LA VITRINA DE LA CONVERSA

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viernes, abril 03, 2026

Un maquiavelismo forzado en el Pacto Histórico

 

Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-

Al usar su versión de la Realpolitik como excusa para aliarse con quienes han comerciado con la democracia —todo con tal de asegurar el triunfo electoral—, el dirigente del Pacto no hace más que revelarse como un mentiroso oportunista, idéntico a la derecha que decía combatir.

En ciertos territorios de Colombia hay un peligro latente para el futuro inmediato del Pacto histórico.  Es una amenaza que está íntimamente ligada a las formas de hacer política de algunos dirigentes que, en su afán de ganar, le han empezado a ofrecer su alma al diablo. A pesar de que estos nuevos proceres del progresismo local tratan de vender su particular estrategia electoral como  un ajuste táctico o una necesaria concesión estratégica para ampliar bases, lo preocupante es que se trata de algo más profundo: La muy peligrosa reinterpretación de la Realpolitik de Von Rochau, que están haciendo  algunos dirigentes del Pacto Histórico (sobre todo a nivel regional), en la que están aplicando, con entusiasmo sospechoso, exactamente las mismas reglas del juego que durante décadas se han denunciado de la derecha tradicional.

Es preciso aclarar que el concepto original de Realpolitik no es, en sí mismo, detestable; lo que resulta realmente fastidioso es el resultado de la adaptación criolla que los nuevos prohombres del progresismo regional han hecho de los postulados de Von Rochau, pensador alemán del siglo XIX, según el cual, la opinión pública, con sus pasiones, sus miedos y sus prejuicios es más determinante que la propia idea de nación o de pueblo (Medina, 2019)[1], implantando como dogma político la creencia de que la única forma de ganar electores es replicar los mismos ejercicios proselitistas de la derecha, porque “a la gente le gusta”.

El problema ocurre cuando estos nuevos (viejos) líderes del llamado progresismo toman esa descripción del mundo (la de Von Rochau), que es un diagnóstico, como justificación para abandonar cualquier brújula ética. A partir de esta cuestionable perspectiva, empezamos a observar en varias regiones del país un fenómeno, que, aunque ya visto, no deja de ser alarmante: la conformación de alianzas locales con operadores políticos tradicionales de derecha, exactamente esos que durante años perfeccionaron el arte de la manipulación del electorado a través de sus “líderes comunitarios” de bolsillo y que han construido microempresas electorales basadas en un eficiente esquema de clientelismo y corrupción. Esos mismos operadores que ayer entregaban votos al uribismo, hoy se sientan en mesas con lideres progresistas (electos y por elegir) para repartirse cuotas burocráticas, avales y prebendas. El ciudadano desprevenido se pregunta: ¿Acaso la izquierda necesita aprender de ellos cómo se hace política? ¿O es que ya no hay diferencia?

Lo más grave no es la alianza en sí misma (de por sí, ya bastante peligrosa), sino la coartada con la que se justifica: una lectura utilitarista y forzada de Maquiavelo. Como señala Londoño (2015)[2], el realismo de Maquiavelo propugna “un amoralismo práctico” que pone al desnudo las formas habituales del poder, eliminando la dependencia del derecho respecto de la moral. Aquí es necesario caminar despacio: Maquiavelo describía cómo actuaban los príncipes de su tiempo; no estaba escribiendo un manual de ética para esta pobrísima versión regional de la izquierda del siglo XXI[3].

Cuando un dirigente del Pacto Histórico se apropia de esta “sinceridad feroz e irónica” de Nicolás Maquiavelo para justificar alianzas con quienes ayer comerciaban votos y hoy ofrecen sus estructuras proselitistas a cambio de migajas de poder, lo que está haciendo es confesar, sin quererlo, que es un mentiroso oportunista que no difiere en nada del operador político de derecha al que decía enfrentar y con quien hoy comparte viandas, bebidas, votos y promesas de puestos y contratos.

Y este maquiavelismo de pacotilla tiene consecuencias muy concretas. La primera es la erosión de la confianza. Cuando los votantes indecisos, justo aquellos sectores que el progresismo necesita convencer para crecer de verdad ven que los mismos que prometían “otra forma de hacer política” terminan aliándose con los mismos caciques locales de siempre, lo que perciben no es una astuta jugada realista, sino una traición a la palabra empeñada. Esa desconfianza no se recupera con discursos bonitos en X, Instagram, Facebook, Tik Tok o YouTube; se pierde en las urnas, justo donde más duele: en las alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas que la propuesta de izquierda necesita ganar para consolidar un proyecto de poder territorial.

Pero hay una segunda consecuencia, quizá más profunda. Al asumir el “todo vale” para conseguir votos, incluyendo replicar el clientelismo, el intercambio de favores y la manipulación de líderes comunitarios, estos dirigentes del Pacto Histórico están poniendo en riesgo no solo su reputación personal, sino la credibilidad ética de toda una plataforma política alternativa a la derecha tradicional. Porque si la izquierda termina siendo funcionalmente indistinguible de la derecha en los territorios, ¿con qué argumento reclama el voto de quienes buscan un cambio real?

Este es un llamado de atención que no puede ser ignorado por el conjunto del Pacto Histórico. Las próximas elecciones serán un termómetro implacable. Si el llamado progresismo sigue empeñado en aplicar una Realpolitik mal entendida (que no es otra cosa que maquiavelismo barato para justificar su incoherencia), terminará reencauchando a la derecha justo allí donde más necesita avanzar. Y entonces, cuando los indecisos se alejen decepcionados y los votantes tradicionales retornen a sus candidatos de siempre, no habrá comunicado de prensa ni declaración altisonante que explique por qué el “cambio” resultó ser, al final, el mismo perro con diferente collar.

sábado, febrero 28, 2009

EL DEBATE



TOMAS MORO versus NICOLAS MAQUIAVELO

Por: OMAR TOVAR

Desde que el “homo sapiens-sapiens” tomo conciencia de sí, ha vivido la permanente contradicción entre lo que “se desea” y lo “que se puede”. De hecho la búsqueda de la solución a esta importante contradicción, dio origen a diferentes escuelas de pensamiento (corrientes filosóficas), a diferentes posiciones éticas, religiosas y/o económicas.
El tránsito entre las aspiraciones o sueños de la humanidad y su total realización ha estado sembrado de infinidad de obstáculos, desde los meramente teóricos, esto es, los rudimentos científicos o tecnológicos para transformar la naturaleza en el o los objetos deseados, pasando por un cúmulo de supersticiones inherentes al desconocimiento mismo de los fenómenos naturales hasta llegar a la conveniencia o no de este camino para las castas en el poder.
Es en la obtención y ejercicio del poder en todas sus manifestaciones en donde curiosamente ha residido el núcleo de esta búsqueda. Los detentores del poder, de una forma u otra han recurrido a todos los métodos posibles para conciliar lo deseado con lo obtenido, desafortunadamente para las personas lejanas a estas élites, lo deseado y lo obtenido solo competen a los poderosos, los demás sólo cumplen el papel de herramientas.
A pesar de que todos los estudios antropológicos, arqueológicos y sociológicos siempre lo han demostrado, sólo hasta ahora se reconoce como evidente la conexión entre la economía (modos de producción, consumo, intercambios) con los valore morales de cada sociedad, es precisamente en este terreno en donde se han librado y se libran las batallas entre los valores y los Intereses, siendo los primeros, si se me permite la simplificación excesiva, relativos a las convenciones que representan “lo que debería ser” y los segundos; próximos a “ lo que se puede ser”. Aunque la línea que los separa es en extremo muy tenue, nos sirve para graficar de alguna forma la idea central.
Si es bien cierto que los llamados valores en muchas ocasiones han servido y sirven a los poderosos como camisa de fuerza para manipular al resto de la población, en muchas ocasiones las muy mal llamadas “minorías” de los que no detentan el poder, han logrado por otras vías establecer otros “valores” mucho más acordes con sus reales aspiraciones de realización individual y colectiva. De igual forma los llamados intereses han sufrido transformaciones a lo largo de la historia y de la dialéctica social.

Desde el Punto de vista filosófico se pueden distinguir dos orillas que representan cada una de ellas; los contendores propuestos: El Idealismo y el Realismo (presento excusas por seguir simplificando). La imposición del modelo capitalista desde ya hace varios siglos, su desarrollo, sus crisis y su reacomodos, nos muestran en forma contundente la manera en que el realismo o el pragmatismo en extremo moldean imperceptiblemente nuestra sociedad incluyendo sus valores. A primera vista podría parecer que la contradicción entre los sueños y la realidad se ha resuelto en forma de paraíso consumista, en donde todos tenemos la libertad y el derecho a consumir de todo y a cualquier precio sin tener en cuenta ni para qué, ni cómo. La visión antropocéntrica del renacimiento se ha transformado en un exacerbante individualismo competitivo que ha degenerado en un egocentrismo mundial que viene aislando paulatinamente a la humanidad a pesar de estar globalmente conectada.

Sin embargo, la lucha continúa, el aparente éxito de quienes tienen en EL PRINCIPE de Nicolás Maquiavelo, su manual de cabecera y el pragmatismo, este según mi punto de vista, mal entendido por ellos, como su principal dogma; no ha sido tal. El invento se ha vuelto en su contra, aunque desafortunadamente, también en contra de la humanidad entera. Los valores impuestos por el capitalismo no satisfacen los viejos intereses de la raza humana y debido a la voracidad predatoria del sistema, éste también está empezando a ser autodestruido debido a su total eficiencia.

Tendremos que replantearnos nuevos valores, o mejor dicho, retomar viejos valores inherentes a la humanidad para construir ahora si una UTOPIA mundial, que tenga en cuenta los nuevos actores de la sociedad y no porque no hayan existido antes sino que hasta ahora se nos han hecho visibles, que tenga en cuenta el “si-lugar” en donde realizar el sueño ya que desafortunadamente la búsqueda del paraíso capitalista está acabando con nuestra madre – hogar (la tierra). De otro lado tenemos que buscar otra forma diferente de ponernos de acuerdo para detentar el poder, para que la verdadera democracia de utopía sea posible.

El reto es bien grande y aparece nuevamente la contradicción mencionada; ¿cómo conciliar los “verdaderos valores” de la humanidad con sus Intereses?, expresado de forma diferente:¿ cómo lograr el equilibrio entre “lo urgente” y “lo importante”?.

Para nadie es un secreto que las consecuencias del actual modelo socio económico, han puesto a la humanidad entera al borde de su propio colapso, deambulamos en medio de una realidad virtual creada por los poderosos en donde no “pasa nada” y lo que pasa les acontece a “otros” y la realidad verdadera de estómagos vacíos y continuos desplazamientos. La “urgencia” de sobrevivir es perversamente aprovechada y manipulada por la casta sacerdotal del “pensamiento único” para aplicar la mal llamada “REALPOLITIK”, que no es otra cosa que: hacer lo que sea necesario para acceder al poder, con el aparente noble objetivo de ayudar a la gente. Obviamente se crea un circulo vicioso en el que la gente “elige” a uno de estos sacerdotes en busca de un nuevo Mesías que les ayude a sobrellevar la terrible carga de ser miserables, olvidando o haciendo caso omiso de la verdadera naturaleza de estos representantes del poder, que a su vez necesitan de la inmensa mayoría de necesitados para acceder a “este democrático poder”. La ecuación seria perfecta si se cumpliera tal como aparentemente está planteada, la “realidad verdadera” es otra, a estos “nuevos sacerdotes” se les “olvida” decirle a la gente que ellos efectivamente van a ayudar, sólo que a un reducido número de personas, generalmente a su circulo más cercano.
Entonces la rueda vuelve y gira y los intereses de la humanidad se ven truncados por la aplicación estricta de los nuevos valores que la misma humanidad, llevada por su desespero, ayuda a implantar.

Entonces, ¿cómo plantear la construcción de una nueva democracia, o mejor dicho de una verdadera democracia? sin caer en la tentación de los llamados “estados de transición” que para mi gusto, no son otra cosa que; intentos de reacomodo del capitalismo y sus castas reinantes. ¿Cómo acceder al poder defendiendo enfáticamente, los verdaderos valores e intereses de la humanidad transitando por los laberintos de la democracia liberal de occidente; sin hacer concesiones importantes con los poderosos del actual establecimiento? En últimas ¿como no dejarse arrastrar por Maquiavelo en aras de un noble fin? Y ¿ cómo seguir a Moro sin caer en un eterno estado de ensoñación?

La batalla final se acerca, ahora somos más los que reclamamos; no sólo el derecho a soñar sino el legitimo derecho a hacerlo realidad. Pongámonos de acuerdo, elijamos lo mejor para la humanidad, tengamos en cuenta que estamos adelantando los cronómetros de la auto destrucción. Pero sin importar el las respuestas; me atrevo a decir que: es mucho más enaltecedor leer a Benedetti que a Sun Tsu