martes, abril 07, 2026

 

En la imagen: Germán Navas Talero / Jurisconsulto - excongresista colombiano

Por: Germán Navas Talero

Editor: Francisco Cristancho R.

Donald Trump es un enfermo mental, un maniático, y fuera de eso, un mentiroso.

No mintamos. Digamos siempre la verdad. Cuando usted pinta un cuadro está pintando la verdad de lo que está viendo, así es el cuadro sea producto de la imaginación. Pinte lo que usted ve en su mente y estará pintando la verdad. No imagine lo que no es cierto y hace daño, eso es mentir. No haga daño. No mienta.

Nos enseñan desde niños que la mentira es lo contrario de la verdad. Pero no siempre la mentira es dañosa, porque hay mentiras bonitas: las mentiras de la fantasía; cuando usted, de niño, le decían que el hada madrina hacía milagros y le hacía aparecer juguetes. Mentiras, como el cuento del niño Dios, trayendo regalos. Esas son mentiras bonitas. Las otras mentiras son miserables, son las que se emplean en las guerras.

¿Han visto ustedes algo más mentiroso que el presidente de los Estados Unidos, el señor Donald Trampas? Ese tipo es un falsario, es un mitómano miserable. Él quiere engañar al mundo y está convencido de que el mundo le comió cuento. El mundo no le cree a ese tipo nada. Ese tipo es un enfermo mental. Uno no entiende cómo un país como los Estados Unidos puede permitirse que un sujeto de estos le dé órdenes.

Es chistoso ver cómo cada tres días Trump dice: “le doy un ultimátum a Irán y lo voy a convertir en un infierno.” Pasan los ocho días y para él el ultimátum no es ultimátum, es primerátum, porque dice… “No. Les voy a dar dos meses, pero en dos meses los acabo”, y en eso lleva años. Y uno mirando las informaciones de prensa sabe que esa guerra, mal que bien, la van ganando los iraníes; pero eso lo sabemos nosotros que vemos diversas fuentes de información; pero para ese enfermo mental, que no ve sino lo que él quiere ver, la van ganando. Dice “no me han tumbado ningún avión”, y en otro canal están mostrando dos, tres y hasta cuatro F-15 en el suelo. “Es que la vamos ganando, no hemos tenido ninguna baja”, y por medios iraníes se ven diez, veinte, y hasta treinta ataúdes. Les han volado hasta un cuartel, pero Trump insiste en que no han perdido nada. Si eso no es mentir, ¿qué es mentir?

A uno le da tristeza ver que un demente como ese esté dirigiendo la suerte de un país que otrora fue adalid de la democracia, y hoy día es un pésimo ejemplo para cualquier mundo. Cualquier cosa es preferible a vivir en los Estados Unidos. Donald Trump es un enfermo mental, un maniático, y fuera de eso, un mentiroso. Con el cuento del piloto que se les cayó y no lo encontraban. Son tan miserables que la orden era, que si no lo rescataban, había que matarlo, porque entregárselo vivo a Irán no valía la pena; palabras más, palabras menos, eso fue lo que se entrevió en los reportajes que presentaron. Preferían matar a ese ser humano antes de reconocer que están perdiendo la guerra. Porque la están perdiendo, así digan lo contrario. Dicen que no han tenido bajas, ¿entonces los cadáveres qué? ¿se los inventan?

Y ahora, en esa campaña de mentiras lo acompañan los de siempre: los israelitas. El pueblo más mentiroso del mundo, después de los gringos, son los israelitas. Son tan mentirosos que dicen que dios les prometió una tierra, pero no vimos nosotros en ninguna parte la promesa de compraventa, ni sabemos qué tierra fue la que les prometió; porque al parecer, el dios de ellos estaba prometiendo en venta, o en regalo o en donación, una tierra que no era de él; porque esa tierra que los israelitas reclaman hoy en día nunca ha sido de ellos. Esa es la tierra de los palestinos. Ellos se la quieren robar, y siempre, bajo cualquier pretexto, tratan de ampliar sus fronteras.

Pregúntele a cualquier israelita mentiroso dónde están las fronteras de Israel: nunca se las va a decir; porque la esperanza de ellos todos los días es correr un poquito más para allá esas fronteras, para colonizar más y más tierras. Eso es lo que en un país decente se llamaría despojo, pero para los israelitas eso es colonización. Yo le robo la tierra a usted, le destruyó su casa, lo mato, lo saco a patadas, pero es que lo estoy colonizando. Esa es la teoría de los israelitas sobre la supuesta colonización.

Hay una competencia ¿cuál cree usted, amigo lector, cuál es el más mentiroso, el israelita, o el estadounidense? Para mí, empatan. Empatan porque ambos cabalgan en la misma bestia de la mentira. Uno dice una mentira y el otro se la apoya.

Tratemos de enseñarles a nuestros hijos a que digan la verdad. La verdad puede ser dura, pero es la verdad. La mentira es mentira, y por eso mentirosos son los israelitas y los gringos.

Coletilla por Deisdre Constanza. El idioma debe ser canal de reivindicación, no de deformación. A veces uno escucha el llamado lenguaje inclusivo y no es rechazo es desconcierto. Porque el castellano tiene reglas claras, una estructura que no es improvisada, sino construida durante siglos para que nos podamos entender. Hoy no solo se insiste en palabras como “presidenta” o “concejala” cuando según la regla gramatical el género se construye desde el artículo, la presidente, la concejal. Además, aparecen expresiones como “todes”, “compañeres”, o “niñ@s”, que directamente rompen las reglas básicas de la gramática y la ortografía. Y ahí es donde el problema deja de ser una discusión y se convierte en confusión. El idioma no funciona por ocurrencias ni por modas. Tiene normas que permiten que todos, sin importar su nivel educativo, puedan comprenderlo. Cuando esas normas se alteran, se crean barreras no inclusión. El respeto no está en cambiar las letras, está en garantizar los derechos, en mejorar oportunidades, en tratar con dignidad. Porque un lenguaje claro une, pero uno forzado terminada confundiendo. Cuidar el castellano no es retroceder, es defender una herramienta que nos permite comunicarnos sin distorsiones. Y una sociedad que no se entiende, difícilmente avanza.

* Nota original publicada en: SoNoticias y compartida con la Comunidad de La Conversa, gracias a la generosidad del periodista Hernán Riaño. La Conversa de Fin de semana valora el sagrado derecho de opinión de nuestros (as) colaboradores (as) por lo que invita a nuestra comunidad a opinar, criticar y/o sugerir con respeto, indicando que las reflexiones aquí publicadas, son responsabilidad de sus autores (as).


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