LA VITRINA DE LA CONVERSA

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miércoles, agosto 19, 2026

Cali: el terremoto que disputa el relato del orden y revela la autonomía popular (1 parte)

 

Quizquiz

Agosto/ 2026, Puerto Resistencia, Cali.

El cuerpo enterrado no pregunta qué tarjeta de crédito tiene su dueño. La mano que rescata no distingue entre vecino y desconocido. Lo que emerge es una igualdad práctica, no declarada, que se experimenta en el gesto concreto de sostener a otro


Cuando la tierra revela lo que ya existía.

Los terremotos no solo derrumban edificios; también ponen a prueba los relatos, las instituciones y las certezas sobre las que se sostiene una sociedad. Cuando la tierra se mueve, se revela quién organiza, quién cuida, quién llega primero y quién llega tarde. La catástrofe rompe la normalidad y deja al descubierto la verdadera infraestructura de un pueblo.

Esa infraestructura no está hecha de cemento ni de protocolos institucionales. Está hecha de relaciones. De confianzas acumuladas. De saberes que no aparecen en los manuales de emergencia pero que se activan con una velocidad que ninguna burocracia puede igualar. La pregunta que un terremoto deja no es cuántos edificios resistieron, sino qué tipo de tejido social estaba allí antes del derrumbe. Lo que ocurre después de la catástrofe no es improvisación: es la aparición visible de una trama que ya existía.

El 10 de agosto de 2026, a las 7:34 de la mañana, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el occidente de Colombia. En cuestión de segundos, Cali se convirtió en el epicentro del dolor: muertos, heridos, desaparecidos, edificios colapsados. Pero también en algo que ningún sismógrafo puede medir: la velocidad con la que un pueblo que ya sabía organizarse se puso en pie. Mientras las instituciones activaban protocolos, decretos y dispositivos de control, miles de personas ya estaban cocinando, rescatando, clasificando donaciones y organizando redes de ayuda. La ciudad reaccionó con una velocidad que no puede explicarse solo por la solidaridad espontánea.

Cali respondió así porque ya había aprendido a organizarse. El estallido social de 2021 no dejó únicamente memoria política; dejó una memoria organizativa. Dejó capacidades colectivas, redes de confianza, infraestructuras populares y formas de coordinación territorial que permanecieron latentes y que el terremoto volvió a activar. Lo que vimos no fue el nacimiento de la solidaridad, sino la aparición visible de una autonomía que ya existía.

I. La memoria organizativa: el estallido que quedó bajo los escombros

La primera imagen que deja el terremoto no es la del derrumbe, sino la de la organización. En cuestión de horas comenzaron a funcionar ollas comunitarias, comedores barriales, brigadas de rescate, puntos de acopio, puestos de salud improvisados, cadenas de distribución de alimentos, herramientas, combustible, plantas eléctricas y medicamentos.

Toda sociedad posee dos infraestructuras: la visible, hecha de cemento, presupuesto y jerarquías; y la invisible, hecha de confianza, memoria y cooperación. Los terremotos destruyen la primera y revelan la segunda.

Lo extraordinario no fue solo la ayuda, sino la coordinación. Los antiguos puntos de resistencia se transformaron en puntos críticos de atención. Las cocinas colectivas que alimentaron la protesta alimentaron ahora a los damnificados y voluntarios. Los barrios que durante el estallido aprendieron a abastecerse, comunicarse y protegerse mutuamente reprodujeron esas mismas lógicas en medio de la emergencia.

Aquí aparece una idea decisiva: las comunidades no improvisan desde cero. Recuerdan corporalmente cómo organizar una olla, cómo clasificar una donación, cómo distribuir recursos escasos, cómo confiar en el vecino, cómo actuar sin esperar autorización. Esa memoria práctica constituye una infraestructura invisible que solo se hace evidente cuando todo lo demás colapsa.

Esa infraestructura no se parece a las infraestructuras del Estado. No tiene planos, no tiene presupuesto, no tiene jerarquías definidas. Pero tiene algo que el Estado no tiene: capilaridad. Está pegada al territorio, anclada en los barrios, encarnada en personas que se conocen entre sí. Cuando la emergencia llega, esa capilaridad se convierte en velocidad. Mientras las instituciones deliberan, las redes ya están operando. Mientras los protocolos se activan, las ollas ya están hirviendo. Lo que desde fuera parece caos, desde dentro es la lógica de una organización que no necesita permiso para funcionar.

El estallido social produjo instituciones populares informales. Produjo competencias colectivas. Produjo una tecnología del cuidado. El terremoto simplemente retiró el velo y mostró que esa infraestructura seguía allí, disponible, lista para activarse.

Más aún: esa forma de organización comenzó a irradiarse hacia otras ciudades y otros sectores sociales. Lo que nació como experiencia localizada de resistencia empezó a convertirse en un lenguaje nacional de solidaridad. No se contagió únicamente una emoción; se contagió una manera de organizar la vida.

La solidaridad no se explica por la conmoción emocional. Se explica porque existe un saber previo. Un saber que no es teórico sino práctico: saber distribuir recursos escasos, saber coordinar sin jefe, saber decidir colectivamente en medio de la urgencia. Ese saber no nació del terremoto. El terremoto solo lo hizo visible. Y al hacerlo visible, lo convirtió en un modelo que otros territorios pueden replicar. No porque lo imiten emocionalmente, sino porque reconocen que allí hay una tecnología social que funciona.

La racionalidad del orden no es ilegítima en sí misma; toda sociedad necesita coordinación, normas y capacidad institucional. Lo que el terremoto pone en cuestión es su pretensión de suficiencia. El orden descubre que no puede sostener la vida por sí solo. Necesita aquello que no produce: la confianza, la vecindad, la reciprocidad y el cuidado.

II. La disputa por el sentido: el relato de las élites y el relato del pueblo

Toda catástrofe es también una batalla narrativa. Mientras unos describen un desastre natural, otros reconocen un acontecimiento político. Mientras unos hablan de orden público, otros hablan de cuidado colectivo.

Las élites suelen presentar la solidaridad como un impulso moral, una virtud privada, un gesto humanitario. En ese relato, las ollas comunitarias son caridad, los centros de acopio son filantropía y el voluntariado es simple buena voluntad.

Pero la experiencia popular dice otra cosa. Allí donde una comunidad organiza alimentación, salud, logística, distribución y protección, aparece una forma de poder social. No se trata únicamente de ayudar; se trata de demostrar que existen capacidades colectivas capaces de sostener la vida sin esperar permanentemente la autorización del Estado.

Por eso la disputa no es solo administrativa; es simbólica. De un lado aparece el uniforme, el decreto, el toque de queda, el control territorial, la jerarquía. Del otro aparecen el delantal de cocina, la pala, el abrazo, la brigada barrial, la cooperación y la confianza.

El conflicto no enfrenta simplemente a un alcalde con unos ciudadanos. Enfrenta dos racionalidades distintas: la racionalidad del orden y la racionalidad del cuidado.

La racionalidad del orden cree que el control es la condición de la seguridad. La racionalidad del cuidado cree que la relación es la condición de la vida. La primera funciona mediante la jerarquía y la coerción. La segunda funciona mediante la confianza y la reciprocidad. El terremoto no inventó esta oposición; la hizo explícita. Por eso la respuesta del Estado fue el toque de queda y el despliegue militar. Por eso la respuesta del pueblo fue la olla comunitaria y el abrazo. No son estrategias diferentes para el mismo fin. Son concepciones diferentes de lo que significa proteger la vida.

El alcalde Alejandro Eder no falla por sus decisiones particulares. Falla porque encarna una racionalidad que la ciudad ya ha dejado atrás. Su gobierno opera con la brújula del administrador: concibe el territorio como un problema a optimizar, la ciudadanía como un conjunto de conductas a regular y la autoridad como una distancia técnica. Pero la ciudad ya se mueve con otra sensibilidad: la del cuidado, forjada en el dolor compartido del estallido social y en la memoria de una autonomía que aprendió a organizarse sin pedir permiso.

Eder ha intentado mostrarse cercano, ensayar gestos de sensibilidad y ocupar el lugar del cuidador. Sin embargo, la apuesta está tan mediatizada, tan calculada, que se siente actuada. Y esa es su verdadera derrota: no un error de gestión, sino una pérdida de sintonía histórica. Su gramática política ya no coincide con el clima cultural de la ciudad que gobierna. Cali ya no espera gerentes que administren el orden; espera gobernantes capaces de acompañar la vida. Cali, después de 2021 y después del terremoto, ya no responde a esa frecuencia. Aprendió otra cosa: que la legitimidad nace del vínculo, no del protocolo; de la presencia, no del dispositivo; de la capacidad de cuidar, no solo de la capacidad de controlar.

El terremoto también transformó la sensibilidad colectiva. En medio de los escombros emergió una convicción profunda: toda vida importa. El anciano, el niño, el migrante, el vecino desconocido, el rescatista voluntario, la mujer que cocina, el joven que carga agua. También la mascota que quedó atrapada entre los escombros y cuya búsqueda, para muchas familias, fue tan urgente como la de un familiar. El terremoto no distinguió entre especies; la solidaridad tampoco.

La solidaridad amplía el círculo de quienes merecen cuidado. Esa ampliación es un cambio cultural de enorme profundidad, porque rompe la vieja costumbre de aceptar que algunas vidas son sacrificables y otras no.

La catástrofe tiene esa virtud: desordena las jerarquías de valor. En la normalidad, las vidas se ordenan según criterios que damos por naturales: clase, origen, edad, estatus. En la emergencia, esa jerarquía se disuelve. El cuerpo enterrado no pregunta qué tarjeta de crédito tiene su dueño. La mano que rescata no distingue entre vecino y desconocido. Lo que emerge es una igualdad práctica, no declarada, que se experimenta en el gesto concreto de sostener a otro. Esa igualdad no dura más que la emergencia. Pero deja una huella. Y esa huella es política: una memoria del mundo que podría existir.

Espere la parte 2 ... 

La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).

miércoles, marzo 15, 2023

PROGRAMACIÓN DEL SEMINARIO-TALLER DE PERIODISMO ALTERNATIVO Y CONTRAHEGEMÓNICO, DESDE CALI

 

A dos años del levantamiento social y popular de 2021 en Colombia.

Convoca y organiza

Colectivo Colombiano Periodismo por la Verdad.

PRIMERA SESIÓN
Sábado 18 de marzo de 2023.

- 8:00 a.m. a 8:15 a.m.

Presentación del Seminario: ¿Qué es el periodismo alternativo y contrahegemónico? Los retos del nuevo poder y la comunicación popular.

A cargo de Luis Alfonso Mena S., periodista, abogado, historiador. Editor de Periodismo Libre, Cali.

- 8:15 a.m. a 9:15 a.m.

Tema 1: Reflexión sobre la participación juvenil y popular en las luchas de 2021 y la comunicación alternativa.

A cargo de: Anllel Ramírez, comunicadora social, corresponsal del semanario Voz en el Valle del Cauca.

- 9:15 a.m. a 10:15 a.m.

Tema 2: Marx periodista. Estado, sistema político y medios de comunicación.

A cargo de: Carlos Fuentes, ingeniero, magíster en administración, analista político, docente universitario.

- 10:15 a.m. a 10:30 a.m.

Receso para café.

- 10:30 a.m. a 11:30 a.m.

Tema 3: Estructura económica del país y la prensa del sistema.

A cargo de: Boris Edgardo Moreno, ingeniero forestal, investigador y activista social.

- 11:30: 12:30 m.

Preguntas y propuestas de los asistentes.

SEGUNDA SESIÓN
 Sábado 25 de marzo de 2023. 

Tema general: Historias y experiencias de las luchas populares de 2021 y las coberturas de la comunicación alternativa y contrahegemónica. Propuestas.

A cargo de: 

- 8:00 a.m. a 8:30 a.m.

Jahfran, periodista y fotógrafo alternativo.

- 8:30 a.m. a 9:00 a.m.

Jhonatan Buitrago, periodista y camarógrafo. Fue integrante del Canal 2 de Cali.

- 9:00 a.m. a 9:30 a.m.

Milton Fabián Henao, comunicador social, docente universitario. Fue corresponsal de Telesur en Colombia.

- 9:30 a.m. a 10:00 a.m.

Omar Orlando Tovar, comunicador del norte del Cauca, editor de La Conversa de Fin de Semana.

- 10:00 a.m. a 10:15 a.m.

Receso para café.

- 10:15 a.m. a 10:45 a.m.

David Escobar, periodista documentalista, investigador social, estudiante de maestría en culturas audiovisuales.

- 10:45 a.m. a 12:00 m.

Preguntas y propuestas de los asistentes.

TERCERA SESIÓN
Sábado 1 de abril de 2023. 

- 8:00 a.m. a 9:30 a.m.

Tema 1: Formatos periodísticos y herramientas para la comunicación alternativa.

A cargo de: Luis Alfonso Mena S., editor de Periodismo Libre, Cali.

- 9:30 a.m. a 10:00 a.m.

Tema 2: La narración gráfica. La caricatura en el medio alternativo.

A cargo de: Alfonso Salcedo, Fonce, diseñador gráfico, docente, editor de la cadena de radio virtual Hsch.

- 10:00 a.m. a 10:15 a.m.

Receso para café.

- 10:15 a.m. a 11:15 a.m.

Tema 3: De Lumiere al Tik Tok: llegando al filminuto contrahegemónico.

A cargo de: José Urbano, licenciado en literatura, documentalista, crítico de cine, editor de La Ventana Indiscreta.

- 11:15 a.m. a 12:00 m.

Preguntas y propuestas. 

CUARTA SESIÓN
Sábado 15 de abril de 2023. 

- 8:00 a.m. a 9:00 a.m.

Tema 1:* Derecho de información constitucional y legal.

A cargo de: Santiago José Mena C., abogado, editor de Periodismo Libre, Cali.

- 9:00 a.m. a 10:00 a.m.

Tema 2: El espectro electromagnético y las emisoras y canales comunitarios.

A cargo de: Adolfo León Flórez, presidente de la Red de Nuevas Emisoras Comunitarias, director de Agencia Comunitaria de Noticias.

- 10:00 a.m. a 10:15 a.m.

Receso para café.

- 10:15 a.m. a 11:15 a.m.

Tema 3: Comunicación Comunitaria en el Gobierno del Cambio.

A cargo de: Mauricio Rodríguez Amaya, director nacional de la Unidad Administrativa Especial de Organizaciones Solidarias, Uaeos.

- 11:15 a.m. a 12:00 m.

Preguntas y propuestas.

QUINTA SESIÓN
Sábado 22 de abril de 2023.

- 8:00 a.m. a 8:30 a.m.

Tema 1:

Reflexión sobre las experiencias de comunicación alternativa en Colombia y en América Latina.

A cargo de: Paola Andrea Fernández, periodista. Fue presentadora de Telesur y reportera de Pazífico Noticias.

- 8:30 a.m. a 9:30 a.m.

Tema 2: La comunicación fallida. ¿Periodismo o comunicación para el cambio?

A cargo de: Alejandro Ulloa, Antropólogo, profesor e investigador de la escuela de Comunicación Social de la U. del Valle.

- 9:30 a.m. a 9:45 a.m.

Receso para café.

- 9:45 a.m. a 10:45 a.m.

Tema 3: La guerra de los medios del viejo régimen contra el gobierno  del presidente Petro y la creación de redes alternativas de comunicación. La organización de los periodistas.

A cargo de: Luis Alfonso Mena S., editor de Periodismo Libre, Cali.

- 10:45 a.m. a 11:45 a.m.

Propuestas de los asistentes sobre organización periodística y medios alternativos. Discusión.

- 11:45 a.m. a 12:00 m.

Presentación del libro Colombia 2021: Memorias de la barbarie.

Clausura del Seminario.

Modalidad del Seminario: presencial y gratuito.
Lugar de realización: Auditorio del Comité de Servicios Sociales de Sintraemcali y Ajupemcali, Coserssa.
Dirección: Calle 9 D # 40-20, barrio Los Cámbulos, Cali. (A una cuadra del Diamante de Béisbol y de la Autopista Suroriental).
Habrá transmisión por el canal de Periodismo Libre Cali.
Acceda por: https://www.youtube.com/@PeriodismoLibreCali
PERIODISMO LIBRE, CALI.

 


lunes, enero 23, 2023

Pronunciamiento del Colectivo: PERIODISMO POR LA VERDAD

La Conversa de Fin de Semana, como integrante del COLECTIVO PERIODISMO POR LA VERDAD, comparte con sus seguidores, suscriptores y lectores, el Pronunciamiento del Colectivo en torno a la necesidad de avanzar en el desarrollo de una propuesta comunicacional alternativa a la mal llamada Gran Prensa Tradicional, en el entendido de que “el Cambio en Colombia también es comunicacional” [1]

PRONUNCIAMIENTO

DEL FORO NUEVO PODER, PERIODISMO ALTERNATIVO Y DEMOCRATIZACIÓN DE LA INFORMACIÓN

Desde Cali, capital de la resistencia y del levantamiento popular en Colombia, el Foro Nuevo Poder, Periodismo Alternativo y Democratización de la Información, reunido el viernes 4 de noviembre de 2022, convocado por el Colectivo Periodismo por la Verdad:

1.- Hace un llamamiento al gobierno del presidente Gustavo Petro y de la vicepresidenta Francia Márquez para que defina una urgente y sólida estrategia comunicacional que permita, primero, mantener informado al pueblo colombiano de manera veraz, masiva y eficaz, sobre sus importantes propuestas y realizaciones, y, segundo desarrollar una permanente pedagogía que contrarreste la manipulación y la desinformación en que están empeñados los medios de comunicación corporativos hegemónicos.

2.- Propone que se asuma, como es su derecho, la gerencia y dirección de Rtvc Sistema de Medios Públicos y que se lleve a cabo su rediseño para que cumpla los fines arriba planteados, en el entendido de que sus dos canales de televisión nacionales (Señal Colombia y Canal Institucional), las 64 emisoras de Radio Nacional, más Radiónica y las emisoras online Señal Clásica, Señal Digital, Radiónica 2 y Radiónica 3, Señal Memoria y Rtvc Play, que lo integran, tengan enfoques que visibilicen las propuestas y acciones del cambio en marcha, y, de igual forma, se conviertan en espacios de participación ciudadana amplia, culturalmente diversa y políticamente democrática, con la solvencia conceptual y difusión de la verdad que no tienen los medios de comunicación del viejo régimen político derrotado.

3.- Solicita que se definan políticas públicas desde el Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, además de los fondos y comisiones existentes, en relación con la democratización del espectro electromagnético, las emisoras comunitarias, los canales regionales de televisión y el acceso masivo en la geografía nacional a los servicios de conexión a Internet, única forma de responder a la exclusión de amplios conglomerados y al monopolio de la comunicación digital, hoy en manos de poderosas corporaciones dedicadas, día y noche, a la generación de contenidos falaces y de desinformación contra el proceso político y social de cambio en marcha. Es decir, única forma de democratizar la información.

 4.- Invita a los y las periodistas y ciudadanos interesados en el campo comunicacional a nuclearse en el Colectivo Periodismo por la Verdad, para el impulso del debate y la juntanza conceptual sobre el ejercicio del nuevo periodismo, contrahegemónico y realmente alternativo, alejado de prácticas clientelares y orientado a la divulgación de los hechos con el norte de la veracidad y el compromiso con las transformaciones en beneficio de los pueblos y de la justicia social.

5.- Anuncia la realización de un seminario-taller de periodismo contrahegemónico durante los sábados 18 y 25 de marzo y 1, 15 y 22 de abril de 2023, con contenidos sobre los que informaremos de manera oportuna, como paso fundamental en el proceso de formación para hacer un nuevo periodismo, en el que sistematicemos las experiencias de resistencia comunicacional vividas y, al mismo tiempo, practiquemos herramientas propias de la investigación, la producción y la diversidad de géneros pertinentes en el ejercicio del oficio periodístico.

Colectivo Colombiano Periodismo por la Verdad

Sidssy Uribe, Teresa Consuelo Cardona, Raquel Viñas Rojas, Claudia Yolima Quintero, Yezmi Sofia Losada, Sandra Castro, Indira Gironza, Luis Alfonso Mena S., Otto Hernán Riaño, Jhon Jairo Tenorio, Omar Orlando Tovar Troches, Milton Fabián Henao, Carlos Alfonso Victoria, Alberto Jairo Palomino, Juan Carlos Acebedo, Jhon Lastra, Luis Alfonso Salcedo, Eliécer Jiménez Julio, Camilo Adolfo Mayor, Jorge Luis Galeano, Santiago José Mena C., Heliodoro Ortega, Alex Pérez, Carlos Andrés Ríos, Jhon James Góngora, Hanner Bernal, José Urbano, Armando Palau Aldana, José David Romero, Rubén Darío Sánchez, Mario Salazar, Hernán Durango, Albeiro Sánchez, Ricardo Caicedo.


Cali, viernes 4 de noviembre de 2022.



[1] http://luisalfonsomenas.blogspot.com/2023/01/el-cambio-en-colombia-tambien-es.html


miércoles, julio 21, 2021

La gente de gris, la memoria histórica y la colectiva (II)

La gente de gris, la memoria histórica y la colectiva (II)

Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com- 

 Senadora Fernanda Cabal convocó a pintar de gris murales en Cali- Imagen: Las 2 Orillas

¿Tienen color la historia y la memoria? Claro que sí. Incluyendo el gris. Lo que acontece es que, de la misma manera en que algunos fenómenos de la física determinan que podamos distinguir tal o cual color, dependiendo de las frecuencias que este o aquel objeto reflejen y puedan ser percibidos por bastones y conos en nuestros ojos, los colores de la historia y de la memoria, también dependen de fenómenos externos a cada persona, que pueden determinar que un hecho, persona o fenómeno, pueda ser registrado y recordado de una manera específica. 

En la primera parte de esta nota (La gente de gris, la memoria histórica y la colectiva (I) - Las2orillas) se planteaba que algunos de los fenómenos asociados con la forma, color y hasta sabor, con los que las sociedades recuerdan su existencia, dependen de quién o quienes determinen lo que se debe o no recordar, cómo y hasta qué punto, a través de herramientas como la política y la economía, que sí o sí, hasta el día de hoy, definen la historia de las sociedades, esto es; los recuerdos oficiales que deberían compartir, atesorar y replicar cada uno de sus miembros, impartidos por los científicos del recuerdo: Los periodistas e historiadores. 

Afortunada o desafortunadamente, los mecanismos de almacenamiento de recuerdos que tiene cada ser humano, no dependen únicamente de los procesos de educación (entrenamiento) al que se somete durante su vida útil, sino que también están asociados a otros mecanismos, que en ocasiones, todas ellas, afortunadas, escapan al control de quien gobierne en un momento dado, tales como los sentidos y la cultura, sobre todo esta última, que depende de otras construcciones, mucho más afines a la ancestralidad y a los afectos, que al exceso de racionalidad y utilitarismo, con los que, convenientemente intentan manipular la percepción de la realidad, quienes detentan el poder. 

Los intentos de imponer un único color, un único olor, un único sabor, un único recuerdo o un único pensamiento, son característicos de sistemas socio económicos que pretenden controlar hasta el más mínimo detalle de las vidas de los miembros de las sociedades que dominan o desean dominar y que son conocidos como regímenes absolutistas, autoritarismos, dictaduras o fascismo, todos ellos dedicados a mantener un orden establecido que favorezca los intereses de unas minorías bastante homogéneas, que encuentran en la policromía de la diversidad, del disenso y la democracia, algo que no se debe permitir, so pretexto de mantener el orden y las buenas costumbres que protejan el emprendimiento, el éxito y el crecimiento económico, así solo sean; los de las minorías en el poder.

Esta tensión entre quienes intentan uniformar los recuerdos, la memoria y la historia y aquellos que le apuestan por una visión descentrada, multicolor, ruidosa y hasta caótica de la realidad, mucho más acorde con el carácter pluriétnico y multicultural de la sociedad colombiana; no es otra cosa que, el reflejo de las contradicciones que se presentan entre la memoria individual, la memoria colectiva y la memoria histórica. No obstante que las tres estén unidas a la noción de tiempo; cada una de ellas, al menos para el caso colombiano, está determinada por circunstancias especiales que dependen de la etnicidad, el estrato social y la posibilidad de acceso que estás le den a las personas a tal o cual cultura, lo que a su vez determinará la manera en que las experiencias vitales y los relacionamientos sociales, convertidos en los recuerdos individuales, se crucen con los comunitarios y con el registro que se elabore de tales experiencias. 

La actual disputa por imponer una determinada estética pública (unas determinadas estatuas, un determinado color y estilo de fachadas, un estilo uniforme de arte callejero, un particular género musical, un deporte nacional, etc.) sigue demostrando la importancia que tiene el encuentro o la toma de algún espacio público determinado, para poner en el centro de la opinión pública; el o los asuntos de interés artístico, económico o político, que algún grupo determinado de la sociedad, tiene el interés de reivindicar. Movimientos como el 15M en España, la Primavera Árabe, las marchas de los indígenas en Colombia o los paros de Chile y Colombia, junto con sus expresiones artísticas, se han constituido en hitos sociales de búsqueda de apertura y participación política en los espacios públicos, históricamente hegemonizados por la institucionalidad , en otras palabras; la irrupción de otras voces y otras estéticas, reclamando la participación de la memoria colectiva en la construcción de la llamada historia oficial.

Las discusiones sobre la validez o no de la defenestración de íconos de las llamadas épocas de la conquista, la colonia e incluso del republicanismo, junto con el forcejeo por echar el último brochazo sobre los murales de las ciudades y municipios de Colombia e incluso, sobre el derribamiento del arte popular (monumento a la Resistencia en Cali), por ser considerado ajeno a la estética oficial de las élites artísticas cercanas al poder; no es sino el cuestionamiento que amplios sectores de la sociedad le están haciendo al antiguo esquema psicológico, sociológico y político, impuesto desde hace más de doscientos años, según el cual, los recuerdos y la memoria de los individuos y las comunidades, debían ceder ante la historia oficial de los vencedores o de los poderosos.