza, la responsabilidad
de sus desaciertos o de su ineptitud.
Este
comportamiento, rayano a la impudicia, que ostenta la clase política
tradicional, normalmente es exhibido cuando las circunstancias adversas, e
incluso, las críticas a sus metidas de pata o a su inacción, se salen de
control. En estos momentos de crisis, el cinismo se les sale, el oportunismo
toma el control y en lugar de apelar a una actitud humilde de reconocimiento de
los errores, la falta de tino para decidir o de la ignorancia sobre tal o cual
asunto; asumen una actitud de superioridad moral y terminan acudiendo a la auto
victimización y al ejercicio del espejo retrovisor, para endilgarle su ineficiencia
e incapacidad a administraciones pasadas, sin importarles, siquiera, que éstas
hayan sido sus aliadas o sus patrocinadoras.
Este escenario,
tristemente naturalizado por las ciudadanías necesitadas, pero, sobre todo,
desinformadas, es el que presenta la actual administración de Santander de
Quilichao, en momentos en los que, los niveles de inseguridad y de violencia
que azotan a este municipio norte caucano, han alcanzado niveles inimaginables.
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Imagen tomada de: cuartodehora.com |
La ciudadanía atemorizada por el clima de violencia que ha implantado la delincuencia en todas sus formas, ha empezado a manifestar su indignación por la total ineficacia de las medidas que ha tomado la administración municipal y siente que tanto la alcaldesa, como los altos mandos militares, no están cumpliendo con su obligación constitucional de preservar la vida, honra y bienes de quienes habitan en esta zona del norte del departamento del Cauca.
Ahora bien, una vez señaladas las características de la clase política que desde hace veinte años y hasta la fecha, ha tenido la responsabilidad de lo que en la actualidad acontece en el municipio más importante del norte del Cauca, se hace necesario plantear que, no es de extrañar el tibio llamado a la unidad, que desde el despacho de la alcaldía de Santander de Quilichao, se hace a algunos sectores de la sociedad civil de esta comarca, toda vez que, como se venía señalando, este es uno de los comportamientos típicos de la clase política tradicional, cuando se encuentra impotente ante el resultado de haber transitado la acostumbrada ruta del amiguismo clientelar y de la desconexión con la realidad política y social del territorio que supuestamente “administran”.
Contrario a lo que
piensan algunos miembros de la oposición política quilichagüeña, quien estas
líneas comparte, no considera que el llamado a la unidad que hace la mandataria
local, pueda considerarse como incoherencia, todo lo contrario; tal y como se
ha venido planteando en esta columna, esta actuación hace parte de la línea
política de la derecha tradicional colombiana, que una vez abrumada por la
efectividad de su incompetencia, acude a una especie de chovinismo local,
aprovechando el desespero de la sociedad, para intentar “democratizar” su
fracaso, echando mano de iniciativas ajenas para salir del paso y ¿por qué
no?... ejecutar una maroma de re encauche, o de mimetización de su posible
sucesor (a), así sea en el cuerpo de algún aliado.
No obstante que la
confianza ciudadana hacia la mandataria municipal, se encuentre en muy malas
condiciones, lo cierto es que, la sociedad quilichagüeña debe dar el paso de
reclamar para sí, el poder constitucional que tiene (Artículo 3 de la
Constitución Política de Colombia), con el propósito de buscar salidas
consensuadas al gravísimo problema de inseguridad que padece el municipio. La
Carta Política colombiana ofrece varias alternativas de participación
ciudadana, dentro de la que está incluida la del Cabildo Abierto, o los
diferentes espacios de coadministración que ofrece la arquitectura estatal (los
consejos municipales de planeación, de juventud, entre otros espacios) ya que
el ente de control político y de coadministración dominado por los aliados de
la alcaldesa, se ha rehusado a cumplir con su obligación constitucional.
Debe quedar claro que el llamado no es para rodear a la actual alcaldesa o al Bonillo –Grijalbismo, sino al ejercicio de la búsqueda conjunta de soluciones que puedan restablecer la tranquilidad al municipio y que eviten brotes de justicia por mano propia.
Debe quedar claro que el llamado que hace este opinador, no es a rodear a la actual alcaldesa o al Bonillo –Grijalbismo en todas sus vertientes, sino al ejercicio de la participación democrática directa, a la búsqueda conjunta de soluciones, que no solo, puedan restablecer la armonía y la tranquilidad al municipio, sino que además, eviten brotes de justicia por mano propia, ocultos en convenientes nombres de grupos de seguridad ciudadana, grupos de reacción ciudadana, seguridad comunitaria, etc., ya intentados por el uribista ex secretario de gobierno de la actual administración municipal de Santander de Quilichao. La seguridad y la convivencia ciudadana no pueden quedar, como los cacareados Consejos de Seguridad, en un simple y muy utilizable llamado a la unidad, sino que debe ser un llamado a la civilidad y a la solidaridad ciudadana.
Ante crisis de
extrema gravedad, como la que atraviesa Santander de Quilichao, es necesario
estar juntos en torno a buscar soluciones, lo que no podemos permitir es una
revoltura coyuntural para tapar veinte años de lo mismo. Quilichao no puede
permitirse el lujo de seguir la misma senda. Ya fue suficiente de la
alternancia de los de siempre, así sea con sus nuevas caras, ahora en trance de
mimetismo y de ventajosa aproximación a sectores alternativos.
Juntos, pero no
revueltos.